Decía Benjamin Bucholh que el crítico, en la primera mitad del siglo XX, era una figura más del entramado formado por instituciones públicas, museos, coleccionistas, marchantes y el propio mercado, hasta que éstos se preguntaron para qué lo necesitaban. Incluso cada coleccionista o espectador se considera ahora capacitado y autosuficiente, sin que precisen una explicación de lo que están viendo, por lo que parece que la función crítica está llegando a su fin. Por tanto, las palabras de Baudelaire de que ésta ha de ser apasionada, polémica y política se encuentran ya, en cierto modo, desfasadas. Y no digo ya la de los románticos, para quienes la crítica era la instancia reguladora de toda subjetividad, de todo azar y arbitrariedad en el nacimiento de la obra. Leer más…




