Relatos de un valenciano

o… ¿Cómo quedar atrapado en un continente propio?

Cartel de anuncio de la presentación de 2022 a la que hace referencia el autor en este artículo.

Me parece que los lectores andamos siempre buscando que un libro nos sorprenda, nos provoque sonrisas, encantos, que nos mueva y nos saque de quicio. Por eso es que andamos buscando libros para que ese nuestro horizonte de expectativa se rompa desde las primeras páginas que ofrece.

Precisamente eso me acaba de suceder, pues en la pasada reunión de Centroamérica Cuenta que se realizó en Guatemala, durante la tercera semana de mayo, me solicitaron presentar El español extraviado del escritor Paco Inclán. Fue publicado recientemente por la editorial Sophos y discutido durante ese congreso, encabezado por el escritor, hoy exiliado de su país, Sergio Ramírez.


Cronistas de fe

He leído una buena cantidad de libros de viajes, de crónicas, en especial los que se redactaron durante el periodo colonial en el continente americano. Alguna vez me enteré que se les llamaba antiguamente coronistas, pues sus escritos estaban dirigidos para los reyes. Luego cambió el vocablo por cronista, en el que se destaca contar o relatar una historia con énfasis en el tiempo y en la historia, sobre todo en la percepción que el narrador ofrece a su público lector.

Enrique Gómez Carrillo (Guatemala, 1873 – París, Francia, 1927)

Una de las crónicas más hermosas que he leído es la del escritor guatemalteco Enrique Gómez Carrillo (1873 – 1927), El Japón heroico y galante (1912). Un texto que ha sobrevivido a la centuria y sigue siendo un clásico para comprender la cultura y la sociedad nipona de esta época.

Para finalizar esta pequeña introducción agrego que el cronista, utiliza entre sus técnicas narrativas el discurso testimonial, en el sentido que el autor, como protagonista, expresa que como estuvo en el lugar, que además, observó con sus propios ojos. Además, puede, incluso, jurar en nombre de Dios, que lo que va a relatar es verdad, que fue testigo. De esa manera, Bernal Díaz del Castillo, expresa en la Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España lo siguiente: “Digo que ningún capitán ni soldado pasó a esta Nueva España tres veces arreo, una tras otra, como yo. Por manera que soy el más antiguo descubridor y conquistador que ha habido ni hay en la Nueva España…”.  De ahí, su estrategia. Si a eso le sumamos las extraordinarias capacidades de narrar y e contar historias, pues contamos con crónicas de antología.


No tan perdido

El español extraviado es, definitivamente, de esos libros que te sorprenden. Su narración es muy sabrosa: describe los lugares desde puntos de vista distintos, desde las marginalidades, aunque a veces no tanto, desde el ojo de un europeo, pero, que debido a su estancia por estas tierras de más de 70 tonalidades de verde, su ADN se va acrecentando con la historia, los olores y colores de esta región.

Paco Inclán (Valencia, España, 1975)

Durante el recorrido de estas 181 páginas, el narrador nos lleva por diferentes ciudades, países, fronteras, islas, que van desde Guatemala, Cuba, México Colombia, Ecuador, algunos países africanos, hasta la hermosa Praga.

Digamos que el texto mantiene como una línea de búsqueda. El deseo de encontrar desde personajes literarios, pasando por las ansias de encontrarse así mismo, hasta el absurdo que significa buscar un chiste por el cual pudo haber muerto el escritor cubano Julián del Casal, uno de los grandes precursores del Modernismo. Según se conoce el poeta del Casal pudo haber fallecido tras reír y reír, luego que le contaron un chiste, pero hasta la fecha no se conoce de qué iba. Es por eso que este cronista, que algunas veces se transforma en agente de investigación, se da a la tarea de buscar el causante de la muerte del reconocido escritor de finales del siglo XIX.

Otra búsqueda a la que se lanza Inclán de manera descabellada, pero no es que ¿acaso eso lo que nos lleva a encontrar hechos formidables? Las huellas del escritor y boxeador Arthur Cravan, quien durante su paso por el Caribe, mientras viajaba en un barco, recibió la paliza de un marinero con el que intentó tener relaciones, se lanzó al mar para suicidarse.

Ese deseo de encontrar a ese autor nacido en Suiza nos muestra un exquisito paseo por la literatura mexicana y en buena parte la latinoamericana, la cual, a través de los encuentros y desencuentros del cronista, vamos conociendo y sorprendiéndonos.


De revolucionarios, jaulas y tabernas

Un doble del Che Guevara en La Habana durante un aniversario, el encuentro con una librera en la isla son apenas dos historias que no solamente nos transportan a esa maravillosa ciudad, esa misma que abrió sus piernas para que naciera Carlos Varela.

Moles como Ciudad de México también son parte de este delicioso libro. Un capítulo que muy bien puede ser un cuento de la Revolución Mexicana, platicado por Juan García Ponce y editado por José Agustín. Se trata de un grupo que organiza la Asociación Mexicana de Amistad con Corea del Norte. El narrador se involucra, un poco pasando por espía, otro poco por cómplice, para conocer el funcionamiento y operación. La historia que conlleva varios años, entre entrenamientos y cursos militares, termina en un triste suceso, para los miembros, en el cual son encarcelados sin haber efectuado un solo disparo. El protagonista decide hacerse a un lado, mientras a través de bares y tequilas, ha ido conociendo las intimidades de tan peculiares personajes.

Otro interesante capítulo da cuenta al acto performativo que lleva a cabo el protagonista. Esto lo lleva a ser parte de una especie de zoo-humano en el que se encuentra atrapado en una poltrona ubicada en una terraza en el que recibe del público alimento y bebidas, las cuales son lanzadas desde fuera de una especie de “jaula-hogar” en el que se encuentra. Es un acto que a la vez de lindar entre aquel teatro del absurdo de Ionesco, también reflexiona al respecto del arte contemporáneo y sus consecuencias.

Cada capítulo, ocurrido en países hay veces todavía cubiertos por el manto de lo real maravilloso de Carpentier y Asturias, nos hace que soltemos una gran carcajada, sin miedo a morir, que es lo que esa Latinoamérica se niega a dejar de ser graciosa y absurda, hermosa y horrenda, mágica y trágica.

Para cerrar con broche, recuerdo a vuelo de pájaro el capítulo en el que el protagonista visita la ciudad de Praga en un encuentro de directores de revistas e intercambios entre españoles y checos. Esa búsqueda del cronista lo lleva a una taberna en la que varias décadas atrás, el genial y maravilloso poeta salvadoreño Roque Dalton escribió precisamente Taberna y otros lugares, uno de los libros de poesía más celebrados.

La historia entre intérpretes, poetas, novelistas y enanos nos lleva a un mundo muy curioso, oscuro y controversial en el que imaginamos a Roque en una esquina escribiendo su poemario, pero meneando la cabeza con desaprobación, tras escuchar el intercambio de palabras, entre Inclán, el enano novelista y Maritza, una agradable editora.

Una invitación, pues a acercarse a la obra del valenciano Paco Inclán, novelista y catedrático, que publica por vez primera relatos que ocurren en sitios hispanoamericanos, fuera de su natal España.