DEL POEMARIO SALÓN DEL REINO
RAFAEL VILCHES PROENZA (Cuba, 1966) Licenciado en Educación Artística en Artes Plásticas. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna, 2004 y 2010 con los libros El único hombre, poesía, Ediciones Orto, 2005 y País de fondo, poesía, Orto, 2011. Premio Nacional de Poesía De la Ciudad, 2005 con Trazado en el polvo, poesía, Ediciones Holguín, 2006. Premio Nacional de Poesía La Enorme Hoguera, 2006 con A ambos lados la sombra, inédito. Premio Nacional de Poesía, Centenario de Emilio Ballagas, UNEAC, 2008 con Tiro de Gracia, Ediciones Holguín, 2010. Mención Nósside Caribe, Italia, 2005. Mención Poesía UNEAC Julián del Casal, 2007 con Erial de Dios, inédito. Otros libros publicados: Ángeles Desamparados, novela, Ediciones Bayamo, 2001. Dura silueta, La Luna, poesía, Ediciones Bayamo, 2003. Textos suyos se han publicado en España, Italia, New Zealand, Alemania, Puerto Rico, México, Honduras, Brasil, Chile, Canadá y EEUU.
Última estancia
Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Anne Sexton
Padre: ojos y huesos
pudren la espera, las arenas
de bahía de cochinos.
Horas eco, nefasta primavera.
1959
1961
Apostabas por un puñado de sol,
te segaron la utopía de abandonar el túnel
y respirar azul.
Padre, tus días son
arenas de aquella playa confusa,
policromadas banderitas deshechas,
engaño a los cuatro vientos.
Ciénaga en rojo,
seres anónimos, anodinos.
umbrío campo,
teatro de operaciones.
Mar: los difuntos reposan.
de un lado y otro, incertidumbre.
Segadas voces no asumen el suceso;
miedo, ejército amedrentado,
dislexia.
Divagas, entonas
una marcha sin júbilo,
empuñas áridas antorchas.
Su luz
en tus ojos
se extingue.
Máscara (uno)
María, quise amoldarme a ti
y echaron sal en la herida.
Fue Dios.
Mayo o diciembre. Estoy
en el lobby de tu corazón.
Te veo entrar con la mujer-hombre.
Dudo.
(Un escalofrío me atraviesa).
Sonríes. No sabes las máscaras
de la muchacha que observa
con ojos de varón,
(lobo que a su pecho devora).
Hago el tonto en la mesa del café.
Ofrezco mi torpeza. Hablas
de gatos astrológicos, marcas de vida
como quien enumera estrellas
en el cielo de la alcoba.
(Abruma el gardeo de la mujer
con antifaz de hombre).
Asisto al asecho de la chica leopardo.
Angustia el reposo en tu mirada.
El agua serena tu risa cuando se detiene
a especularse en mis ojos.
Celebro tu voz, tu inocencia.
Palpas el vacío, la redondez del desamparo
en las yemas de mis dedos,
el aroma del café
y el patio familiar.
Tu alma entona la ciudad para que mis días
canten un himno en la plaza de la patria.
Redobla tu risa
instantánea al amparo de las campanas
en la catedral de San Salvador.
Tu mano en mi mano es fuego íntimo.
La misa de mañana arropa en mis oídos
alusiones entroncadas.
Eres rosa de mayo que bajo la lluvia aguarda
por el tiempo justo,
Yo, puente
que te resistes
a cruzar.
Allende recuento a flor de agua tus días,
tus pasos por los adoquines
contemplando la ciudad.
Reconstruirse piedra
a piedra.
Canto a la ventana, a Luz Vázquez.
Doy mi pan, mi vino, mi costilla.
Sostengo la mirada de tus labios,
rezo el frágil amanecer
del ensueño en los vitrales.
Hilvanas De profundis,
cárcel de reading.
La herida de poeta en mi pecho
irriga este silencio,
máscara que traviste
tras el dolor, el miedo.
Y yo solo canto para sostener
tu presencia única,
irreal e irreverente.
Contigo no estoy solo.
Mi vida sale del pozo con la remembranza
de quien se reconoce
y asiste a su café.
Te alejo de la mujer con ojos de acero.
Bebamos néctar,
no nos dejemos confundir
por quien trastoca nuestra identidad.
Deja cantar al reloj
Si te vas,
si me quedo,
no digas nada,
nada,
nada.
¿Quién ha de contar las espigas del trigo?
¿Quién te asiste y comulga en tu costilla?
¿Quién, con mis sueños, ve el advenimiento de los hijos?
¿Quién arropa tus pies si el áspero frío muerde tu casa?
¿Quién escribe tu nombre en los muros de la isla
y deshace la soledad?
¿Quién, en tus noches, enciende las velas?
¿Quién te mira el sueño sin el cansancio de las horas vivas?
¿Quién amansa en tu corazón la jauría que acecha?
¿Quién se despierta y te llama patria, muchachita mía?
Máscara (diez)
Inferno.
¿Cómo saco el corazón de las brasas, si te alejas?
Canta como si no pasara nada. Limpiemos la sangre y el agua que flota
en las burbujas del pez.
No dejes que mi llanto acuda
o se fatigue la espléndida risa de tus labios. Recojamos juntos
los frutos de estación para escribir con su pulpa toda el agua del río en la piedra.
Ya pienso en tu ausencia, en estas calles sin ti.
Me remuerde el perfume de la luz solar, los astros, los días…
Duele como nunca, salen de mí hacia la soledad.
Tomemos una última taza de té con secreto aroma. Deja que gaste la
ternura de tus pechos, el polen de tu selva se esparce en el bosque mío.
Lengua mía, no escuches graznar la noche.
Bajo el sol me abochorno, y me hundo en la orilla fangosa del Cauto.