ALEJANDRA G. BARBÓN (La Habana, Cuba, 1979) Es escritora e investigadora. Reside en Miami, donde trabaja como profesora y bibliotecaria especializada en colecciones patrimoniales, archivo y libros raros. Su escritura se sitúa entre poesía, narrativa y ensayo, y explora la memoria, el exilio, la herencia afectiva y el cuerpo como archivo vivo. Desde una atención a lo mínimo —gestos, manos y silencios— su poética indaga en lo que persiste más allá del relato lineal. Palabras escritas en el pan se articula como un libro de fragmentos donde voces heredadas y experiencia íntima se entrelazan para pensar la memoria como materia que se amasa y deja migas —como el pan— en el cuerpo y en el tiempo.
Y el pan fue primero (Los silencios de Amelia)
En el principio, no hubo verbo, sino gesto.
El pan fue primero que la palabra. Y las manos supieron antes que la boca.
Todo lo que nació, nació del silencio. Una foto, un temblor, una mujer buscando su nombre en la harina del tiempo.
Y antes de Alba, hubo una promesa: la de sostener la memoria aunque el mundo se partiera en dos.
Hubo olor. Hubo tacto. Hubo un gesto que persistió cuando ya no quedaban palabras.
Y de esas manos, no siempre recordadas, nació la historia. No por lo que dijeron, sino por lo que sostuvieron.
Porque, a veces, el pan sabe más que quien lo amasa.
Memoria amasada
La foto en sepia
Cuánto puede caber en una imagen detenida, cuando el tiempo no ha deshecho el gesto ni el temblor.
Están ahí, plantados frente a lo que fue su pan y su promesa: él con la firmeza callada de quien no baja la mirada, ella con la ternura tensa y un futuro entre ceja y ceja que aún no ha nacido, pero ya arde.
Nadie podría decir que posan. Se sostienen, como quien sabe que de esa imagen penderá una genealogía, una historia aún sin contar, una mujer del porvenir buscándose en los trazos de una sonrisa antigua.
No hay polvo que borre la dignidad de esa escena: ni el muro carcomido, ni el cartel torcido, ni el eco de lo que vendría a derrumbarlo todo.
Miro la foto y algo de mí se alinea. Me encuentro en su gesto como si esa leve capa del tiempo fuera una puerta que sólo se abre desde adentro.
El pan que no salió
Los cuerpos que nos devuelven
Las he encontrado en cuerpos que me sostuvieron. Manos que me recogieron cuando no supe cómo volver. Miradas que me devolvieron lo que había dejado caer.
Pero hay una que no cabe en las formas. La que empieza donde otros terminan. La que está. La que sigue estando.
Habita mis días con la naturalidad de quien nunca se va. Me completa sin proponérselo, me ofrece sitio sin darse cuenta, me acompaña sin medida.
JOAQUÍN CABEZAS DE LEÓN (Camajuaní, Cuba, 1957) Graduado por la Universidad Marta Abreu de las Villas, de Licenciatura en Contabilidad y Finanzas. En 1992 obtuvo el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara. La Editorial Capiro de esa provincia cubana publicó en 1993 su poemario Mundos desarmables. Poemas suyos han sido publicados en revistas y sitios literarios impresos y de internet en Cuba y el extranjero. Actualmente reside en Cuba.
Patria
Es una incógnita donde náufragos se aferran a criar escorpiones; los cazadores perdieron sus cotos y solo acarician historias escritas bajo el influjo de la melancolía; los felices en sus quimeras adolescentes parecen mendigos consagrados al desamparo; las novias y los travestis consuelan turistas fugados de sus puertos. En mi país hay repúblicas descubiertas entre una muchacha y los rostros de la eternidad, los carniceros esconden los cuchillos ante los animales que desandan los corrales y la patria da un traspié en el rostro de los bufones. Voy a alquilar un país a los mercaderes de los bulevares, ellos ruedan las húmedas mentiras, inflan los precios en la inseguridad de los funcionarios y los decretos desconciertan a los transeúntes de vocación feminista. Esto es también mi patria: un trofeo o el polvo de algunas mentiras.
Virutas
Hay un lugar cubierto de hojarasca donde el tiempo es una viruta disuelta en el lejano país que entre sospecha y ruidosos desencantos se fue convirtiendo en la muchedumbre del tabaco y ron; tan desmemoriado que no recuerda a sus fantasmas y a sus héroes. ¿Para qué se necesita a los héroes si las mujeres solo miran el reloj y las premuras del bodeguero? Los héroes son como una carga, una fatiga en los escombros del horizonte. Hay un lugar cubierto de hojarasca donde los niños dejaron de jugar, tampoco sueñan con ser héroes, perdieron la memoria en las capitales del mundo, derrocharon la sonrisa en las tormentas. Los hombres no quieren ser héroes, es demasiado caro. Los consumidores necesitan productos asequibles que nada tengan que ver con los garabatos del futuro ni con el orgullo de hacer la historia. La historia es un payaso sereno que al final sonríe aunque los cuervos se lleven los aplausos. Albert Camus estornuda en esta temporada feroz, él tampoco aspira a ser héroe: quiere vivir en un mundo cubierto de hojarasca y ser una simple viruta que el agua se empeña en disolver.
El país que dibujaron de matices grises
La noche consuela a los espantapájaros en el vórtice de las siempre magras cosechas, el cielo no sostiene el miedo del niño y el silencio condena cualquier codicia de hablar con una estrella, una mínima estrella de la edad del bronce, una mínima estrella que no admite la mirada de los héroes ni la soberbia de quien se cree Dios cuando es un simple mortal cargado de soledad.
Al país o lo que fue, lo dibujaron de matices grises, tristes colores que castigan la pupila de los niños; después comienza a confundirse con toda la soledad y la multitud de fanáticos que sueñan con la lluvia, que sueñan no tener sueño y comienzan a dialogar con su sombra, con la nada y sus vestidos de domingo, con la despiadada y cruel derrota y los insectos que devoran flores.
Mi país, esa geografía tímida que todavía nos pertenece a pesar de los huecos negros de la historia; esa pancarta que acariciamos cuando niños y se convirtió en un bostezo, una herida, el dolor común de la gloria inhabitable y fría; ese país que consuelo cada mañana al despertar y a veces se pierde entre mis miedos y las dudas.
«Poesía ésta cargada de la sinceridad y la humildad de quienes reconocen que Dios es quien rige sus vidas, el que ha escrito ya sus destinos, el que los ha sacado enriquecidos de los más desalentadores desiertos, el que pese a todos los retos que como humanos estamos llamados a vencer va a nuestro lado, casi siempre en silencio, sin alardes, sabiéndose vencedor de todas las batallas, y solo basta mirar con fe para saber que está ahí y recibir su abrazo cálido y su paz inexplicable.
Hay en estos poemas, además, esas preguntas que solo pueden lanzar quienes reconocen su insignificancia, quienes han aprendido y están dispuestos a no olvidar los comportamientos humanos que aborrece Dios: “Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos (Proverbios 6, 17-19), pero además quienes son capaces de entender que los talentos que poseen −en este caso el don de la poesía− se deben única y exclusivamente a la misericordia de Dios y a Su propósito de que “en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor (Filipenses, 2:10-11).
Estoy seguro de que esta andadura literaria, este hermoso proyecto de alabar a Dios desde la poesía, emprendido hace ya un tiempo por Arletty Romero Lafargue y Onel Pérez Izaguirre y que aglutina a otros 15 autores, llegará a muchos corazones que esperan entre las sombras que habitan este mundo. Los aquí reunidos, a través de estos poemas, cumplen su misión de poner delante de los ojos de todos a ese Señor y Salvador que promete que, como leemos en Romanos 10:11-15, “Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (…) porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”.
AMIR VALLE
Alberto Garrido Santiago de Cuba (1966)
Narrador, poeta, profesor y ensayista. Tiene más de veinte libros publicados. Entre sus premios internacionales destacan el Casa de las Américas con El muro de las lamentaciones (cuentos) y el Casa de Teatro con El círculo de los infieles (novela), La noche en la pared (cuento) y La hora de despertarnos juntos (poesía). Ganador del concurso La Gaceta de Cuba, el premio más importante que se le otorga a un cuento en Cuba. Premio de novela erótica La llama doble y Premio de la Crítica a los diez mejores libros publicados con La leve gracia de los desnudos. Recientemente publicó su antología personal de cuentos Gritos y susurros y su poesía esencial en el volumen Pan sobre las aguas. Reside en República Dominicana, donde dirige el departamento de Letras en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña. En Ilíada Ediciones ha publicado todos sus libros de tema cristiano.
Logos
En soledad con Dios la vida escribo los oficios del hombre y sus desiertos la piedra memorable de los muertos el corazón de un salmo y lo que vivo. De un viernes tan humano ya cautivo donde testamentar mis heredades. Con Dios en soledad y mis verdades una mujer mi justo tiempo humano y la humilde intemperie de un hermano y dos hijos dos patrias dos ciudades.
En soledad con Dios por el espejo oscuro como befa de un escriba la muerte nos golpea tan arriba que sorbemos debajo su reflejo.
Mas guardo una palabra y la entretejo como un pastor callado hasta que encienda. Una sola palabra tibia venda la del único Verbo que me nombra así la soledad pierde su sombra y Dios me da su voz para que entienda.
Frank Castell Las Tunas, Cuba (1976)
Licenciado en Español y Literatura. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Tiene publicados los libros El suave ruido de las sombras (Poesía, Editorial Sanlope, 2000), Confesiones a la eternidad (Poesía, Editorial Sanlope, 2002), Corazón de Barco (Poesía, Letras Cubanas, 2006), Final del Día (Poesía, Editorial Sanlope, 2012), Salmos oscuros (Poesía, Editorial Oriente, 2013), Fragmentos de Isla (Poesía, Letras Cubanas, 2015), El solitario oficio de la resistencia (Poesía, Valparaíso Ediciones, España, 2018), Como un país desierto (Poesía, Huerga Fierro Editores, España, 2019), La maquinaria (Novela, Ilíada Ediciones, Alemania, 2020), Redentor (Poesía, Ilíada Ediciones, Alemania, 2023), Paisaje humano (Ediciones Médanos, USA, 2024), El horizonte blanco de la bestia (Novela, Editorial Primigenios, USA, 2025) y Redeemer (Poesía, Ilíada Ediciones, Alemania, 2025).
Redentor
Eres el canto, la empuñadura de mi espada, juicio y sostén de mi familia. De ti brota el aliento, la luz y la gloria, las cumbres perfectas, el pan, el vino, el fuego en noches que se inclinan. Estás sobre las aves, las mentes y los salmos, sobre la mansedumbre de los redimidos y las palabras que surcan los sueños del mar. Oh, Señor, eres mi fortaleza cuando la soledad hiere mi rostro. Eres el tiempo inevitable sobre el mundo.
Arletty Romero Lafargue Guantánamo (1990)
Licenciada en Estudios Socioculturales. Diplomada en Periodismo. Miembro de la AHS. Graduada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, 2013. Coordinadora del Proyecto Literario Grafomanía. Presentadora de Televisión. Poemas suyos aparecen publicados en diferentes antologías poéticas: El Mundo Lleva Alas, Ed. Voces de Hoy, Miami, Florida, Estados Unidos, 2017; Extremo Oriental, poetas guantanameros del Nuevo siglo, Ed. El Mar y la Montana 2018; Poetas cubanos ante la Palma Real, Ed. El Mar y la Montaña 2020; Antología Pequoud, Ediciones Callejas y Reina del Mar 2023; en la revista El Caimán Barbudo, Sección Por primera vez; la Revista digital Calle B; revista digital Alma Mater; revista Umbral, No. 85 ene-mar 2023. Incluida en el Plaquette De vals a rock y viceversa, selección de autores del Proyecto Grafomanía, diciembre, 2015. Incluida en el Audiolibro Fragmentos de Luz, coproducido por CMKC Radio Revolución y CMKS Radio Guantánamo, 2023.
I.
Sabes de las heridas que he sufrido sin merecerlo, sabes de mis pecados y la necedad de ignorarlos, como el ciervo sediento en el desierto, clamo a ti entre el polvo y el silencio. Eres Bálsamo de Galaad que fluye sobre mi piel quebrantada, Padre que corre hacia el hijo herido, mientras yo, frágil, apenas doy el primer paso.
II.
No soy la mujer justa que alza manos puras, ni el olivo verde junto al templo. Soy barro quebrado, arena que se escapa entre tus dedos, y aun así me levantas. Temo el trueno de tu voz, la hoz que separa el trigo de la paja, y sin embargo, —como el hijo que huye y olvida el pan— me aparto. Y aun así me das la fuerza para apoyarme en ti, como el junco que se mece en el río, sin romperse, porque en la corriente sostiene tu mano lo que el mundo ve frágil.
III.
Tú luchas donde yo ya no tengo fuerzas, como David ante Goliat, pequeño pero tuyo; mi enfermedad es el valle de sombras, pero Tú eres el fuego en la hoguera de Elias, que no se apaga, aunque el cuerpo desfallezca. Amén. Porque aunque hoy sea el surco estrecho, la semilla que cae en tierra buena —aun entre espinas— florecerá en tu tiempo. Y mi fe, débil como lágila de mostaza, será montaña movida por tu voz.
Ania Lias González Nuevitas, Camaguey (1978)
Licenciada en Biología por la Universidad de Oriente. Licenciada en Estudios Bíblicos por Global University. Cursa la Maestría en Estudios Teológicos por la Universidad Teológica de Texas. Graduada del Centro de Formación literaria Onelio Jorge Cardoso, en Técnicas narrativas y en Literatura de ciencia ficción. Es Premio Internacional de Relato Cristiano 2017. Su relato histórico “El altar de Dionisio” fue publicado en un volumen homónimo por Christian Editing. Obtuvo mención de cuento y poesía en el concurso Oscar Hurtado 2021, obras publicadas en la enzine Korad número 40. Su cuento “Nervadura” forma parte de la antología de narrativa cubana Nos que ficamos en Brasil (Livraria Nobel, 2001). Su novela fantástica Antes de las aguas se encuentra en Amazon. Tiene gran parte de su obra aun inédita (poemarios, libros de cuentos y novelas).
Presencia
Como se mira a un niño dormir deshojaste misterios sobre mí.
Te avisté algunas veces, en tu huida si despertaba a medias. Latigazo de aromas, llovizna huella fresca. Fuiste un hilo dorado en los asombros en la causalidad de los aconteceres en la encubierta faz de los propósitos.
Te sentí en esas formas del tiempo entre mis dedos, como un vórtice. Yo sorbía el universo con los párpados como embudo sensible y acaparé las horas, los anhelos, el miedo la punzada perpetua de vivir. Tú latías entonces a ese ritmo de la misma punzada tras los astros los párpados, el tiempo.
Te entreví de soslayo en la espesura al filo de una daga de preguntas como una herida lúcida anónima.
Y me atrapaste al fin con esas cuerdas de tus ojos que llaman de amor.
Ahora Tu Nombre es pronunciable lo convoco asciende o se sumerge a muy bajo volumen o a toda voz.
Sigues siendo mi asombro misterio, dador centinela en la noche del mundo. Yo te persigo más. Deseo que me atrapes otra vez.
Despertar del todo es mi sueño.
Onel Pérez Izaguirre Baire, Santiago de Cuba (1988)
Poeta. Miembro de la Asociación Hermanos Saiz y del Grupo Literario Café Bonaparte. Premio Poesía de Primavera en el 2017 en Ciego de Ávila con el libro Fosa común. Mención en el Hermanos Loynaz. Premio Calendario de Poesía en el año 2023 con el libro Cables de alta tensión.
I
Abro mis ojos. No puedo respirar ente tanta manigua y sal. Escapo de mí. La cruz seduce, inquieta. El dolor me señala el camino para Aquel que forma todas las cosas. No puedo estar en pie, aun así, veo en el cielo esas preguntas que a veces desconozco.
II
Una alabanza es como un cuchillo en la oscuridad que se esconde detrás del muro. Un poema, un hacha contra el yo. Un trazo del Ángel para descansar en la Roca que no termina. Una oración para no morir en el tedio y alzar de nuevo el vuelo hacia la estrella infinita.
III
Pienso otra fuga, otro paisaje roto. Pero sigo frente a la Roca en busca de un silencio para respirar. El Ángel viene y siento como la luz me traspasa. La Roca Antigua sigue firme, me apoyo en ella y cobro aliento.
RAFAEL VILCHES PROENZA (Cuba, 1965) Licenciado en Educación Artística en Artes Plásticas. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna, 2004 y 2010 con los libros El único hombre, poesía, Ediciones Orto, 2005 y País de fondo, poesía, Orto, 2011. Premio Nacional de Poesía De la Ciudad, 2005 con Trazado en el polvo, poesía, Ediciones Holguín, 2006. Premio Nacional de Poesía La Enorme Hoguera, 2006 con A ambos lados la sombra, inédito. Premio Nacional de Poesía, Centenario de Emilio Ballagas, UNEAC, 2008 con Tiro de Gracia, Ediciones Holguín, 2010. Mención Nósside Caribe, Italia, 2005. Mención Poesía UNEAC Julián del Casal, 2007 con Erial de Dios, inédito. Otros libros publicados: Ángeles Desamparados, novela, Ediciones Bayamo, 2001. Dura silueta, La Luna, poesía, Ediciones Bayamo, 2003. Textos suyos se han publicado en España, Italia, New Zealand, Alemania, Puerto Rico, México, Honduras, Brasil, Chile, Canadá y EEUU.
Última estancia
Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar. Anne Sexton
Padre: ojos y huesos pudren la espera, las arenas de bahía de cochinos.
Horas eco, nefasta primavera. 1959 1961 Apostabas por un puñado de sol, te segaron la utopía de abandonar el túnel y respirar azul.
Padre, tus días son arenas de aquella playa confusa, policromadas banderitas deshechas, engaño a los cuatro vientos. Ciénaga en rojo, seres anónimos, anodinos. umbrío campo, teatro de operaciones.
Mar: los difuntos reposan. de un lado y otro, incertidumbre. Segadas voces no asumen el suceso; miedo, ejército amedrentado, dislexia.
Divagas, entonas una marcha sin júbilo, empuñas áridas antorchas.
Su luz en tus ojos se extingue.
Máscara (uno)
María, quise amoldarme a ti y echaron sal en la herida.
Fue Dios.
Mayo o diciembre. Estoy en el lobby de tu corazón.
Te veo entrar con la mujer-hombre. Dudo. (Un escalofrío me atraviesa).
Sonríes. No sabes las máscaras de la muchacha que observa con ojos de varón, (lobo que a su pecho devora).
Hago el tonto en la mesa del café. Ofrezco mi torpeza. Hablas de gatos astrológicos, marcas de vida como quien enumera estrellas en el cielo de la alcoba. (Abruma el gardeo de la mujer con antifaz de hombre).
Asisto al asecho de la chica leopardo. Angustia el reposo en tu mirada. El agua serena tu risa cuando se detiene a especularse en mis ojos. Celebro tu voz, tu inocencia. Palpas el vacío, la redondez del desamparo en las yemas de mis dedos, el aroma del café y el patio familiar.
Tu alma entona la ciudad para que mis días canten un himno en la plaza de la patria. Redobla tu risa instantánea al amparo de las campanas en la catedral de San Salvador.
Tu mano en mi mano es fuego íntimo. La misa de mañana arropa en mis oídos alusiones entroncadas. Eres rosa de mayo que bajo la lluvia aguarda por el tiempo justo, Yo, puente que te resistes a cruzar. Allende recuento a flor de agua tus días, tus pasos por los adoquines contemplando la ciudad.
Reconstruirse piedra a piedra.
Canto a la ventana, a Luz Vázquez. Doy mi pan, mi vino, mi costilla. Sostengo la mirada de tus labios, rezo el frágil amanecer del ensueño en los vitrales. Hilvanas De profundis, cárcel de reading.
La herida de poeta en mi pecho irriga este silencio, máscara que traviste tras el dolor, el miedo. Y yo solo canto para sostener tu presencia única, irreal e irreverente.
Contigo no estoy solo. Mi vida sale del pozo con la remembranza de quien se reconoce y asiste a su café.
Te alejo de la mujer con ojos de acero.
Bebamos néctar, no nos dejemos confundir por quien trastoca nuestra identidad.
Deja cantar al reloj
Si te vas, si me quedo, no digas nada, nada, nada.
¿Quién ha de contar las espigas del trigo? ¿Quién te asiste y comulga en tu costilla? ¿Quién, con mis sueños, ve el advenimiento de los hijos? ¿Quién arropa tus pies si el áspero frío muerde tu casa? ¿Quién escribe tu nombre en los muros de la isla y deshace la soledad? ¿Quién, en tus noches, enciende las velas? ¿Quién te mira el sueño sin el cansancio de las horas vivas? ¿Quién amansa en tu corazón la jauría que acecha? ¿Quién se despierta y te llama patria, muchachita mía?
Máscara (diez)
Inferno. ¿Cómo saco el corazón de las brasas, si te alejas?
Canta como si no pasara nada. Limpiemos la sangre y el agua que flota en las burbujas del pez. No dejes que mi llanto acuda o se fatigue la espléndida risa de tus labios. Recojamos juntos los frutos de estación para escribir con su pulpa toda el agua del río en la piedra.
Ya pienso en tu ausencia, en estas calles sin ti. Me remuerde el perfume de la luz solar, los astros, los días… Duele como nunca, salen de mí hacia la soledad.
Tomemos una última taza de té con secreto aroma. Deja que gaste la ternura de tus pechos, el polen de tu selva se esparce en el bosque mío. Lengua mía, no escuches graznar la noche. Bajo el sol me abochorno, y me hundo en la orilla fangosa del Cauto.
ISMAEL SAMBRA (autor cubano-canadiense, 1947). DESNUDOS es su quinto libro de poemas. Entre estos cinco libros hay dos premiados uno en un concurso internacional y otro nacional, además de una trilogía poética Los ángulos del silencio (Editorial Verbum, 2001, con tres libros reeditados posteriormente en ediciones bilingües por Edizioni Il Foglio, Italia, y por la Editorial Primigenios, Miami): Orgía del miedo (2021, italiano-español, y español-inglés, para celebrar el 20 aniversario de la primera publicación), Señales de la espiral (2023, inglés-español) y A través de las rejas (2024, español-inglés). Una trilogía que refleja tres momentos históricos en la vida del autor y su adverso medio. Es decir, que Desnudos es una obra creada en la madurez del poeta. Tiene publicado además dos libros con poemas seleccionados: Para no ser leído en recital, Editorial Oriente, 1991, y Seis poemas desesperados y uno de esperanza, (Edición trilingüe-español, inglés, francés), Ilíada ediciones, 2022.
FRENTE A FRENTE AL SUR DE PARÍS (Errótico variante uno)
A la usanza de las aguas milenarias
No habrá ola suficiente que rompa nuestro abrazo. No habrá nada más sensible y lujurioso que nuestros cuerpos sumergidos enfrentados a la ingratitud humana. Déjalos navegar con sus desnudos entre dos continentes tan llenos de historias y codicias de invasiones de imperios. Estrechamente separados
más bien incompatibles de traiciones imperiales de conquistas egoístas creadoramente renegadas que trataron de saciar la sed del Mediterráneo. Ayúdalos a romper los cercos fratricidas en estos paisajes del mar al sur de París en estas aguas protocolares de Nice: Mi buen pretexto: Tambores y trompetas para el viaje
que tan lindamente has orquestado. Conquistemos libertades
deroguemos opresiones: La traba inexorable del esquema. Conquistemos más que territorios el necesario tiempo
para que la maldad termine
para que sigas orgullosa de mis genitales
de mi buen paquete —como le llamas—.
Mis buenos cojones —a lo cubano—.
Para luchar también contra el miedo
contra la chusma que aún postula y elige dictadores. Para declararte redentora diosa rebelde y pacifista de estos mares. Parce que tu as le goût nouveau de la vie. Porque posees
el nuevo sabor de la vida.
Octubre 2011
SOLAMENTE TÚ Y LAS ESTRELLAS
“Mujeres lo que nos pidan podemos Lo que no podemos no existe Y si no existe lo inventamos por ustedes.” (Canción Ricardo Arjona)
El día de la mujer es el día de tu nacimiento: Dios te dio todo: Porque Dios sabe lo que me gusta. Ahora celebremos: Finalmente eres tú desde adentro. Eres árbol fértil con todas sus raíces en mi cuerpo. Tus hormonas. Tus deseos. Las pulsaciones de tus células en la madurez. Tu nueva edad colgado del agravio pero siempre bonita: Dulce y bonita: Blanca pureza: Puti putica: Bien renovada: Muy laboriosa: En el trabajo: En la cocina: En nuestra cama: En las virtudes: Dulce y bonita: Tierna y discreta. Es un cóctel. Una manera nueva de menear la postura y la quebrada cintura: Una la química. Una la entrega de las partes más finas de tus atributos. Una ensalada. Una en mis trincheras de tetas-talle-caderas. Una en la perversión de mi fórmula: Pinga y comida. Que siempre funciona: Que te alimenta. Resplandeciente: Voluminosa: Una en la única. Ya estás frente al espejo: Entronizada: Entronizando. Excitada y excitando. Mujer divina: Divina mía: Al sur de tu cuerpo hay una isla muy especial. Ven por favor. No te bañes. Tienes el olor del amor en tu piel.
28 de marzo…
FRENTE A LA EXPERIENCIA DEL MEDITERRÁNEO
(Errótico variante dos)
No habrá ola suficiente que rompa nuestro abrazo. No habrá mujer más sensitiva en la inocente rebeldía de llameante desnudo chocando con mis tres piernas en las aguas heladas del Mediterráneo: ¡Abusadora! Sueltos en el París adorado para descubrir desde el Sena su torre omnipresente. Sueltos a la orilla de Nice en la French Riviera en Eze medieval con su árbol que en el pórtico nos dejó caer al paso su único higo maduro. Sueltos en la capilla de la Santa Cruz en la punta de su cerro desde Monte Carlo a Mónaco minúsculo país dentro del país. Vamos al viaje concebido con tanta precisión y tanta fantasía a beber del vino de tu madre patria: Vino en el agua: Agua hasta el cuello: Mi francesita. Empujada a la inyección de mi atrevido erecto ante el asombro de miradas maliciosas y cuchicheos de bañistas con tetas liberadas: Poco indulgentes. Vamos con tus besos graduados en mi escuela cuando te buscaba y todavía eras la efigie salvadora de mis caídas: En la agonía. En la tortura de mi muerte-lenta por el despotismo de un único partido: Entre las rejas: Cuando visitabas mi ciudad como turista sin saber que era la mía. Detrás de rejas: Contra las rejas: Tan cerca de mis rejas al este de la isla: Perros hambrientos: Al sur de la loma de Quintero en mi Santiago:
Sin saber nada:
Cuando yo sólo sabía que existías cuando ya nos conocíamos sin siquiera conocernos. Vamos con mis restos desechos-desechados a ignorar las demandas los decretos que hacen y deshacen a sentir el estilo parisino con nuestras apetencias descocadas para que puedas cumplir mi sueño con lo prometido. Vamos a calentar el océano como habíamos programado. Vamos a enaltecer la puta vida.
Octubre 2011
MI GRAN DILEMA
Una mujer de tetas firmes y caderas anchas
es la típica mujer de mi raza. Pero hay una mujer que se queja de mi memoria mientras calienta su carne con mi temperatura: Defensa «a priori»: Veneno de mujer que muerde mis tetillas: En lo flexible. Desnuda mejor que vestida. Habla de su poca suerte de su mala suerte de su karma y quiere mucho más que este acto penetrante hasta la total fatiga. No es una mujer diferente, pero es locura cuando beso su abismal incertidumbre de mujer casada cuando beso la dura porción de sus debilidades la gracia de sus magnos vacíos. No es diferente pero me dice yes yes yes cuando quiere que libere mi energía en sus pulcros precipicios. No sé qué hacer al final de mis días pues dice que me ama.
Perentoriamente me ama en los oscuros parajes de amores ilegales cuando todo comenzaba fuego y el sexo fue rutina. Me dice que me ama además en su francés natal.
Perentoriamente me ama. Ella ha sufrido su fracaso. Ella estuvo con el hombre de la droga el alcohol el juego. Ella sabe que soy el hombre equivocado. Me da promete: Me da presiona: Me da ternura. Mi diabla en tentaciones: Virgen penuria: La que bien chupa. La que está recóndita de todo: Puta ternera: La que esta-lla para amar y ser amada: La que apuesta su vida para socorrer la mía.
LA VANIDAD DE MI PREMIO
“ocurrió… que la lengua descubrió su deleite.” José Agustín Goitisolo
Más acá de la amante ciudad que me dijo adiós y en esta otra que me dio refugio encontré tu lengua: Tu boca-niña: Creada para los caprichos de mi boca: En su textura. Boca piadosa que provoca: Lengua sin tregua. Lengua cetrina sin la mía: ¡Melocotón! Lengua perdida en mi boca: Boca melosa: Jacarandosa. No hay dudas que Dios la hizo fibra ligera para que yo dibuje su contorno con la punta de mi lengua: Por lo que gana. Asiduamente me chorreo en el asalto a la guarida donde escondes ilusiones y pócimas curativas: reposadas vibraciones: Tus potenciales: Toda mi lengua: Mi lengua entera: Por lo ganado. Mi lengua nutrida-nutritiva en cada hueco: Mis favoritos. Mi lengua recordando-conociendo cada hambre de tu cuerpo: Cada elipse cada trigo de tu lengua: De caramelo. Mi lengua que nunca duerme con el deseo reprimido. Mi lengua coercitiva insolente tarambana desquiciada que ya no sé si es mía o solo tuya mi puta lengua…
CUERPO A CUERPO
Deja que los cuerpos se acostumbren a no estar separados. Deja que en el apretón descubran pantanos generosos que liberen los impulsos reprimidos: Que coman sobre
el verbo que creamos juntos: Hirsuto-ríspido.
Deja que en el contacto se fundan y se multipliquen que sepan que no habrá desidia que no hay nada oculto
nada que no se pueda. Déjalos que sean locura que se encharca en la locura que hace más intenso el germen del amor Déjalos que inventen su idioma en los sitios
follados por primera vez para que puedan parir sin recelo a la profana caricia a la liberación brutal de siderales orgasmos
a los límites ungidos en los diluvios que se crean para comenzar lo nuevo.
Déjalos navegar en los honestos atajos con sus curvas naturales y su ajuste simétrico. Déjalos en sus prolongados ríos… Mientras me entrego y te entregas en este largo beso. Mientras te miro y te cosecho la ternura virginal a toda vela. Because you are pretty “inside and out”. Enteramente bella.
Del poemario inédito El olvido, de próxima aparición en Ilíada Ediciones.
Patricia Alejandra Núñez (Buenos Aires, Argentina). Poeta y psicoanalista. Ha publicado los libros Los rostros y la noche, Flores blancas, Pájaros en el desierto, La vida entre los ojos, La noche en la orilla de la luna, El sueño en mis manos, La mirada y Un relámpago de otoño. Ha participado en numerosos encuentros y festivales de poesía.
I
¡Mezquindad! Escuche dijiste mezquindad mientras veías sobre las calles el colchón sucio de un joven. La calle el paranoico mundo que nos habita. ¿Por dónde iras? En este desamparo en este cuerpo que se calla, en esta venganza en esta indiferencia. ¿Por dónde irás? Junto a la bolsa llevabas la fuerza terrible de tu trabajo. ¿La basura del mundo sobre el peso de tu cuerpo? Te mire: ¡Tan hermoso tan joven! Arrastrabas con valentía el peso, la basura del mundo mientras tu cuerpo, tu cuerpo…
II
Era la fiesta me alejabas, no. Un esfuerzo, la ración la multitud, la muchedumbre. Me iba, deseaba irme salir, decir las palabras La voz, la reprimenda, lo obligado. Me rodeaban, ellos el deseo oprimido me rodeaba. Deseaba salir la palabra deseaba decir. La muchedumbre, el ruido me asaltaban por la espalda me vigilaban, me reprimían. Me sujetabas con la culpa. La palabra deseaba crear. Saltar en un salto bello parir los diferente de indescifrables deseos. La fiesta, los ruidos, el estar cercados hasta que soltaste el insulto. La palabra heriste con resentimiento, con violencia soltaste. Pusiste en peligro el amor hasta silenciarme y dudar. Así creció el escenario de la duda. Salte, una y otra vez salte con el alma y sus heridas. Hasta encontrar las palabras salte, en silencio salte hasta romper los muros. Luego fue correr, correr, mirando atrás. ¡Que nadie venga a buscarme! dije Corrí muy lejos hasta respirar y quebrar en llanto.
III
Respirar profundo mientras el corazón siente el rumor, ninguna arena pisada por las calles, ninguna flor arrastrada a las manos que oscurecen. Amanece el alba en estos dedos que señalan con inocencia la alegría.
Quisiera abrazarte en el instante que la inmensidad se esfuma y vuelve la bruma a los ojos con el canto de la voz.
Tu voz, mis ojos, estas manos retrasando la espera hasta llegar sobre la delgadez del cuerpo.
La frágil esperanza de los años, el universo estallando en sinuosas brevedades, la constancia de la nada, ecos donde la inmensidad es generosa y nos llama por el sonido que viaja hacia el corazón esculpido por atardeceres.
Sobre la luna los ojos de la ternura guiándonos.
IV
¡Enigma del amor aventurándose! Este pecho abierto en las fantasías despierta por las noches, junto al alba. ¿Qué dichoso amor será? No es un presagio ni una revelación ni la certidumbre es un preludio, la premura, una sinfonía. Este amor un despertar una esperanza lucida la espiritualidad de la voz. El corazón El cuerpo en el eco de quien responde con la voz dulce la firmeza de la ternura la sinceridad del dolor. La risa habla entre tambores el cuerpo danza sobre la historia. Esta fragilidad, esta levedad, este cielo
María Cristina Garrido (Quivicán, Cuba, 1982) Desde muy joven se interesa en la poesía y percibe una especial sensibilidad para el arte. Recibe cursos especializados en talleres y peñas literarias. Se gradua de Bachillerato en el año 2000 y en el año 2003 sus versos salen publicados en la Antología de poetas de su localidad. Ganadora en el 2008 del Primer Premio Nacional del Concurso Tabacalero Carlos Baliño. En el presente permanece recluida en las cárceles del presidio político cubano por su compromiso con la libertad de Cuba y el fin de la dictadura castrista. Examen de tiempo es su primer libro.
La profesional
Yo no estudié el algoritmo específico de las cosas. Yo estudié por equivocación la carrera de Supervivencia: una metamorfosis darwiniana de las ciencias. Aquí el Señor duerme a su gloria y a su amparo. Nadie sabe en qué día de glorificación desahogaremos la sed que nos habita. El hambre es un instante al dolor de la queja, el buitre carcomido se alimenta. Mi carrera se aplica en todas las esferas de la vida: sobreviví diez años con ameba, salvé mis dientes del hambre negra de las caries, calculé cuántos gramos de la harina alcanzarían para hacer en el mes próximo una familia. Mi tesis fue la transmutación en el ayuno de las mil y una noches, ser las ojeras de los apagones, la sangre en los mosquitos del Aegypti, la basura orgánica de la escasez, el reciclaje de la cáscara y la escama, un hueco en los zapatos de la espera. Mi maestría versó en los cuentos de mentiras, en la magia de entender el marxismo olvidado por la maestra ausente: se fue dando el ejemplo al país de nunca jamás para cambiarle el rumbo a la historia. Mi doctorado discurrió en lo que ahora soy: la doctora de mi propia barriga la matemática improvisada del ensayo la historiadora de las calles de mi lugar; una verdad que llora en la frente de Martí la anemia acostumbrada del stress la cólera apestosa de la soya la misión suicida por dinero el pan que resiste a los ciclones y la letrada con falta de pornografía Soy En fin… Mi País.
Rendición de cuentas
Un día de estos en los que Dios baje a regalarle a los hombres el entendimiento disfrazado de cruz y los pájaros de la tierra se queden quietos, yo me acercaré despacio para que mi ruido no rompa algo, entonces cogeré la rosa intocable que es mi verdad, con algunas lágrimas despiertas y un libro dulce le diré a Dios en un canto: esta es mi vida. Tómala.
Caminos I
Puedes decir que vivo alucinando en cualquier galaxia que inventa el hombre cuando no tiene más qué pensar. El hombre busca placidez de pecados mudos y encuentra la muerte glorificada en ellos. Me salvo de este obtuso que rige el universo, de oráculos que anuncian la venida trivial de los sexos, anatemas que creen en la cruz de lo ajeno, del pronóstico de la verdad que se apuesta y que no llega… El hombre se turba porque es iconoclasta de sí mismo, ve aquí la mansa estrella que se deja abortar entre las noches y se descubre que fue un Dios, mientras se deja influenciar por apócrifos. Nada quede de sí mismo más que la sombra de su resurrección. Vengan y dialoguen felices, que yo iré cortando las flores de la hortensia.
Caminos II
En la vida todos buscan lo mismo. Entre la carne abierta sondean vericuetos extraordinarios. El hombre se hunde en una tragedia que surge de la sangre, se pierde las demás cosas del mundo por encontrar ese sentimiento que nunca está completo. Es una búsqueda sedienta que dura toda la vida, un probar de esencias y un arrebato de conquista a lo más breve para justificar la creación. Es un esfuerzo justificado, sin duda, aunque la recompensa no viene de todos modos. Algunos la tienen de nacimiento, otros, en el más allá, otros, la llaman amnesia de su nicho de muerte. Lo cierto es que todos buscan lo mismo. ¿Será feliz el hombre, por fin?
Inevitable
No es que Dios contribuya al pecado es que Él sabe lo inevitable. Evoluciono, pero se me queda el no saber nada del próximo minuto. ¿Cómo saber si es mal el bien? La felicidad es saberme capaz de todo; y aprendí a escribir escuchando la vida para no quedar sorda del corazón.
Clara Lecuona Varela (Santa Clara, Cuba, 1971). Poeta, narradora y crítica literaria. Ha sido premiada en poesía, narrativa, décima y crítica literaria. Parte de su obra ha sido traducida al italiano, al francés y al inglés. Ha publicado: De la remota esperanza (Ed. Mecenas, 2000), Antología de poemas cósmicos y líricos de Clara Lecuona (FAH, México, 2002), PreTextos (Ed. Mecenas, 2003), Estancias (Ed. Mecenas, 2007), Fragmentaciones (Sed de belleza editores, 2007), Lattes Capuccino (Ed.Oriente, 2011), Del cotidiano vacío (Ed. Letras Cubanas, 2017).
La noche bocarriba
Desnudos caminamos sobre el cielo como una burbuja en el aire, acaso somos ángeles olvidados acaso somos nuestros hijos, esos que no tuvimos. (no lo sabremos) Solo es cierto ahora tu mano en la mía, para siempre tus ojos en mis ojos. Existe un momento otro, un universo versal donde la luna asoma su cabeza para encontrarnos. Te recuerdo:en mi camino hay una puerta donde todo comienza o todo termina. Se encuentra a la mitad del sueño y no sé sabe si es hacia atrás o hacia adelante entonces la maravilla está en nosotros desde siempre y desde siempre retorna. Disfruto echarte entre las nubes chupar tus espacios, olerte y lento cabalgarte. Tu voz en mi voz, hombre húmedo a la mitad del sueño. Despierto de golpe y de golpe te poseo como una burbuja goteando entre mi boca abierta. Sobre mi boca todo comienza o todo termina a la mitad de mi lengua y tu lengua y no sé sabe si es hacia atrás o hacia adelante. Solo que en mi boca a contragolpe se detiene y abre un agujero enorme donde la noche, una vez más se tiende bocarriba.
Las flores del durazno abren para mí, solo en las tardes
En las tardes preparo el té disfruto que las hojas se deshagan en mis manos y el olor se desplace por la habitación. (Dices, es extraña esta costumbre mía de estrujar las hojas) Coloco mis pies entre tus labios, húmedos y tibios por la bebida que recién preparo como mismo preparo tu cuerpo. Todo en él me recuerda a las flores del durazno Todo él se desparrama me recibe como una cascada mientras la ceremonia del té comienzo.
La hora más cruel
Mis demonios y yo tenemos un pacto, donde ellos se ocultan y yo los encuentro. Subimos juntos las escaleras, pisoteando los mensajes. No nos interesan las palabras, sabemos cuan fácil es confundir con cada letra. Más bien, preferimos lo que reproduce el sufrimiento y su adicción. Más bien nos place la estancia más cruel para alimentar a los que aguardan con incertidumbre ante la probable derrota. Sucede que la dicha nos aburre, la ilusión y la esperanza. Mis demonios y yo tenemos un pacto, a veces por turnos, en el que soy todos ellos y raras veces yo.
La tormenta como un dios
Una tormenta es siempre inspiradora sobre todo si las luces iluminan las ventanas y los árboles se mueven como un dios frenético. Pero qué sabe del baile de mi cuerpo qué presiente maldito del otro lado de la ventana. Acaso conoce el deseo racional de ungir su boca con mi boca serpiente de lengua azul y le pregunto qué sabes sabes de mis luces. Allí donde todos escuchan tus estruendos yo te escucho gemir y siento pena. porque sólo una ventana nos distancia. Así, apaciguo su delirio. Así, lo aquieto por un rato. Aunque sé volverá con la lluvia a provocarme a indagar por mis sombras… mis postigos. Yo, que no tengo conciencia en estas horas más bien me hago servir. Lo invito a complacerme en esta tarde de tan absurdas maneras.
Osmari Reyes García (Mayarí, Cuba, 1972) Poeta y haijin. Además de sus numerosos premios nacionales e internacionales en importantes concursos de poesía y haikus y de que su obra poética haya sido incluida en antologías del género en Argentina, España y Estados Unidos, ha publicado los poemarios Los días que descienden sobre nosotros para habitarnos (Avant Editorial, España, 2020); Plenitud en los cuatro rincones de la nada (Amazon, 2020); Alivio a mitad del llanto (Vortoj Editores, México, 2020), La temporada del hombre (Editorial Dos Islas, Estados Unidos, 2020) y El momento de las iniciaciones (Editorial Primigenios, Estados Unidos, 2021). Textos suyos han aparecido en publicaciones periódicas de Argentina, Chile, Cuba, España, Estados Unidos, México, Uruguay, Perú y Venezuela.
El olvido nace de los gestos cotidianos, desciende profusamente sobre los días al mínimo descuido y nosotros sorteando las miradas, traduciendo el ríspido discurso que nos ahueca, nos sobreponemos al silencio advenedizo que acaso nos descubre. Permanecemos a rato inmóviles, contenemos el aliento ante la mirada que señala para delatarnos, para acentuar nuestra aridez antes presentida, pero todo intento queda en silencio, ojalá fuera caos, golpe que destierra, fragmento que a diario resucita, ventana que el viento tira con la furia que se perdió la mañana de los imposibles. Desprendo una torpe espiral de mi osamenta, un látigo ancestral que comparte el ayer sin tantas precauciones, mi invitación a las ciudades vecinas a desdibujar la hora interminable que agoniza, el precipicio del rostro triste que lanza al aire la oscuridad de la discordia. Este es el momento de las iniciaciones, de proporcionar el agua clara contra la perfidia, el espejo contra la analogía de las despedidas, la foto contra lo perdurable que a veces padecemos.
La resaca de los días
Apenas nos separa la resaca de los días que dejaron de mirarnos para que no podamos raptar la imagen del espejo o el grito incontrolable de un demente. Algún que otro fantasma pasa, deja su porción de furia en las afueras donde no será el banquete planeado desde antes, ni la hora de saldar las cuentas (ya saldadas), pero nos desentenderemos de la mano y el amigo para evitar otro altercado. Tomo las riendas de la noche, lavo las preguntas en el río del poema inconcluso sin encontrar consuelo antes de que se fermenten los fracasos. Comienzo a empacar los últimos regalos desde la oscura adicción que me violenta una limpia tarde de la isla que naufraga. Suelto las frases postreras a los aires que tampoco escuchan. Soy ciudad en ruinas, reino que no depone su corona, pero igual, reino en decadencia, escombro que acompaña a mis desvelos, pared emblanquecida por la alegría de los que se tragan el llanto y se van en silencio por un rumbo diferente. Cada verso será al final del día dulce manzana que aparenta su veneno. El oleaje del tiempo te trajo hasta mi puerta pero ya no soy la contrafigura que buscabas para parecer más exquisita, ni soy la marcha sobre el aliento.
La mirada transparente
La noche no alucina. El insomne no medita. La mirada omite los detalles. El desconcierto es animal dormido. Alguien desentierra sus tesoros, soporta la certeza y la fatiga. Ya no más lo racional que añade y congela en la retina un caudal imaginario para mitigar las pérdidas. El muro escoge (desde siempre) los lamentos. La sedición fracasa, contempla con cautela, flota sobre las provocaciones. Amanece, se abre una ventana que ahuyenta los dolores. Otro anuncio el mediodía, la tarde, la noche y su perfume recurrente. Himno antiguo es la herida en la memoria.
Mucho tiempo frente al mar
Vi que se hundía el año en su propio llanto, fue un duro golpe sobre el agua. No hay códigos que disuelvan estas sombras reveladas en el gesto. He quedado solo, lejos del verano y los jardines. Asusta la fortuna, el adiós, lo eterno, el universo, el deseo, el miedo que rompe los instintos, la duda ante el milagro. Voy a construir un cuerpo y un país que me acompañen en esta ceremonia que comienza a descubrirme. Llevo mucho tiempo frente al mar inmenso y repetido, esperando mi regreso.
(Fragmento del poema homónimo, del poemario Colisiones verbales / Words colliding)
Daniel Díaz Mantilla (La Habana, Cuba, 1970). Licenciado en Lengua Inglesa, escritor y editor. Ha publicado Las palmeras domésticas (narrativa, 1996), en˙trance (narrativa, 1997), Templos y turbulencias (poesía, 2004), Regreso a Utopía (novela, 2007), Los senderos despiertos (poesía, 2007), El salvaje placer de explorar (cuentos, 2014) y Gravitaciones (poesía, 2018). Sus textos se incluyen en antologías editadas en varios países de América y Europa.
No hay yo detrás de estas palabras. No hay poesía, ni alma aullando / cantando / gritando sus miedos o esperanzas. No hay aliento tras la voz. Sólo la ilusión de un ser, una similitud ficticia disfrazando el vacío donde ves tu propio reflejo. Yo es un espejo, yo es un velo y un hueco. Yo es tú. Tú es un espejo y un velo y un hueco: palabras colisionando. No hay poesía, ni verdad en lo que se dice. Lo que se dice es el eco de incontables ecos cíclicos / reciclados / traducidos / multiplicados en la superficie de lo que dice «yo». Un enigma buscando su origen y su fin y el propósito de su búsqueda, de su discurso. No hay poesía, no hay sino poesía, mundos-palabras colisionando donde «tú» es.
Esperanza
Caminas solo por los pasillos vacíos. Mantienes la distancia y escrutas los rostros tensos en la fila. Ves tu propio rostro tenso y cansado en el espejo convexo mientras la cajera guarda los productos en una bolsa con sus manos ocultas en guantes de látex azul. Saturado de noticias apocalípticas has ido de una tienda a la otra, buscando alimentos, papel sanitario, baterías… Y has encontrado muy poco. Aún así, te consideras afortunado cuando la cajera te desea buenas noches. Sus labios están cubiertos, sus ojos apagados, pero imaginas una sonrisa detrás del barbijo y regresas a casa en la fría oscuridad con suficiente esperanza para resistir otro día.
Revoluciones
Cuando llegué la revolución estaba en casa. La multitud entraba por las ventanas con sus himnos, sus gritos, sus alarmas de combate. Cada rincón, cada sueño expresable eran propiedad colectiva. Sólo en el cuarto de abuela había calma, sólo allí, ocultos de la vista, mudos en un anaquel del closet, los santos meditaban. Podía oírse aún a Dios en el mutismo de abuela, podías verlo en sus ojos ante la foto de Lenin que había en la sala. El día que abuela murió, papá puso sus santos en una bolsa plástica y los tiró discretamente a la basura. Años después hizo lo mismo con la foto de Lenin. Eran los años noventa. Lo recuerdo flaco y barbudo, estrujando la imagen con rabia. En el lugar de Lenin hay ahora una foto de Arizona y papá protesta oprimiendo los controles de un nuevo aparato que, inexplicablemente, dejó de funcionar.
Ante la vista de alguien
Todo esto ocurre ante la vista de alguien. Las recriminaciones, los gritos, el llanto mudo de quienes hacen sus maletas y parten, y la acritud de quienes quedan mirando en la ventana la ausencia después de la pelea… Todo ocurre, todo se rumia y vuelve a ocurrir, reflejado —torcido por el rencor, la culpa, la añoranza— en las astillas del espejo donde alguien desde el futuro escruta y recompone con los fragmentos dispersos de nuestra voz el origen de su propio dolor. Todo esto ocurre de mil formas distintas ante la vista de alguien. Y aunque te empeñes en conducir por cursos heroicos tu relato, aunque parezca que es posible esconder tras una máscara conveniente los exabruptos, los golpes bajos, la insidiosa erosión de las palabras y los modos; aunque guardes tus penas tras una sonrisa de acero, todo continúa ocurriendo: el aroma salvaje de las antiguas quimeras, la entrega incondicional, las sucesivas traiciones, el otoño de los amantes en su larga posguerra y la caída súbita de los velos. Todo sucede con perfecta nitidez, aunque siempre distinto, distorsionado, reencuadrado, ante la vista de alguien, alguien que se nos parece un poco y nos juzga sin compasión ni compromisos, como juzgamos nosotros ahora el pasado.