El olvido

Del poemario inédito El olvido, de próxima aparición en Ilíada Ediciones.

Patricia Alejandra Núñez (Buenos Aires, Argentina). Poeta y psicoanalista. Ha publicado los libros Los rostros y la noche, Flores blancas, Pájaros en el desierto, La vida entre los ojos, La noche en la orilla de la luna, El sueño en mis manos, La mirada y Un relámpago de otoño. Ha participado en numerosos encuentros y festivales de poesía.


I

¡Mezquindad!
Escuche
dijiste mezquindad
mientras veías sobre las calles
el colchón sucio de un joven.
La calle
el paranoico mundo que nos habita.
¿Por dónde iras?
En este desamparo
en este cuerpo que se calla,
en esta venganza
en esta indiferencia.
¿Por dónde irás?
Junto a la bolsa llevabas
la fuerza terrible de tu trabajo.
¿La basura del mundo sobre el peso de tu cuerpo?
Te mire:
¡Tan hermoso tan joven!
Arrastrabas con valentía el peso,
la basura del mundo
mientras tu cuerpo, tu cuerpo…


II

Era la fiesta
me alejabas, no.
Un esfuerzo, la ración
la multitud, la muchedumbre.
Me iba, deseaba irme
salir, decir las palabras
La voz, la reprimenda, lo obligado.
Me rodeaban, ellos
el deseo oprimido me rodeaba.
Deseaba salir
la palabra deseaba decir.
La muchedumbre, el ruido
me asaltaban por la espalda
me vigilaban, me reprimían.
Me sujetabas con la culpa.
La palabra deseaba crear.
Saltar en un salto bello
parir los diferente
de indescifrables deseos.
La fiesta, los ruidos, el estar cercados
hasta que soltaste el insulto.
La palabra heriste
con resentimiento, con violencia soltaste.
Pusiste en peligro el amor
hasta silenciarme y dudar.
Así creció el escenario de la duda.
Salte,
una y otra vez salte
con el alma y sus heridas.
Hasta encontrar las palabras salte,
en silencio salte
hasta romper los muros.
Luego fue correr, correr, mirando atrás.
¡Que nadie venga a buscarme! dije
Corrí muy lejos hasta respirar
 y quebrar en llanto.


III

Respirar profundo mientras el corazón siente el rumor, ninguna arena pisada por las calles, ninguna flor arrastrada a las manos que oscurecen. Amanece el alba en estos dedos que señalan con inocencia la alegría.

Quisiera abrazarte en el instante que la inmensidad se esfuma y vuelve la bruma a los ojos con el canto de la voz.

Tu voz, mis ojos, estas manos retrasando la espera hasta llegar sobre la delgadez del cuerpo.

La frágil esperanza de los años, el universo estallando en sinuosas brevedades, la constancia de la nada, ecos donde la inmensidad es generosa y nos llama por el sonido que viaja hacia el corazón esculpido por atardeceres.

Sobre la luna los ojos de la ternura guiándonos.


IV

¡Enigma del amor aventurándose!
Este pecho abierto
en las fantasías despierta
por las noches, junto al alba.
¿Qué dichoso amor será?
No es un presagio
ni una revelación ni la certidumbre
es un preludio,
la premura, una sinfonía.
Este amor un despertar
una esperanza lucida
la espiritualidad de la voz.
El corazón
El cuerpo en el eco
de quien responde con la voz dulce
la firmeza de la ternura
la sinceridad del dolor.
La risa habla entre tambores
el cuerpo danza sobre la historia.
Esta fragilidad, esta levedad, este cielo

Examen de tiempo

Del poemario Examen de tiempo (Ilíada Ediciones, 2022)

María Cristina Garrido (Quivicán, Cuba, 1982) Desde muy joven se interesa en la poesía y percibe una especial sensibilidad para el arte. Recibe cursos especializados en talleres y peñas literarias. Se gradua de Bachillerato en el año 2000 y en el año 2003 sus versos salen publicados en la Antología de poetas de su localidad. Ganadora en el 2008 del Primer Premio Nacional del Concurso Tabacalero Carlos Baliño. En el presente permanece recluida en las cárceles del presidio político cubano por su compromiso con la libertad de Cuba y el fin de la dictadura castrista. Examen de tiempo es su primer libro.


La profesional

Yo no estudié el algoritmo específico de las cosas.
Yo estudié por equivocación la carrera de Supervivencia:
una metamorfosis darwiniana de las ciencias.
Aquí el Señor duerme a su gloria y a su amparo.
Nadie sabe en qué día de glorificación
desahogaremos la sed que nos habita.
El hambre es un instante al dolor de la queja,
el buitre carcomido se alimenta.
Mi carrera se aplica en todas las esferas de la vida:
sobreviví diez años con ameba,
salvé mis dientes del hambre negra de las caries,
calculé cuántos gramos de la harina alcanzarían
para hacer en el mes próximo una familia.
Mi tesis fue la transmutación
en el ayuno de las mil y una noches,
ser las ojeras de los apagones,
la sangre en los mosquitos del Aegypti,
la basura orgánica de la escasez,
el reciclaje de la cáscara y la escama,
un hueco en los zapatos de la espera.
Mi maestría versó en los cuentos de mentiras,
en la magia de entender el marxismo olvidado
por la maestra ausente:
se fue dando el ejemplo al país de nunca jamás
para cambiarle el rumbo a la historia.
Mi doctorado discurrió en lo que ahora soy:
la doctora de mi propia barriga
la matemática improvisada del ensayo
la historiadora de las calles de mi lugar;
una verdad que llora en la frente de Martí
la anemia acostumbrada del stress
la cólera apestosa de la soya
la misión suicida por dinero
el pan que resiste a los ciclones
y la letrada con falta de pornografía
Soy
En fin…
Mi
País. 


Rendición de cuentas

Un día de estos
en los que Dios baje
a regalarle a los hombres
el entendimiento disfrazado de cruz
y los pájaros de la tierra se queden quietos,
yo me acercaré despacio para que mi ruido no rompa algo,
entonces cogeré la rosa intocable que es mi verdad,
con algunas lágrimas despiertas y un libro dulce
le diré a Dios en un canto:
esta es mi vida.
Tómala.


Caminos I

Puedes decir que vivo alucinando
en cualquier galaxia que inventa el hombre
cuando no tiene más qué pensar.
El hombre busca placidez de pecados mudos
y encuentra la muerte glorificada en ellos.
Me salvo de este obtuso que rige el universo,
de oráculos que anuncian la venida trivial de los sexos,
anatemas que creen en la cruz de lo ajeno,
del pronóstico de la verdad que se apuesta
y que no llega…
El hombre se turba porque es iconoclasta de sí mismo,
ve aquí la mansa estrella que se deja abortar
entre las noches
y se descubre que fue un Dios,
mientras se deja influenciar por apócrifos.
Nada quede de sí mismo más
que la sombra de su resurrección.
Vengan y dialoguen felices,
que yo iré cortando las flores
de la hortensia.


Caminos II

En la vida todos buscan lo mismo.
Entre la carne abierta sondean
vericuetos extraordinarios.
El hombre se hunde en una tragedia
que surge de la sangre,
se pierde las demás cosas del mundo
por encontrar ese sentimiento
que nunca está completo.
Es una búsqueda sedienta que dura
toda la vida,
un probar de esencias
y un arrebato de conquista a lo más breve
para justificar la creación.
Es un esfuerzo justificado, sin duda,
aunque la recompensa no viene de todos modos.
Algunos la tienen de nacimiento,
otros, en el más allá,
otros, la llaman amnesia
de su nicho de muerte.
Lo cierto es que todos buscan lo mismo.
¿Será feliz el hombre,
por fin? 


Inevitable

No es que Dios contribuya al pecado
es que Él sabe lo inevitable.
Evoluciono,
pero se me queda
el no saber nada del próximo minuto.
¿Cómo saber si es mal el bien?
La felicidad es saberme capaz de todo;
y aprendí a escribir escuchando la vida
para no quedar sorda del corazón.

La noche bocarriba y otros poemas

Del poemario inédito Las aldabas del tiempo.

Clara Lecuona Varela (Santa Clara, Cuba, 1971). Poeta, narradora y crítica literaria. Ha sido premiada en poesía, narrativa, décima y crítica literaria. Parte de su obra ha sido traducida al italiano, al francés y al inglés. Ha publicado: De la remota esperanza (Ed. Mecenas, 2000), Antología de poemas cósmicos y líricos de Clara Lecuona (FAH, México, 2002), PreTextos (Ed. Mecenas, 2003), Estancias (Ed. Mecenas, 2007), Fragmentaciones (Sed de belleza editores, 2007), Lattes Capuccino (Ed.Oriente, 2011), Del cotidiano vacío (Ed. Letras Cubanas, 2017).


La noche bocarriba

Desnudos caminamos sobre el cielo
como una burbuja en el aire,
acaso somos ángeles olvidados
acaso somos nuestros hijos,
esos que no tuvimos.
(no lo sabremos)
Solo es cierto ahora tu mano en la mía,
para siempre tus ojos en mis ojos.
Existe un momento otro,
un universo versal donde la luna
asoma su cabeza para encontrarnos.
Te recuerdo:en mi camino hay una puerta
donde todo comienza o todo termina.
Se encuentra a la mitad del sueño
y no sé sabe si es hacia atrás
o hacia adelante
entonces la maravilla
está en nosotros desde siempre
y desde siempre retorna.
Disfruto echarte entre las nubes 
chupar tus espacios, olerte
y lento cabalgarte. Tu voz en mi voz,
hombre húmedo a la mitad del sueño.
Despierto de golpe y de golpe te poseo
como una burbuja
goteando entre mi boca abierta.
Sobre mi boca todo comienza
o todo termina
a la mitad de mi lengua y tu lengua
y no sé sabe si es hacia atrás o hacia adelante.
Solo que en mi boca a contragolpe se detiene
y abre un agujero enorme
donde la noche,
una vez más se tiende bocarriba.


Las flores del durazno abren para mí, solo en las tardes

En las tardes preparo el té
disfruto que las hojas se deshagan
en mis manos
y el olor se desplace por la habitación.
(Dices, es extraña
esta costumbre mía de estrujar
las hojas)
Coloco mis pies entre tus labios,
húmedos y tibios
por la bebida que recién preparo
como mismo preparo tu cuerpo.
Todo en él
me recuerda a las flores del durazno
Todo él se desparrama
me recibe como una cascada
mientras la ceremonia del té
comienzo.


La hora más cruel

Mis demonios y yo
tenemos un pacto,
donde ellos se ocultan
y yo los encuentro.
Subimos juntos las escaleras,
pisoteando los mensajes.
No nos interesan las palabras,
sabemos cuan fácil
es confundir con cada letra.
Más bien, preferimos
lo que reproduce
el sufrimiento y su adicción.
Más bien nos place
la estancia más cruel
para alimentar
a los que aguardan
con incertidumbre
ante la probable derrota.
Sucede que la dicha
nos aburre, la ilusión
y la esperanza.
Mis demonios y yo
tenemos un pacto,
a veces por turnos,
en el que soy todos ellos
y raras veces yo.


La tormenta como un dios

Una tormenta es siempre inspiradora
sobre todo si las luces
iluminan las ventanas
y los árboles se mueven
como un dios frenético.
Pero qué sabe del baile de mi cuerpo
qué presiente maldito
del otro lado de la ventana.
Acaso conoce
el deseo racional de ungir
su boca con mi boca
serpiente de lengua azul 
y le pregunto
qué sabes sabes de mis luces.
Allí donde todos escuchan
tus estruendos
yo te escucho gemir y siento pena.
porque sólo una ventana
nos distancia.
Así, apaciguo su delirio.
Así, lo aquieto por un rato.
Aunque sé volverá
con la lluvia a provocarme
a indagar por mis sombras…
mis postigos.
Yo, que no tengo conciencia
en estas horas
más bien me hago servir.
Lo invito a complacerme
en esta tarde
de tan absurdas maneras.

El momento de las iniciaciones y otros poemas

(Del poemario Mi voto será por el silencio)

Osmari Reyes García (Mayarí, Cuba, 1972) Poeta y haijin. Además de sus numerosos premios nacionales e internacionales en importantes concursos de poesía y haikus y de que su obra poética haya sido incluida en antologías del género en Argentina, España y Estados Unidos, ha publicado los poemarios Los días que descienden sobre nosotros para habitarnos (Avant Editorial, España, 2020); Plenitud en los cuatro rincones de la nada (Amazon, 2020); Alivio a mitad del llanto (Vortoj Editores, México, 2020), La temporada del hombre (Editorial Dos Islas, Estados Unidos, 2020) y El momento de las iniciaciones (Editorial Primigenios, Estados Unidos, 2021). Textos suyos han aparecido en publicaciones periódicas de Argentina, Chile, Cuba, España, Estados Unidos, México, Uruguay, Perú y Venezuela.

Puede adquirir el libro aquí: Mi voto será por el silencio – Ilíada Ediciones


El momento de las iniciaciones

El olvido nace de los gestos cotidianos, 
desciende profusamente sobre los días al mínimo descuido 
y nosotros sorteando las miradas, 
traduciendo el ríspido discurso que nos ahueca, 
nos sobreponemos al silencio advenedizo que acaso nos descubre. 
Permanecemos a rato inmóviles, 
contenemos el aliento ante la mirada que señala para delatarnos, 
para acentuar nuestra aridez antes presentida, 
pero todo intento queda en silencio, 
ojalá fuera caos, 
golpe que destierra, 
fragmento que a diario resucita, 
ventana que el viento tira con la furia que se perdió la mañana
de los imposibles. 
Desprendo una torpe espiral de mi osamenta, 
un látigo ancestral que comparte el ayer sin tantas precauciones, 
mi invitación a las ciudades vecinas a desdibujar la hora interminable que agoniza, 
el precipicio del rostro triste que lanza al aire la oscuridad
de la discordia. 
Este es el momento de las iniciaciones, 
de proporcionar el agua clara contra la perfidia, 
el espejo contra la analogía de las despedidas, 
la foto contra lo perdurable que a veces padecemos.


La resaca de los días

Apenas nos separa la resaca de los días que dejaron
de mirarnos
para que no podamos raptar la imagen del espejo
o el grito incontrolable de un demente.
Algún que otro fantasma pasa, deja su porción de furia
en las afueras
donde no será el banquete planeado desde antes,
ni la hora de saldar las cuentas (ya saldadas),
pero nos desentenderemos de la mano y el amigo
para evitar otro altercado.
Tomo las riendas de la noche,
lavo las preguntas en el río del poema inconcluso sin encontrar consuelo
antes de que se fermenten los fracasos.
Comienzo a empacar los últimos regalos
desde la oscura adicción que me violenta una limpia tarde
de la isla que naufraga.
Suelto las frases postreras a los aires que tampoco escuchan.
Soy ciudad en ruinas,
reino que no depone su corona, pero igual,
reino en decadencia,
escombro que acompaña a mis desvelos,
pared emblanquecida por la alegría de los que se tragan el llanto
y se van en silencio por un rumbo diferente.
Cada verso será al final del día dulce manzana que aparenta su veneno.
El oleaje del tiempo te trajo hasta mi puerta
pero ya no soy la contrafigura que buscabas para parecer más exquisita, ni soy la marcha sobre el aliento.  


La mirada transparente            

La noche no alucina.
El insomne no medita.
La mirada omite los detalles.
El desconcierto es animal dormido.
Alguien desentierra sus tesoros,
soporta la certeza y la fatiga.
Ya no más lo racional
que añade y congela en la retina
un caudal imaginario
para mitigar las pérdidas.
El muro escoge
(desde siempre)
los lamentos.
La sedición fracasa,
contempla con cautela,
flota sobre las provocaciones.
Amanece,
se abre una ventana que ahuyenta los dolores.
Otro anuncio el mediodía,
la tarde,
la noche y su perfume recurrente.
Himno antiguo es la herida en la memoria.


Mucho tiempo frente al mar                        

Vi que se hundía el año en su propio llanto,
fue un duro golpe sobre el agua.
No hay códigos que disuelvan estas sombras
reveladas en el gesto.
He quedado solo,
lejos del verano y los jardines.
Asusta la fortuna,
el adiós,
lo eterno,
el universo,
el deseo,
el miedo que rompe los instintos,
la duda ante el milagro.
Voy a construir un cuerpo
y un país que me acompañen
en esta ceremonia que comienza a descubrirme.
Llevo mucho tiempo frente al mar inmenso y repetido,
esperando mi regreso.

Revoluciones y otros poemas

(Fragmento del poema homónimo, del poemario Colisiones verbales / Words colliding)

Daniel Díaz Mantilla (La Habana, Cuba, 1970). Licenciado en Lengua Inglesa, escritor y editor. Ha publicado Las palmeras domésticas (narrativa, 1996), en˙trance (narrativa, 1997), Templos y turbulencias (poesía, 2004), Regreso a Utopía (novela, 2007), Los senderos despiertos (poesía, 2007), El salvaje placer de explorar (cuentos, 2014) y Gravitaciones (poesía, 2018). Sus textos se incluyen en antologías editadas en varios países de América y Europa.

Puede adquirir el libro aquí: Colisiones verbales / Words colliding – Ilíada Ediciones


Buscando

No hay yo detrás de estas palabras.
No hay poesía, ni alma
aullando / cantando / gritando sus miedos o esperanzas.
No hay aliento tras la voz.
Sólo la ilusión de un ser,
una similitud ficticia disfrazando el vacío
donde ves tu propio reflejo.
Yo es un espejo, yo es un velo y un hueco.
Yo es tú.
Tú es un espejo y un velo y un hueco: palabras
colisionando.
No hay poesía,
ni verdad en lo que se dice.
Lo que se dice es el eco de incontables ecos
cíclicos / reciclados / traducidos / multiplicados
en la superficie de lo que dice «yo».
Un enigma buscando
su origen y su fin y el propósito
de su búsqueda, de su discurso.
No hay poesía,
no hay sino poesía,
mundos-palabras colisionando donde «tú» es.


Esperanza

Caminas solo por los pasillos vacíos.
Mantienes la distancia
y escrutas los rostros tensos en la fila.
Ves tu propio rostro
tenso y cansado en el espejo convexo
mientras la cajera guarda los productos en una bolsa
con sus manos ocultas en guantes de látex azul.
Saturado de noticias apocalípticas
has ido de una tienda a la otra,
buscando alimentos, papel sanitario, baterías…
Y has encontrado muy poco.
Aún así, te consideras afortunado
cuando la cajera te desea buenas noches.
Sus labios están cubiertos, sus ojos apagados,
pero imaginas una sonrisa detrás del barbijo
y regresas a casa en la fría oscuridad
con suficiente esperanza para resistir otro día.


Revoluciones

Cuando llegué
la revolución estaba en casa.
La multitud entraba por las ventanas
con sus himnos, sus gritos, sus alarmas de combate.
Cada rincón, cada sueño expresable
eran propiedad colectiva.
Sólo en el cuarto de abuela había calma,
sólo allí, ocultos de la vista, mudos
en un anaquel del closet, los santos meditaban.
Podía oírse aún a Dios en el mutismo de abuela,
podías verlo en sus ojos
ante la foto de Lenin que había en la sala.
El día que abuela murió,
papá puso sus santos en una bolsa plástica
y los tiró discretamente a la basura.
Años después hizo lo mismo con la foto de Lenin.
Eran los años noventa.
Lo recuerdo flaco y barbudo,
estrujando la imagen con rabia.
En el lugar de Lenin
hay ahora una foto de Arizona
y papá protesta oprimiendo los controles
de un nuevo aparato que, inexplicablemente,
dejó de funcionar.


Ante la vista de alguien

Todo esto ocurre ante la vista de alguien.
Las recriminaciones, los gritos,
el llanto mudo de quienes hacen sus maletas y parten,
y la acritud de quienes quedan
mirando en la ventana la ausencia
después de la pelea… Todo ocurre,
todo se rumia y vuelve a ocurrir, reflejado
—torcido por el rencor, la culpa, la añoranza—
en las astillas del espejo donde alguien
desde el futuro escruta y recompone
con los fragmentos dispersos de nuestra voz
el origen de su propio dolor.
Todo esto ocurre
de mil formas distintas
ante la vista de alguien.
Y aunque te empeñes en conducir
por cursos heroicos tu relato,
aunque parezca que es posible esconder
tras una máscara conveniente los exabruptos,
los golpes bajos,
la insidiosa erosión de las palabras y los modos;
aunque guardes tus penas tras una sonrisa de acero,
todo continúa ocurriendo:
el aroma salvaje de las antiguas quimeras,
la entrega incondicional, las sucesivas traiciones,
el otoño de los amantes en su larga posguerra
y la caída súbita de los velos.
Todo sucede con perfecta nitidez,
aunque siempre distinto, distorsionado, reencuadrado,
ante la vista de alguien,
alguien que se nos parece un poco
y nos juzga sin compasión ni compromisos,
como juzgamos nosotros
ahora
el pasado.

Otra habitación de hotel y otros poemas

(Del poemario Tres veces, de próxima aparición en Ilíada Ediciones)

Eilyn Lombard es madre doctorante y educadora en UConn, y miembro de Justicia 11J, una organización que documenta detenciones por motivos políticos en Cuba. Ha publicado las colecciones de poesía Suelen ser frágiles las muchachas sobre el puente (2007), Todas las diosas fatigadas (2011), Las tierras rojas (2019), y Bienvenido a Facebook (2022). Co-dirige y edita la afro-trans-feminista-decolonial Candela Review mientras escribe sobre Poesía, poder y performance en Latinoamérica (1970-2021).


Canción para despertar a Alejandra

cocodrilos, mamá, hay cocodrilos
y co-co-rrecciones/yerros/erratas
heridas siempre
siempre son heridas
pero no le respondo
es la otra voz la que me guardo
guardo desgarros
retorcijones/aguijones
un muro para ofrecer mis espaldas
lamentos/lamentables: lastimaduras
muro para grafitear– coger– romper
dejar el muro
separar los cocodrilos
claro que hay, mi niña, cocodrilos.


Otra habitación de hotel

casi desnuda
leí
auricular en la mano
despierta del goce
o el dolor
desnuda siempre
leí
(me) leí el poema
en silencio
dispuesta a sanar el cuerpo
grité su(mi) rabia/soledad/poema
del otro lado todos
alguien escuchando
fui otra norma jean
menos sola
y repetí números
palabras
todos oyeron
el canto de pavor
conexiones misteriosas
sus dedos
me devolvieron el cuerpo
performance/payasada
del dolor y el goce
marilyn otra
viví.


Eran senos maternos colmados de piedras

crecen las piedras
dentro de mi cuerpo
fingiéndose alimento
barcos soy
de uno a otro lado
barco ebrio de sed
lamentos
mar cada noche
agua agujereándome
sola
con las piedras
alguien bebe
y las piedras se deshacen
arena nutricia
y me sustituyo
o prostituyo
esperando los barcos
y la sed del otro
y ella?
me devuelve las piedras
guarda piedras en sus ojos ahora
y yo
y me hincan
apenas veo, Alejandra, tu nombre
y el otro nombre
esperando sus piedras
mi dolor
la sed que en la leche guardo
hecha piedras
ebria de miedo y dolor
dividida
en dos                       en tres.


Un gorrión se arranca las plumas

alguien mueve unos trastos
a la arruga del entrecejo se añaden lentes
Allí arrastran 
y duelen los silencios intermedios
Solo veo a esa mujer que cree amamantar a su hijo
solo veo el cuervo picoteando su pecho
y correr la sangre que ella cree leche
He mezclado nuestros cuerpos
su boca de mujer y la mía y la de él
He visto correr mezcladas la leche y la miel y la sangre
Yo también arranco mis plumas y me protejo la piel con cremas y trapos de colores
Arranco mis plumas y leo palabras ajenas
Y lloro amores ajenos
y digo
mentiras y verdades a medias
Defiendo cierta rara pureza
y me escondo de mí y de todos
Nadie sabe
Nadie sabe si estas o las otras serán las últimas palabras
si voy a morir
si arrancarme las plumas o ver al gorrión hacerlo es otra forma de morir
o la piedra en el pecho o el hueco en el cuello de abajo
o las manos hinchadas y el cigarrillo a escondidas
o el dolor
solo el dolor
Nadie sabe.

Nosotros

(Fragmento del poema homónimo, del poemario El Reflejo / The reflection)

Asley L. Mármol. Poeta y novelista. Desde 1996 hasta 1999, trabajó como subdirector de la revista literaria Jácara. Publicó, durante el año 1996, el cuaderno de poesía El cuerpo vivo (Ediciones Jácara). En el 2009, su primera novela Magister Dixit fue publicada por Editorial Sigla en los EE. UU. Su libro de poemas bilingüe El Esplendor (The Splendor) vio la luz en mayo del 2019 publicado por Editorial Verbum, Madrid. Su colección bilingüe de cuentos cortos El interior de la montaña (The Interior of the Mountain) fue lanzada en enero del 2020 en Tampa, Florida. Su novela en inglés The Watchers fue publicada en el invierno del 2020 por Editorial Primigenios, Miami, Florida.

Puede adquirir el libro aquí: El Reflejo / The reflection – Ilíada Ediciones.


I

Los miramos hundirse en el marasmo habitual

Introspección hacia un universo que creemos atroz

Nosotros

Carne seca y cerebro pastoso

Dedos torpes y miradas adustas

Enfurecidos al tener que ser socorridos constantemente

Cuando nos atoramos en algún laberinto virtual

Incapaces de llegar a alguna parte.

II

Furias de lo inalámbrico

Triunfantes iconoclastas que diseñan industrias fantasmagóricas

que nos hacen reír por ser incomprensibles

                                    para nuestras embotadas nociones

devenidas arcaicas.

III

Si supiéramos escuchar

El sube y baja de la vida

Reconocer que el ramalazo del tiempo

Nos persigna inadecuados.

Nos rebelamos fútilmente

Pronosticando maldiciones que terminamos inhalando…

Bajo la cabeza con resignación

Y tecleo lentamente mi carta de renuncia.

IV

No es nuestra culpa que los dedos

habituados al mango y la palanca

Sean incapaces de remontar la marejada

de diminutas cifras fulgurantes

que para colmo no existen.

V

El despiadado juicio taja…

¿No es esa la niña que hasta no hace mucho

me contaba historias de ardillas

Y saltaba en mis muslos olorosa a canela?

VI

A sabiendas comenzamos a parecernos menos

Desechamos las bridas

Despedimos el ruido que otrora nos dio el pan.

Cambiamos los lemas y hasta de libros sagrados

Rechazamos la piel que nos definía

Todo por sabernos más plausibles

Y no quedar abandonados a un lado del camino.

VII

Nosotros, mis padres, los padres de mis padres, sucesivamente

Transgredimos la placidez establecida

Irrumpiendo hacia lo que creímos fue la luz

para concluir

que aquel hueco que creamos en el tiempo

Todos esos lagos colmados de gotas

Se secarían a nuestros pies

Solo para regresar a la montaña llana que es el ayer.

Cuatro poemas

Sonia Díaz Corrales (Cabaiguán, Sancti-Spíritus, Cuba, 1964). Poetisa y narradora, una de las autoras mas significativas de la poesía cubana de los años 90.​ Salió de Cuba hacia Costa Rica en 1998, y con posterioridad, en septiembre de 2001, se trasladó a Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, donde desde entonces reside. Ha escrito varios de los más notables libros de poesía de su generación, entre ellos Diario del grumete (1996) y La hija del reo (2016). También ha publicado dos novelas: El hombre del vitral (2010) y El puente de los elefantes (2013).


Discurso sobre la pared

En esta pared solemos escribir todo el silencio
la soledad que nos aparta.
Ahí escribí lo que pensaba
y mi madre lo borró letra a letra
para que nadie supiera que me rondaba la locura.

Esta pared de casa es todos los sitios a la vez
aquí nacemos y morimos
y amamos, a veces.
Y no se engañe nadie
amar es lo primero
aunque lo diga último.
Bueno o malo
aquí el amor siempre reivindica su lugar de preferencia.

Mi abuelo se sentaba sobre esta pared
y decía su discurso inteligible
monótono
sus disculpas a todos nosotros
por el fracaso
por no habernos dejado más patrimonio
más herencia que esta pared
y mi abuela besaba su boca viejísima
arrugada
para hacerlo callar
para que no escucháramos su desvarío
para ocultarnos su demencia.

Si la pared amenaza con caer la apuntalamos.
Si se reciente al centro
cubrimos su desnudez con cal y mezclas.

Si pierdes el rumbo
vienes a la pared
y escuchas
y lees
te explicas
y revives
y recorres palmo a palmo
en la superficie rugosa
la línea de tu vida
y luego puedes continuar como si nada.

Una vez quise derribar la pared
ver mas allá
y mi abuelo ordenó a la pared hacerse a un lado
miré
y mas allá no había nada
aun así mi abuelo insistió en que mirara otra vez
pero no pude
el miedo estaba tendiéndome la mano
y mi abuela dijo al abuelo que le sacaría los ojos
si no ordenaba a la pared recolocarse.
A mi me dijo
que el mundo no era verdad
que era una farsa en toda regla
que no hay ninguna pared para poner la espalda si te cansas
ni para saber cuál es el límite
no hay nada ahí que te recuerde quién eres
qué te falta
quién te quiere.

No hay una pared para mandar a recordar a quien te olvida
a quien se olvida
ni para mandar a olvidar
a los que se cansan de llevar a cuestas el recuerdo
no hay nada, como ves, ahí afuera
decía
tejiendo una trenza enorme, apretada
con mi pelo revuelto
para dejarme la cara visible.

En alguna ocasión la pared y yo firmamos una tregua
no sé bien si cuando murieron los abuelos
cuando nació mi hijo
o si la primera vez que el olvido distrajo al objeto de mi amor
quizás fuera aquel invierno
en que el viento arrastró un diario de mas allá hasta nosotros
no lo recuerdo
y no importa
porque en verdad estamos en un punto sin retorno.
La pared se mantuvo callada, pero firme
y yo recité mi proposición
convenimos
que ella aceptaría tener alguna puerta
y yo me encargaría
sin excepción
de que no entrara nadie.


Ya más nunca mágica

Cuando todos nos mirábamos al espejo
y yo era mágica
cuando le daba a cada uno mi brillo
y maldecía de antemano a quien lo perdiera
cuando creía que estaba loquísima
y me llenaba el gorro de guisasos
cuando comíamos y dormíamos la misma siesta
y yo era correcta y no daba gritos
cuando vivíamos felices
y el milagro era yo transparentando mi desnudez
cuando casi no teníamos guerras
cuando nacíamos y moríamos sin que nadie preguntara
por qué esta mujer se ensarta con su lanza
y nadie aquí se mueve del espejo.
Cuando flotaba y ustedes no bajaban a la tierra
cuando pregunté por nosotros
y nadie quiso responderme..Cuando lo bueno y lo peor
lo ácido y lo que no quiero decir ahora
se fundan
y yo avise.
Cuando los hijos no estén en África o en Miami
y los padres no se mueran de cáncer
cuando las mujeres salgan
de los hoteles
de todas las oscuridades
sin que el espejo se empañe.
Cuando me pueda cercenar un brazo
y hallar un hombre que me quiera manca y neurótica
ya más nunca mágica
sin nada que repartir
cuando me quede sola
y ni el espejo devuelva mi imagen verdadera
cuando ni yo me reconozca
cuando volvamos todos y no sea igual
cuando ninguno esté tan puro
como para reírse delante del espejo
cuando yo pregunte
cuando todo se repita
y ustedes no me quieran ver.
Cuando me desarme
cuando me arme
cuando me canse
cuando los acuse
cuando me despierte
cuando llore
cuando me rinda.
¿De parte de quién estará el espejo?


Retrato de la florista

(Del libro La hija del reo)

La locura me propuso ser la florista
esa que vende flores de silencio
flores de arenas movedizas
flores para el protocolo de los fuertes
flores para la cama de la diva
flores de malévola relación con la miseria
extrañas flores para los húmedos rincones de la casa
una flor de agua para el pubis de la niña
una flor de castrada soledad para la solapa del tirano
flores blancas y redundantes para el amigo.
En la locura
soy la que vende las más caras flores a los hombres.
Pero han cerrado las puertas
y hoy la florista es un pájaro de bronce
sobre el escritorio de la casa
un pájaro detenido en el bronce
en el amarillo cálido de la estatua.
Habrá para cada quién un verso
un estado imparcial
una amnistía
y los gladiolos de la florista
serán de un rosa comestible
verás como claudican
con la rabia de quien odia morir.
Ella encenderá lámparas
para los oscuros días que vendrán
nos dará el antídoto que me salvó de venderme
como un simple pájaro de feria.
Fui la dueña de todos los pájaros
y eran míos en la locura
sobreviví sus graznidos
sus cantos hipnóticos
sus desesperados gritos.
Una torre estas flores y los pájaros
fue todo lo que tuve
cuando ustedes me encerraron
para describir en mi rostro la locura
como se describen los paisajes.


Casi discurso, monólogo, mala imitación, exaltación y juego a una tal Sor Juana que conozco

para Rosa, alma mía cuando no tuve alma

Madre, no me voy a quedar
en el anverso ni el reverso de esta hoja
y a echar una siesta con los muertos
los que te mataron
tratando de exorcizarte esos demonios
tan poco convincentes.
Voy a llevar tu toca, tus enaguas
no voy a exaltarte ni a imitar tu genio
¿quién pudiera?
Qué poquedad yo soy
cuando vienes Juana con tus versos
 siempre saliendo de tu celda.
Con letánico ingenio
les hiciste creer que estabas muerta
cómo Sor Inés, pusiste esa trampa sin agua
sin velas, sin más paz que la deja el miedo
a estar muertos antes de morir.
Dudo más de mi existencia
de lo que entrambas manos tengo
que de tu vida, más que santa, eterna.
¿Qué hicieron del rosario de tus rezos?
digo, ¿qué no hicieron?
para desgajar el árbol caído siempre hay tiempo
¿qué nos hicieron a las dos, a todas?
Tú estás viva
si no, ¿qué nos quedara?
una expectativa atroz de juicio y de silencio
una lisiada rama del almendro.
Yo me encontré comiendo tu guisado filosófico
y sabes, Sor mía, lo estupendo de su sabor,
pero mis varones no dan su aprobación
a tal hartazgo y desperdicio
de la mujer que soy
de la que quiero sin dudas ser.
¿Qué nos hicieron en ti
los enormes jesuitas de tu tiempo?
¿Qué nos hizo ese enemigo
el mío ahora, el tuyo,
aquel que conocemos desde el génesis?
Al unísono, Juana, lloro
si no llorare, júrolo, reviento
más por nosotras dos que por las otras
de nombre Filotea, que sólo por tu luz se ven a veces.
Dios me libre de mentir en esto
por parecer humilde
o por parecer cualquier otra simpleza,
por imitarte acaso
nunca me sentí tan sola, tan rota, tan inmensa
por el ángel sublime que reclamo para mi
sutil lo quiero
no tan brillante que me ciegue
ni tan opaco que reniegue de él,
no por masculino si lo fuera,
sino más bien por limitado o necio.
Que tú lo sabes Juana
lo masculino suele ser tan bello
en la cruz del Gólgota
en la barca de Pedro
en el Salomón aquel
que a la reina de Saba deslumbró
en el hombre que a ciegas nos ha amado
que tu y yo sabemos Juana
lo masculino suele ser tan bueno
como tener un niño silente en las entrañas
y aunque esto no lo sepas
quizás imaginando aventajas mi experiencia.
Es verdad esto que afirmo
y aseguro
si yo supiera que mi vida alcanza
no para vencer hombres sin seso
que ellos mismos se vencen
sino para hacer la justicia que tu llevas
diera mi vida, mis rezos. Si quisieras
porque no quiero obligarte a llevar lo que me espanta
para que por mí vinieras
a mi lecho de mujer casada
de amamantar a mi hijo te dolieras
y a mis varones ripostaras.
Sor Juana de la Cruz, Sor Juana
abismo donde al asomarme me siento casi nada,
sin tu gloria
sin otra exigencia que tu propia celda
tu propia toca
descalza, pues ni loca usaría tus sandalias
—si no las tuyas, ¿cuáles otras?—
yo dejaría vida, esperanza, fueros,
poesía, hombres, mil ventajas,
y en tu lugar me iría al monasterio.

El mártir y otros poemas

De la antología poética personal Con tantas lluvias al lomo (Ilíada Ediciones, 2022)

Manuel Vázquez Portal (Morón, Cuba, 1951). Poeta y periodista de reconocida y premiada trayectoria en Cuba. Publicó en Cuba los libros Del pecho como una gota, A mano abierta, Cantos iniciales, Un día de Pablo y Cascabeles. En 1995 ingresó en la agencia de prensa independiente CubaPress y más tarde fundó el Grupo de Trabajo Decoro. Durante el proceso represivo conocido internacionalmente como “Primavera Negra de 2003 en Cuba fue condenado a 18 años de cárcel por ejercer el periodismo independiente. En junio de 2004 consiguió una “licencia extrapenal” por razones de salud, gracias a una campaña internacional por su liberación. Ha publicado además Celda número cero (poesía, 2000 ), Escrito sin permiso (testimonio, 2007), Cambio de celda (poesía, 2008), Velo de cristal (poemas, 2009 ), la novela Un amor en los ochenta (2011), En el extraño viaje (poemas , 2015), Nada puedo enmendar de aquellos miércoles (poesía, 2016) y el ensayo Diciendo mal de mujer: Apuntes críticos sobre poetisas cubanas (2021). Desde 2005 reside en Miami donde ha ejercido el periodismo y sigue escribiendo.

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La isla de los indigentes y otros poemas

Del libro Desnúdame, isla (Ilíada Ediciones, 2022)

Idania Bacallao Iturria (Villa Clara, Cuba, 1957). Graduada de inglés. Como escritora ha incursionado en la poesía, el relato y la crítica literaria. Su obra La hija del agua, publicada por la editorial Capiro, de su natal Villa Clara, en 2004 marcó su debut literario. Posteriormente ha publicado Ana de mis amores (relatos), Mujeres raras (relatos), La plegaria de la yerbabuena (novela, 2010), Toma café conmigo (relatos) y El día que voló la amapola (poesía). Textos de su autoría aparecen en revistas y periódicos culturales nacionales e internacionales.

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