INTRODUCCIÓN
En nuestra presentación, abordaremos dos filmes de la cinematografía del director chileno Pablo Larrain: Neruda (2016) y El Conde (2023). En ambos, la figura del dictador Augusto Pinochet (1915-2006), es un punto en común que enlaza ambas tramas distantes entre sí por más de medio siglo: 1946-1948 fecha de inicio de la actividad política del poeta Pablo Neruda en el gobierno de Frente Popular de González Videla y 2016, fecha de la muerte del dictador Pinochet tras diecisiete años de dictadura militar (1973-1990).
CINE POLÍTICO
Pablo Larrain (Chile, 1976) es una figura en ascenso dentro de la cinematografía mundial. Además del par de películas mencionadas, es conocido por dirigir Jackie (2016), Spencer (2021), y María (2024). El trío de filmes tiene en común integrar el género biopic con el drama histórico y centrarse en las vidas de tres celebridades femeninas contemporáneas: Jackie, la primera dama norteamericana Jacqueline Kennedy interpretada por Natalie Portman; Spencer, la princesa inglesa Diana (Lady D) con Angelina Jolie de protagonista y Maria, la cantante italiana de ópera Maria Callas con Kristen Stewart en el rol principal.
Al frisar 50 años, Larraín también tiene en su haber fílmico una película nominada a Mejor Película Extranjera en los Premios de la Academia (Hollywood), y con su hermano Juan de Dios -como productor-, participó en Una mujer fantástica (2017) del director Sebastián Lelio, que ganó Oscar en la categoría Filmes Extranjeros.
Grosso modo, Larrain desenvolverá sus filmes dentro de lo que podría calificarse de cine político -de hecho, lo es-, pero en su proyección estética se privilegia por encima del matiz político la creación meta ficcional, en el sentido en el que la describe Linda Hutcheon: “una forma de ficción que explora su propia naturaleza, o ficción sobre la naturaleza de la literatura”.
METAFICCIÓN / METAHISTORIA
Larraín traslada al cine la exploración meta ficcional de la literatura de vanguardia y, al lado de la metaficción literaria, la metaficción histórica. Ambas, metaficción y meta historia, son estrategias narrativas autoconscientes que reflexionan sobre su propia naturaleza. La metaficción examina la construcción de la ficción dentro de la propia obra, mientras que la meta historia analiza cómo se escribe y representa la historia, cuestionando la objetividad histórica.
Entre ambas hay diferencias que es necesario subrayar: la metaficción se enfoca en la invención literaria y sus reglas (arte), la meta historia se enfoca en la interpretación de eventos pasados y cómo se narran (hechos).
En resumen, ambas son narrativas autorreferenciales que tratan los temas del arte y los mecanismos de la ficción en sí mismos. Una suerte de escritura reflexiva o autoconsciente que le recuerda al lector que está ante una obra de ficción en la que el autor problematiza la relación entre ficción y realidad.
MONTAJE PARALELO FILMES
Como quiera que en Neruda y El Conde ambos conceptos (metaficción y meta historia) estarán presentes, será necesario destacar los logros y deficiencias en su empleo. Por tratarse del cine, emplearemos un procedimiento cinematográfico ad hoc, el montaje paralelo que nos permitirá ir de uno (Neruda) a otro (El Conde).
Sin necesidad de forzar analogías, el contrapunto entre ambos filmes se establece a través de las figuras protagónicas, Neruda en uno y Pinochet en el otro. Cada uno con profesiones difíciles de intercambiar, o de reconciliar: la poesía y el poder. Individuos y obras situados en las antípodas: el escritor y el dictador. Un par imposible de juntar por voluntad propia y solo el azar fue capaz de hacerlo.
El primero un poeta Premio Nobel que murió en extrañas circunstancias -posible víctima de un asesinato político- en el golpe de estado de 1973, patrocinado por el otro, el general Pinochet contra el presidente Allende; el segundo, un dictador que en marzo de 1998 se jubiló de comandante en jefe del ejército como “el soldado activo más antiguo del mundo”, tras sesenta y cinco años de vida cuartelaria.
NERUDA: DRAMA HISTÓRICO
El filme de drama histórico Neruda tiene una duración de 107 minutos, y El Conde con 110 lo supera por 3 minutos. En función del tiempo real de la vida de ambas figuras (la del poeta y la del dictador) la diferencia temporal es abismal, casi infinita. Neruda se ciñe a un momento de la segunda posguerra mundial (1946-1948) -con retrospectivas al pasado (flashback)- insertadas en el desplazamiento lineal del filme y su repercusión en la vida política y social de Chile: el poeta y senador comunista Pablo Neruda, tras producirse una ruptura en el gobierno de Frente Popular entre su partido y el presidente González Videla, se ve obligado a abandonar su escaño en el congreso, pasar a la clandestinidad e intentar cruzar los Andes y pedir asilo en Argentina.
EL CONDE: FILME ECLÉCTICO
El Conde es un filme ecléctico en el que se mezclan la sátira, la comedia de humor negro, el cine de terror en la vertiente de vampiros con secuencias de gore que incluyen primeros planos de cabezas guillotinadas, corazones palpitantes, miembros cercenados y vísceras ensangrentadas a granel.
Por si fueran pocos los excesos, el personaje principal (El Conde), acaba de cumplir 250 años. Su vida pasada hasta llegar al presente, se ofrece en pantalla por medio de viñetas que se remontan a los días de la Revolución Francesa -siglo XVIII- en la década de 1780.
Un tal Claude Pinoche, soldado monárquico del Ancient Regime, es descubierto como vampiro y sobrevive a un intento de asesinato. Posteriormente, es testigo de la ejecución de María Antonieta, finge su muerte y huye al extranjero, participando en las luchas sociales -del lado conservador y contrarrevolucionario- en Haití, Rusia y Argelia.
Finalmente, termina en Chile en 1935 donde se une al ejército con el nombre de Augusto Pinochet (actor Jaime Vadell). Hace carrera dentro del escalafón militar, asciende hasta general, derroca al gobierno de Salvador Allende, se convierte en dictador vitalicio y exige que su familia en la intimidad, le llame «El Conde».
NERUDA
El plot de Neruda transcurre sin sobresaltos en el primer tercio del filme, matizado por la doble moral en ámbitos diferentes, el de la vida pública como senador que defiende a los derechos de los pobres y obreros chilenos en los debates parlamentarios frente a los discursos de sus adversarios políticos de la burguesía nacional y del gobierno, y el Neruda de la intimidad, el poeta que declama tristes versos en cenáculos literarios decadentistas, rodeado de admiradores en burdeles, o disfrazado de Lawrence de Arabia en medio de orgias de vino y sexo con prostitutas que escuchan deleitadas al célebre poeta.
La doble naturaleza del guion se romperá cuando toma el poder el presidente González Videla. Ha ganado las elecciones con el apoyo de los comunistas, pero rompe con ellos y emprende la persecución contra la militancia de izquierda (1948). El tono visual en el primer tercio del filme se excede en el empleo de imágenes fuera de foco que buscan efectos visuales artísticos, no siempre logrados por su carácter pretencioso y por momentos repetitivo que distrae la atención más que fijarla en la narrativa en pantalla.
EL CONDE
A diferencia de Neruda que tiene un primer tiempo pausado, El Conde arranca “in medias res”, cuando las autoridades comienzan a investigar las riquezas mal habidas de Pinochet y sus violaciones de derechos humanos. Sabiéndose culpable, el dictador vuelve a fingir su muerte y se retira a una granja remota. Tras 250 años de existencia como vampiro y esporádicas incursiones aéreas sobre la ciudad (Santiago) con la amplia capa negra desplegada en abanico en lugar del par de alas, pierde las ganas de vivir, lo que preocupa a Lucia (actriz Gloria Münchmeyer), su esposa y a un tal Fiodor (actor Alfredo Castro) su mayordomo, a quien Pinochet convirtió en vampiro en agradecimiento por su servicio como torturador durante la dictadura.
En reemplazo del dictador, Fiódor toma el uniforme y emprende una brutal matanza para consumir corazones humanos en Santiago. Mientras, los hijos de Pinochet, ansiosos por recibir su herencia, contratan a una monja, Carmen (actriz Paula Luchsinger), para exorcizar y matar al centenario conde con el pretexto de auditar la riqueza familiar, y van a la granja, seguidos por Carmen, que encanta a Pinochet con su fluidez en francés.
El romance entre Pinochet y la monja lo hace apartarse del pensamiento obsesivo que lo acompaña desde su retiro de la vida militar: que no se le valore como lo que realmente es, un dictador y empedernido criminal lo cual, lejos de deprimirlo lo enaltece, sino que se le tenga y se le acuse de ladrón, cargo que, a sus ojos, arroja por el suelo junto a su orgullo personal una vida dedicada al servicio de las armas y a la represión.
NERUDA
Los escapes de Neruda de la persecución a bordo de autos de la década del 40 en el ámbito urbano tienen mucho de filme noir norteamericano, cuando huye a caballo por montes y sierras, la fuga recuerda los westerns con sus interminables cabalgatas y polvaredas. En ambas geografías, aparece su némesis, un joven inspector policial de bizarro nombre, Oscar Peluchonneau -actor mexicano Gael Garcia Bernal.
El detective ha asumido como una cruzada medieval dar con el paradero de Neruda antes de que cruce la cordillera rumbo a la Argentina, hacia donde se dirige para pedir asilo. La voz en off que gobierna la narrativa de las acciones en pantalla con un punto de vista unilateral, pretendidamente objetivo, es la de Peluchonneau, el policía, y como espectadores estaríamos obligados a creer en lo que dice como fuente de toda verdad.
Tras aceptar la encomienda del presidente de encontrar a Neruda, “se mete en los zapatos del poeta”, estudia cada detalle de su biografía y lee con interés la poesía de Neruda que se desborda en imágenes surrealistas incomprensible para neófitos -como él- en métrica y rimas vanguardistas de poemas como Walking Around o el Canto General. Al final de la lectura, duda si ama por sentimiento u odia por convicción ideológica al poeta con el que se siente extrañamente identificado.
Peluchonneau, además, se ha construido un falso origen como el hijo ilegítimo del fundador de la policía y sospecha que su madre era una de esas putas que el poeta frecuentaba en sus orgias. Otros elementos de identificación del policía con el poeta son las novelas policiales que Neruda le va dejando como pistas durante su fuga que lo incitan a seguirlo en otra variante de juego perverso de “atrápame si puedes”, y los versos del «Canto General» que recitan los presos comunistas en los centros de reclusión y que él escucha.
Una vez que da inicio la persecución, el filme dará un vuelco, abandonando una cierta hechura realista, se transformará en una visión meta ficcional de los protagonistas, el poeta y el policía, cuyos roles se harán intercambiables, tratando de adivinar cada cual el próximo paso de su némesis, uno como víctima y el otro como verdugo, aunque por momentos, para sorpresa de los espectadores, sus roles transmutaran, el escritor devendrá policía y el policía poeta.
NERUDA VS EL CONDE (I)
Si en Neruda en ocasiones resulta contraproducente la afanosa búsqueda estilística de la lente fotográfica, en El Conde será necesario llamar la atención hacia el exagerado “contenido” de las imágenes, comenzando por hacer de Pinochet un ser sobrenatural -vampiro en este caso-, tan proteico como Prometeo con su cuarto de milenio de vida a cuestas como si tal cosa fuera la eternidad.
Para algunos críticos, la reiteración de imágenes macabras como decapitaciones, extracciones forzosas de corazones que luego son molidos dentro de licuadoras de sangre, más que ilustrar la existencia de una terrible dictadura en el Cono Sur andino, “banalizan el poder” en el sentido en el cual refiere la ensayista alemana Hannah Arendt en “Eichmann en Jerusalem: un informe sobre la banalidad del mal” (1963).
En la segunda mitad del filme Neruda (actor Luis Gnecco) se ve obligado a esconderse de la policía. La huida a caballo por la cordillera tiene poco encanto, a no ser por el paisaje nevado de las montañas. La etapa del poeta fugitivo, llena de peligros, resulta ser una época de producción prolífica, ya que los poemas de textura política e ideológica que compone a su paso clandestino por remotas regiones del país despiertan la inquietud social del pueblo y dan voz a los que carecen de ella.
El plan de escape es planeado artísticamente por el poeta para eludir la persecución del comisario. El gato cazador (policía Peluchonneau) de ratones (poeta Neruda) se transforma en algo así como un atormentado personaje de las novelas de Dostoievski, un Raskolnikov cualquiera obsesionado por dar caza al ratón. Si lo logra, su oscuro ego de policía de la crónica roja de los diarios brillará como un sol en el cenit al eclipsar al del poeta de fama mundial.
De policía despreciado por el pueblo por su condición de represor, y humillado como un vulgar agente por la cadena de mando de sus jefes, al ser elegido por el presidente para apresar al intelectual Neruda que socava el orden constitucional, tendrá la oportunidad de su vida: ser rey por un día que en la práctica equivaldría a que el joven inspector, serio y diligente en su oficio policial, pero de oscuros orígenes que lo llevan a afirmar “vengo de la página en blanco”, pase a ser figura pública, reconocida su labor de represor por el presidente de la república.
NERUDA VS EL CONDE (II)
El Conde en su etapa final, se debate en medio de las rivalidades de la familia del dictador, angustiada por la posibilidad de quedar desheredados. Carmen entrevista a la familia sobre sus problemas legales y de finanzas, preparando un expediente que esconde en su habitación de la vista de todos. En un rapto de sinceridad, revela su verdadera identidad de monja a Pinochet e intenta exorcizarlo, pero acaba teniendo relaciones sexuales con él, lo que le permite transformarla en vampira, igual que hizo con su fiel criado, el ruso Fiódor. En medio de las intrigas de la familia vampírica, aparece un personaje inusual: Margaret Thatcher.
La persecución en Neruda llega a un clímax en el paisaje nevado de los Andes. Aunque no se vean, ambos (poeta y policía) se olfatean. El policía tras las pistas reales e imaginadas que el poeta, siempre esquivo, moviéndose a cierta distancia que no permita ser alcanzado, va dejando a su paso por la nieve. Neruda va colocando las piezas en momentos distintos de su huida como en un tablero de ajedrez. Las últimas palabras que pronuncia el policía al caer derribado y sangrante sobre la nieve que corona un pico helado, son sinónimos del triunfo de la poesía (Neruda) sobre el poder (Peluchonneau): “yo era de papel, ahora soy de sangre”.
TÉCNICAS CINEMATOGRÁFICAS: ILUMINACIÓN
En esta nueva jornada cinematográfica de fusión de metaficción y meta historia, LarraÍn vuelve a emplear luces contrastadas en la fotografía, lo cual produce en pantalla un efecto deslumbrante, como de una explosión. A veces no se ve nada, o se ve poco, aunque el propósito artístico haya sido lo contrario, excitar la imaginación de los espectadores.
Si el director quería dar una impresión de caza constante del fugitivo, pudo haber empleado movimientos de cámara hacia atrás y hacia delante, acelerando o retardando la acción para que en pantalla se refleje la sensación de acoso, en su lugar, se explaya en el empleo de recursos supuestamente más innovadores de la expresión audiovisual.
MARGARET THATCHER
La inserción de Margaret Thatcher (la “dama de hierro”) dará un giro inesperado al filme El Conde. La Thatcher es una figura contemporánea, pero la metaficción hace de ella en el pasado la madre de Claude Pinoche, el soldado monárquico testigo en 1789 de la decapitación de María Antonieta. La Thatcher abandonó al Pinoche en un orfanato tras ser violada por un strigoi, un vampiro anarquista más fiero que los vampiros tradicionales y cuyos orígenes datan del Imperio Romano.
Aunque sorpresiva, la presencia de la Thatcher no es de extrañar. Desde 1979 -el año en el que asumió el cargo de primer ministro- se reanudaron las relaciones entre Inglaterra y Chile, se levantó el bloqueo de venta de armas y Pinochet, en reciprocidad, apoyó al Reino Unido en la guerra de las Malvinas entre Inglaterra y la Argentina en 1982, brindándole inteligencia militar a los británicos. Sin lugar a duda, la relación de amistad entre ambos fue en extremo fuerte y trascendió el período de la dictadura militar.
NERUDA FINAL
Al final de Neruda, Larraín de nuevo apela a soluciones estéticas basadas en la metaficción y la meta historia. Mientras el poeta atraviesa bosques nevados hacia la frontera, el comisario lo persigue, pero no puede alcanzarlo. Muere solitario en la cima nevada de una montaña, abandonado por sus guías indígenas. Neruda encuentra su cuerpo más tarde. Peluchonneau se devuelve a la realidad ficticia de la cual surgió y termina sus días como parte de la ficción que una vez persiguió.
Neruda en la realidad, libre ya del tenaz comisario que fue para él la sombra que lo acechaba a cada paso, escapa a Paris, donde es recibido por Picasso. En una rueda de prensa, como de pasada, menciona a Peluchonneau, y este raro guiño meta ficcional pone de pie en su tumba al policía ante un auditorio que ni lo conoce ni sabe nada de él, por un desliz de la memoria meta histórica del poeta.
TÉCNICAS CINEMATOGRÁFICAS: PLANOS / SECUENCIAS
Formalmente, en El Conde, el director se complace en el empleo de largas tomas y planos secuencias en blanco y negro, los desplazamientos de cámaras por corredores fastuosos y la música selecta. Por momentos, la figura de Pinochet se desdobla de la odiada figura pública del dictador que masacró a cientos en un estadio a cielo abierto en medio de la capital a la del tierno amante en la intimidad de alcobas que con su desbordada libido -pese a ser casi tres veces centenario- pone a temblar a las jóvenes y su poder sexual es tal que provoca en los amantes orgasmos que las hacen flotar por los aires.
EL CONDE FINAL
Hacia el final, Larrain sumerge en un mar de violencia fratricida el entorno familiar de Pinochet. Margarita, indignada por las afirmaciones de Carmen sobre el amor de Pinochet, ordena a su hijo que la mate. Mientras, Pinochet presume de su riqueza ante Carmen, tras lo cual Carmen revela que ha estado fingiendo su atracción por él y que convertirse en vampira formaba parte de su misión como agente de la Iglesia Católica para infiltrarse en el círculo familiar de los Pinochet y recopilar información sobre sus corruptos negocios. Mientras huye, Carmen es capturada y guillotinada por Fiódor, quien quema su expediente.
Fiódor, Lucía y los hijos de Pinochet intentan entonces matar al centenario padre y Margarita para obtener su herencia, pero Pinochet mata a Lucía clavándole una estaca en el corazón y decapita a Fiódor con una sierra. Los niños se quedan para salvar lo que pueden de la granja. Al marcharse, llega un grupo de monjas para inspeccionar la propiedad ahora vacía.
Augusto Pinochet y Margaret Thatcher, sobrevivientes de la masacre del milenio, se rejuvenecen alimentándose con corazones de vampiro y se marchan para empezar una nueva vida. Pinochet, ahora un niño, decide quedarse en Chile, diciendo que surgirán más izquierdistas que harán necesaria su intervención. En fin, la historia una vez más, se repite….
CONCLUSIONES
- Tanto Neruda como El Conde son filmes que ponen en un primer plano la experimentación formal al abordar a través de figuras históricas contemporáneas del ámbito latinoamericano y en particular chileno (Neruda y Pinochet) temas universales como son las relaciones entre el arte y el poder, la libertad de expresión y la censura, la democracia y la dictadura.
- Consecuente con el carácter experimental de su cinematografía, Larraín usa elementos del arsenal técnico del cine en una suerte de melting pot que no siempre convence ni a los espectadores ni a los críticos, no tanto por la excelencia del empleo sino por la abundancia de ellos en estilos (noir, gore, horror) historias (drama, biopic) movimientos de cámara (zoom in, zoom out, travellings), efectos luminosos (luz explosiva, luz fuera de foco, luz de baja exposición, luz de sobrexposición), colores (blanco y negro), composición (imágenes oscuras), música (popular boleros y tangos; clásica Strauss, Mendelssohn; experimental Penderecki)
- Larrain acostumbra a centrar los argumentos de sus filmes en figuras masculinas (Neruda, Pinochet) y femeninas (Jaqueline Kennedy, Lady D, Maria Callas, Margaret Thatcher) conocidas de la historia contemporánea, la política, la literatura, el arte y el canto. Pero en la realización no busca la veracidad histórica sino la esencia (ser) del personaje.
- Dualidad de imágenes. En Neruda, la imagen del escritor se duplica: es un líder comunista que defiende los derechos de los trabajadores en el parlamento y un poeta de la tristeza y del amor que no renuncia a los placeres hedonistas de la vida (vino y sexo) cada vez que tiene oportunidad. En El Conde, la imagen canónica de Pinochet como la de un dictador fascista y anticomunista que sembró de campos de concentración a Chile, se deconstruye en un vampiro bicentenario con raíces en la Francia del siglo XVIII que se revitaliza con libaciones de sangre y alianzas contemporáneas con Margaret Thatcher. Puesto en la disyuntiva de renacer, afirma que lo haría con gusto si fuera en Chile, pues de surgir en el futuro nuevos movimientos izquierdistas, harían necesaria su presencia represora.
- Construcción experimental de carácter meta cinematográfica (“cine dentro del cine”) por el empleo de discursos cinematográficos autorreferenciales (noir, western, gore, horror, etc) que hablan sobre sí mismos a través de la descripción de sus procesos constructivos. Este tipo de cine es capaz de reflexionar sobre los procesos cinematográficos, los medios expresivos y su evolución enunciadora, a partir de múltiples herramientas discursivas y/o argumentales que le hacen volverse sobre sí mismo y llegar a transformar esa reflexión en centro temático, propiciando las actitudes autorreferenciales.