El grito del perro y otros poemas sueltos


NÉSTOR PONCE (La Plata, Argentina, 1955). Aunque ya en 1975 obtuvo premio en su país con la novela La impostura, su producción literaria es la de un escritor exiliado, que tuvo que huir de la dictadura militar. Radicado en Francia desde 1979, ha publicado, entre otros títulos, las novelas El intérprete (1998), La bestia de las diagonales (1999), Hijos nuestros y Perdidos por ahí (2001), Una vaca ya pronto serás (2005), y Toda la ceguera del mundo (2013), con una segunda parte (que se puede leer de manera independiente) publicada en 2016 y titulada El lado bestia de la vida (El asesinato de Néstor K.). Gran parte de su obra ha sido traducida al francés y a otros idiomas, galardonada por varios premios, y objeto de interés de la crítica.



Soy un perro abandonado
un pobre dogo perdido
de blanca piel
manchada de tránsito
sucia y deletérea
muerto de hambre
lengua colgante
en el tráfico de la urbe

Un dogo argentino
siempre muy hambriento
de patas torcidas
olfato oblicuo
y ojos sin destino

Nadie me quiere
raras son las caricias
o las frases cariñosas
soy un perro solitario
un bicho maloliente
ave callejera
nadie me ve no existo
atravieso plazas y calles
invisible y transparente
un hielo cristalino
en la tormenta

No soy nadie
no soy ninguno
soy nunca y jamás
quizás tal vez
nada más
que un pobrecito
perro de juguete
un peluche
made in taiwan
Un dogo de fauces babeantes
que erra por las calles
solito
gambeteando desprecios
un miserable perro de la calle

sin domicilio fijo
uno más
uno de tantos
ausente en la penumbra
prisionero de la lumbre
sujeto de la calle
Solo solito
hasta que llegaste vos
piojoso mendigo
perrito lindo
murmuraste
animal abandonado
tirado como yo
Y la caricia fue cierta
una espuma en el túnel
un fulgor en el hueco

Me hiciste amor perro
un dogo acompañado
nunca más me sentí solo
nunca más olvidado
en la fábrica
de tus sueños tránsfugas
en el tránsito
de tus noches con arrugas
Fui tu guardián
tu respiración del alba
un caimán
errando en el Amazonas
barrilete en el cielo
escarcha del amanecer
un yeti
perdido en la nieve
un bagre
naufragando
en el barro leve
del río amarillo

Nací
para ser tu dogo
tu perro amigo
dejé la ingratitud
(qué voy a hacer
me habían hecho así
así me habían armado
mi modo de ser)

Me construyeron
entre pedradas y escupidas
siempre me esperaban a la salida
con los colmillos más largos
que los míos
y carajo
me pegaban abajo

Órbitas del desamparo
Cénit del rechazo
Gloria del fracaso
Intermitencia del faro
Palidez del sol avaro

Pero crecí / luché / entendí

Y ahora
Soy que lo soy
Soy lo que fui
Soy lo puedo ser
Soy lo que seré

A tu lado linyera
conocí la sed
compartir la humedad de la noche
beber las estrellas
cantarle a la luna
bailar descalzos en el asfalto
A tu lado jefe linyera
conocí el hambre
como nunca
escarbando el estómago
la dura pelambre que rasca
la noche del dolor

Compartir los cantos de las aves
oler el humo ajeno
el trino oblicuo de los teros
reír a carcajadas
Somos un coro
un foro
de condenados de la tierra
bajo nuestros pescuezos
vibra la tierra civilizada
la motosierra
de los de traje y antifaz

Compartimos la comida
tus caricias en mi hocico
mis gruñidos amistosos
tu risa desdentada
mis colmillos largos
Soy tu dentadura
soy tu defensa
en el abismo del mundo
mis dientes son la miel
protectora
que cobija tu sueño
Siempre alerta
en la intemperie vacía
aguzando las orejas
husmeando el horizonte
de las sospechas nocturnas

Gruño en sueños
sueño gruñidos

La calle está dura
me decías con tu voz ronca
acariciándome el lomo
perseguimos sombras
sonidos desvelados
Yo apoyaba mi cabeza
en tus rodillas
a tu lado
siempre alerta
los ataques podían venir
-como las balas perdidas-de cualquier parte

Aquí no hay fronteras
no existen límites
es un vasto desierto ciego
que bulle en el perfume
turbio de la madrugada
en los púlpitos
de las financieras
en las burlas
de los que esperan

Una noche
de maullidos y ladridos
desesperados y perdidos
siempre al acecho
dogo contrahecho
pasos en la noche
sigilos de ataque
dientes afilados

Yo dormía
plácidamente
oído alerta
hocico atento
colmillos contentos
y los olí sentí viví
un ojo cerrado
el otro despierto

La pandilla de muchachos
se acercaba cautamente
los dejé venir
se acercaban
jadeantes
botín iluso
botín grandioso

En mi piel en la bolsa
las uñas sucias
angurrientas
aliento satisfecho

Los dejé venir

Estaban en pleno regocijo
babeantes y sedientos
susurros de pasos
y me erguí triunfal
colmillos al viento
aullido de dogo bestial
ladrido crujiente
que sopla las vertientes

Corrieron corrieron corrieron
Huyeron huyeron huyeron
Se despertó mi linyera
“Los oí también
los oí como vos
perrito bueno
esqueleto de la bruma”

Y tu risa desdentada
fue una avalancha
de buenas noticias
una catarata
llena de lunas llenas

Cómo te reías
cómo
contagiabas perros
bestias nocturnas
gatos ciegos

Éramos tan buenos


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