Gemelas de Juan Carlos Chirinos
con Madrid al fondo

Pedro Crenes Castro

Gemelas
Juan Carlos Chirinos
Casa de Cartón, 2013

 

gemelas-juan-carlos-chirinosAlgo pasa en Madrid. Es el principio del verano y por las calles de la capital de España campan a sus anchas animales exóticos que enrarecen el ambiente.  Hasta un león se cruza con una chica en el Retiro. Tensión. La periodista Susana Pereira da cuenta del asunto en una rueda de prensa con el Alcalde  madrileño y al día siguiente salta desde el balcón de su casa. ¿Por qué, por quién y quiénes son los malos mestureros y que significa eso?

Juan Carlos Chirinos juega con nosotros en “Gemelas” (Casa de Cartón, 2013), novela policial que más que negra es puro verde caña, puro Caribe, festiva, espesa, rítmica y profunda. Un maravilloso dispositivo literario que dispara intriga en buenas dosis con Madrid veraniego como fondo y escenario.

Pero ¿asesinato o suicido? Cristina, compañera de Susana Pereira y protagonista femenina de la novela, se lo pregunta en la soledad de la casa que compartieron, en la  cual se comienza a respirar un aire ácido y onírico, que cubre poco a poco toda la novela y que interroga constantemente al lector sobre la realidad o no de lo que ocurre. Nada ni nadie es lo que parece. Todo, teñido de suspense, está ensamblado como una trampa a punto de saltar y el lector lo sabe, pero no puede dejar de avanzar como los protagonistas hacia resolución del caso. La vida y “Gemelas” te dan sorpresas.

Agustín Bermejo es nuestro policía, que junto a su mal avenido escudero, Benjamín Cruz, y ante el “ancha es Castilla” de avatares, cifras misteriosas, parecidos razonables y cadáveres poco exquisitos, va desfaciendo los entuertos de una novela que suma y sigue en detalles detrás de los que podemos intuir unas respuestas que después no son. En un bien trenzado lío de pistas y despistes por las calles del centro de Madrid, el recién ascendido Bermejo tiene la doble misión de averiguar de dónde viene esos animales exóticos que amenazan la capital y quién  mató a Susana Pereira, una búsqueda que le pondrá sobre la pista de una trama turbia y nocturna, salpicada de neón y absenta, teñida de mentiras a medias.

La obra de Chirinos es una constante celebración literaria. Agudísimo lector, gran conocedor de la literatura del lado de acá y de allá, rinde en esta novela un homenaje a las letras clásicas encriptado un pasaje de uno de los poemas más célebres de nuestra lengua y ofreciéndolo como pista al lector. Y hasta aquí les puedo decir. Les advierto que si no saben que son los mestureros no lo busquen en el diccionario: déjense llevar por la magia de la novela.

“Gemelas” es una obra que nos pasea por Madrid, una novela de exteriores, que retrata la ciudad dando cuenta de las atmósferas tan diversas que conforman ese invento mestizo que es Madrid centro. Y ese exteriorismo detallado y preciso el autor lo equilibra con un interiorismo emocional, dándonos a ver el alma de los hombres y mujeres de esta novela. Juan Carlos Chirinos no se conforma con unos excelentes diálogos si no que nos lleva de la mano al corazón de las tinieblas del alma de sus personajes, dándonos pie al asombro por los parecidos razonables con el lector.

Y aquí les dejo dos pistas: humor y escatología literaria. Uno no puede dejar de reírse de Bermejo, ese cincuentón lector de cuatro libros que para él encierran toda la sabiduría policial y vital, o de la costumbre matutina y lectora de Cristina. Busquen las pistas y síganlas: no les defraudarán.

El racismo, la política venezolana, los sin techo madrileños, los clubes y bares de la noche, la religión y por supuesto los libros son algunos de los temas que rodean esta novela, que técnicamente se resuelven en la trama y que apuntan directamente al título de la novela, que se me antoja uno de los enigmas que descubrir durante la lectura.

Otro triunfo del venezolano esta su última novela, una vuelta más a la tuerca a su particular universo, un acierto tanto técnico como estético. Una novela para disfrutarla y releerla porque siempre quedan pistas y despistados, porque la belleza y la muerte bien pueden ser parientes cercanas, muy cercanas, casi gemelas.