El desplazamiento hacia la brevedad no es neutro
desde el punto de vista ideológico

Entrevista al periodista y ensayista español Pascual Serrano

Por Cristina Consuegra

pascual-serrano-otrolunes28El periodista Pascual Serrano ha publicado, de la mano de esa atalaya editorial que es Península, La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes, una suerte de manual en torno a la relación sociedad tecnológica e individuo contemporáneo, en el que el autor señala los efectos menos tangibles y amables del hecho tecnológico en la manera con la que nos comunicamos, la forma con la que transmitimos información, pero especialmente el efecto de estos (casi) nuevos modelos de vida –y realidad- en nuestra geografía cotidiana, sus consecuencias a la hora de afrontar el procesamiento de ideas y producción de pensamientos; una serie de consecuencias que atañe directamente al análisis y reflexión sobre el acontecer, acciones que como el autor señala tienden a la brevedad y lo superfluo, tienden a la jibarización.

 

En La comunicación jibarizada, ¿hay más de advertencia, de urgencia o una suerte de combinación de ambas?

Yo insisto a lo largo de la obra en que es una advertencia. No sé qué grado de urgencia, o dicho de otro modo, no sé qué nivel de poder y de irreversibilidad ha alcanzando ese grado de jibarización de la comunicación, lo importante es que lo detectemos y que la izquierda termine con su mitificación e idealización de las nuevas tecnologías, internet, las redes sociales, etc.

 

En el prólogo de tu libro señalas las diversas causas que han arrastrado al individuo contemporáneo a modificar el ejercicio de la comunicación, causas como «predominio audiovisual, espectacularidad en la comunicación, revolución tecnológica, sobresaturación informativa». Estas causas ¿cómo irrumpen en la sociedad informativa? ¿Y cuáles son sus porqués?

Confluyen varias razones. El abandono de la palabra, la apuesta por la espectacularidad y la imagen, el formato superficial y la comunicación constante es una vuelta a lo instintivo, un entorno no evolucionado por la razón. La palabra, la reflexión concentrada y el argumento profundo pertenecen a un nivel más evolucionado de la racionalidad, que requiere más esfuerzo. La sobresaturación informativa se desencadena porque el deseo de influir en la opinión pública provoca que todos los actores sociales emitan mensajes interesados. El ciudadano entonces se ve enfrentado al aplastamiento informativo y opta sólo por la más superficial, breve y sencillo. El mensaje adopta, a su vez, ese formato, y así se consolida un círculo vicioso.

 

Tal como escribes en el arranque del  primer capítulo, «La brevedad y la simplicidad se han instalado en el intelecto moderno y se diría que no dejan lugar al razonamiento complejo y elaborado». Esta suerte de pereza intelectual, ¿nos ha provocado cierto miedo a pensar o reflexionar?

la-comunicacion-jibarizada-pascual-serrano-otrolunes28Más que a pensar o reflexionar, a escuchar o atender al pensamiento complejo. Es más animal, y más instintivo desde el punto de vista de la supervivencia, estar atento a cualquier elemento que nos interrumpa, que concentrarnos en una actividad. Pienso en la gacela o el pájaro que está atento a cualquier sonido o movimiento que puede ser un peligro. Para estos animales concentrarse en una actividad y no percibir el más mínimo agente que interrumpa el silencio puede ser mortal. De ahí que resulta más sencillo al ser humano involucionar a ese formato de la comunicación constante y superficial que concentrarse en la profundidad del mensaje complejo.

 

El culto a la brevedad que mencionas en diferentes instantes del título ha modificado no sólo la forma de comunicar sino a la propia condición humana. ¿Cómo puede llegar a afectar a la sociedad esta última modificación?

La brevedad no es solo un formato, es también una posición ideológica. El mensaje dominante, el del poderoso, el que no quiere cambiar las estructuras, ni interpreta de forma crítica, no necesita de la profundidad ni de la extensión. En cambio, el discurso que pretende derrocar el modelo dominante, desentrañar otros valores y movilizar para otro mundo mejor, necesita más espacio y más tiempo para su exposición y para su recepción. De ahí que el desplazamiento hacia la brevedad no es neutro desde el punto de vista ideológico.

 

En relación con el hecho político, el uso de las tecnologías intelectuales, ¿cómo nos afecta? ¿Nos hace ciudadanos más vulnerables?

No se puede afirmar que estas tecnologías tengan una consecuencia igual para todas las personas. De hecho el objetivo del libro es pretender que tenga unas determinadas consecuencias y no otras. Un teléfono móvil puede permitir que un tipo esté dando órdenes de compraventa de acciones de Bolsa mientras viaja en tren o que tenga localizado a su hijo adolescente un sábado por la noche. Una página de Facebook puede servir para organizar una manifestación contra el gobierno o compartir las fotos de tu boda.

 

¿Qué tipo de comunicación/sociedad puede derribar esta comunicación/sociedad jibarizada que alimentamos y sostenemos?

El libro aborda algunas propuestas, pero en todas se requiere un cambio profundo de mentalidades y ello implica ámbitos diversos. Desde la educación hasta la reivindicación de la palabra y del libro frenTe al dominio de la imagen. También reivindicar el contacto físico, la organización real y lugares físicos frente al culto de la virtualidad como lugar para la movilización, que es otro de los problemas.

 

¿Y cuánta responsabilidad tiene el periodismo en este cambio de rumbo, o es la profesión sólo una víctima más?

Es un poco las dos cosas. Al principio la consideraba más responsable, pero me he ido dando cuenta de que la propia sociedad, la fascinación tecnológica, las tendencias innatas al mínimo esfuerzo provocan que los periodistas -y en general todos los comunicadores- tiendan a la superficialidad y la jibarización para agradar a sus audiencias. Sucede también con los docentes o con los escritores de ficción.

 

Otro gran asunto que tratas en La comunicación jibarizada es la relación imagen/palabra. ¿Por qué hemos apostado, de forma tan contundente, por la espectacularidad en la información sacrificando el ejercicio de la palabra?

Era una tendencia instintiva lógica. No sucedió antes porque no existía la tecnología adecuada. Quizás si se hubiera inventado la televisión antes que el libro, éste nunca se hubiera usado. Y esto no es bueno porque no es verdad que una imagen valga más que mil palabras. Las complejidades no las explican las imágenes, sólo las ilustran si las has expuesto mediante el argumento que solo la palabra permite. Por otro lado, existe otra perversión de la imagen. Mientras que la palabra recurre a la razón, la imagen recurre a la emoción y reniega del razonamiento. Las imágenes explotan sentimientos y pasiones muy fáciles de manipular. En una guerra, basta que pongas en cámara el huérfano o la viuda del soldado de un bando para que, automáticamente, el espectador crea que el otro bando es el criminal, sin más análisis.

 

 

En el capítulo “El dominio audiovisual”, escribes: «La prioridad de la imagen ha revolucionado no solo la presentación, sino el propio concepto de noticia y, seguidamente, la estrategia de todos los sectores que quieren influir u ocupar un espacio mediático». ¿Por qué no se equipara el empleo de imagen y palabra en la información?

Cuando el soporte es audiovisual la disponibilidad de imagen es una condición imprescindible para que exista la noticia. Eso lo saben todos los que trabajan en televisión, y es una barbaridad desde el principio periodístico de lo que es noticia. Una televisión dedica diferente espacio e importancia a la noticia del asesinato de cinco defensores de derechos humanos en Colombia si tiene imágenes o no del crimen. Eso es antiperiodístico, porque la noticia tiene la misma importancia o no la tiene, con imágenes que sin imágenes. Las consecuencias son estremecedoras. El tipo que se quema a lo bonzo para protestar por algo conseguirá que su protesta se difunda si alguien le grabó, y se quemó para nada si nadie estaba por allí cerca con una cámara.

 

En el libro, relacionas el empleo de buscadores –como Google- con la elaboración de noticias y su influencia en el lenguaje. ¿Es el uso de buscadores principal parte responsable de la falta de argumentos en la información, de una clara apuesta por lo cuantitativo frente a lo cualitativo?

Son muchas las distorsiones que supone Google. Para empezar la cuantitativa, si vemos que una noticia nos la proporciona Google procedente de varios medios tendemos a pesar que es más verídica o más importante, y quizás todos esos medios la han tomado de una sola fuente (una agencia) o son diez periódicos regionales que pertenecen a la misma empresa.  Por otro lado, Google descontextualiza, algo muy grave para estudiantes que operan con el mínimo esfuerzo. Google ubica un determinado concepto en un párrafo concreto de un documento de cien páginas y tendemos a obviar las otras noventa y nueve que forman parte del contexto que el autor ha presentado de forma inseparable con el concepto.

 

Sobre el Power Point, su empleo «combina lo útil y lo agradable, la propaganda y la ilusión, supedita el sujeto al objeto, el contenido al continente, el fondo a la forma y el mensaje al medio», ¿cuánta responsabilidad tiene en el tipo de información que se lleva a cabo actualmente?

Power Point lleva la palabra al entorno superficial de la imagen, elimina sintaxis, corrompe los métodos argumentativos y los sustituye por estética y espectacularidad. De nuevo jibarización.

 

A la educación le dedicas buena parte de la preocupación y reflexión que conforman el entramado de La comunicación jibarizada. En relación con las nuevas generaciones, éstas se presentan como «la juventud mejor formada respecto de las anteriores», una juventud cuyo conocimiento es de corte acumulativo y su capacidad reflexiva se muestra mermada, en parte, por el uso de las tecnologías intelectuales y redes sociales. ¿Qué se puede hacer, en materia educativa, para invertir el rumbo de las generaciones más jóvenes?

En las presentaciones de La comunicación jibarizada he descubierto que las personas relacionadas con la docencia están angustiadas por la forma en que los nuevos formatos y tecnologías están afectando a los estudiantes. Creo que se debe desmitificar la tecnología, ya los profesores reconocen que tienen los armarios de los colegios llenos de chatarra informática por las presiones de las empresas de tecnología que han embaucado a las administraciones. El ejemplo más curioso de la fascinación tecnológica de las autoridades es que algunas autonomías españolas un año regalaron a todos los maestros de primaria un ordenador portátil y al año siguiente les quitaron la pagar extra por falta de presupuesto. El profesor debe resistirse a la tentación de convertir su clase en un show divertido. No es que el alumno deba aburrirse en las clases, pero divertirse no es sinónimo de aprender. También está demostrado que la información que nos llega por metodología audiovisual y espectacular se fija menos en nuestra mente, mientras que lo que alcanzamos mediante la deducción propia y tras una elaboración compleja resulta más enriquecedor y más sólido para nuestro conocimiento.

 

En tu opinión, «la escuela ha claudicado ante la lógica del entretenimiento». ¿Dónde debemos buscar el origen de tal claudicación? ¿Cuál puede ser el efecto a corto/ medio plazo?

El origen es el mismo que en el periodismo. Las nuevas tecnologías permiten a un precio barato aportar espectáculo. Y ese espectáculo es más ameno para el alumno y más cómodo para el profesor. A partir de ahí se comprende hacia donde estamos yendo. El problema es que el alumno exige divertirse en lugar de aprender. Volvemos a la infancia mental, el objetivo no es que se aprenda sino que sea entretenido y ameno. Y no es la misma cosa. Determinados procesos de aprendizajes son duros, y esa dureza es la que desencadena la satisfacción por haber logrado el objetivo y la que fija el conocimiento.

 

La ciudadanía se muestra -y siente- frágil y débil; a pesar de las protestas, los ciudadanos siguen siendo fácilmente manipulables. Parece que todo le ha salido redondo a quienes ostentan el poder, ¿no?

Más que manipulables yo hablaría de apáticos. El ciudadano es muy crítico, pero no se rebela, no se organiza, no es capaz de ver o buscar alternativa. Pero no está convencido de que todo está bien en la forma que está. Eso quiere decir que existen unas condiciones para la sublevación. Mira en América Latina, estoy convencido de que hace quince años, en los suburbios empobrecidos de las ciudades de Venezuela, Bolivia o Ecuador, todos parecían estar apáticos, y cuando encontraron una esperanza o una alternativa se movilizaron y derrocaron a los gobiernos neoliberales. Y hoy esos ciudadanos defienden con uñas y dientes a sus gobernantes porque consideran que les representan. Aquí nos movemos poco para derrocar a gobiernos infames, pero los ciudadanos se mueven todavía menos para defenderlos. De modo que no está todo perdido.

 

En el apartado “La dispersión de las ideas” dices: «El modelo de pensamiento disperso, jibarizado, superficial y abrumador al que estamos sometidos supone desplazar del ser humano su capacidad adquirida de concentrarse en una sola tarea sin interrupciones». ¿Cómo afecta/afectará esta jibarización al escenario editorial?

Se discute mucho sobre si el libro seguirá siendo de papel o un ebook, el problema, en mi opinión, es que el ebook ya no será como lo vemos ahora: el mismo texto del papel en un formato digital. Tendrá hipervínculos, alternará con vídeos y gráficos animados. En pocas palabras: ya no será un libro. Y entonces sencillamente, sin necesidad de que quemarlos como en la novela Fahrenheit 451, ya no quedarán libros.

 

En el libro escribes lo siguiente «Y es que solo desde un análisis del modelo económico actual y de unos determinados valores inculcados se puede entender nuestro sistema comunicacional»; si invertimos los términos, ¿podría llegar el sistema comunicacional a determinar el modelo económico?

No, no lo veo así. Es el sistema económico el que define todo, el sistema político, el comunicacional, el ocio y hasta el sexo.

 

¿Y el modelo de convivencia social?

También, también. Si hasta creemos que los amigos son los de Facebook.

 

Para cerrar, a modo de colofón, ¿qué esperas aportar, sumar, con la publicación de La comunicación jibarizada?

Como dejo claro en todo momento. Se trata básicamente de una advertencia, de proporcionar el prospecto sobre efectos secundarios que no viene con las nuevas tecnologías y formatos, y que yo pretendo adjuntar. A partir de ahí, ahora los ciudadanos, los periodistas, los docentes, las administraciones y los colectivos sociales deberían replantearse algunos mitos y adoptar métodos y cambios necesarios en el uso de sus estrategias de comunicación e información.