La alta incidencia de hombres melancólicos

Marilyn Rivera
Graduate Center, CUNY

Tratado de medicina natural para hombres melancólicos
Mayra Santos Febres
Agentes Catalíticos, 2011

 

10.-tratadonatural-mayra-santos-otrolunes28En el año 2011, salió la última publicación de Santos Febres de la editorial Agentes Catalíticos, Tratado de medicina natural para hombres melancólicos.  Aquí, la escritora redacta consejos dirigidos directa, pero no exclusivamente, a los varones. Consta de 32 melancolías con sus reflexiones.  El libro se divide en tres partes tituladas: “Males de duplicidad”, “Males de insignificancia” y “Brevísimo tratado acerca de la sabiduría en la mujer”.  La obra se forja desde el humor, la filosofía y la psicología para llevar su poesía a acoger un giro un tanto paródico.  Sin embargo, el aspecto risible y la crítica a la exclusión del conocimiento de la mujer no es el único propósito de ésta.

La autora entiende que hay una necesidad ante la crisis actual de los hombres y que eso propicia una alta incidencia de criminalidad y atropello en la sociedad contemporánea.  En entrevista con el periódico El Nuevo Día, ella explica lo siguiente: “Mi percepción es que una de las razones por las que hay tanta violencia en el país es por la alta incidencia de hombres melancólicos1, que han perdido su trabajo, que no saben bregar con sus emociones y recurren a la violencia” (Graciela Díaz, 2011).

El no poder lidiar con las exigencias de la masculinidad hegemónica contemporánea, los deprime en algunos casos, y en otros, entran en la sobrevaloración de alguna de característica, lo cual produce disturbio.  En general, todo redunda en agresión y hasta en la autodestrucción del individuo.

Dentro de las concepciones patriarcales tradicionales, a los varones se les exigía ser proveedores.  Eso era parte vital de su rol masculino, pero hoy día esa responsabilidad no es exclusiva de ellos.  Hay un sinnúmero de mujeres proveedoras, jefas de familia o que colaboran con el ingreso de la familia lo cual desliga a muchos hombres de esa exclusividad.  El continuo desarrollo económico e industrial a partir de las guerras mundiales de principios del siglo XX que se han ido generando en las grandes urbes han facilitado estas transformaciones.  También han impactado la socialización de hombres y mujeres dando oportunidad a que éstas se adentren al espacio público por la necesidad de levantar la economía.  Si bien es cierto que sustentar la familia provocaba respeto, también es evidente que esto estaba ceñido al poder adquisitivo y por consiguiente al éxito.  Entonces, según Santos Febres, cuando los varones se reconocen incomparables frente a sus padres o abuelos por el cambio de “paradigma de la sociedad patriarcal” se genera angustia, frustración y melancolía (Graciela Díaz, 2011).  Sin embargo, ésta es sola una parte de esa ansiedad.

En la primera sección del libro llaman la atención los diferentes temas que atienden quejas de falta de superación, pero también apuntan a la sexualidad, la impotencia, la paternidad, la atracción hacia otros hombres, el engaño en las relaciones, el desapego, el matrimonio.  En la segunda parte, se discuten otros males y a su vez se van incorporando a las mujeres.  Entre éstos se encuentran el de la mujer como trofeo, el abandono, los penes pequeños, el temor, la abundancia frente a la plenitud, los achaques del alma y el hombre afeminado.  El último segmento del libro se lo dedica solamente a la misoginia, no sin antes hacer una buena exposición de una amalgama de tópicos muy variados en las dos partes anteriores.

En cada melancolía, explica con detalles las trabas que se pueden enfrentar.  Expone los síntomas y concluye con sugerencias en casi todas con una que otra excepción donde les dice que no hay remedio alguno para su situación.  Las soluciones que propone surgen de sus experiencias como mujer que ha lidiado con hombres.  Sus relaciones de noviazgo o sus tres matrimonios le han servido como marco para darse cuenta de cómo sufren los hombres y cómo no pueden salir de su tribulación hasta que no se desligan de las trabas sociales que les suprimen sus emociones:

Son consejos de una mujer vieja que mucho ha amado a los hombres melancólicos.  Tres veces en mi vida los he desposado.  Los he visto irse y retornar portando otro cuerpo, otra faz.
Los he visto morder la cola de las lágrimas como si fueran cometas explosivos.
Los he visto quererse morir y renacer en el cuerpo de la amada.
Y los he sobrevivido. (10)

Entre las recomendaciones que ofrece están el llorar, desahogarse, aprender a amarse, conocerse, hacer lo que les apasiona, amar a otros hombres, dejarse amar, salir de situaciones asfixiantes, salirse de la rutina, recomponer su sexualidad para su deleite, saber cuándo deshacerse de una relación tóxica, evitar la incertidumbre.  En adición, incluye brebajes, infusiones, rituales chamanísticos, o simplemente entregarse a un baño de mar: “Una de las terapias más efectivas para cualquier mal que aqueje el cuerpo o el alma son los baños de mar” (75).

Entre pócimas y risas, Santos Febres confronta el conocimiento regido por los hombres y las posturas masculinas ofreciendo caminos alternos.  Se define como compañera y amiga dispuesta a colaborar desde esos saberes que han ido adquiriendo las mujeres con el pasar del tiempo y que son proscritos precisamente por provenir de éstas.  Advierte que a la mayoría de los hombres se les hace muy difícil socorrerse entre sí porque están muy sumidos en los atavíos que les impone rigurosamente la sociedad.  Muchas mujeres, según la autora, están más preparadas para lidiar con la melancolía.  No están condicionadas a conquistar ni a librar guerras sangrientas para imponerse; tampoco tienen sueños de grandeza.  Al contrario, su desarrollo emocional, el cual es cultivado desde la infancia, les facilita el manejo del desasosiego.  Estas mujeres sabias, las cuales se perciben como una amenaza según los hombres, complementan su bagaje de lectura, con sus experiencias:

Se sientan ellos a narrarnos informaciones que manejamos al dedillo, a explicarnos procedimientos que hemos repetido veinte veces veinte y que ya hemos superado, a pesar, con malicia o sin ella, que somos  seres inocentes, salvaguardados del mundo gracias a la virtud que nos mantiene ingrávidas, sin asidero, eternamente balbuceantes. (121)

Las mujeres sabias están dispuestas a compartir su conocimiento en un afán por minimizar tanta calamidad.

Santos Febres arguye que la construcción social está sustentada en la misoginia.  La define como “un mal cultural” que es recalcado en todo momento porque “es toda la cultura en la que has crecido, la que te ha nutrido desde el vientre de tu madre” (122).  Entonces, ¿cómo lidiar con tanta hostilidad y tanta falta de reconocimiento?  Este libro infunde una importante expectativa para hombres y mujeres porque para la autora el alejamiento no es la opción requerida para hacer un nuevo cambio de paradigma:

Pero, la historia lo ha probado así, solas no podemos erradicar el mal.  Haces falta tú, es decir, hacen falta hombres como tú, que reconozcan que tanto odio no es normal.  Que algo raro está pasando.  Que dicho mal no es individual…

Nos hacen falta hombres que quieran atreverse a acercarse a nosotras no para la subyugación ni para la curiosidad. Porque creen que quizás sea posible imaginarse junto a nosotras otro tipo de Humanidad. (124)

A pesar del sentido satírico y jocoso de esta obra, hay una intención tenaz en establecer sobre el tablero unas nociones: la soledad destructiva a la que se aferran los hombres sin poder identificar cuál es el origen de sus síntomas, el sufrimiento que este aislamiento significa no sólo para ellos, sino para todas las personas que los rodean y la infelicidad e insatisfacción que se genera.  Creo que es una atinada continuación de su arduo compromiso con la equidad y desarticulación de la masculinidad hegemónica, lo cual ya ha sabido desplegar en otras obras anteriores.  Es hora de atender esas instituciones y agencias sociales que exigen rigurosas formaciones de seres melancólicos.  Darse cuenta del impacto de todas éstas es el comienzo necesario para reedificar la humanidad.

Notas del artículo

  1. La escritora define la melancolía como un estado en el cual “las pasiones desmadejan el cuerpo, lo dejan laxo, sin ganas de nada, deshabitado y a la vez violento. El melancólico se aparta de los demás, destruye cuanto ama, ataca lo que le besa. La soledad se lo va comiendo, rumiándole en la cabeza hasta dejarlo irreconocible” (Santos-Febres 2011, 9)