Aproximaciones a la actual poesía canaria

(Primera Parte)

Por Juan Francisco González-Díaz

juan-francisco-gonzalez-diaz-otrolunes28Las Islas Canarias se encuentran en el Océano Atlántico, próximas a las costas africanas, frente a Marruecos y el Sahara Occidental. De origen volcánico, las conforman siete islas, Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro y unos cuantos islotes, Alegranza, Graciosa, Montaña Clara, Roque del Este, Roque del Oeste y Lobos. Cada isla, muy distinta a las otras, en territorios de múltiples contrastes y variedades de paisajes, goza de buen sol y playas de fina arena, con temperaturas primaverales durante todo el año.

Canarias es una Comunidad Autónoma, integrada política y administrativamente en el estado español, con categoría de nacionalidad y un régimen específico de importante nivel de autogobierno.

Las Islas Canarias han sido relacionadas, desde la antigüedad, con los legendarios lugares de los Campos Elíseos, las Islas Afortunadas, o el Jardín de las Hespérides. De ahí que se haya considerado a Canaria como un sitio paradisiaco y mágico.

La mayoría de los estudiosos de la cultura canaria concuerdan en que desde el siglo XV hay ciertos aspectos habituales  que se manifiestan en lo literario y que llegan hasta nuestros días. Como más acuciantes, lo geográfico, el paisaje, la insularidad, la mirada interior y ¡el mar!

El primer exponente de la literatura en Canarias lo es, un agraciado escrito de expresión funerario, las Endechas a Guillén Peraza, del año 1447 y autor desconocido. Según los cronistas las endechas, cantos tristes o fúnebres, se cantaban como herencia de los aborígenes

Cien años después del término de la conquista del archipiélago canario -julio 1496-, el poeta, dramaturgo y músico, Bartolomé Cairasco de Figueroa, 1538-1610, auspicia y dirige el primer cenáculo cultural de las islas. Cairasco, hijo de padre italiano y madre aborigen, nacido en Las Palmas de Gran Canaria, funda la literatura canaria al incorporar en su obra elementos característicos de lo autóctono en los moldes de la literatura hispánica de su época. Templo Militante y Esdrujúlea son sus títulos más relevantes, la última muy alabada por Cervantes, Lope de Vega y Góngora. La otra figura capital de esta época es Antonio de Viana, 1578-1650, gran admirador de Cairasco.

 

A mediados del siglo XVII en la isla de La Palma se genera un fructífero acontecimiento cultural, donde se destacan  los escritores y poetas barrocos Juan Bautista Poggio  y Pedro Álvarez de Lugo. En el estilo barroco hay que destacar al poeta de la isla de Tenerife, fray Andrés de Abreu, 1647-1725, que también incursionó en el más puro conceptismo.

Ya en los años del XVIII el más conspicuo de los escritores canarios lo es  José de Viera y Clavijo, 1731-1813, poeta, historiador, traductor, botánico y profundo humanista. De él es  la monumental Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, o su Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias. Y la continuidad del mito de la selva de Doramas en sus poemas.

En Canarias el siglo XIX es fundamental para acceder a lo que va acontecer en la literatura del XX, ya que constituye el puente de engarce con todo lo transcurrido con anterioridad en la cultura, la literatura y la poesía en las islas. Son los años del auge de los periódicos y revistas: El Atlante (1837-1839); La Aurora (1847-1848), romántica por antonomasia; La revista de Canarias (1878-1882), publicación positivista con colaboraciones extranjeras y un corresponsal en Paris; La Ilustración de Canarias (1882-1884) de  una  gran labor de divulgación cultural y artística.

En los últimos años del siglo XIX se desarrolla la llamada “escuela regionalista”, con escritores que hacen suyos los logros de las generaciones anteriores, destacando el indigenismo y las virtudes de lo aborigen en la tierra. El fundador de esta tendencia es el poeta, intelectual y político, Nicolás Estébanez, 1838-1915.

El siglo XX establece en Canarias un  lenguaje poético un tanto inédito ante lo real que nombra, y que se constituye un precedente de la modernidad literaria en estas islas. Ejemplo de ello lo es la obra de Domingo Rivero y su poema más famoso «Yo a mi cuerpo».

 

Mil novecientos ocho se considera  como el momento de consumación del modernismo en Canarias, porque es el año de la publicación  Poemas de la Gloria, del Amor y del Mar de Tomás Morales (1885-1921). Morales, con los acercamientos al simbolismo francés y al modernismo americano, renueva el lenguaje y revoluciona la manera de tratar el verso y sus temáticas. Él tiene como obra cumbre  Las Rosas de Hércules y con el poema «Oda al Atlántico» le da al mar la categoría de símbolo. Otro representante del modernismo insular lo es Alonso Quesada (1886-1925), también  precursor del vanguardismo. Saulo Torón, (1885-1974), gran figura del modernismo insular en constante búsqueda de un lenguaje personal,  cantor del mar y del amor, sobre todo en El Caracol encantado.

Los años veinte del siglo XX traen a Canarias las ideas de las vanguardias europeas, sobre todo de  Francia. Y surgen las primeras revistas que dan a conocer lo canario en el mundo, e introducen lo nuevo de otros lugares, La Rosa de los vientos (1927-28), Cartones (1930) y Gaceta de Arte (1932-1936), en las que escriben poetas y prosistas representantes de la vanguardia insular y donde  colaboran  pintores renovadores. El poeta de más amplia trayectoria de esta etapa lo es Pedro García Cabrera, (1905-1981), entre sus obras primeras se destaca Transparencias fugadas (1934) por la presencia de  imágenes surrealistas. Otros autores, relacionados con las inquietudes del llamado grupo del 27, lo son Pedro Perdomo Acedo y Josefina de la Torre, poeta y actriz. Completan esta etapa, Claudio de la Torre (1895-1973), poeta, cineasta, dramaturgo, y novelista, integrante del grupo de escritores de la Revista de Occidente.

La llamada Guerra Civil, 1936-1939, interrumpe el desarrollo del movimiento vanguardista y produce marcados cambios en lo literario y poético de las Islas Canarias. Juan Manuel Trujillo se convierte en figura fundamental,  en 1943 funda en Las Palmas de Gran Canaria la Colección para 30 bibliófilos y en 1946 Cuadernos de poesía y crítica. Donde se dan a conocer varios poetas, destacándose las relevantes figuras de Agustín Millares Sall y Pedro Lezcano. Desde 1944, en la isla Tenerife, con la revista Mensaje  se dan a conocer los poetas Carlos Pinto Grote y Julio Tovar, entre otros.

La publicación de Antología Cercada, Las Palmas de Gran Canaria, 1947, con Agustín y José M.ª Millares Sall, Pedro Lezcano, Ángel Johan y Ventura Doreste, inicia la poesía social. Cuatro de estos poetas con posterioridad serán Premios Canarias de Literatura.

 

Alrededor de los años cincuenta escritores canarios tratan de producir una nueva manera de decir en lo poético. Luis Feria, (1927), es el mejor exponente de quienes lo hacen mediante la utilización de un lenguaje de exquisitas elegancias.  Manuel Padorno, (1933), de quienes se vuelven a darle nuevas dimensiones a lo tradicional canario, como lo demuestra su poemario A la sombra del mar.

Las publicaciones  «Gaceta semanal de las artes» (La Tarde, Tenerife, 1954-1965) y «Cartel de las letras y las artes» (Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, primera etapa 1963-1973), posibilitan un gran ambiente cultural y literario en las islas, dando a conocer la obra de diversos poetas. Marca la década de los sesenta la antología, Poesía canaria última, (1966), con  poetas que continúan en la búsqueda de transformaciones para plasmar lo literario, de maneras distintas a como lo habían hecho sus antecesores y dándose a conocer como una nueva generación. Entre ellos se destacan Lázaro Santana, Eugenio Padorno, Juan Jiménez, Ángel Sánchez, Justo Jorge Padrón o Ana María Fagundo.

Con posterioridad aparece una pléyade de autores, en el intento de lograr nuevas formas del hecho poético, con maneras renovadoras y plurales, de los más variados signos ideológicos y estéticos. De los que citamos, solo a manera de muestra a: Félix Francisco Casanova, Juan Pedro Castañeda, José Carlos Cataño, Juan José Delgado, Cecilia Domínguez, Sabas Martín, A. Sánchez Robayna, Olegario Marrero, etcétera. Y hasta los de los años noventa del pasado siglo XX, o del presente XXI, como Victor Álamo de la Rosa, Rafael José Díaz, Pedro Flores, Francisco Leon, Élica Ramos, Maribel Lacave, María del Pino Marrero Berbel, Paula Nogales, etcétera, etcétera.

Para la presente “Aproximaciones a la actual poesía canaria I” hemos seleccionado a diez poetas, partiendo del criterio de que es solo eso una aproximación, en la que pueden estar estos diez, o los otros restantes diez, que ya tenemos,  para una segunda aproximación.

Los criterios para la selección, o cribado,  han sido bien simples, que sean autores nacidos en las Islas Canarias, que vivan en ellas y que por lo menos tengan un libro publicado. Lo demás, que no fueran de una sola de las siete islas, que estuvieran  las diferentes generaciones y sexo y los más variados modos de acercamiento al hecho poético. Así ha sido.

Del Autor

Juan Francisco González Díaz
Poeta y narrador. Psicoanalista y antropólogo cubano residente en Las Palmas de Gran Canaria. Preside el Festival Atlántico de Poesía “De Canarias al Mundo” y el Centro Canario de Estudios Caribeños. Coordina el Taller de Poesía “Espejo de Paciencia” de Las Palmas de Gran Canaria. Pertenece a la Nueva Asociación Canaria para la Edición, NACE. Promotor cultural, comisario y curador de exposiciones, tiene publicado varios libros de poesía y narrativa, entre ellos Una mujer es…, editado por NACE, Las Palmas de Gran Canaria, 2012.