"La clase alta marca nuestra moral"

Entrevista al escritor español Recaredo Veredas

Lorenzo Rodríguez Garrido

recaredo-veredas-entrevista-otrolunes28Recaredo Veredas (1970), abogado, escritor, crítico en medios como Qué Leer, Quimera o ABC Cultural, fundador y director de Micro-revista, colaborador en esta casa y algunas otras muchas cosas, acaba de publicar en la editorial Bartleby Actos imperdonables, notable conjunto de cuentos sobre los que charlo con él.

 

Actos imperdonables es tu segundo libro de cuentos. Desde Pendiente, el anterior, han pasado ya ocho años. ¿Qué diferencia unos relatos de otros?

Tengo mucho cariño a Pendiente. Era un libro sobre cuentas sin saldar y éste habla de actos imperdonables, así que existe cierta continuidad. Me obsesionan la impunidad, la enfermedad y la culpa y supongo que esas neurosis se reflejan y se reflejarán en cualquier libro que escriba. Pero Actos imperdonables tiene golpes de humor oscuro que en Pendiente, lamentablemente, no existían. Además, ahora concedo más importancia a las peripecias, incluso concedo espacio a las distopías, a los fantasmas, a lo irracional. Pese a su oscuridad, es más lúdico que su precedente.

 

Algunos de estos cuentos reflejan un mundo disparatado y apocalíptico.

Ya vivimos en un mundo disparatado y apocalíptico, pero, como nuestra inmersión en el caos y la distopía es lenta y progresiva, no nos damos cuenta. Las redes sociales, la caída de las Torres Gemelas, las mutaciones genéticas… nos sitúan en la frontera de la ciencia-ficción. Solo falta que un día de estos aparezca Dios en la Quinta Avenida o que, de una vez, lleguen los extraterrestres. Sí es cierto que en el libro hay un cierto pesimismo sobre el futuro. Siempre me han interesado las distopías y las teorías de conspiración, actividades practicadas por el hombre desde tiempos inmemoriales y que, casi irremediablemente, fallan en sus dictámenes. Yo también espero equivocarme y que el mundo sea dentro de veinte o treinta años un auténtico Edén, pero lo dudo bastante. Creo que avanzamos hacia una polarización radical que situará en un lado a los  privilegiados y en otro, a los desposeídos.


Aparece un retrato claro de la burguesía y la clase alta. ¿Te interesa especialmente ese sector social?

Sí, porque son quienes dominan el cotarro y marcan la moral de sus subordinados, que somos todos los demás. No pertenezco a la clase alta, más bien soy de esa clase media-media que corre peligro de extinción, pero siempre me ha interesado observar, de manera casi antropológica, sus curiosos hábitos y la aún más curiosa diferencia que existe entre la moral que se aplican entre ellos y las exigencias éticas que demandan a los demás. Creo que es sano que los subordinados conozcan los hábitos de sus jefes. Es, hasta cierto punto, una forma de rebeldía.


Eres director de Micro-revista, un espacio digital dedicado a la literatura. Teniendo en cuenta la cantidad de revistas digitales que ya existen, ¿por qué te has metido en esa aventura?

Creo que hay espacio para una publicación digital que trate con respeto la literatura –toda la literatura de calidad, desde la más vanguardista a la más clásica, porque solo hay dos tipos de literatura: la buena y la mala- y cuente con los mejores colaboradores posibles. OtroLunes lo hace, pero tiene periodicidad bimensual. Sin embargo, Micro-revista se actualiza cada dos días. Además, no solo es una revista literaria, también cuenta con una sección de cómic e ilustración y no olvida cualquier aspecto de la vida que pueda contribuir a la felicidad de sus lectores. En cuanto a la rentabilidad, los costes no son altos, así que me la planteo a medio-largo plazo. No soy un iluso, sé que vivir de la publicidad digital es prácticamente imposible si no te dedicas al porno o al póquer.

 

¿Cómo será el futuro del libro? ¿Desaparecerá como los discos de vinilo?

Cientos de profetas vienen vaticinando el fin del libro desde hace casi décadas y todavía surgen nuevas editoriales. Las ventas digitales -al menos, en narrativa- no alcanzan ni de lejos a las de papel. No creo que el papel desaparezca, aunque sectores como la edición de texto y científica sí van a quedar muy dañados. Me cuentan que el pirateo es una plaga en los lectores más jóvenes y que daña seriamente a las editoriales, pero, como tengo 43 años, no lo percibo. No he pirateado un libro en mi vida y no conozco a nadie que lo haga. El libro tiene un carácter de fetiche, de regalo y de exhibición de cultura que seguirá manteniendo pese al progresivo crecimiento de la edición digital.

 

Desde tu punto de vista como crítico literario, ¿qué opinas de la literatura española actual?

No está en el peor momento de su historia. La época de Moratín, por ejemplo, fue bastante más luctuosa. Hay excelentes poetas, buenos cuentistas y unos pocos novelistas de primera. Por ejemplo, Ignacio Martínez de Pisón, Rafael Chirbes o Javier Cercas cuando está en buena forma. Eduardo Mendoza también podría formar parte de ese grupo, pero ha decidido prescindir de la gloria y optar por las ventas, lo que es más que respetable. Entre los más jóvenes faltan novelistas de largo recorrido, capaces de crear un mundo en una novela, de manejar subtramas y personajes secundarios. Hay buenos escritores jóvenes, aunque pocos buenos novelistas jóvenes. Hilos de sangre, de Gonzalo Torné, o El jardín colgante, de Javier Calvo, me parecieron notables excepciones.

 

No eres autor de un solo género. Has tocado la poesía, la narrativa y el ensayo. ¿En cuál te sientes más cómodo?

En todos. Cambia el enfoque, la técnica, el lenguaje, pero se mantiene, al menos eso pretendo, la mirada sobre el mundo. El género más exigente es, sin duda, la novela. Requiere un dominio de la progresión de la historia y de los personajes, del ritmo y del lenguaje mayor que el precisado para la escritura de relatos. La poesía es más lenta, viene a ráfagas, que progresivamente, a lo largo de los años, van formando un todo.

 

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Desgraciadamente tengo que trabajar para pagar el alquiler y los filetes. Es una putada que me encantaría solucionar, pero lo veo difícil. Eso limita mis proyectos literarios. He escrito una novela. Creo, aunque no sea la persona más adecuada para comentarlo, que es bastante buena: refleja con originalidad, realismo y sentido del humor la crisis económica y de valores que estamos soportando. Me gustaría escribir una novela de terror psicológico. Con maldiciones, fantasmas y posesiones demoniacas, pero con la sutileza de las grandes películas de los sesenta, como La semilla del diablo.

 

8 de julio de 2013.