Los tres violines de Ruven Preuk
Svenja Leiber
Malpaso Ediciones, España, 2014
La narrativa cubana piensa que está a niveles estéticos altísimos para entablar duelos con otras literaturas, piensan que si siguen algunos caminos para intentar entrar al mercado del libro en los circuitos mundiales se están prostituyendo, por eso critican a Amir Valle; al uruguayo nacionalizado cubano, Daniel Chavarría, Leonardo Padura, Wendy Guerra, Karla Suárez, Pedro Juan Gutiérrez, Zoé Valdés, Ronaldo Menéndez, culpándolos de que han encontrado fórmulas para colarse en las editoriales que comandan el mercado del libro y la literatura.
Lo cierto es que en ello hay cierta cuota de envidia, miseria humana, mala leche, porque duélale a quien le duela, junto a Ángel Santiesteban, Otilio Carvajal, Delis Gamboa, Ena Lucía Portela, Mariela Varona, Carlos Esquivel, Nelton Pérez, Atilio Caballero, Félix Luis Viera, Orlando Luis Pardo Lazo, Antonio José Ponte, Ana Luz García, Gumersindo Pacheco, Alberto Garrido, María Elena Llana, Julio Travieso, Rebeca Murga, Ana Lydia Vega Serova, Ernesto Peña, Marcial Gala, más, dos o tres que, confieso, no he tenido la oportunidad de leer, y sé que también son buenos, pero estos, los mencionados, son los mejores narradores hoy en Cuba, y en eso que llaman, diáspora, que no es más que el exilio, la maldita circunstancia de la tiranía por todas partes.
Lo de los mejores narradores, no lo digo yo, lo afirman y confirman sus novelas y sus libros de cuentos publicados aquí y acullá, ahí están, no es cuento de caminos, búsquelos, léalos, entonces discrepe. Si quiere saber sobre otros escritores cubanos, busque el libro “Estos silencios. Estas palabras (Veinte libros: Veinte reseñas), del escritor Luis Pérez de Castro, Neo Club Ediciones, editorial comandada por Idabell Rosales Cao y Armando Añel.
Ahora que la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) se ha empeñado en dividir a los escritores en tres grupos (divide y vencerás), aunque los escritores independientes no aparezcan en ninguno de esas clasificaciones. Gracias a Dios y a la policía cultural y política.
¿Es que acaso los escritores que disienten y se oponen al sistema totalitario y déspota de Los Castros, están por encima de toda tipificación estúpida e insípida?
Por suerte muchos de los que engrosan esa categorización amañada, no están de acuerdo con esa idea tan absurda y aberrada, la cual es imposible abarcar en un solo adjetivo. Es como si los escritores gubernamentales fuesen perros y vacas a los que ahora estuviesen fichando por razas para ponerles el collarín, una chapa en la oreja, una marca con un hierro caliente en la nalga izquierda.
Me pregunto: ¿a cómo está el kilo de escritor en Cuba?
Hoy es difícil descubrir nuevas voces que lleguen al predio literario narrativo cubano con propuestas interesantes, a pesar de que haya talento, con la con intención de entretener en las historias que narran a los lectores, es ésta la premisa y divisa primera de un escritor de ficciones, tómela de donde las tome, de la realidad circundante, del cosmos, de su puta invención, no importa, la literatura debe ser un entretenimiento, un serio relajo, ante todo, el escritor debe divertirse, disfrutar inventándose ese mundo que quiere compartirnos, no importa de qué se burle.
No me refiero a los jóvenes que han jerarquizado una voz, aunque su obra sea casi invisible a causa de la paupérrima situación de la industria del libro en La Isla, aun así han logrado establecerse haciéndose conocer en eventos literarios; Argenis Osorio, Eduard Encina, Yunier Riquenes, Erwin Caro, Clara Maylín Castillo Góngora, Rubén Rodríguez, Rafael Alejandro Almaguer Inza, José Alberto Velázquez, Frank Castel, Evelyn Quipo, Ana Rosa Díaz, Yonnier Torres, Marvelys Marrero, Idiel García, Manuel Navea, y paro de contar.
Es una cuestión de atrapar al lector como lo intenciona la maquinaria de Hollywood con el producto que ponen ante sus espectadores, los coge (agarra) de los testículos con fuerza y el filme lo amarra a la butaca y nos los suelta hasta sus últimas consecuencias, y su desenlace final, y es eso lo que hace y nos propone en su novela, la escritora alemana Svenja Lieber (Hamburgo, 1975) que creció al norte de Alemania, y vivió en Arabia Saudi. Actualmente reside en Berlín.
En 2009 publicó el volumen de relatos Büchsenlicht “La luz de lata”, en 2010 la novela “Schipino”. En 2007 ganó el Premio Werner Bergengrugen. 2014 fue el año de asombrar a los lectores hispanos, y lo hizo con la editorial barcelonesa Malpaso Ediciones s.l. (www.malpasoed.com ) que se arriesgó con buen tino a publicar su excelente novela “Los tres violines de Ruven Preuk” (Das Letze Land). Es éste el único libro de la autora publicado en español, que además de circular en España, se distribuye en México y Argentina. Algunos ejemplares del mismo circulan hoy en Cuba, donde entraron de mano de la escritora en una visita relámpago hecha a la Isla el pasado año, destacan en el mismo la traducción hecha por Richard Gross, y la ilustración de portada de Leticia Feduchi. Aun es una voz nueva y algo desconocida en el ámbito hispano, y merece un mayor reconocimiento por los lectores de novelas y por la crítica especializada, cuando la leo me viene a la mente la escritora rusa, nacionalizada en Norteamérica, Ayn Rand, que nació en 1905, en San Petersburgo (1703-1914), luego fue Petrogrado (1914-1924), después Leningrado (1924-1991), y San Petersburgo, y ahora ha vuelto a ser.
Ayn Rand sufrió el régimen totalitario soviético y en 1926 emigró a EEUU donde vivió el resto de sus días dedicándose a la literatura, al cine y a otras menudencias, donde se sintió realizada y querida. Hablo aquí de estas dos autoras, porque son para mí en la literatura, dos francotiradoras, no lo olvide, y no las deje pasar de largo.
Me apropio de un fragmento de una carta que Ayn Rand escribiera a sus lectores, a lo que ella le achaca el éxito de sus libros, para aplicárselo a la obra de Svenja Lieber. En dicha carta hace saber que, más que a las críticas favorables de los comentaristas y las polémicas que suscitaron sus obras, el éxito de ellas se debe al hecho de que cada lector que se sumaba a sus seguidores, se convertía en un propagandista suyo. Por lo general, se consideraban descubridores de un nuevo e importante autor que no dejaban de recomendar a sus familiares y amigos. Así fue cómo, según hace constar la propia Ayn Rand, adquirió la gran popularidad de que goza. (E.P).
Haga que estas dos autoras sigan existiendo.
Lo primero que salta a la vista y llama la atención cuando comenzamos a leer la novela de Lieber es la poesía con que hilvana la historia que nos propone, es un manjar que cuando lo probamos somos incapaces de abandonar el manjar servido de la mano de esta escritora. La magia de su lenguaje nos embruja, es eso un embrujo el que nos hechiza, es una de esas brujas que saben con qué mañas se sienta en las noches a contarnos una larga historia que sin embargo nos parecerá contada en unos minutos mientras sobre nuestras cabezas transcurre y pasa de un solo vuelo la noche.
Al avanzar en la lectura tenemos la sensación de que nos encontramos ante un lienzo donde va transcurriendo las escenas de un filme, como si fuese un pincel quien traza ante el asombro de nuestros ojos, con el que vamos quedando hipnotizados, aunque la lectura a cada paso nos vaya lastimando, porque todo lo que está dentro de las páginas de este libro, duele.
Hay aquí, en este libro reunidas como en una ensalada amarga, todas las miserias humanas, y penurias materiales de una época, que aplastan palabra a palabra al personaje, y por ende al que lee, hundiéndolos, a veces, en la impotencia, otras en la desesperación, sin que por ello deje uno de leer y el otro, de luchar, de insistir una y otra vez para lograr sus ensueños.
De la autora me ha confesado el crítico, periodista y narrador cubano Amir Valle, radicado (digo, exiliado por el gobierno cubano) en Berlín: “…Svenja es, efectivamente, una persona muy inteligente y de una prosa de mucho nivel. Y, sobre todo, una mujer muy agradable (y familiar, pues siempre va a los eventos acompañada de su esposo y de sus dos niñas). Si no recuerdo mal estuvo en la feria de La Habana el año pasado. O eso le oí decir en algún lado. Hasta dónde sé, solo tiene un libro editado en español. El resto está en proceso por una editorial alternativa española. Pero acá en Alemania está publicada en la más grande editorial y es considerada una de las voces más importante de su generación (hay otros autores igual de importantes, pero no han tenido suerte de ser traducidos al español, son ellos: Aboud Saeed, el Bukowski sirio, que vive en Berlín; Nora Gantenbrink, Vea Kaiser, Tanja Dückers y Benjamín Maack…, pero ninguno de ellos está traducido al español, sólo al inglés, francés e italiano) …”
Encontrarme con un ejemplar de la novela de Svenja fue una dicha y una verdadera Odisea, siquiera sabía de la existencia de dicha escritora, pero ahora me tiene embobado. Ella el pasado año en su visita a la Isla se llegó a la Universidad de La Habana a presentar su libro, uno de los estudiantes de los que lograron quedarse con la novela, se lo llevó de regalo a su tía, quien resultó ser mi cara amiga la escritora Mariela Eulalia Varona Roque, quien tuvo a bien prestármelo, para ello tuve que dejar endeudado mi ejemplar de la poesía completa de Roberto Bolaño, regalo de Luis Felipe Rojas antes de irse a su exilio en Miami, sé que no lo voy a recuperar, no importa, está en buenas manos, pero juro que le regresaré Los tres violines de Ruven Preuk, hay una cola esperan por mí, como si en la placita de la esquina de su edificio hubiesen sacado papas (patatas) por la libre, y no puedo dejar a mis amigos, los que aguardan en la fila con paciencia, con la boca abierta, hecha agua (baba), no se preocupen, la fama que me dio mi queridísimo Reinaldo García Blanco de que me quedo con los libros que me prestan, no es totalmente cierta. Es cierto que a veces, casi siempre, me demoro, pero al final, los devuelvo, se los juro. Tengo testigos.
1911-1917
Las mujeres cosechan ciruelas. Otro verano, un sol como óleo sobre lienzo y la ropa blanca extendida en el prado. Las mujeres arrancan frutos y llenan cestas. Hablas de Ruven, el hijo menor de Preuk el carretero. Desde la mañana está entre el campo y la alameda. No se mueve.
─ ¡Santo cielo! ─dicen─ ¿Qué se puede esperar de alguien así?
Historia que comienza a narrarse así, sola, entre los primeros albores del siglo XX alemán. Donde ningún coterráneo puede creerse el cuento de que un hijo de un simple y humilde carretero pueda tener otro talento que no sea manejar la carreta del padre, incapaz de poder sacarle sonidos que embrujen, a las cuerdas de un violín.
Novela ésta que, debiera llamar la atención por su excelencia, más que a la crítica especializada y a los críticos literarios, a los lectores inquietos que siempre agradecen una buena historia contada con gracia, talento y maestría. Serán ellos quienes tengan la última palabra y den la voz de alarma de que, en el mercado del libro, hay una novela que merece ser reconocida, y leída, por millones de seres inteligentes, ávidos de conocer, alimentarse y salvar lo irremediablemente insalvable.
Es este un libro que nos anuncia una sobresaliente carrera literaria que irrumpe en el ámbito de la narrativa de habla hispana, esperamos se digan traduciendo sus obras, y que se alce con la banderilla y siga asestando en el testuz del buen leedor de libros que merece convertirse en el libro más vendido en Europa y América, ser traducido a todos los idiomas del universo, pero para ello usted debe poner su cuota de lectura, sí, usted, amigo lector, no se convierta en un observador pasivo.
Ruven Preuk, muchacho taciturno, soñador; sus ojos oyen, sus oídos ven, percibe los colores del sonido. No se confunda, no ésta solo una novela histórica, descubra todos sus encantos, todos los vericuetos por donde su personaje nos va haciendo intrincarnos, a veces sin proponérselo. Espero, si tienes la oportunidad y sacas tiempo, no dejes de buscarla, mucho más importante será leértela, acercarte a la música de este personaje, dibujado con maestría y talento por las manos y el intelecto de una mujer, la escritora alemana Svenja Lieber. Enhorabuena para ambos, autora y lector.
Bon apetite.