"El ser humano siempre contribuye y cede ante la exigencia del artista"

Conversación con Jorge Valladares

Dossier
Por Amir Valle

A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Jorge Valladares? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Jorge Valladares, el ser humano y Jorge Valladares, el pintor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

Es muy difícil separar al ser humano del pintor, aunque en muchos sentidos se contraponen y complementan. Creo que el ser humano siempre contribuye y cede ante la exigencia del artista y es de este modo que sobrevive el arte.

 

Pintar o vivir

Sé, por experiencia propia, que tener motivaciones artísticas en los pueblos de eso que los cubanos llamamos «campo» no suele ser nada agradable, como sí suele serlo para quienes tienen ese tipo de inclinaciones creativas y viven en las ciudades. ¿Cómo fue tu experiencia en Puerto Padre en ese sentido?

Puerto Padre es una pequeña ciudad costera, también llamada “La Villa Azul”, está anclada en la costa norte de la región oriental, por lo que nacer y vivir allí fue como estar de vacaciones a la orilla del mar; algo que extraño mucho viviendo ahora en un país sin costas. En Puerto Padre no teníamos una escuela de arte, pero la Casa de la Cultura brindaba diversos talleres de forma gratuita. Por lo que era fácil y agradable asistir al taller de artes plásticas.

 

Gallo marinero - Jorge Valladares

Gallo marinero – Jorge Valladares

Según cuentas, tus primeros intentos fueron en el dibujo y siguiendo los dictados de esa capacidad de atrapar las líneas te decidiste por la arquitectura. Háblame de esos primeros años de formación.

Los niños obtienen grandes experiencias sumergidos en los juegos infantiles. Para mí el dibujo y la pintura siempre fueron “un recreo”, algo así como una gratificación para el espíritu y el alma. Elegí  la carrera de arquitectura porque de cierta manera era continuar dibujando, pero no tenía idea de lo que sería vivir como arquitecto en Cuba. Los años de formación en la Universidad fueron valiosos y estudiar arquitectura me aportó conocimientos y experiencias que contribuyeron en la formación técnica y el desarrollo de la capacidad creativa.

 

Llegas después a la mítica San Alejandro y allí estudias artes plásticas. En lo personal, ¿qué le debes a San Alejandro y a los maestros que allí tuviste?

El tiempo en San Alejandro fue una etapa que disfruté mucho: me gustaba andar por los pasillos de la escuela y sentía curiosidad por todo lo que ocurría a mí alrededor. Casi siempre llegaba temprano y entraba en la biblioteca para revisar libros, hacer tareas o realizar apuntes. Lamenté no encontrarme con grandes maestros y sí con muchas limitaciones en esos años de escuela, lo cual me llevo a esforzarme más, cosa que hoy agradezco.

 

«Pintar en Cuba, más que un reto, es un riesgo: abunda la contaminación estilística, la imitación de modas para ser colado en los circuitos oficiales, el puro comercialismo y otras taras que llegan desde la ideología». La frase es de un gran amigo, el pintor Juan T. Vázquez Martín, a quien también homenajeamos en esta sección de artes plásticas en nuestro número 26. Sin embargo, otros pintores cubanos dicen que aquello es el paraíso, por la cantidad de ayudas que tienen los artistas de la plástica. ¿Qué fue, en tu caso, «pintar en Cuba»?

Creo que pintar en Cuba es como pintar en cualquier lugar. La contaminación estilística, la imitación y el comercialismo existen en todas partes. A muchos artistas les ha ido bien creando en Cuba, mientras que a otros, no tanto. Yo he tenido la oportunidad de pintar más tiempo en Paraguay, donde vivir del arte tampoco es cosa fácil y la atmósfera también está contaminada por vicios y modismos. Creo que la responsabilidad de la formación artística no debe dejarse totalmente en las manos de profesores o escuelas y menos en el lugar en que nos encontremos. El artista crece y madura en el taller, frente al reto de la creación y nada puede impedir que evolucione y encuentre su propia manera de hacer arte, si se dedica de modo contínuo y apasionado a su labor.

 

Paraguay, tu actual país de creación, en qué sentido ha influido en el pintor que eres.

Todo influye en la vida de un artista, yo veo a Paraguay  como una estación, un lugar donde he podido dedicarme a experimentar y crear. Paraguay me ha cambiado como persona y como artista en muchos aspectos. Fue en la esquina de una calle asuncena donde una mañana de primavera compré un gallo que me inspiró a pintar una de mis series más conocidas. Agradezco a Paraguay por todas oportunidades que me ha brindado.

La obra

Al referirse a tu obra, lo primero que salta a la vista es tu valentía, pues has elegido como centro de gran parte de tu obra un terreno en el cual anduvo mucho, y con gran calidad e inventiva, el gran pintor cubano Mariano Rodríguez: la figura del gallo. ¿Por qué eliges el gallo?, ¿no tienes miedo de repetir las fórmulas del maestro?

Muchas veces se llega a resultados similares producto de la búsqueda y la experimentación artística, ya que no existe tema en la pintura que no haya sido pintado. Cuando pinto, lo hago de manera singular, no tengo fórmulas ni repito cosas inconscientemente, tampoco comparo mi pintura con la de otros pintores; es un proceso de búsqueda interior, donde el modelo es solo un pretexto, un subterfugio. Son muchos los pintores de gallos en todo el mundo, también son muchos los artistas que lo han representado, pienso que el valor de una obra de arte no radica en el modelo o el tema, considero que el valor del arte está en el artista mismo.

 

Otro de tus símbolos preferidos a la hora de pintar es el pez. ¿Qué posibilidades expresivas crees que tiene una figura tan cotidiana para todo aquel que viva cerca del mar?

El pez, el gallo, la fruta, la figura humana, etc. Todos los elementos tienen una gran riqueza y posibilidades expresivas; depende de la capacidad artística de cada cuál el descubrirla y representarla de una manera particular.

 

Otra característica de tus obras es la fuerza del color: ¿influencia de esos estallidos de color que tanto disfrutamos los caribeños en nuestra naturaleza? ¿No crees que ese colorido y la elección de los gallos, los peces y la flora te lleve a ser considerado un pintor tropicalista, un «pintor de exotismos mercantiles», como ya han acusado a otros pintores?
La silla del manglar - Jorge Valladares

La silla del manglar – Jorge Valladares

Creo que la pintura y el arte pueden ir  más allá de cualquier consideración superficial. Un pintor caribeño no deja de ser lo que es a la hora de pintar, por el contrario matiza y refuerza sus raíces, lo cual es un motivo de orgullo y no de preocupación.

 

¿En qué sentidos se complementan en tu obra la pintura, la fotografía, el diseño y la decoración de interiores, oficios que, según tu biografía, consumen el mayor tiempo de tu «vida paraguaya»?

La fotografía es otra de mis pasiones y la utilizo comúnmente para atrapar la luz en la naturaleza, estudiar composición, texturas, colores y archivar ideas o conceptos que después podría utilizar. El diseño, el dibujo, la arquitectura y el arte están unidos de manera muy estrecha. No se puede ser un buen dibujante, pintor o arquitecto si se desconocen aspectos básicos del diseño. La decoración de interiores es parte del quehacer de muchos arquitectos y en este caso tiene algo que ver con el lado comercial de la pintura y la fascinación por el espacio arquitectónico que cambia ante cualquier propuesta decorativa.

 

Finalmente: háblale a los lectores de OtroLunes de qué has querido lograr con tu «Estudio Artístico Valladares». 

Todo pintor o artista necesita un espacio para la creación, exhibición, marketing y venta de su obra. Es en el taller del artista donde se materializan los sueños y las ideas. Es el mejor lugar donde se puede transmitir la experiencia adquirida, además de ser un espacio propicio para recibir artistas y amigos. Por estas razones y otros motivos surge el “Estudio Artístico Valladares.”