Uno de los grandes arcanos que me desconcierta tiene que ver con los entresijos de la creación. ¿Por qué un escritor o un cineasta escogió un tema y no otro? ¿Cómo decidió que sería un cuento, un corto, una novela o un largometraje? ¿Qué elementos utiliza para convencer al lector/espectador? En esa búsqueda, muchas veces infructuosa, conocí del trabajo de Lauro Zavala. Y se hizo la luz, o algo parecido.
Era yo entonces alumno de la primera promoción de escritores (o aspirantes a serlo) que pasaban por las aulas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y gracias a la labor investigativa de sus maestros cayó en nuestras manos parte del volumen Teorías de los cuentistas que Zavala había compilado varios años antes.
La autoridad del profesor Lauro Zavala sobre el análisis literario quedaba más que evidenciada en dicha obra y su influencia terminó siendo clave en el trabajo creativo que luego hicimos en las aulas del centro. Para mí, quizás fue algo más.
Mi trayectoria profesional derivó a profundizar sobre estos temas, ya no sólo como creador de ficciones, sino como curioso fisgón de los misterios que provocan todas aquellas artes que usan la ficción para mostrar el mundo de otra forma.
Quizás por ello no dudé en invitar a Lauro, a quien no conocía y a pesar de mis reparos de que aceptaría, al coloquio Penser la modernité avec le cinéma et la littérature, que en 2016 organizamos varios colegas de profesión en la universidad de Tours. Y cual no fue mi sorpresa cuando Lauro no solo vino sino que nos presentó su última obra como traductor y aceptó a concebir un libro Para analizar cine y literatura que ahora presentamos para ser incluido en el catálogo de El Barco Ebrio.
Sobre su labor habría mucho qué contar, pero basta hacer una búsqueda mínima por los predios de las redes sociales para ver que en muchos aspectos sus ensayos y compilaciones autorales se han convertido en punto casi obligatorio para los que tratan de entender cómo se crean el cine y la literatura.
Lauro, debes haber respondido esta pregunta miles de veces, pero ¿de dónde surge esta manía por mostrarnos los principios más o menos ocultos en la ficción narrativa?
Te agradezco la pregunta. Pero yo no hablaría de una manía, sino simplemente de curiosidad. La investigación es una forma de felicidad. Existe algo que te resulta muy interesante, y de manera natural buscas toda la investigación que existe sobre la materia. Así que el impulso de investigar surge de manera natural, como la respiración. Por supuesto que hay un método (o varios), pero la investigación tiene su propio ritmo.
En 1976 yo estudiaba el primer año de la licenciatura en comunicación (porque mi interés central ha sido la narración cinematográfica) y un colega del comité editorial de la revista de la Universidad Nacional me invitó a dar clases de Redacción a los estudiantes de Diseño Gráfico. Entonces, para que ellos vieran la utilidad de redactar, diseñé un modelo para el análisis de carteles y otras formas de diseño gráfico. En este momento (2019) he diseñado poco más de 50 modelos de análisis.
Cuando leo las listas de las 100 cosas que hacen feliz a una persona no encuentro lo que me hace más feliz a mí: ver publicado un artículo de investigación donde presento los antecedentes y la lógica interna de un modelo de análisis. En el libro que ahora se publica en Madrid (Para analizar cine y literatura) presento varios de estos modelos de análisis. Para mí, esto es motivo de felicidad. Creo que todo surge de la curiosidad por conocer cómo funcionan las narraciones.
Leí en una entrevista de 2008 que ser investigador universitario del campo de las ciencias sociales y ser mexicano “es una excentricidad que se paga con el ostracismo”. Me sorprende que ocho años más tarde, lo dijiste con otras palabras en tu presentación en el coloquio que celebramos en Tours. ¿Cómo se manifiesta esta excentricidad en tu día a día?
En estas vacaciones de fin de año ocurrió algo curioso. Decidí utilizar el FB. Durante varios años tuve una cuenta, pero casi nunca la abría. Ahora envié algunas portadas de mis libros (ya son casi 60, incluyendo 20 antologías como la que mencionaste hace un momento), el cartel donde se anuncia mi próxima conferencia o el enlace con un artículo recién publicado. El resultado fue muy notable para mí, pues en total llegaron más de diez mil respuestas de entusiasmo. Y esto coincide con el hecho de que todos mis libros están agotados y casi todos han sido reimpresos una o varias veces. En el sitio www.academia.edu y en otras plataformas digitales también hay visitas a algunos de estos trabajos míos. Todo esto es relativamente reciente y es muy gratificante. Ahora los libros circulan en formato PDF.
Pero en el trabajo cotidiano la situación es diferente. Todos los días saludo a mis colegas de la universidad, pero no tengo idea de lo que ellos hacen ni ellos tienen idea de lo que yo hago. México es un país pobre y los recursos para la investigación son muy escasos. Y esto se agudiza en las humanidades. No existe una mística de la investigación, como en otros países.
Aquí hay 1 investigador por cada 1,000 habitantes, mientras en Estados Unidos, por ejemplo, hay 9 por cada 1,000 habitantes. En Argentina hay 3, en Francia hay 8, en Japón hay 10. Claro que estos datos por sí solos no son suficientes como indicador del desarrollo científico, pues hay que considerar la producción académica de artículos y libros científicos, la cantidad de citas hechas por los pares, la producción de patentes (en las ingenierías) y la producción de modelos teóricos y de análisis (en las humanidades), que son tan útiles como las patentes.
Aquí (en la región latinoamericana) no existen películas o novelas donde el protagonista sea un investigador, mientras en otros países la figura del investigador es familiar para todos. Y ya no se tiene la imagen de un genio loco, sino que es una persona como cualquier otra, pero con algo muy valioso para ofrecer. En el día a día comparto mi entusiasmo con los estudiantes y con los colegas del extranjero que me invitan a presentar mi trabajo de investigación, como cuando fui invitado a la Universidad de Tours. Tengo la suerte de recibir invitaciones como ésta con cierta frecuencia (unas doce o quince cada año).
¿Quizás Sepancine tenga que ver con ello? ¿Cómo podríamos describir la labor que realiza esta organización dentro del panorama mundial sobre análisis del cine?
Por supuesto. Sepancine corresponde a las siglas del Seminario Permanente de Análisis Cinematográfico, que es una asociación de investigadores de cine que creamos varios colegas en el año 2008 y de la que soy presidente. Hemos organizado cerca de 20 congresos internacionales de especialistas en los que han participado más de 350 colegas presentando los resultados de su trabajo de investigación.
En este momento ya existen otros 5 congresos similares en el país, organizados por la Universidad Nacional y otras universidades. Todo ello contribuye a la visibilidad del análisis como una actividad profesional, que por cierto es una herramienta muy útil como apoyo pedagógico para todas las disciplinas universitarias. En algún momento (tal vez dentro de varias décadas) tendremos programas doctorales, institutos de investigaciones y revistas académicas especializadas en México y en otros países de la región latinoamericana.
En contraste, en los Estados Unidos hay más de dos mil universidades donde se ofrecen cursos de doctorado en cine, y la SCMS (Society for Cinema and Media Studies) cuenta con más de 5 mil integrantes. En los estudios de literatura la situación es más contrastante. En México no existe ninguna asociación de investigadores de literatura, mientras que en los Estados Unidos la MLA (Modern Language Association) tiene más de 35 mil integrantes, y desde ahí se organiza toda la actividad profesional (desde las contrataciones hasta la jubilación).
En síntesis, la existencia de asociaciones profesionales y la organización de congresos de especialistas son estrategias muy útiles para propiciar el desarrollo de una disciplina.
En Para analizar cine y literatura insistes mucho en que Teoría y Análisis son dos elementos diferentes dentro del análisis literario y cinematográfico. ¿Por qué?
Teoría y análisis son distintos, pero dependen el uno de la otra. Una teoría es algo muy práctico, pues permite la creación de modelos de análisis. Una teoría es como un mapa que permite saber dónde se encuentra cada cosa en el interior de una disciplina. Y un modelo de análisis es como una app que resuelve una necesidad específica. Ambos son necesarios para cualquier forma de conocimiento. Al funcionar como un todo, ambos constituyen una especie de GPS que permite ir de un lugar a otro en el trabajo de investigación
Una herramienta muy útil en el trabajo de investigación teórica y de análisis es el diseño de infografías. Una infografía es una representación gráfica donde se condensa de manera visual el resultado de una investigación. La infografía es una forma de diseño gráfico muy útil para la investigación y para difundir al gran público sus resultados. En los estudios de teoría y análisis cinematográfico ya se empiezan a diseñar formas de infografía animada que se pueden ver sobre la pantalla al mismo tiempo que se proyecta la secuencia o la escena que se analizó. Este recurso es un paso muy importante en el análisis cinematográfico, pues equivale a lo que significa pasar del empleo del estetoscopio a mostrar el ritmo cardiaco en la pantalla de un electrocardiograma.
En el análisis literario contamos con herramientas infográficas como las líneas del tiempo, las curvas dramáticas y las fórmulas incoativas y terminativas. Y en el análisis cinematográfico hay herramientas infográficas muy útiles, como el découpage por planos, escenas o secuencias, las redes de conexión entre componentes, la barra colorimétrica y la gráfica quebrada de amplitud estilística.
Estas herramientas permiten ofrecer explicaciones objetivables de lo que un espectador tiene como experiencia de recepción. Y es una herramienta que contribuye a explicar la diversidad de respuestas que cada espectador tiene al leer un texto literario o al ver una película.
Vinculando la actualidad, seguramente estás al tanto de la polémica que se ha creado por la película Roma en cuanto a lo que es el buen o mal cine. ¿Cómo lo ves? ¿Cine narrativo o exclusivamente visual?
La idea de buen o mal cine es un asunto personal, de cada espectador, y depende de su experiencia, sus expectativas y otros elementos personales. Todo esto corresponde al terreno de la crítica, que a su vez depende de la agenda ideológica y estética de cada espectador o crítico, y que puede ser una agenda consciente o inconsciente.
Pero en cambio el análisis, por su parte, puede mostrar la función que cumple cada elemento en una película. Por ejemplo, se puede graficar con precisión la importancia que tiene el diseño sonoro en Roma. En el cine, el sonido es lo que hace la diferencia entre ver una historia y tener la sensación de estar viviendo esa experiencia de manera personal. Al ser Roma una película en blanco y negro y construir cada escena con largas tomas y un movimiento muy suave de la cámara, el sonido es todavía más importante que en otras películas. En ese sentido Roma es una película notablemente sonora, construida con la interrelación entre varias historias que se desarrollan simultáneamente, articuladas todas ellas alrededor de la perspectiva de la protagonista, Cleo (la sirvienta que vive en la colonia Roma, en la Ciudad de México). La estructura narrativa de Roma es la de un tema central (la perspectiva de Cleo) y sus variaciones (las experiencias que tiene con su familia adoptiva).
En Roma, el sonido establece el tono de cada escena. Los horizontes sonoros incluyen la música que se escucha en los aparatos de radio, los sonidos urbanos que se escuchan en la calle y los diálogos, gritos y susurros de los personajes. En consecuencia, en esta película el sonido no es algo que acompañe a las imágenes, sino lo que determina las imágenes que vemos en pantalla (como también ocurre en la película mexicana Danzón). Cuando los personajes abandonan temporalmente el espacio urbano se acercan al riesgo de muerte y deben hacer un esfuerzo inusual para sobrevivir (literalmente) y reconocer que, al sufrir la ausencia del padre, son una familia gracias a la presencia central de Cleo.
Por otra parte, la puesta en escena se construye con la cadencia de los suaves paneos de una cámara que acompaña a los personajes mientras los escuchamos hablar o caminar, discutir o llorar. Roma es una película sonora que retoma el blanco y negro que asociamos con el cine mudo. En mi caso personal me recuerda la casona donde vivía mi abuela en la colonia Santa María la Ribera, donde yo pasaba las vacaciones pocos años antes del momento en el que transcurre la historia de Roma, en la Ciudad de México.
Ampliando lo anterior. Estamos en pleno debate por el fuerte impacto de las nuevas tecnologías en el cine. Scorsese comentó algo en su recepción del Princesa de Asturias, Carlos Saura durante la SEMINCI de 2018 se declaró “indignado” porque muchos jóvenes consumen cine en cualquier lado y formato, Cuarón está recibiendo algunas críticas por apenas haber exhibido su película fuera de Netflix y se defendió con la creación autoral por encima del taquillazo o Blockbuster. ¿Cómo ves esta polémica? ¿Crees que las plataformas y las nuevas tecnologías pueden matar al cine?
Creo que no. Este debate recuerda el que se produjo hace unos años alrededor del libro digital. Ambos formatos coexisten pacíficamente, pues cada uno de ellos cubre distintas necesidades y tiene ventajas y límites específicos. Las plataformas digitales tienen un alcance formidable, pero no pueden sustituir la magia de ir a una gran sala de cine (aunque debo decir que yo sólo voy una o dos veces al año).
Algo similar ocurre con los libros digitales, que pueden llegar a cualquier lugar del planeta en pocos segundos sin ningún costo, pero que nunca podrán sustituir el placer de sostener un libro en las manos y pasar las hojas impresas en papel. No es lo mismo leer en pantalla que en papel, ni es lo mismo regalar un flash drive con el archivo digital que regalar un libro impreso, donde por cierto el autor puede firmar una dedicatoria.
Quizás, como espectadores tenemos prácticamente todo el cine en la palma de la mano o a golpe de pocos clics y qué decir de los libros y la batalla por ser la plataforma que más fondos puede ofrecer al lector digital. ¿Podría ser que esta competencia por llegar al consumidor cambie la forma en que creadores y analistas aborden el cine y la literatura?
Lauro Zavala:/ Pero sólo en parte, porque estamos hablando de un cambio en los formatos y los soportes, pero no de un cambio en la forma artística, que es lo esencial de la creación. Hace más de veinte años se empezó a estudiar y a experimentar con las posibilidades de la literatura interactiva. Pero a pesar de ello, las tecnologías digitales sólo han afectado los formatos de presentación, las formas de distribución y consumo, y la relación entre autores y lectores con los textos (por ejemplo, en la tweeteratura o en las novelas digitales). Pero lo que entendemos por literatura como forma de recrear, entender o extender la experiencia vital sigue siendo la misma. Para decirlo en términos semióticos, la sustancia de la expresión y la forma del contenido no afectan la sustancia del contenido ni la forma de la expresión.
Otro de los aspectos que me llama la atención de Para analizar cine y literatura es lo que en España llamamos “tocar varios palos” como referencia a que te atreves con varias cosas más allá del análisis exclusivo del cine y la literatura, digo el cómic, la novela gráfica, la música, ¿y esto por qué?
Creo que las universidades se sustentan en un fundamentalismo epistemológico (disciplinario) muy similar al fundamentalismo político (nacionalista). No creo en el concepto de nación ni tampoco en el concepto de disciplina. Lo que yo estudio son distintos tipos de textos. Y los textos son objetos anti-disciplinarios. El concepto de nación tiene un carácter militar y el concepto de disciplina tiene un carácter fundamentalista. Pero la realidad se resiste a ser reducida a estos marcos disciplinarios, heredados de una visión escolástica anacrónica.
A fin de cuentas, un modelo de análisis se prueba en la práctica de la investigación y en el trabajo con los estudiantes. Lo que realmente me interesa son los objetos de estudio, no la fidelidad a unos métodos específicos. Si los modelos de análisis son útiles para el conocimiento y la docencia, esa utilidad rebasa el marco disciplinario, de manera similar a lo que está ocurriendo con el concepto de frontera política, que es un invento militar y político que no corresponde con la experiencia real de quienes emigran a pesar de estas fronteras.
¿Nuevos proyectos?
En realidad no tengo proyectos nuevos, sino variaciones sobre un único proyecto global, que consiste en tratar de entender cómo funcionan los objetos simbólicos (cine, literatura, historieta, fotografía, música, diseño gráfico, etc.).
En este momento está por aparecer una compilación de estudios sobre el cine musical latinoamericano, que coordiné con un colega brasileño (Guilherme Maia), quien me invitó a participar como coeditor, y para el cual elaboré un modelo de análisis. También está en prensa un libro de crónicas de viajes académicos (Experiencias infrecuentes de un viajero frecuente). Y otros libros sobre minificción, cine latinoamericano y métodos de análisis cinematográfico.
En este momento estoy terminando un segundo volumen de viñetas del mundo académico, Nuevas instrucciones para asesinar a un profesor. También está en proceso una serie de entrevistas que he hecho a varios teóricos y analistas de cine en varias regiones del mundo. Y esta mañana (je) en el Colegio de Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional me han invitado a elaborar una antología lúdica de minificción literaria para estudiantes de bachillerato.
Aquí quiero decir que, aunque tengo una docena de otros proyectos en proceso, en realidad cada libro que he publicado ha estado en el horno de seis a veinticinco años cada uno, así que, desde mi perspectiva personal, nunca son realmente nuevos. Y quiero mencionar que las ideas para cada uno no surgen cuando estoy frente a la máquina, sino cuando viajo en el metro o en el tranvía, en el avión o en el transporte público, al terminar una clase con mis alumnos o al responder un mensaje de FB. El resto del tiempo estoy leyendo todo lo que me produce curiosidad, que es la esencia de la investigación.
Me gustaría cerrar estos comentarios recordando que en lengua española no contamos con una tradición de producción teórica. Todas las teorías literarias (y cinematográficas) que utilizamos provienen de otras lenguas. Por eso estoy empezando a imaginar la creación de un seminario permanente de discusión metateórica que lleve el nombre oracular de Teoría en tu Idioma.
“En lengua española no contamos con una tradición de producción teórica” ¿Por qué? ¿Cómo podríamos cambiar la situación?
¿Por qué? Tal vez porque en español no hay una masa crítica de investigadores de cine y literatura. Incluso todavía se confunde la crítica de cine con el análisis cinematográfico, como si se tratara de lo mismo. El porcentaje del Producto Interno Bruto dedicado a la investigación en los países latinoamericanos es muy simular al de África, es decir, casi nulo si lo comparamos con Estados Unidos, Japón, China, Corea del Sur o los países europeos. Pero tampoco en España se ha producido ninguna teoría literaria que haya sido traducida y que se integre a la tradición universal y se utilice para analizar los textos canónicos producidos en otras lenguas.
En México existe un doctorado en Teoría Literaria, pero en más de 20 años nunca se ha propiciado la elaboración de una tesis sobre teoría literaria. Parece haber una resistencia frente a la teoría. Mi propia tesis doctoral tardó 20 años en ser leída por el comité académico, afirmando que no es posible crear teoría en lengua española.
Es necesario crear las condiciones para la creación de una tradición teórica en español (en cine y en literatura): publicar antologías comentadas de textos teóricos; generar programas doctorales; establecer congresos, series editoriales, revistas, bibliotecas y programas de investigación con interés por la teoría y su aplicación práctica en el análisis de cuentos, películas y secuencias.
¿Cómo se podría cambiar la situación? Tal vez poniendo en práctica lo que se ha hecho en otras lenguas: Genette creó su narratología leyendo a Proust. Bajtín leyó a Dostoyevski. Kracauer analizó las películas de Fritz Lang. Pero estos teóricos del cine y la literatura también leían textos en otras lenguas, estudiaban a los teóricos extranjeros y se nutrían de lo que estaba ocurriendo en otras disciplinas ajenas al cine y la literatura.
Un proyecto teórico siempre ha surgido en un caldo de cultivo interdisciplinario, en un clima de cierta efervescencia histórica y cultural, con frecuencia en medio de fuertes polémicas y como parte de un proyecto que rebasa el conocimiento de su objeto más inmediato. Un modelo teórico (tipológico, analítico, genealógico, epistemológico o de otro tipo) es la cereza del pastel académico, la herramienta central de la investigación y el fundamento de cualquier proyecto de conocimiento.
Con la publicación del volumen Para analizar cine y literatura pretendo contribuir a este debate permanente proponiendo varios modelos teóricos. La reflexión teórica bien vale un proyecto editorial.
