Cambio climático, algunas reflexiones

Andrés R. Rodríguez

Entre la evolución cultural, la anarquía, la farándula política, la arrogancia intelectual y el método científico

Los hechos e implicaciones del cambio climático deben y tienen que ser interpretados con  suma honestidad intelectual, lo cual sólo se puede lograr aplicando estricta y sistemáticamente métodos científicos, que hasta el momento son los únicos que han demostrado ser suficientemente precisos, armables individual o grupalmente y una defensa contra los sesgos, preconcepciones, vaivenes, servidumbres e intereses personales, profesionales políticos, ideológicos, culturales. Los métodos científicos no son perfectos ni infalibles, pero son lo mejor que tenemos para entresacar de entre la maraña de informaciones algunos criterios comedidos y poder hacer proyecciones a largo plazo lo más equilibradas posibles a ser propuestas al consenso democrático social.

Aceptada la falibilidad de la ciencia, está claro que posiblemente el origen del propio cambio climático se deba a la aplicación impensada y desbalanceada de ciertos avances científicos que manipulamos como tecnologías sin contrapesos, consecuencia de la llamada Revolución Industrial1. Pero aún si la ciencia y la tecnología fueran parcialmente “culpables”, ello sería una razón más para que las hagamos más eficientes (no le pretendemos vigencia indiscutida). Si nos han introducido en el problema de la contaminación global, ello no es razón para  desmontarlas. Aun así son nuestra única Arca de Noé para salir del trance.

En todo caso, debemos aplicar ahora el Principio de Precaución, una muestra de que actuamos con mentalidad prospectiva y no reactivamente y poniéndole parches a nuestros errores. Si no, tal vez, tengamos que lamentar dentro de unos años pérdidas mucho mayores. Pérdidas futuras, dentro de más de un decenio, y que no se van a contabilizar en los resultados políticos, enfocados cuando más en los próximos 4- 6 años. Dicho sea de paso, este es otro ejemplo de que los métodos propios de la política ya están obsoletos, se corresponden con la polis, (la ciudad–estado griega) no con la ecumenópolis, (la moderna ciudad global).

 

Estructura de la biosfera

Desde hace millones de años, el planeta Tierra depende de dos capas fluidas que actúan de termostatos, repartiendo el calor que arriba (atmósfera, océanos). Es por su acción que el planeta alberga la vida, se convierte en biosfera. A su vez son fuentes de recursos y receptáculos de desechos. Para no dañarlas, debemos dejar de ser trogloditas cabalgando sobre buldóceres, y terminar de diseñar y construir una tercera capa fluida, la de la sabiduría humana, la Noosfera2,3. Se trata de elevarnos aún más en nuestra evolución cultural, no en nombre del progreso continuar el alegre uso y dispendio de energía y recursos, con consideraciones científicas o tecnológicas al bulto y enfocadas al corto plazo. Afinarlas sería ser muy cuidadosos en nuestro proceder, seleccionar qué hacemos y qué no hacemos, hacerlo mirando al largo plazo y lo integral (holístico).  Debemos abocarnos, con sabiduría y no con mera ingeniería y mucho menos a politiqueria, a una era de evolución cultural y no de desarrollos puntuales (como ha sido usual en nuestra historia reciente). Debemos repensar nuestras concepciones, enfocadas en valores artificiales (oro, moneda, fama farandulera) y gestionar la nueva moralidad (ojo: gestar no es management. Gestar tiene que ver con cuidados maternos que quieren ver crecer a su hijo; administrar implica violentar y hasta violar los ritmos de los ecosistemas), desde equipos de trabajo multidisciplinarios (team works) compuestos por genios y talentos de educado ego, que tendrían a su disposición nuevas facilidades de información (teledetección, internet, big data), mientras sus propuestas son auscultadas públicamente. Esto último debe significar que la política, el histrionismo o la farándula no permeen y desestructuren las metodologías científicas. Ello se logra entre otras cosas con un no a la farándula política o a universidades politizadas. Si dejáramos incidir a la politiquería, corrupción y el burocratismo en los estudios, su divulgación o las decisiones derivadas, caeríamos en un maremágnum, mucho más caótico que el actual en ciertos parlamentos y organizaciones internacionales, que por lo general solo atinan a reunirse y emitir documentos, luego de interminables maratones de declaraciones de intenciones. Bien poco se preocupan por educar a los no entendidos.

¿Tiene que ser anárquica la globalización, al no ser algo pensado sino improvisado?¿No han dado ya los estudios científicos previos algunas pruebas de haberse dejado influenciar por intereses parcializados? ¿Responderán a intereses creados o simplemente a la inercia social? ¿Pudiera haber ocurrido la industrialización sin una descuidada contaminación? ¿Es un improcedente idealismo, pretender que voluntariamente se aparten del rumbo previo los grandes contaminadores? Pues no hay de otra, la complejidad del asunto del Cambio Climático y el futuro rumbo de la industrialización solo puede ser enfrentado buscando las herramientas más confiables que tengamos y ajustándolas a su nueva envergadura. Solo podemos hacerlo caminando por los senderos de la ciencia, que en última instancia no es más que la duda sistémica. Nada de circo.

 

Decisores: ¿Míopes, indecisos y corruptos?

En primer lugar debemos prestar atención a la forma en que se han estado tomando las  decisiones por los llamados decisores, tomadores de decisiones o decision makers. Destacaremos algunas de sus características:

  • Rara vez en algún país o en niveles internacionales los decisores son directamente científicos. En la inmensa mayoría de los casos los científicos, sean individuos o comités, están relegados a recomendar!!! a instancias políticas o burocráticas. No deciden ni ejecutan. Los que deciden están en dichas posiciones seleccionados no según sus experticias sino por sus lealtades personales o políticas, con títulos que poco o nada aportan a decisiones sopesadas. La mayoría de los decisores estudian humanidades y son alérgicos a fórmulas y números: abogados, políticos, comunicadores, sociólogos, literatos, artistas. Otras veces son economistas y financistas,  entrenados para obtener réditos en el corto plazo. Sus decisiones son por negociación, lealtad o conveniencia. Con esa base, frecuentemente desnaturalizan y sesgan cualquier medida que apoyen. Por lo general escogen vías efectistas, con muchos fuegos artificiales y rápido rendimiento monetario. Evitan proyectos cuyo resultado no es efectista o no puede ser constatado en meses o pocos años. Jamás se puede esperar que atenten contra su permanencia en el cargo o contra los intereses que representan. Y aspiran a permanecer indefinidamente en el cargo, debido a cierto narcisismo inherente a la farándula política.
  • En países con instituciones arcaicas y/o débiles (subdesarrollados), con bajo nivel de trasparencia, la profesionalidad y ética está totalmente supeditada a intereses de grupos especiales y al mejor postor.
  • Los abogados tienden a pretender solucionar problemas con regulaciones y leyes. Papeleo. Estas son tantas y tan contradictorias, que simplemente son disfuncionales. En algunos países el cuerpo de leyes es tan enmarañado y contradictorio, que las leyes actúan como lastre a la evolución social.
  • La ciencia adoptó desde su inicio una estructura disciplinar, está atomizada, y se intenta realizar en conciliábulos de especialistas. Ha fallado en comunicar las características y envergadura del cambio climático. Un error interno de los científicos y académicos es que tienden a hablar para sus iguales, sus pares (peers) y a despreciar trabajos y artículos que se “rebajen” a un lenguaje entendible por los no iniciados.

Por lo anterior rara vez se puede llegar a propuestas incontaminadas y desinteresadas. Las sociedades, los gobiernos, no están pudiendo trabajar con visión sinóptica. Ello tiene implicaciones sociales y políticas.

 

Capitalismo: ¿avaricia o sistema?

No es lo mismo el capitalismo agrario originario que el industrial, el especulativo o el de casino actual. La pura especulación y la prestidigitación financiera de este último, está atentando contra la propia esencia del capitalismo: acumular valor, porque ahora se obtienen grandes cantidades de dinero por actos de magia en las bolsas de valores. Y ello, subrepticiamente, es la negación de los principios del propio sistema capitalista: La acumulación paulatina de valores, de capital.

Capitalismo se deriva de Lat. capitalis, caput: cabeza.  Está relacionado con la ciudad principal, con mando, pero más que todo con la acumulación de ganado entre los terratenientes romanos, cuando el número de cabezas era el índice de su importancia y riqueza4. El capitalismo como sistema no fue inventado, siempre ha existido. La naturaleza es capitalista. Lo natural es la tendencia a acumular capital y con este a perfeccionar la estructura del sistema. Muchos han tratado de explicarlo a posteriori, tal vez el más destacado Adam Smith5. Otros, viendo sus imperfecciones, han tratado de crear a priori alternativas intelectuales, por lo general utópicas (Socialismo, Anarquismo, Comunismo, Tecnicismo, Industrialismo, Roboticismo). Esos planteamientos artificiosos, cuando se encierran en sí mismos y se convierten en dogmas, son del todo inviables si recurren a la violencia y se hacen en nombre de la revolución, operan como reversores de la evolución.

La naturaleza en pleno es capitalista. Acumula capital [genes (las especies), número de especies (un ecosistema), ideas (mi cerebro o la cultura), información, energía o calor]. Este planeta La Tierra es tozudamente capitalista: por ejemplo con el efecto invernadero acumula el calor del sol que llega a la estratosfera. Es cierto que entre los seres humanos la acumulación de capital a veces degenera en avaricia o latrocinio. En la medida que ello ocurra, es más imperfecto como capitalismo, se convierte en monetarismo. Eso es lo que hay que tratar de evitar, pero la regla es que se acumulen valores.

Como explicó von Bertalannffy en su Teoría General de Sistemas6, un sistema tiende a sostenerse en el tiempo y lo hace mejor en la medida que es más complejo, o sea, tiene una estructura más terminada, que evite que la energía que alberga (que puede llegar a ser vida) se vuelva a escapar al entorno, al espacio.  Eso es lo que hace un árbol, un arrecife coralino o la biosfera.  Acumular energía e información. Como hace una ardilla o los glúteos de una mujer para ofrecer esa energía acumulada a la criatura gestante.

La derivación del Capitalismo como sistema social, a la pura especulación financiera es en principio su degradación, y en casos extremos, su negación. Las sociedades que se han dejado dominar por la especulación financiera pierden contacto con los factores reales, deja de ser importante la acumulación de información u otros valores, ante la magnitud de los montos financieros manejados y la facilidad de su traspaso. Ello entronca con el Cambio Climático porque las mentes más fértiles y los poderes más extraordinarios están hoy ocupados en malabarismos de las bolsas.  Un corredor de bolsa afirma Such is life y no enfrenta el peligro de cambios reales en el planeta.   Este es un factor que no es secundario y hay que tener en cuenta.

 

Ciencia ante el CC: ¿Método o intuición?

Son variados y complejos los problemas que enfrentan actualmente las ciencias y sociedades en cuanto al cambio climático. Los científicos que en esto están involucrados deben soportar las suspicacias de los que jamás han sentido que crean algo o al menos se han encerrado en una torre de marfil a buscar una verdad. Los suspicaces, como habitantes usuales de los pasillos del poder, creen que a todos los seres humanos les mueven “principios” cortesanos. Es del todo injusto que se acuse a todos los científicos de moverse por intereses y ambiciones personales. No son unos santones, alguno puede estarlo haciendo, pero lo económico es generalmente secundario para un verdadero científico. Ello es exactamente lo contrario a como se mueven faranduleros ambiciosos, políticos, economistas y banqueros. Para estos es bien difícil imaginar con cuanto idealismo, en la historia humana y en el presente, algunos idealistas hacen que evolucione la ciencia y el mundo.

Hemos creado herramientas, armas y múltiples palancas tecnológicas que tienen escala de fuerzas geológicas, capaces de desenraizar los macroequilibrios que la biosfera fue creando en un constructo planetario por millones de años. No podemos seguir comportándonos como tribus a las órdenes de caciques incultos y de verbo alegre. No podemos continuar aceptando dogmas tribales, primitivismos, sacrificios de los mejores a autoritarios implícitos y explícitos, que conllevan el suicidio de la civilización. Tenemos que sobrepasar de una vez por todas nuestro pasado, construir no un mosaico de países continentes, sino un muy interconectado mundo globalizado, informatizado, que salte metamórficamente sobre nuestros biologicimos carnívoros y atavismos totémicos. Un mundo donde se tenga como principal valor la sabiduría, la energía, la información y la diversidad, no el oro o unos billetes. Ello implica un cambio social fluido, permanente, no traumático, pero muy profundo. Por ahora no lo estamos logrando.

Informatizarnos es lo tenemos que hacer bajo el imperio de nuevos comportamientos de la atmósfera, océano y  biosfera que se producen bajo el cambio climático. Tenemos ahora que construir-deconstruir el mundo empleando a fondo nuestra mente prospectiva, enfocada en los hechos mediante un parlamentarismo global fluido, que implique la aceptación sin reticencias del cambio social e interrelaciones mundiales de mucha mayor envergadura. La ONU está muy lejos de cumplir este rol. Pero, o hacemos funcionar orgánicamente un ente mundial o pereceremos en masa. Nos hacemos más sabios socialmente, en este mundo densamente habitado o seremos víctimas de nuestra propia inteligencia anarquizada y poderío contradictorio.

El desorden colectivo no puede ser domado desde una policiaca arrogancia individual, pero si desde la genialidad inclusiva de algunos excepcionales. Dadme una palanca y moveré al mundo, está bien Arquímedes, pero mira en donde la sustentas, no vaya a ser que destruyas tu punto de apoyo.  La ciencia no puede darse el lujo de pretenderse ciega ni un instante (como se dice de la Justicia), al contrario, debe emplear todos nuestros sentidos y habilitarnos tecnológicamente con algunos nuevos.

¿Qué construiremos? ¿Una globalidad antitribal o tribalismos cuasiglobales? ¿Qué construiremos? ¿Civilidad, proyectando esperanzas, o mitos, refundando pasado? Actualmente, sin batuta ni brújula, lo que torpemente intentan algunos es rehacer nuestros  viejos  tribalismos de empalizada y aldehuela, ampliado a nivel planetario, con pequeños grandes muros, reales y virtuales. La mentalidad feudal no ha sido superada, aun queremos delimitar el mundo en modo feudal. Eso es un serio error de escala y de tiempo. Es atavismo y reduccionismo atroz. Porque el todo es mucho más que la suma de las partes7.  Debemos aplicar los principios dialécticos de Hegel, uno de los cuales afirma que cambios cuantitativos determinan cualitativos y viceversa. No se trata de pretender ahora funcionar en países-continentes, como alguna vez pretendimos actuar dentro de la tribu, en la ciudad estado, en los reinos, imperios o países. Ahora, luego de la explosión demográfica, somos mucho más grandes masas de seres humanos habitantes de extensos territorios con leyes unificadas y cierto sentido de pertenencia. Esas entidades, no pueden cultivar en su interior los mismos comportamientos que en su origen impulsaron nuestro ordenamiento en manadas, entre otras cosas, territorialistas, caníbales, autoritarias y jerárquicas.  Ese biologicismo retenido en la globalidad sería fórmula para que inmensas masas de seres humanos choquen entre sí, pierdan su energía en fricción ineficiente, y se destruyan en guerras infernales. Tiene que haber una refundación, una metamorfosis y dejar dentro y atrás la bestia que fuimos. Nacería una nueva mariposa, otro Ser Humano, que descansaría no tanto en lo biológico de nuestra hechura sino en un humanismo cultivado, tendiente a lo divino.

 

Fin

Podrá pensar el lector que este artículo ha derivado hacia la fe, no hacia lo científico. Pero no, la ciencia puramente experimental y académica no alcanza. Hace falta sublimación, creencia además de ciencia. Popularización, además de creación. Cuando aún vemos algunos guerreros danzarines alrededor del tótem, pero portando portafolios con botones rojos en lugar de hachas, creemos que hay que proceder a una refundación humana, aceitando el chirriante mecanismo ingenieril de la civilización. Si no cambiamos, quedaríamos en haber sido un malgasto, un suspiro de las estrellas.

Los principales factores para el cambio son la tecnología y la pedagogía. La primera per se no es mala ni buena. Todo depende del jinete. La tecnología se ha convertido en el factor más dinamizador del mundo, entendido éste, El Mundo, como lo que nosotros los humanos comprendemos y hemos hecho del planeta Tierra. Hemos avanzado en comprenderlo, tantos seres humanos pensando y recorriendo los caminos…pero el mundo no se comprende desde la lengua materna, ni desde el terruño, ni desde los acomodos en la patria, ni bajo la acotación  de cerebros de monos que se transmiten parte de sus comportamientos e informaciones. El mundo se entiende cuando la Pedagogía apunta en la dirección apropiada de educación, y el individuo encuentra a edad temprana un maestro que abra ventanas, no asalariados escribas que cierren puertas. El mundo se comprende cuando los maestros nos evitan la descarnada prueba y error, los grandes tropezones. Luego del bondadoso ahorro de energías del maestro talentoso, el individuo está preparado para ser más de lo que iba a ser, ser open mind. El alumno talentoso queda habilitado para ser genio, todos llegar a adoptar ágilmente distintos ángulos de observación para gatear en el bilingüismo, balbucear en el multilingüismo, viajar profusamente, tener con internet a un click la consciencia de lo holístico y cósmico, rotos los anclajes del acomodo a la aldehuela, impidiendo al pensamiento embotellarse tras una valla, un muro, una frontera, un país, una especialización.  Debemos salir con éxito de aquel periodo escolástico, en que nadie te perdonaba nada, a no ser que tuvieras la suerte de tener un genial padre o maestro que te hacia mirar por sobre tu abrumadora miopía de párvulo.

El mundo se comprende cargando cada uno su cruz, pero transitando por el sendero de la multiculturalidad, el multilingüismo y con nuestras extendidas capacidades cerebrales en diversos aditamentos para acumular, procesar y enviar conocimiento, que no solo información.