La ira de la noche

Adán Echevarría (Mérida, Yucatán, 1975). Poeta y narrador. Estudió la licenciatura en Biología y la maestría en Ciencias en Producción Animal en la uady. Es integrante del Centro Yucateco de Escritores, ac y forma parte del consejo editorial de la revista Navegaciones Zur. Ha coordinado y participado en diversos talleres de creación literaria. Colaborador de revistas y suplementos culturales como Abisal (Instituto Quintanarroense de Cultura), Acequias (Universidad Iberoamericana de Torreón), Alforja, Archipiélago, Arena (Excélsior), Blanco Móvil, Cultura Veracruz, El Ángel (Reforma), Eje Central, El Universo del Búho, La Colmena, Fandango, Luna Zeta (Oaxaca), Molino de Letras (Texcoco), Opción, Plan de los Pájaros (Oaxaca), Puntos Suspensivos (Zacatecas), Registro, Salamandra (Universidad Autónoma de Chapingo), sic-Los otros errores, Tabique (Cuernavaca), Textofilia, Tierra Adentro; y las revistas digitales El Otro Mensual (eom), Ficticia, Letralia, Prometeo Digital y Proyecto Sherezade. Becario del foecay en la categoría Jóvenes Creadores 2003. Becario del pacmyc 2004 para la publicación de Xenan-kó. Becario del Programa Alas y Raíces a los Niños Yucatecos 2005 por su proyecto Emilio y sus otras historias, narrativa escrita por niños. Becario del fonca, Jóvenes creadores, en novela, por Generación de Arena. Primer Lugar del Certamen de Poesía Joven Jorge Lara 2002. Segundo lugar en el Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos y Mención Honorífica en el Premio Nacional de Cuento José Amaro Gamboa, ambos convocados por la uady 2004. Mención Honorífica en el Premio Estatal de Poesía José Díaz Bolio 2004. Mención Honorífica en el Premio Nacional de Cuento Carmen Báez 2005. X Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2008. Parte de su obra se encuentra en las antologías Litoral del relámpago: imágenes y ficciones, Ediciones Zur, 2003; Venturas, nubes y estridencias, icy/injuvy, 2003; Los mejores poemas mexicanos. Edición 2005, Fundación para las Letras Mexicanas/Joaquín Mortiz, 2005 y La Otredad, icy. foecay. cripil. caiyac. Mérida, 2006


i.

Ahí están las calles abiertas de árbol en árbol reducidas a hileras que transitan y atraviesan la rota ciudad con su brillito de espectaculares que no dejan tiempo para la reminiscencia

Cerquita del suelo las grietas continuas de tantos caminares
pasos que surcan la historia de asfaltos y jardines hechos caos

                           Mariposas de luz cruzan avenidas con el aullido próximo en cada parpadeo de la velocidad en esa laxitud que asoma   cuadro por cuadro   los ojos victoriosos sobre las carnes que deambulan

Son las dueñas de la noche presurosas en su multicolora vestimenta

Ocultan las preocupaciones de hijos que apenas duermen en su cuarto después de cenar

cálidos en el abrazo tras el beso de las buenas noches y la despedida

Ellas salen escapan se atreven con el disfraz bien puesto del valemadrismo

para evitar sentirse víctimas de nadie y guardarse la moral en algún bolsillo trasero

en algún elástico de las medias

mientras los trapezoides pasan y regresan por las avenidas

con sus silbatos y bigotes y sus pitidos cardenales

Ellas   nuestras ellas de tacones     fingen enamorarse del vacío

permanecen sonrientes junto a la humareda de la mentada de madre que les arrojan

con los silbidos atronadores que las hieren

cual si fueran navajitas íntimas del viento que la noche precipita sobre sus escotes:

                                      ¡Ahora me ves! ¡Ahora no me ves, cariño!

¡Ahora estoy desnuda para ti   y no te avientas!

¡Travesura cárnica de la desesperanza, déjame beber de ti toda la noche!

¡Déjame perderme en la impudicia de tus manos calamares!

¡A mí no me digas perra india fea!

                                                             ¡Qué te has creído!


ii.

calles abajo calles arriba encrucijadas de luz y sombra por cada árbol testigo

ellas abundan en calles deshabitadas calles como mordidas que no las terminan de masticar

las bocas de sal en que se levantan levitan y languidecen bajo el marco

de las cortinas metálicas que no se aquietan en la duermevela y la nostalgia

al avanzar la noche ellas caminan hacia los bares en busca de frescura

de alguna voz amiga entre pellizcos luces sudores que saltan de piel a piel:

¡Vamos, Albertito, sírveme otra copa, que sabes que te pago

al final de la semana!

Al caer la oscuridad   vacías quedan las oficinas los comercios las escuelas los templos donde hombres ocupados todo el día en largar el entrecejo se palpan la bragueta dispuestos a la cacería

mientras en las habitaciones pulcras duermen los intelectuales desvelados

y los que padecen alguna enfermedad incluida la falta de ambición sueñan

sin ganas de sorprenderse por la milagrería cotidiana y el desespero

en hastíos cotidianos orinan de aburrimiento en el para qué de la existencia

esperando que la noche se haga alta para salir de su encierro

afuera pastan ya los perros por los jardines

los policías lo atraviesan todo hasta el miedo en los espectaculares

conocen bien el parpadeo de faldas y los tacones que se apuran

en la esquina    en toda esquina    hacia la esquina donde pocos deciden detenerse

calles habitadas por medias levantadas blusas cortas

el maquillaje presumiendo la sonrisa: 

—¡Hey   diabla!

—¡Lárgate que esta calle está ocupada y estos son mis dientes

mis garras y mi brillantina!

Hoy no hay más posibilidades que la redada para qué    Un pequeño rincón

la bragueta abierta y el policía se aleja tranquilo y relajado  

Me ha cogido en medio de la niebla En el pavimento se trazan las distancias tacón

contra tacón las pantimedias en las manos como semilla

y la ceniza de todo cigarrillo entintando cuellos:

—¡Hola papi! ¿Quieres divertirte?

Alumbran las minifaldas los escotes husmean la carne

olisquean el peligro de cada diente que se atreve apenas

calles arriba escaleras y colchones oxidados

Los ires y venires de aquellos que siempre cortan con su intención los horarios

—¡Para qué apurarnos!   ¡Déjame explorar tu cabellera!

y en los parques de cemento sonríen los desempleados

que esperan recoger migajas que los ancianos avientan a las palomas

se acurrucan cubiertos ya bajo cartones 

entregados al sueño al hambre y a la nicotina

ignorando el traficar de pieles y olores y líquidos que minan el ambiente

fragancias arropadoras

y voces desdibujadas gimiendo nubarrones:

—¡Dejen ya dormir, vayan a morirse hacia otro lado!


iii.

(años atrás todo parecía distinto)

hay que escapar

se dice la novia en el espejo

hay que escapar

acelera el ladrón de joyerías

hay que escapar

dice el hombre si el marido vuelve pronto a casa

hay que escapar de la ciudad

                                            pero nadie ha diseñado

la inescrupulosa ruta de escape

no, yo no te invitaré una cerveza

para arrancarnos la moral y alegrarnos y dejarnos llevar por los caminos de la carne

nos quedan tan sólo estos tres dardos:

¡Apunta bien!

que llega la mañana y su neblina

fantasmal

para abrazarnos

y ser la multitud de nuevo

no        yo mejor te invitaré un café

y me alegraré de escucharte latir todos los miedos

sacar los recuerdos a media luz

y disponer los dedos sobre cualquier pecho que decida levantarse

                                                           Hay que escapar de toda felicidad

que se presienta nueva y poco iluminada

por los radios y a todo volumen

escucha bien: se acabaron los taconeos   

ahora todas ellas fluyen alegres hacia los drenajes

y el sol arrecia con timidez

detrás de las cortinas


iv.

por las tardes el cansancio anida en la pajarera de los párpados

se hace ovillo en el corazón de los que se quieren

acitrona la sangre de los que se han bebido el desamparo

y poco les queda para entregar sin que les duela muy por dentro

las cantinas reverberan sus olores los preparan para darse valor

y en los parques de cemento los chiquillos aplauden

sus envalentonadas energías

mientras sus padres los observan

cabizbajos   sonrientes

llenos de esperanza en los arcoíris

en aquellas promesas de tesoros

al bajar la cuesta de colores imposibles

no hay indicios de las batallas cotidianas al caer la noche

en esos mismos parques

ellas esperan ansiosas y se esconden bajo los árboles

detrás de los juegos mecánicos para llenar de sudor la oscuridad

ahí se aprecia ahora el olor de la tinta verde que cambia de mano en mano

una sonrisa una nalgada como si fuéramos los grandes amigos que acaban de intercambiar amor:

—¡Sigue así y te veo la próxima quincena!

—¡Qué te aproveche, queridísimo!


v.

(ya no queremos fingir)

hemos trazado el mapa emocional de los ciudadanos

y ahora nos preocupan sus predicciones de desfiguros contactos o prolegómenos

para el silencio de la noche que se esparce por todas las colonias

la ciudad se alza en aletazos               y en el silencio del reloj

se consumen los días los años la historia el universo

hay que aprender del escarabajo que agita sus élitros

para romper lo cotidiano predilecto

y los ciudadanos no se apartarán ante toda sangre

pues buscan la diversión de su epopeya

los vagamundos incendiarios

reverberan valientes la ganancia por la muerte y la depravación

la voluntad en el destruir al otro y sin embargo

quedan los fantasmas sumidos en el templo

en el cerebro

en la emotividad de aquellos que Oh dios

arrastramos las luces mercuriales por el rostro

Oh dioses de la memoria colectiva

hay que ver cómo seguimos frenéticos cada silencio que nos perturba

para indagar nuestros instintos y consumirlos con todo atrevimiento:

                       ¡Un día eres así y al otro día… bueno…!

y el contacto social que medirá el descuido de todos aquellos amores terrosos

que dejan correr sus lágrimas por el subsuelo

con la mirada hostil que al despuntar el día corre su brillo sobre el asfalto

golpeando las paredes

y te descubre plena en la consunción de amantes

de enamorados fantásticos o fantasiosos hechos en el polvo

ese verdadero dios que un día presentimos

sería nuestra ¡Libertad!


vi.

oscuridad oscuridad

no me dejes así desnuda en esta cama

que no recuerdo cómo volver a casa

oscuridad oscuridad

es el sueño o es que has llegado tan dentro de mí

 que la vida es una pompa de jabón ineludible

oscuridad oscuridad

fíjate bien cómo se hace

porque en este bravío barrio no hay que andarse por las ramas

oscuridad oscuridad

ya duérmase mi niño que mañana hay escuela

oscuridad oscuridad

te pedí que compraras los condones y ahora me has borrado la sonrisa

con todos tus te amos y esperanzas

oscuridad

venenosa oscuridad que subes a las copas de los árboles

te arrastras bajo los postes de la luz mercurial esperando acechante el asalto

y te cuelgas de la falda de esas niñas que apenas escapan a los deberes de la nocturna

oscuridad querida

no te quedes viendo los cadáveres rebosantes de sonrisas

ni el asesinado sueño de las vendedoras de flores

porque el romanticismo ya se ha marchado del pueblo

y sólo nos ha dejado

el devenir de las discotecas y el teibol dans

ay mis niños pequeñitos

que se arrastran bajo las tetas de aquellas mujeres tan espirituosas

ay mis niñas y sus orgasmos primigenios

aquella felicidad las hizo tropezar temprano

la insidiosa felicidad y la oscura magia

que siempre sube como espuma de cerveza

para todas las traiciones nos quedan los canales del cable y sus telenovelas

los gritos los telefonazos y el continuo transportarse por la virtualidad

hasta los confines del vacío en los abismos del tedio:

—¡Hey Rosaura! ¡Qué pregunta por ti el señor diputado!

—¡Dile que hoy no tengo ganas!

—¡Váyase a trabajar, desobligada! ¡Cómo supones que se pagará la renta!

En la calle abierta de par en par solo quedan Ellas

con sus tacones y sus pantimedias destrozadas

y a través de sus mascarillas de amor

                                            van alegres por las avenidas

                                                                sin detenerse ante cualquier oscuridad


vii.

—Para un final feliz ya no me bastas viejo

—¡Maldita seas bruja araña pedazo de carne inabarcable! ¡Es todo lo que tengo

apiádate de mí querida arpía

(la noche ha estado quieta y silenciosa)

— ¡Malvada escoria vómito del diablo perra de los campos enfermos

equizoide dolor de muelas! ¿Y este collar quién te lo ha dado?;

¿el ave de mal agüero de mi corazón?

—Te lo juro por la madre de todos mis cuervos

por la madre noche que todo lo penetra

por la madre de la noche que se me mete siempre

siempre hasta el huesito: ¡A ver papito enséñame otra vez la calavera!

(Y estas ganas de morder que me quedan en toda madrugada

me alejan de la calle   Soy la serpiente de tus amaneceres)

—¡Es todo lo que tengo! Ésto y cada uno de los moretones que perviven

¡míralos míralos!

—¡En la cara no! ¡En la caranocarajo! Por favor acércame esas pastillas

para mi corazón que está dejando de latir por ti


viii.

hoy no voy a morir     ya será otro día

me quedan repletas las agendas para otro caminar de besos

me quedan las ganas de perderme un poco en la conciencia

me queda el diablo bien adentro para poder sorberte de a poco colibrí de hielo

de a poco violeta ahogada tarde a tarde

                                                                  y el día que me digas que sí

que tus fotos amplíen mi admiración por tu carne

ese día   mi pequeña dinosauria

ese día sabremos bien cómo llamarle al amor:

callejón catre hotel de mala muerte

alegría piscinazo:

—¡Camila, súbete a la barra!

¡baja pero bien abajo y no te sueltes!

hay un poder especial en lograr seguir sonriendo

pero no te levantes que la noche se ha hecho larga

y ya no tengo ganas de volver a casa


ix.

no te puedes morir de soledad si la soledad se ha ido devaluando

no te puedes esconder encimada en la realidad si ya no quedan dragones

recorriéndote la espalda

para qué reconocer tu infancia        ya no tiene caso

tu carne es apenas la desesperanza para cada cuello en que te has volcado

no te pierdas no te rindas no te alejes de los colmados hostales

no te puedes morir de noche nos causarás mala fama

y nadie volverá a estas calles ni se detendrá en nuestro reservado

tienes que saber resucitar

con esa milagrería nuestra de cada noche

de cada hora que termina bajo la violencia de cada cliente

no te vayas            quédate un rato más

hasta que la luna nos disloque la rutina


x.

tienes fiebre cariño

y no encuentro la cartilla del seguro

estoy desempleado

tengo fiebre cariño

y no encuentro los condones

¿vas a pasar por mí?

estoy desempleado

tengo espinas en la frente

calderos en las piernas

ardor en la garganta

cortadas venas de la sobredosis

ya no nos importa movernos poco

quedarnos como tablas

esperando que la violación termine

¿en dónde has estado?

¿por qué te tardas?

¿acaso te has enamorado de otra?

nadie se agita por un pedazo de carne

apenas sustituto de la masturbación

¡ya cállate!

cállate que me duele la cabeza

y los párpados y me duelen las alas

y también los sueños

y este cadáver se va enfriando

¡al menos ya puedo quedarme quietecita

de una vez por todas!


xi.

amor

sé que esta noche debes quedarte con tus hijos

pero quiero que sepas

que estoy acá

esperando por tus besos

¿quién llama?

la providencia

¡bendita sea!

¡deja que suenen las campanas!

¡córrele chava

que de la policía es difícil escapar

son la plaga!

quédate a dormir

él no vendrá esta noche

he preparado un poco de café para poder mirarnos con largueza

abarcándonos por toda grietadura

he preparado mi carne para recibirte

mis huecos todos mis espacios todos mis besos

están listos para ti

seré la habitación de tu silencio

quédate a dormir


xii.

hace dos días que mi hijo no aparece mamá

vinieron a buscarlo unos amigos en una camioneta

hace dos días que no veo a mis hermanos

desde la muerte del padre y la repartición de las herencias

hace tres días oficial tres días que no aparece mi hija

no no no en la escuela nadie le conoció algún enamorado

podrá parecer poco   pero hace tres noches

que se queda a dormir

estoy pensando en comprarle un cepillo de dientes

y dejarlo anochecer

sin nudos

sin gritos sin espacios vulnerables

solos dentro del agua nocturna

nos miramos

reflejo

de

l

u

n

a

¡regrésame con los míos por favor!

                 ¡déjame volver con mis padres!

                                            ¡tengo que escapar!


xiii.

ahí están las calles abiertas de árbol en árbol

la expandida noche sigue intacta

para refugiarnos y escondernos de nuestro corazón

corazón

no me digas de voluntades incipientes si bien que decidiste

que el humo sea todo y el cuerpo se te ennieble

y es ahí donde se han quedado los desparecidos cotidianos

esos cadáveres que brincamos con la bicicleta

ya ni su olor termina por enloquecernos

el día es para los que no saben divertirse

lo sabes

para los que tenemos agria el alma queda la noche

y la madrugada líquida de besos

cuando madure dejaré de ser nocturno

para la noche la piel y el sudor

para la noche el grito y el adiós

oscuridad oscuridad

no te me quedes dormida que hay mucho tiempo por delante

y es que en la ira de la noche nadie tiene salvación

¡Vamos levántate!

Es hora de volver a casa

¿quieres desayunar?