A modo de presentación hacemos siempre una pregunta que obligue al artista a explicar a los lectores de OtroLunes que no te conozcan ¿quién es Carmen Herrera Nolorve? Pero la respuesta debe dirigirse a dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Carmen Herrera Nolorve, el ser humano y Carmen Herrera Nolorve, la artista, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.
Bien, Carmen Herrera Nolorve es mi nombre de soltera, y lo utilizo como artista porque éste es el que me dieron mis padres. Yo, como persona, vengo de una familia donde mi padre era de la costa norte del Perú y mi madre de la Amazonía. Soy la mayor de cuatro hermanos. Ahora madre de dos niñas.
Obviamente no soy yo la indicada para describirme, sobre todo porque como artista construyo diferentes identidades. Por supuesto, hago lo necesario para sentirme cómoda entre los seres que quiero y trasmitirles aquellos momentos que puedo considerar de alegría, honradez, soñar, la lealtad. Me gusta saber además que puedo ser considerada como alguien de confianza.
Me encanta estar con mi familia y amigos. Pero también adoro mi soledad porque es mi momento de creación y lo considero único. Y me gusta que lo respeten.
Yo, Carmen Herrera Nolorve, artista. Me encanta compartir con los otros, enseñar y aprender. Soy curiosa y testaruda cuando deseo plasmar algo que tengo en la cabeza. Nunca me doy por vencida sin antes haberlo intentado una o mil veces. Me gusta hablar claro y directo, aunque debo confesar que cuando estoy cansada, prefiero callar.
Como artista, me gusta el silencio para entrar en mis propios personajes. Para trabajar en la construcción de mis personajes leo mucho. Luego escucho música para encontrar un ritmo y luego vuelvo al silencio, las ideas y los bocetos.
Ser artista y persona a veces no es nada fácil. Solo hay que tratar de equilibrarlas. No sé ser artista sin antes ser persona.
Tanto como persona que como artista tengo muchas dudas. Y me cuestiono mucho en ambos planos, sobre todo en el plano plástico. Quiero intuir hacia donde voy y por qué. Pero una vez llegado el momento de crear trato de estar en armonía con mi trabajo.
Como persona mis cuestionamientos son diferentes, como por ejemplo si lo estoy haciendo bien como madre, esposa, hija, hermana, amiga. Pero, soy una persona como cualquiera, y solo intento hacerlo lo mejor posible.
Nacida en el Perú y, sin embargo, tu obra posee un hálito que sobrepasa claramente esa geografía y adquiere un tono, llamémoslo, más “universal humano”. ¿En qué crees que han influido tus herencias nacionales, tus raíces, tu vida viajera, a la hora de dar ese salto, según yo lo veo, para romperá ese provincianismo pictórico que abunda en buena parte de las artes plásticas latinoamericanas?
Casi siempre cuando trabajo pienso primero en mis raíces, y luego en mis dudas, y luego en mis preguntas. Pero sobre todo pienso que en mi interior existe un todo y es esto lo que me ha ayudado mucho para dar ese salto cualitativo que se anhelaba.
También es cierto que cuando uno viaja aprende a ver otros lugares, tonos, personas y esto te ayuda a romper con colores con los cuales estabas acostumbrado. Te ayuda a perder el miedo y te impulsa a intentar hacer nuevas cosas. Creo que es esta libertad que te permite utilizar nuevas gamas y composiciones.
Voy a mencionar algunos lugares y personas que, lo sé, han marcado a la artista que eres, y quiero que me digas qué alimentos recibiste de ellos, en tu formación artística y humana.
La Pontificia Universidad Católica del Perú:
En esta universidad recibí mi formación como pintora. Y mi descubrimiento a las diversas técnicas como la escultura, el grabado, el dibujo, anatomía.
Las personas más importantes en esta época han sido los profesores: Raúl Cuba, Adriana Chang, Natalia Iguiñiz, Enrique de la Cruz, Lucía Slater, César Campos, Jaime Romero, entre otros. Ellos me ayudaron mucho a comprender cómo podía solucionar algunos problemas técnicos. Ellos me explicaban con mucha pasión sus cursos. Pero sobre todo, estuvieron allí cuando los necesitabamos.
La Universidad Michel de Montaigne:
Aquí fue muy duro al principio ya que no hablaba bien la lengua. Me costó mucho poder comprender los cursos de anfiteatro, principalmente los de arte contemporáneo. Sin embargo, encontré a varios profesores y estudiantes (ahora amigos) con los cuales pude tener muchos intercambios.
Daniel Beugnot y Williams Gomez, profesores de grabado, quienes además de tener mucha confianza en mi trabajo, me incentivaron en la búsqueda de nuevas combinaciones de técnicas y experimentaciones con la monotipia. Ellos me enseñaron algunas técnicas que yo no conocía y que posteriormente me sirvieron para mis obras. Un verdadero laboratorio tanto en técnica como en tema.
Al mismo tiempo, encontré a una profesora de video y artista iraní llamada Nadine Sadeg, quien me hizo muchos comentarios sobre mi trabajo plástico y me dijo algo que hasta hoy tengo presente. Ella me dijo: ¿Hasta dónde quieres ir? Si es a la esquina de la calle, podemos hacerlo con la mano izquierda, pero si queremos hacer un trabajo como un verdadero artista, tienes que hacerlo con ambas manos, la cabeza y el corazón.
También me aconsejó probar nuevos soportes como el video, la performance, las instalaciones. Consejo que seguí y me ayudó mucho a conocer estas técnicas y a desarrollarlas.
Hélène Sorbe, profesora de Artes gráficas, quien me enseñó a manejar mejor las acuarelas. Y aprender que un motivo puede dar forma a múltiples motivos y nuevas creaciones.
Elizabeth Magne profesora de Artes plásticas. Ella es una persona muy cálida y positiva. Siempre nos daba ánimos. Hasta hoy cuando la voy a visitar. Siempre tiene confianza en nuestros trabajos.
Puedo decir que esta Universidad me ha dado un conocimiento en arte moderno y contemporáneo que no lo había desarrollado anteriormente. Es aquí que he aprendido a tener un soporte teórico para mi trabajo plástico.
La Escuela de Bellas Artes de Burdeos:
Esta Escuela fue una de las primeras a la que fui cuando llegué a Burdeos. Pensé que tendría la misma curricula que la Pontificia Universidad Católica del Perú, pero estaba muy equivocada. Era mucho más experimental y conceptual. No fue fácil. Si bien me distancié de esta escuela, considero que me aportaron mucho.
El escritor Ricardo Sumalavia:
Cuando nos conocimos yo tenía 15 y él 16. Teníamos los mismos sueños. Nos gustaba la misma música. Nuestras madres son de Iquitos, en la amazonía en Perú. Mi padre del norte y su padre del sur. Nos encontramos en Lima, en el barrio de La Colonial. Ahora vivimos en Burdeos, Francia. Seguimos siendo soñadores. Solo las primeras canas nos han cambiado. Nos gusta andar tomados de las manos, incluso si a veces estemos disgustados.
Él es mi escritor y yo su grabadora.
La revista de Artes y Letras NUDOS:
Es un proyecto que comenzó un verano tomando un helado con Ricardo en el café del cine Utopía, aquí en Burdeos. Vimos que en la actualidad no había en la región una revista bilingüe donde se promoviera artistas y escritores latinoamericanos contemporáneos. Así que decidimos crear esta revista para dar a conocer a los artistas de Latinoamérica en esta ciudad y viceversa. El título fue en homenaje al artista y escritor Jorge Eduardo Eielson. Tuvo 2 números impresos en papel y fue difundido de manera gratuita en lugares públicos aquí y en los alrededores, pero, que por causa económicas tuvimos que parar hasta poder encontrar nuevos financiamientos. Este proyecto, por el momento, se encuentra en stand by hasta que logremos el patrocinio de algunas entidades. Sino tendremos que hacerlo digital. Y, claro, que lo continuaremos de alguna manera.
Lo que más llama la atención de buena parte de tu obra es que detrás de cada rostro atrapado se otea un universo interior a descifrar, como si te interesara difuminar la esencia visible para hundirte en el alma y los conflictos existenciales de tus personajes. La pregunta entonces que se me ocurre es: ¿qué busca Carmen Herrera Nolorve cuando decide iniciar una obra?
Creo que una de las razones para no mostrar rasgos definidos en los rostros de mis personajes es porque considero que las personas mismas no tienen una única gama de representaciones. Yo me refiero esa variabilidad del rostro en pocos segundos, donde hay gestos impostados y otros naturales. A veces es como si llevaran una multiplicidad de máscaras superpuestas. Esto me lleva a pensar que quizás es porque la naturaleza del ser humano es tan vulnerable y frágil que los obliga a tener diferentes representaciones de sí mismos. Por otro lado, realizar retratos a partir de fotos me parece una forma poco estimulante.
Es por esta razón que he decidido hacer retratos sin rostros habitados y reconstruidos por cada uno de los espectadores.
En mi proceso de búsqueda descubrí que la superposición de transparencias me ofrecía una mejor manera para la sugerencia de los rostros.
En una primera etapa, la de las acuarelas, vi que me gustaban mucho más los rostros sin detalles marcados y sin rastros definidos. Las imágenes se ampliaban y se difuminaban, partiendo de un rostro en concreto. Me atraía esta ondulación en las líneas. Era como observar un retrato reflejado en aguas en movimiento. Fue entonces que mis personajes adquirieron un nuevo carácter y me dediqué a seguir explorando en estas formas diluidas. Personajes con carácter pero al mismo tiempo con mucha sutileza que cuestionaran al espectador. ¿Que éste se pregunte qué pasa? Que los perturbe. Que provoque un diálogo o un rechazo entre mi trabajo y el público. Hago esto porque sé que nunca es fácil ver el rostro de los otros.
Si bien es cierto que mis personajes no tienen rostros definidos, esto no significa que no tengan una identidad propia. Estos retratos siguen al público con su presencia. Mis personajes cuestionan ¿por qué los grupos humanos tienen la necesidad de reconocerse en las imágenes que tienen frente a ellos? ¿Es que sólo tenemos que reconocernos en lo concreto, en lo evidente? Mi respuesta es no.
Algo personal que quiero que comentes con todo propósito: vivir junto a un escritor es como transitar eternamente por el camino de la literatura y, como sé que también eres una gran lectora, ¿existe alguna conexión, alguna retroalimentación entre la literatura y tu obra?
Cuando vives con un escritor tienes que conocer sus silencios, sus manías y sobre todo tener un gran respeto para su momento de creación. Si no despiertas al león.
Desde que conocí a Ricardo una de las cosas que teníamos en común era la lectura. Y esto me gustó mucho porque él me prestaba libros que yo no conocía y yo le daba los que yo tenía. Como lo continuamos haciendo. Él trae novelas, cuentos, ensayos y periódicos a casa. Yo catálogos o revistas de arte, o de filosofía, o viceversa y luego los leemos, conversamos y tratamos de ver lo positivo o negativo de cada lectura. Yo puedo explicarle la vida o la corriente a la cual pertenece determinado artista, y él complementa su búsqueda y luego comparte conmigo lo que ha encontrado.
Pero ahora se nos han unido nuestras hijas. El gusto es colectivo. Y el debate mucho más grande. A veces pasamos horas en la mesa tratando de hablar de un libro o un artista o de una película. Y qué es lo que nos estimula de este. Lo que nos gusta o no.
Yo creo que sí existe una retroalimentación mutua. No recuerdo si él o yo empezamos con el tema de la identidad y el mestizaje. No importa, porque cada uno lo resuelve de diferente manera. Además él siempre me da su opinión con respecto a mi trabajo plástico y yo le doy mi opinión como lectora y crítica.
Es él quien me estimula al momento de hablar o de contarnos una historia o de simplemente leer un libro suyo.
Tus maestros. Quiero que hablemos de esas influencias: pintores o movimientos, que alguna vez te fueron moldeando hasta llegar a crear ese estilo propio que hoy posees. Pero no quiero que solamente menciones nombres, quiero que pienses y me digas en qué sentido te enriquecieron, te afectaron, cambiaron tu perspectiva de cómo crear.
Cuando era pequeña entre los 10 u 11 años viajé a Pucallpa, mi tierra natal, por vacaciones escolares. Al bajar del autobús encontré la hoja de un calendario con el retrato de Vincent Van Gogh. A mi regreso a la escuela, por casualidad la profesora de artes plásticas nos habló de él. Posteriormente, ya en la Universidad, por decisión propia decidí leer su biografía y las cartas a Theo. Como tuve que hacer un trabajo de crítica de arte decidí realizarlo sobre él, me informé, y analizé sus 27 autoretratos. Todos de una riqueza plástica extraordinaria. Creo que este es mi punto de partida hacia el gusto por el retrato.
Un poco más grande a los 16 años, fui a una exposición en el Museo de Arte de Lima a ver las acuarelas de Pancho Fierro. Pintor costumbrista peruano del siglo XIX. Era la primera vez que las veía y me encantó. Sobre todo una donde se encontraban dos mujeres cubiertas por una mantilla, dejando a la vista únicamente sus ojos. Ellas eran llamadas “Las tapadas”. Pienso que ver estas acuarelas me marcó mucho.
Posteriormente, vi una gran retrospectiva de la artista Tilsa Tsuchiya, peruana de origen japonés. Viendo estas obras me dije que quería pintar como ella. Esas atmósferas, sus personajes me parecían tan impactantes, tan oníricos, tan perfectos que llegando a casa me puse a pintar y dibujar. Es una artista que admiro mucho y que creo que siempre contribuirá a inspirarme.
Fernando de Szyszlo, otro pintor peruano, fue quien contribuiría a mi gusto por las transparencias. Posee una paleta intensa y muy interesante, siempre me han impresionado sus abstractos tan humanizados.
La lista es larga con respecto a artistas peruanos.
Cuando llegué a Europa ver en directo las exposiciones de los grandes maestros como Picasso, Matisse, Klee, Gaugin, Rodin me impresionaron. Estaba tan emocionada de poder ver esas obras que había conocido solo por libros.
La exposición de los surrealistas en Bilbao me fascinó. Vi que esa corriente fue completa. El manifiesto, las obras de Dalí en vivo, de Marx Ernest, René Magritte. Las fotos de Man Ray. Todo para mí fue extraordinario. Llegué a casa con mucha energía y nuevas ideas que me ayudaron a preparar toda una serie de dibujos sobre cartones. Quizás fue allí que concebí mis matrices futuras.
Uno de los grupos que me ha provocado más preguntas en relación al arte ha sido “Los accionistas vieneses”. Por lo grotesco y violento de sus acciones. Mi primera impresión fue pensar hasta donde podemos tomar nuestro cuerpo como tema central de nuestra obra. ¿Es necesario agredirlo? ¿Es necesario mostrar estas manipulaciones? ¿Qué es el arte para ellos? ¿Solo un acto? Cuando conocí a este grupo en un curso, múltiples preguntas me vinieron a la cabeza. Algunas sin respuesta.
Otras artistas que me han inspirado han sido Kiki Smith y Marlene Dumas. Ellas me han dado la libertad del gesto vistas en sus obras y las nuevas ideas de presentación de sus trabajos.
Creo que todos estos artistas, luego de digerirlos, me han ayudado a crecer como artista.
¿Cómo ha sido desarrollar una carrera artística fuera de tu país, hasta el punto de que, como ya sabemos, tu obra es poco conocida dentro del Perú a pesar de la madurez artística que se te reconoce en el extranjero?
Pienso que es el caso de muchos artistas peruanos. Lo he visto con algunos que he conocido en Paris y en Barcelona. También está el interés de las personas por conocer e informarse sobre lo que hacen los otros. Y estando lejos de Perú, por lo general no te toman en cuentan para sus proyectos. Tengo que admitir que, como en otros países de Latinoamérica, el círculo artístico limeño es pequeño y que entrar en él es muy difícil.
Además, como no voy seguido a Perú, esto acentúa aún más todo lo anterior.
La pintura en Perú. ¿Cómo la caracterizarías? ¿Qué nombres te vienen a la mente cuando piensas en los creadores más destacados?
La pintura peruana es muy rica en matices, temas, altas gamas y propuestas.
Entre mis favoritos se encuentran Tilsa Tsuchiya, Fernando de Szyslo, Julia Navarrete, Jorge Eduardo Eielson, Gerardo Chávez, Venancio Shinki, Ramiro Llona, Enrique Polanco. Dentro de los más jóvenes se encuentran Luz Letts, Jaime Romero, Cristian Bendayán, Abel Bentún, Sandra Gamarra, Pedro Peschiera etc.
Finalmente, coincidimos en Sofía y vi que eres una artista incansable, siempre oteando la realidad y buscando nuevos rumbos para tu trabajo. ¿En qué nuevo proyectos andas ahora mismo?
En este mismo momento estoy preparando unos trabajos en grabado y técnica mixta para una exposición colectiva en Perú donde participo. Esto para mí es muy importante porque de alguna manera es mi regreso a mi país.
En paralela preparo nuevos grabados para una exposición bipersonal con una artista Libanesa para una galería aquí en Burdeos que será el mes de septiembre. Estos son dos proyectos concretos y muy cercanos. Tengo otros proyectos que por el momento no tengo muchas ganas de explicarlos porque no se encuentran concretizados, aún.
