Antonio Álvarez Gil es hoy uno de los novelistas cubanos más importantes. Y esa importancia, que conste, no viene del reconocimiento que debiera haber recibido en su país natal, como podría decirse de otro notable novelista residente en la isla: Leonardo Padura. Álvarez Gil es una prueba más de esa máxima cristiana que asegura que nadie es profeta en su tierra. Pero también, como diríamos en Cuba, ni falta que le hace. La importancia de su novelística radica en la calidad de sus novelas, en la diversidad de sus propuestas, en la configuración de un estilo que mezcla una poderosa seducción y un exquisito despliegue de todas esas armas que poseen los grandes escritores.
Luego de un fugaz ascenso en las letras cubanas, algo tardío porque se coló en el ruedo literario nacional con 36 años, (recuérdese su premio David por el libro de cuentos Una muchacha en el andén, y sus otros libros Unos y otros y Del tiempo y las cosas, o su novela Las largas horas de la noche, finalista del Premio Casa de las América 1993), el destino lo llevó a la fría Europa (y a un país aún más frío, Suecia) desde donde desarrolló la que hasta hoy es la etapa más prolífica de su vida como escritor, siempre sintiéndose un lobo solitario y escribiendo con esa tozudez con la que escriben los iluminados. Nacieron así, por sólo citar las novelas, Naufragios, Delirio nórdico, Concierto para una violinista muerta, Después de Cuba, Perdido en Buenos Aires, Callejones de Arbat y Annika desnuda, que es la causa de esta entrevista. Y desde allí ganó varios de los más importantes premios literarios convocados en España, el más reciente, el Premio Internacional de Novela “Mario Vargas Llosa” 2009.
Desde finales del 2014 decidió buscar tierras más cálidas y se asentó en un hermoso pueblo del mediterraneo español: Guardamar del Segura, desde donde nos responde a este conversatorio que pretende acercar a nuestros lectores otra más de sus singulares aportaciones literarias: la novela Ánnika desnuda, que fue una de las finalistas del Premio Iberoamericano de Novela Verbum en su primera edición, este 2014.
Empecemos por algo general, sin contar la historia, si te pidieran una sinopsis de tu novela Annika desnuda para incentivar a los lectores, ¿qué dirías?
La novela cuenta la relación de pareja entre la hermosa Annika y un joven pintor cubano que lucha por salir adelante en el difícil mundo del arte en Estocolmo. Las diferencias culturales entre personas de origen tan diverso como un cubano y una sueca, los sueños de grandeza de Annika y la aparición de un presunto objeto de culto de origen inca arrebatado a Atahualpa por Francisco Pizarro son algunos de los elementos que signan la turbulenta relación entre los jóvenes protagonistas de la trama.
Una de las virtudes de varias de tus novelas es la naturalidad a la hora de abordar algo tan llevado y traído como el amor. Lo curioso es ese proceso, que suele repetir clichés en la realidad, en tu obra es distinto para cada caso, como puede ver quien lea el triángulo amoroso en Callejones de Arbat, o ese universo amoroso enrarecido de Concierto para una violinista muerta, e incluso esos devaneos amorosos del ajedrecista Capablanca en Perdido en Buenos Aires. Sensualidad, sexualidad y seducción son tres elementos indispensables en el cuerpo novelado de Annika desnuda. ¿Qué encuentra el narrador que eres en esos elementos para que se conviertan muchas veces en una de las arterias esenciales para alimentar tus historias?
En sus diversas formas y manifestaciones, el amor ha sido y es uno de los resortes que han movido al mundo a través de los tiempos. En el fondo de casi cualquier evento humano hay siempre una historia de amor. En ocasiones esta ha determinado el destino de millones de personas. Por amor se han iniciado guerras, se han cometido actos atroces o injusticias sin nombre. Si el escritor concentra la mirada en las reacciones que el amor —tanto físico como sentimental— provoca en la mayoría de las personas, verá que estos elementos que mencionas —sensualidad, sexualidad y seducción— pueden determinar por sí solos el éxito o el fracaso de un proyecto literario. Por último, en mi vida personal el amor constituye un elemento de vital importancia. Hago las cosas por amor, vivo por amor y escribo por amor.
Esta novela, sin serlo totalmente, es también una novela de enigma. Ese collar antiguo relacionado con el inca Atahualpa ofrece una de las tramas más arriesgadas de esta obra porque es el contrapeso a la historia de amor entre el personaje y la hermosa Annika. Háblame del proceso de construcción de tan interesante contrapunteo.
Siempre me ha interesado la Historia como ciencia del conocimiento; pero también como fuente de temas para la creación de mis ficciones. En este caso, decidí estudiar e incluir en la novela algunos aspectos de la civilización incaica que me parecen de sumo interés. Por otra parte, el hecho de que realmente existen muchos suecos que desarrollan tareas humanitarias de manera desinteresada en las regiones más desfavorecidas del mundo me proporcionó la idea de incluir entre los héroes a una persona que fue alumna mía en uno de mis cursos de español. De esta coyuntura histórico-social nace Margareta en su doble papel de madre de Annika y portadora de la prenda que en la trama funciona de detonante del conflicto final entre la pareja protagonista. Con esta idea y después de estudiar lo acontecido durante la conquista del Perú, decidí reconstruir esa página de la historia hispanoamericana y valerme de la mitología, la religión y las costumbres de los incas para recrear la relación que se estableció entre Francisco Pizarro y Atahualpa, e inventarme el objeto de culto que bauticé como “collar de las Cuatro Cuevas de la Montaña”. Esta curiosa prenda me sirvió de vínculo entre el protagonista peruano de la trama y la madre de Annika, su estancia en Quito y la invención de la trayectoria del collar (¿o su copia?) hasta la casa de Margareta en Estocolmo. Esta deriva, por cierto, me resultaba tan interesante que a veces me sentía tentado a profundizar en ella y darle más espacio en la novela. Finalmente, tras sopesar los pros y los contras, decidí que la historia que yo quería contar era la de la relación de Annika con el pintor cubano, y contuve los impulsos de irme por las ramas. Pienso que este recurso aparece en su justa medida y funciona para poner una gota de intriga en una urdimbre de amor, envidia, celos y otros sentimientos humanos que unen o separan a los protagonistas de la novela.
Nuevamente en tus novelas se vive el enfrentamiento de dos mundos realmente muy dispares: nuestra (llamémosla) “cubanidad” y “lo nórdico” (“lo europeo” no hispanohablante por extensión). Sabiendo que eres un narrador de tesis, que cada una de tus novelas pretende recrear tus mundos internos pero también mostrar tus tesis vitales, ¿a qué responde esa recurrencia a ese enfrentamiento cultural y qué pretendiste lograr específicamente en esta novela?
Más que de enfrentamiento, yo hablaría de encuentro de dos mundos realmente muy dispares, como bien dices. En mi opinión, los rasgos de la “cubanidad” son muy marcados, muy fuertes, podría afirmarse. Dondequiera que plantan sus reales, los cubanos notan el abismo cultural que los separa de la gente del lugar. Las diferencias van desde su modo de comer, vivir y expresar sus sentimientos, hasta la forma de relacionarse con las demás personas y, en general, de comportarse en sociedad. Esta hipercubanía resulta en ocasiones simpática; pero si no se sabe domeñar puede ser un obstáculo a la hora de integrarse en un colectivo mayor. Cada grupo humano tiene cualidades que lo hacen peculiar. Y las diferencias en el temperamento y la conducta social entre cubanos y suecos son amplias y notorias. Ya en Delirio nórdico yo había abordado este tema. Sin embargo, debo reconocer que entonces no poseía el conocimiento de la psicología sueca que poseo ahora. Los motivos de mi retorno al tema tienen que ver con esto, precisamente. Hoy puedo hablar de Suecia con propiedad, desde dentro, casi como un sueco “de verdad”. Actualmente sé de qué forma los suecos “étnicos” se proyectan en el extranjero y cómo lo hacen en su país. Conozco, además, el modo en que ciertas damas de determinadas clases sociales miran hacia algunos jóvenes provenientes de países pobres, como, por ejemplo, el protagonista de esta historia. Sé también algo del mundo de los inmigrantes en Suecia, de sus problemas y sus guetos, y de cómo son (o no) acogidos por la sociedad de este país. Otra relación que me interesaba mostrar en la novela es la existente entre el personaje peruano y su esposa sueca. Y, finalmente, intento desmontar algo del tópico de la leyenda negra de España, cuya actuación de hace cinco siglos es juzgada siempre con los patrones de la moral contemporánea. Esas son, ya que me lo preguntas, algunas de mis “tesis” en esta novela.
He dicho en varias ocasiones que eres uno de los mejores creadores de personajes en las actuales letras cubanas. Por poner un ejemplo, a pesar de que es uno de mis personajes favoritos pues juego ajedrez desde muchacho, conocí de verdad a Capablanca leyendo tu novela Perdido en Buenos Aires. En este caso, sé bien que no eres pintor y sin embargo el pintor de esta novela, Carlos, es absolutamente verosímil. Háblame de cómo te preparaste para dar vida a este personaje.
Aprovecho para agradecerte una vez más por el modo en que hablas de Perdido en Buenos Aires. Con respecto a Annika desnuda, puedo decirte que el hecho de escoger a un pintor para desempeñar el papel protagónico de la novela fue uno de esos retos que a veces me propongo cuando asumo una idea para hacer girar la acción en torno a ella. Como bien dices, ni soy pintor ni he practicado jamás la crítica del arte pictórico. Ya lo hice con la música en Concierto para una violinista muerta, e incluso con José Martí en Las largas horas de la noche. Elijo un tema y me sumerjo en él. Lo estudio a fondo, como si de una tesis de grado se tratara. En esta ocasión mi hija me envió desde España varios libros sobre la pintura, sus técnicas y su historia a través de los siglos. Por mi parte, busqué información, leí o vi en vídeo todo lo que pude. Seguí incluso algunos cursos cortos sobre la práctica de esta materia. Por último, tuve la suerte de contar con la ayuda de una amiga que es pintora y profesora universitaria en Madrid. Ella tuvo la generosidad de leerse el texto y proponerme las correcciones pertinentes. Sin su ayuda, la novela tal vez habría adolecido de fallos o errores de carácter técnico. Por cierto, una colega mía que leyó posteriormente el libro me preguntó si yo había tenido algo que ver con la pintura, como crítico o como creador. Mi respuesta fue la misma que te he dado aquí.
Otra de las virtudes que siempre he señalado en tu obra es la precisión con la que en tus novelas se muestra la psicología femenina. Y en este caso, los personajes de Annika y de su madre son tan naturales que logran una visualidad asombrosa. ¿Cómo un narrador “macho” (y aquí apelo a todas las connotaciones de esa palabra) puede meterse bajo la piel de mujeres tan distintas y complejas como estas y, más importante, cómo logra hacerlas creíbles?
Desde los primeros cuentos que escribí, allá en Nuevitas, supe que el camino para dibujar personajes creíbles pasaba por entrar en la conciencia de mis héroes y contar cómo se ve el mundo desde allí. Creo que soy capaz de ponerme en su lugar y sentir lo que ellos sienten, sean quienes sean. Es algo parecido a lo que hace un actor que se prepara para desempeñar un papel en el teatro. Y con los personajes femeninos me sucede lo mismo. Me olvido del género y me apodero de su mente. Con respecto al hecho de que son dos suecas, creo que la respuesta está en los cientos de mujeres suecas que estudiaron español conmigo, y en la atención con que he observado siempre su manera de enfrentar la vida. En general, tengo buena vista para ver y apreciar lo que ocurre a mi alrededor, tanto si se trata de los hechos en sí como de los hombres o mujeres que los protagonizan. De todos modos, los dos personajes a que te refieres están inspirados en personas de carne y hueso. Tal vez por eso parecen más reales. Quién sabe.
Annika desnuda estuvo discutiendo el Premio Iberoamericano Verbum de Novela. Tú eres un autor que, aunque algunos parecen olvidarlo, ha ganado varios de los premios literarios más respetados, bien remunerados y, además, con prestigio de ser premios limpios, acá en España. Este premio, sin embargo, tiene una dotación económica muy modesta. Descartado así el aspecto económico, ¿qué te impulsó a enviar la novela a concurso?
Sí, como dices, he ganado varios premios en España, algunos de ellos de cierta entidad y con una dotación económica interesante. Sin embargo, por un motivo o por otro, estas novelas no han sido suficientemente divulgadas entre mis compatriotas. En la Isla no se conocen por causas casi lógicas; pero en el exilio tampoco se han leído demasiado. Al menos eso creo. A veces he llegado a preguntarme si el hecho de haber sido premiadas y publicadas por editoriales españolas les ha impedido a los cubanos conocerlas mejor. Por eso aposté esta vez por el Premio Iberoamericano Verbum de Novela. Verbum es una editorial de importancia entre nuestra gente, y pienso que tal vez el recorrido de Annika… en este sentido podría ser más amplio que el de algunas de mis novelas anteriores. Quizás con ella tenga suerte y un mayor número de compatriotas pueda leerla y apreciarla.
Es una pregunta que se impone. Sabemos que la editorial Verbum es una casa editora con un prestigio muy bien asentado pero me gustaría que te refirieras a cómo ha sido esa relación autor-editorial en el proceso de edición de Annika desnuda.
La relación con los editores de Annika desnuda ha sido sencillamente inmejorable. Desde el principio ellos trabajaron con eficacia y rigor técnico, con mucho profesionalismo; en resumen, con el deseo evidente de realizar una buena edición de la novela. Por otra parte, tanto Luis Rafael como Pío y el resto del equipo han estado siempre muy atentos a mis llamadas, se han comunicado rápidamente conmigo cuando ha sido necesario y, en general, han mostrado un gran interés en que el libro saliera en el tiempo y la forma previstos. Aprovecho la oportunidad que me brindas para agradecerles, de corazón, por todo lo que han hecho por mi novela y por mí.

Sentado entre los escritores Consuelo Triviño (Colombia) y Luis Rafael Hernández (Cuba), Director editorial de Verbum, durante la presentación de la novela en Madrid, el 24 de febrero de 2015.
Finalmente, conociéndote como te conozco, sé que siempre estás escribiendo. ¿Te animas a comentarnos algo sobre lo que escribes en estos momentos?
Acabo, justamente, de terminar una nueva novela. Se titula Las señoras de Miramar y otras cubanas de buen ver y se desarrolla en la Cuba de nuestros días. Como sucede casi siempre en estos casos, aún le estoy practicando algún retoque. En líneas generales, está lista para salir a la pelea. Pero como el escritor que soy no puede dejar de trabajar, ya he empezado a acopiar y ordenar apuntes para el siguiente proyecto. Si todo marcha bien, pronto empezaré a escribir la trama, que está inspirada en algunas personas de mi familia. La acción deberá arrancar en los inicios del siglo XX y llegará hasta estos tiempos. Por supuesto, si la salud, la inspiración y la paciencia me siguen acompañando como hasta ahora.
Más información sobre su vida y obra aquí: Antonio Álvarez Gil, escritor cubano.





