Por obra del instante. Entrevistas.
Juan Ramón Jiménez
Edición y prólogo de Soledad González Ródenas
Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2014
La indiscutible calidad de la obra de Juan Ramón Jiménez contrasta con la controversia que ha generado su vida. Muchos de los estudios que se le han dedicado, a menudo han servido, más que para analizar su obra, para alimentar la polémica sobre su peculiar personalidad.
Afortunadamente, cada vez son más los investigadores que se esfuerzan en ofrecer una imagen cabal del poeta, intentando contrarrestar excesos cometidos por otros críticos tanto en forma de alabanza como de vituperio. Es el caso de la obra que nos ocupa. Su editora y prologuista, profesora y especialista en la obra juanramoniana (de la que ha realizado varias antologías y ediciones críticas), ha reunido en este volumen un total de ochenta y ocho testimonios del poeta (desiguales en extensión, en propósitos y en contenido), nacidos de otros tantos reportajes, crónicas, entrevistas y cuestionarios realizados por diversos periodistas y escritores entre 1901 y 1958, tanto mientras residió en España como en sus años de estancia en diversos países de América, muchos archivados por Juan Ramón y su esposa en carpetas guardadas en la “Sala Zenobia – Juan Ramón Jiménez” de la Universidad de Río Piedras (San Juan de Puerto Rico). Integra además dos anexos: el primero recoge cinco borradores de entrevistas que no llegaron a publicarse; el segundo, cuatro textos en los que la protagonista es Zenobia Camprubí, figura indispensable para entender a Juan Ramón.
Esta obra reúne declaraciones que, aunque aparecidas en su mayoría en periódicos o revistas o publicaciones posteriores, son a menudo difícilmente localizables. Incluye, además, puntualizaciones y aclaraciones del mismo Juan Ramón cuando pensaba que no se había reproducido con total fidelidad lo que él había querido transmitir. Por otra parte, la ordenación de los textos se ha llevado a cabo respetando la cronología vital del autor, lo que permite seguir los avatares de su azarosa trayectoria, comprobar la evolución de sus ideas (sobre aspectos tan diversos como la sociedad, la política, la literatura…), constatar sus firmes creencias sobre ciertas cuestiones (su ideal de Poesía y de Belleza, la importancia del trabajo constante para la creación de la obra poética…) y conocer sus opiniones sobre la literatura de su tiempo o sus preferencias sobre modalidades creativas.
Mediante estos textos podemos, pues, recomponer de una forma fidedigna la verdadera personalidad -compleja, sin duda- del poeta de Moguer. Frente a comentarios insidiosos que con tanta frecuencia se han emitido sobre su carácter huraño y su actitud distante, la lectura de esta obra nos permite descubrir, además, a un cordial conversador que nunca rehuyó responder cualquier cuestión que se le planteara -por difícil y comprometida que pudiera resultarle-, que siempre estuvo dispuesto a escuchar a los poetas jóvenes y a disfrutar de la compañía de los niños que se le acercaban. Otra cosa es -lo apuntábamos antes- que la sinceridad de que hace gala y el interés porque no se tergiversaran sus declaraciones -sobre todo las referidas a asuntos relacionados con su ideología, con la política y con sus preferencias literarias o sus desacuerdos con algunos autores- lo convirtieran a menudo en un entrevistado incómodo: “Soy algo aparte –reconoce a Alberto Guillén en 1921- y no temo decir lo que pienso”.
No resulta fácil -ni puede ser tarea individual- completar esa “imagen caleidoscópica” del poeta de Moguer. Pensamos, sin embargo, que el esfuerzo riguroso que Soledad González Ródenas desarrolla en este trabajo -editado con especial cuidado y mimo por la Fundación José Manuel Lara- supone una valiosa contribución para trazar ese retrato en el que se mezclan -a decir de Gómez de la Serna- “llama, resplandor y carbón negro”.