Sin punto intermedio y otros poemas

Poesía

Sebastián Arce

Sebastián Arce

sebastian-arce-poesia-otrolunes36(Heredia, Costa Rica, 1986) Poeta y narrador. Licenciado en Filología Española por la Universidad de Costa Rica. Miembro del comité organizador del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica y colaborador en la organización del Encuentro Arte–Comunidad, en Heredia. Participó como invitado en el Festival Internacional de Poesía de La Habana, Cuba, en el 2010, y en el IX Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango, Guatemala. Ha publicado el poemario Emigrar hacia la Nada, en el 2010.

Escritos suyos ha aparecido en diversas revistas digitales e impresas y en la antología de poesía centroamericana Deudas de sangre.  Maneja los blogs de poesía: hechosydeshechos.blogspot.com y de relatos: borradordememoria.blogspot.com.

 

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Sin punto intermedio

 

Sin importar a que camino te aferres
siempre pensás es largo.
Luis Chacón

Habrá que seguir. Punto. Y si la sombra tiene el alma flaca y ya no cubre, o si el sol instala en el corazón su eterno medio día, habrá que seguir aun en la arena o el sulfuro, habrá que correr, volar o reptar, disfrazarse con cinismo o ampliar el arsenal como el reptil de los desiertos.

No importa si el futuro es la muerte, los ojos como cantimploras saciarán la sed del mundo, y la palabra como la alfombra de los cuentos se levantará del pisoteo.

Hoy iniciás el camino que no descansa,  la estancia en los tejados, el ojo que no teje el sueño. La herida y la cura que marcan la piel. Marcan la vida. Marcan la hora. En Punto.

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Confesión de lo que salga

Y es así, jurado, como te lo soplan al oído, hay una voz misteriosa, una brisa oculta que te alcanza, te invade, te incendia, y entonces lo tenés: el trance… pero decir trance es exagerar, es más como un abandono y una corriente que no frena, queda dejarla en su ruta de agua turbia y troncos, como en picada desde una montaña, y la ves descarriada, hecha un alud de letras que de pronto son diálogo, descripción, una escena amorosa y superficial, un desgarramiento del alma en jirones, y uno justo, taquigrafiando ese universo de impulsos, hasta que llegás, o creés llegar… pero llegar también sería inadecuado, nunca llegás a ninguna parte, siempre terminás, das el punto final y te das cuenta que nada fue cómo pensaste, te abandona el abandono, le das pie al homo criticus y tambalea el edificio, y  te decís no fue nada, solo la noche en vela, la sensación de tener algo y este caos de escritos como barcos de papel, entonces, jurado, ¿a qué juzgar al escritor y sus barquitos de papel? Denle espacio y cama, tiempo y ahogo, porque sabrá dar brillo a las cenizas y la épica solo nace del lento resurgir de los naufragios.

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Secreto a voces

Mi mayor metáfora es caminar, mi mayor representación de la vida: verbo travestido de coito, de muerte, de resurrección. No es ninguna idea original, sino un antiguo símil heredado de piernas que recorrieron y supieron más que las mías. No importa si es para maldecir la vida o más bien para adorarla, mis poemas son un camino, quizá  no el más cómodo, ni el más hermoso, ni el más correcto, pero camino… y sudar la última gota, maratón incesante, condena capital, esa pregunta, esa incertidumbre que llevamos en un cesto para una abuela que espera, con la sonrisa del último orgasmo, ya sin pulso, atado el dolor a los maderos de su cama.

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Cuentas pendientes

La desgana tira las poleas del infierno. Conozco la amargura, es cierto, pero no vengo a exaltar el desencanto. Hay quienes pretenden romper todos los jarrones en sus versos, como si la poesía dispusiera de una suite para el caos. Todavía no pago la cuenta a quienes mastican sentimientos, los que confunden relojes con bombas, y atrincheran los sentidos dispuestos a cualquier guerra, al amor. Soy una persona de lo más simple: atesoro gestos, emociones, silencios, como presentes millonarios. Y yo sin prestar el agradecimiento merecido. Deudas infinitas para con ustedes: los códices de saliva dejados en mis labios, tienen mayor eternidad que las ecuaciones de Plank.

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Pantallas

Tu voz cuando escribís: corriente eléctrica que atraviesa mi cráneo. Recorrés olvidados laberintos, dominás mis pensamientos con el poderío de quien somete un imperio. La ausencia es carencia, esa descarga-palabra no es tu cuerpo, pero es medio, metal que imanta mi espacio. Son menos de las cinco, pero hay una ciudad en tu corazón donde ya anochece. Desde este lado de mi pantalla que es trinchera y cautiverio de tus labios, despliego palabras para alcanzarte, explosión solar que sobrecargue todos los silencios.

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Cargando el álbum

Nadie en esa fiesta tenía los pies sobre la tierra. Despistados por más señas, como si no existiera otro territorio más feliz que la juventud o la infancia. Tesoros hundidos en mitad del mar. Un tesoro que nos hiciera buscar nuestra sombra y volar por los aires; despedazados por el trueno.

La felicidad como un edificio rodeado por guardas y sirenas de emergencia, donde todo recuerdo dorado es un castillo de arena, hecho para derrumbarse desde el principio.

Ahora vengo a percatarme de que mi lengua nunca fue mapa de historias, y a nadie admiré tanto como para aprenderme sus hazañas. Me observan, la mirada llena de telarañas hacia el futuro y yo prefiero pensar que con lo viejo me estoy volviendo interesante.

La música sigue, carretillo que lleva los miembros esparcidos de un soldado que ha pisado una mina. Miro las fotos y es estar allí: reconstrucción de lenguas muertas, torres de babel que mezclamos con ron y cola. Intento conciliar el sueño, olvidar el pasado unas horas, para desembarcar mañana en sus costas como un náufrago.

Mientras cargo este álbum, el deseo parece ser una esencia en el aire, y acá estamos, desherrumbrando los andamios del cuerpo, jóvenes siempre, todavía…