Describir nuestras luces y sombras

Sobre la novela La playa de los perros románticos, de Marino Magliani

Fernando Velázquez Medina


La playa de los perros románticos
Marino Magliani
Ilíada Ediciones, 2019

 

En la vasta y premiada obra de Marino Magliani, -que abarca cuentos, novelas, y traducciones-, esta novela, ya publicada en Italia y Holanda, recién traducida al castellano, revela la faceta latinoamericanista del apreciado escritor italiano, que ha dedicado parte de su talento y tiempo a presentar al público lector su patria, múltiples autores de España e Iberoamérica, casi desconocidos en Europa, pero muy influyentes y reverenciados en las culturas nacionales de las que proceden. Obras de César Vallejo, Roberto Arlt, Horacio Quiroga Benito Pérez Galdós o Ricardo Güiraldes, son un mínimo ejemplo de sus traducciones.

En el caso que nos ocupa, Marino incursiona en el subconsciente de “Almeja” un personaje nacido en la Argentina, descendiente de italiano, que vive en un pueblo perdido de la pampa, llamado Lincoln. Hijo de inmigrante enriquecido, su ideal es llegar a ser jugador profesional de fútbol y dejar atrás una Argentina que se desmorona, tras la derrota de una cruel dictadura militar y derechista en la breve Guerra contra Inglaterra, por el control de las remotas islas Malvinas.

Con el telón de fondo y las consecuencias de la “Guerra sucia” entre la dictadura y los sectores populistas que la desafiaban y el desenlace adverso de la guerra naval contra Gran Bretaña, el poder dictatorial se desploma y queda un país y una juventud desencantados, sin meta alguna personal o nacional. Esa es la Argentina en la que vive el Tano, como se le llama en los sectores populares argentinos a los descendientes de italianos.

Y ahí comienza la odisea de este personaje que vivió la Guerra en carne propia y perdió amigos en ella. El viaje a Europa, a Italia, se convierte en una obsesión que lo llevará a cruzar el océano en dirección contraria a sus ancestros, para descubrir, no Eldorado de los conquistadores, sino la Europa de los setenta y ochenta, inmersa en la Guerra fría y con pocos deseos de recibir a los hijos pródigos.  Con mano maestra, Marino nos muestra a los jóvenes inmigrantes latinoamericanos en las playas españolas, que no se parecen en nada a las oleadas de aspirantes a intelectuales y artistas que iban a París en décadas anteriores. Estos que se quedan en el sur europeo, están llenos de resentimientos de clase no les interesa aprender nada, como al propio “Almeja”, que de chico rico de su pueblo, pasa a ser uno más de la cáfila de temporeros que llenan los sitios turísticos, como sirvientes eternos de los vacacionistas y, sobre todo, como amantes de una noche de verano de las chicas nórdicas, que nunca les mirarían en sus naciones subdesarrolladas. Es la misma manera en que el Tano trataba a su novia Sulma “la Negra”, como la llama, no por su raza, sino por ser pobre, a quien percibía como una propiedad sin razonamiento y que lo abandona en Italia, por su primo, que la considera una belleza y le muestra gran respeto.

El estilo de la narración de Marino es atractivo, siempre con esa sombra de una conjura de exsoldados argentinos, para asesinar ingleses en las playas mediterráneas, y así vengar la humillante derrota en las Malvinas.

Debemos destacar el talento literario de Marino para desarrollar la madeja sicológica, traumática que dejó una era convulsa, ya pasada, pero que quizás pueda ayudar a comprender la actualidad, igualmente convulsa y atribulada de la América Nuestra, como la llamaron nuestros Padres fundadores. Un libro muy recomendable para repasar nuestra violenta historia inmediata, a través de la mirada brillante de un escritor artístico al que no podemos llamar extranjero, porque como el inglés Hudson, nos describe y conoce nuestras luces y sombras mejor que nosotros mismos.