En la mejor tradición literaria de novela escrita sobre adolescentes

Sobre la novela Ángeles desamparados, de Rafael Vilches Proenza

Víctor Hugo


Ángeles desamparados
Rafael Vilches Proenza
Neo Club Ediciones, 2017

 

He leído y vuelvo a releer la novela, quiero decir que por supuesto que es una novela hija de “Matarile”, en estilo y en los largos diálogos indirectos libres, lo que me parece muy bien, porque llena de una atmósfera irreal el entorno estudiantil de las paupérrimas becas donde nos tocó vivir.

He leído muchas novelas sobre la cuestión de la beca estudiantil en Cuba, de hecho yo estuve gran parte de mi vida albergado en ellas, raspando las sucias bandejas metálicas, haciendo agua con azúcar para llenar mi barriga adolescente; la beca donde ignominiosos profesores le cogían el culo a mis compañeras de aula y donde discutíamos cada muchacha, así que lo que escribe Vilches no es solo novela: es vida novelada. El escritor escribe desde su experiencia libresca y entre la vívida: Vilches con sus ángeles desamparados lo hace desde ambas, y me parece genial.

Lujuria, locura, lascivia, son algunos de los elementos presentes en la novela de Vilches, y más. Hay algo que me gusta mucho: la pasión sexual (que lleva a un sexo lubricoso, de semen y adolescencia), y las pulsiones primitivas de los adolescentes (que llevan a los personajes a hacer cosas que a veces lamentan). Y la forma en que se combinan estos dos elementos a través de una narración dinámica en la que los diálogos indirectos libres juegan un papel principal. De hecho, en los diálogos se resalta la coloquialidad y la frescura, que los vuelve sumamente creíbles. No hace falta pertenecer a esa generación para creer en la verosimilitud de lo escrito, esa es la verdad amigo mío.

La actitud del narrador básico adolescente en la novela (o de las instancias narrativas básicas: por cierto todos los adolescentes no hablan igual), que transita constantemente desde un adentro a un afuera, y que conoce detalles nimios y olvida hechos relevantes, que pasa de un él/ellos o ellas, a un nosotros sin necesariamente darle la voz explícitamente a nadie, que juega con distintas secuencias temporales, crea esta imposibilidad dentro de la novela de objetivizar y, sobre todo, de uniformizar el relato: esto es genial. De ahí la relevancia de este juego narrativo antes descrito: no es un artificio técnico ni una exquisitez del análisis el detenerse en estos detalles, pues esta manera de contar está en la base de la configuración del mundo presentado de los albergues y su descarnada sensualidad. La novela posee un argumento lleno de implicancias sociales, políticas, incluso etareas (por el tema adolescente), pero dicho contenido no se sostiene solo. La construcción del mundo de la beca se hace desde una perspectiva opresiva, oscura, de hambre, pero no solo hambre física sino espiritual y sexual (claramente cuando el personaje dice: Y por qué en clases no nos hablan de eso, y de sexo? No debe estar en los planes de clases. Es…, mira, el amor se siente o se padece. No hay de otra. Es la única forma. El amor te escoge, no tú al amor. Es cosa de Dios. Es cuestión de química”.), aunque una se solape a la otra. No creo que sea demasiado aventurado señalar que el valor y sentido humano otorgado a los personajes adolescentes  y su historia de la beca radique precisamente en esta multiformidad de la experiencia de vivir en un mundo cerrado (esto me recuerda el concepto de “institución total” del sociologo Goffman), en la imposibilidad de abarcar la totalidad, en la parcialidad con que cada uno de ellos vive su propia historia, crea su propio mundo inestable, aun cuando comparten ciertas dimensiones de lo real como las pequeñas miserias, las aspiraciones adolescentes, el hambre, la sencilla hambre.

Existen momentos geniales y teratológicos, sexualmente hablando. Y creo que este es uno de los momentos cumbres de la obra:

Las voces, los gritos los lamentos de placer y goce de hombres engordándose dentro del albergue, tratando de seducir a otros oídos, otras hembras dispuestas a entregar su honra por unas notas honrosas en los exámenes finales, un mejor puesto en el escalafón.

El golpeteo de los cuerpos,

el ploc, ploc… de la panza del subdirector Panchy, ploc, ploc… los huesos del quijotesco profe Otero, ploc, ploc… anónimos, ploc, ploc… de cualquier otro intruso,

de las carnes al unirse, al chocar en el embiste del acto sexual,

ritmo acompasado de las maderas, los metales al movimiento violento del sexo por sexo,

gritos a pocos centímetros, a escasos metros,

coño, muévete, sí, así, más rápido…,

chica méteme el dedo, sí, así rico, muévelo…,

ay que caliente lo tienes…,

los dedos húndelos bien adentro chica…,

si rico con los dedos, no pares chica, que eso me gusta…,

al escucharlos las deseosas aprietan las piernas…,

que estás húmeda y que me vengo…,

más fuerte, cuidado con las uñas coño…

 

Esto se inscribe en la mejor tradición erótica del idioma castellano.

Está también la cuestión de la suciedad, aunque en la novela se habla de la suciedad corporal y su limpieza es una metáfora para anunciar lo sucios que estaban los personajes en la beca y la imposibilidad de la limpieza, pero esta limpieza más que corporal sería espiritual:

Se frotaban una y otra vez, sexos, pechos, nalgas, pies. Seguían entrando y saliendo de las duchas para darles chance a las otras que esperaban en cueros enfrente, amontonadas en el pasillo.

Te sometías con premura a ese acto de rutina, pero necesario.

No tenías todo el tiempo del mundo para ti.

Siquiera el que necesitabas para limpiar la suciedad de tu carne.

Aquí podemos percatarnos de que Vilches describe sueños, tríos, orgías, juegos de roles, swingers, fetichismo y otras formas más sutiles de placer, como los baños en la beca  y el cuidado del cuerpo de las adolescentes púberes al cual por cierto se le da relevancia en su totalidad: se destacan las manos, los pies, las orejas, la nariz, los ojos, los pechos, el culo, las piernas: la carne en general, donde  cada área del cuerpo es exaltada de alguna manera y no únicamente las que rodean los órganos sexuales. Todo es sexo.

La novela inaugura una nueva visión en Cuba de la literatura escrita sobre la beca, superando la visión de esta de escritores como Alberto Guerra Naranjo y el resto de los llamados novísimos, de allí que entre en la mejor tradición literaria de novela escrita sobre adolescentes, aunque sea una novela inicial.

Muchas gracias a Rafael Vilches Proenza por escribirla.