De su vida y obra – Instantes


 

Pandemias, gallinas y Foucault

El viernes pasado fui a la fiambrería más cercana, una que queda a dos calles de mi departamento. Partí a eso de las seis de la tarde, justo antes que la luz desapareciera. Tuve que sacar un permiso temporal en la comisaría virtual para pasear a mi perrito. Tengo un perrito mestizo que recogí en la calle hace dos años y se me ocurrió llamarlo Trotsky. El permiso te permite salir durante quince minutos a pasear a las mascotas. Desde que estamos en cuarentena tenemos que pedir permisos virtuales para salir de nuestras casas, pero de esto hablaré más adelante. Quería continuar contando el motivo por el cual fui a la fiambrería, que no es otro sino el más rústico que se puedan imaginar: fui a comprar huevos de campo de gallinas felices. Leer más…

Trabajo social de Constatino Laura

Muestrario de su obra

Los pueblos son responsables de lo que hacen sus gobernantes


Foto: Susana Villafañe

Foto: Susana Villafañe

José Luis Muñoz Jimeno (Salamanca, 1951). ​ Escritor y articulista español. Cursó estudios de Filología Románica en la Universidad de Barcelona. Ha escrito artículos de opinión en los periódicos El Sol, El Independiente, El Observador y El Periódico, así como dossiers en las revistas GQ, DT y Cinemanía. Escribe también en su blog La soledad del corredor de fondo. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano, checo y búlgaro y han sido elogiadas por Luis García Berlanga, Manuel Vázquez Montalbán, la RAI, medios de comunicación franceses, así como de las revistas Qué Leer, el suplemento Culturas de La Vanguardia, el blog de literatura La Tormenta en un Vaso, La Biblioteca Imaginaria, Anika entre libros, Llegir en cas d’incendi, entre otros, y han sido citadas por el New York Times. En la actualidad colabora con artículos de opinión, reseñas literarias y cinematográficas en una serie de medios digitales: el Cotidiano, Entretanto Magazine, Culturamas, Otro Lunes, Suburbano Miami, El Destilador Cultural, Narrativas, Letralia y Calibre 38. Es el director de la colección de novela policial La Orilla Negra, organiza como comisario el festival Black Mountain Bossòst que gira en torno al género negro y se celebra en esa localidad del Val d’Aran, y director de la organización Lee o Muere.

Desde que en 1985 obtuviera el prestigioso Premio Tigre Juan  ha obtenido los siguientes galardones: Azorín (1985), La Odisea (1988), Ciudad de Toledo (1989), Premio Sonrisa Vertical (1990), Ángel Guerra (1992), Ciudad de Alcorcón (1993), Ciudad de Cáceres (1994), Premio Café Gijón (2001), Letra Erecta (2004), Francisco García Pavón (2004), Ciudad de Jumilla (2005), Diputación de Córdoba (2005), Ciutat de Benicassim (2006), Camilo José Cela (2007), Ciudad de Badajoz (2008), Villa de Seseña (2009), Ciudad de Carmona (2010), Ignacio Aldecoa (2013) y Diputación de Córdoba (2015).

Ha publicado desde 1987 más de 50 libros, siendo los más recientes: Marero (Ediciones Contrabando, 2015), Ascenso y caída de Humberto da Silva (Ediciones Carena, 2016), El hijo del diablo (Ediciones del Serbal, 2016), Cazadores en la nieve (Ediciones Versátil, 2016), Mala hierba (Ediciones del Serbal, 2016), El sabor de su piel (Nova Casa Editorial, 2016), El rastro del lobo (Ediciones Traspiés, 2017), La Manzana helada (Bohodón Ediciones, 2017), Los perros (Canalla Ediciones, 2017), El mokorero del Okavango (Editorial Verbum, 2018), La diosa de hielo (Bohodón Ediciones, 2018), El bosque sin límites (Ediciones Atlantis, 2019), El viaje infinito (Bohodón Ediciones, 2020).

Su clásica novela El mal absoluto acaba de ser publicada por Ilíada Ediciones y, por ello, OtroLunes lo entrevista.

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Tajo y otros poemas

 


Dante Cajales Meneses (Chile, Santiago 1966) Poeta y profesor de Historia. Sus poemas han sido publicados en la Antología Wurlitzer: cantantes en la memoria de la poesía chilena de Jorge Montealegre (2018), en la revista digital Valpoesía, Valparaíso Chile y la revista digital Marcapiel, México. En poesía ha publicado: El humo viene de los patios (1987 Tríptico de 35 x 21,5 cm), Techo de pizarreño (1983, Autoedición), Tiempos (1988, Autoedición), Trazos de amor & agua (2013, Rumbos-Editores),  Días de agua (2014), Fissūra (2017), Latido de escombros (2019) y Respirar (2020), todos estos últimos en Rumbos-Editores, y Cielo falso (2020, Ediciones Awayu).

https://dantecajales.wixsite.com/poesia

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Un recorrido memorioso


Sigfredo Ariel (Cuba 1962 - 2020)

Sigfredo Ariel (Cuba 1962 – 2020)

La poesía no ha muerto, sólo está de luto. Uno de los canarios, calló. Y así iremos callando tomeguines, gorriones. No habrá jaula para tanta soledad. En puntitas de pie se va el cadáver. Pónganle la banda del Benny Moré. Póngansela bajito. Le desespera la estridencia.

Raysa White.

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Recordando a Sigfredo Ariel


Abel Álvarez, conductor, productor y periodista de Radio y Televisión

Abel Álvarez

Abel Álvarez

Ahora que Sigfredo ha partido hacia esa otra luz, no se puede sino evocar su obra y su figura con aquella sobrecogedora sentencia de Miguel de Cervantes: «Fuego soy apartado y espada puesta lejos». Leer más…

Sigfredo Ariel, a modo de biografía


Sigfredo Ariel Pérez-Guedes (Santa Clara, 31 de octubre de 1962 – La Habana, 26 de julio de 2020) fue un escritor, poeta y guionista cubano. En el momento de su muerte residía en La Habana. Trabajó en la radio y la televisión cubanas, escribiendo y dirigiendo programas culturales. Asesoró la película Buena Vista Social Club (1998) del realizador alemán Wim Wenders. Produjo discos de música tradicional y popular cubanas para numerosas firmas disqueras internacionales. Ofreció charlas y conferencias acerca de la literatura y la cultura popular cubana en Cuba y España. Publicó artículos, ensayos y entrevistas sobre estos temas en revistas especializadas de varios países. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, alemán, ruso, italiano y francés. Aparece en numerosas muestras y antologías de la poesía cubana contemporánea.

Falleció el 26 de julio de 2020 en La Habana a los 57 años, víctima de cáncer. Leer más…

Tejer, como para nuestros antepasados, es una labor de vida, expresión y magia


Constantino, ¿cómo y cuándo prendió en su pecho la pasión por tejer? 

Nací en el seno de una familia tradicionalmente artesana de Ayacucho con trayectoria artístico-popular. Mi padre, Miguel Laura, fue uno de los pioneros del tejido ayacuchano. La pasión por los tejidos y los colores, pues, la llevo en la sangre.

Miguel Laura, padre de Constantino.

Miguel Laura, padre de Constantino.

Desde muy pequeño ya estaba involucrado en labores de tejido, las que puede ejercer un niño, por ejemplo, alcanzado los hilos de colores a mi padre. Son imágenes que habitan mis recuerdos, lo tengo muy interiorizado, son recuerdos que brotan constantemente en mi obra, como por ejemplo en «Mi niñez atrapado en un ovillo de colores» que presenté el año pasado en Madrid en la VIII Bienal de Arte Textil Internacional organizado por la World Textile Art.

Siento que entre los hilos de colores aún se esconden y juegan los días de mi niñez, por algún lado leí que un adulto creativo es el niño que le ha sobrevivido. Yo me siento así…

Empecé a tejer a los 10 años con diseños sencillos. A mis 14 o 15 años ya había creado mis propios diseños, pero fue a los 20 años que aprendí bien las técnicas del tapiz artístico. Reproducía en tapices obras de grandes maestros de la pintura como Van Gogh, Monet, Matisse, Gris, Picasso. Fue una etapa maravillosa de aprendizaje, del manejo del color y la composición.

 

¿Y cuándo, la pasión por enseñar?

Recuerdo un instante que marco mi vida, fue una mañana cuando me encontraba a lado de mi padre, entendí que uno podía llegar a ser un hombre bueno a través de ser un maestro artesano. Era un día cualquiera cuando un hombre humilde del campo busco a mi padre para que le enseñará a su hijo el oficio de tejedor. Le dijo en quechua: “Papá, churiynikita jina, yachaykachipuway, churiyta, vidallantapas kausakunampacc” — Padre, como a tu hijo enséñale a mi hijo para que pase su vida. Aquellas personas sencillas se dignificaban porque pagaban con una gallina, todo por voluntad propia, a mi padre, por enseñarles un oficio a sus hijos. Sabían que era para toda su vida y con eso ganarse la vida honorablemente.

En ese instante mismo decidí ser un maestro artesano, porque enseñar un oficio como vengo realizando todos estos años es darle alas, libertad, a todas aquellas personas humildes que no pueden pagar estudios en institutos ni universidades.

 

La tapicería artesanal y tradicional del Perú es un oficio complejo…

Si así es, los preparativos para elaborar un tapiz pasan por varios procesos, que comprende el esquilado, el hilado, el teñido —yo utilizo colorantes naturales—, y muchos pasos más. Sinnúmero de herramientas y técnicas se usan en estos procesos, que varían de una región a otra e incluso de una familia a otra. De la misma forma, el estilo y los colores diferencian a los artesanos, los talleres, las familias, las comunidades. Así ha sido desde tiempos remotos, y así es hasta la actualidad.

 

Constantino, su obra combina innovación y tradición…
Primavera del alma, 2004.

Primavera del alma, 2004.

Mi interés por la innovación, por explorar nuevos caminos, despierta en los años 80, curiosamente a raíz de una crisis. En esos años Perú pasaba por una crisis política y económica muy fuerte, que tuvo como consecuencia una importante reducción del turismo, tal y como está sucediendo en la actualidad, pero esta vez es por el COVID-19. Mi respuesta a aquella crisis fue explorar y desarrollar nuevos diseños y experimentar con nuevas técnicas, a la búsqueda de una nueva expresión para llegar a nuevos segmentos de clientes.

Durante los años 90s continué explorando y perfeccionando mi nueva estética y técnica. En 2004 mi tapiz «Primavera del Alma” es la obra ganadora del Primer Concurso de Diseño para la Innovación de la Artesanía Peruana, organizado por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú. «Primavera del Alma” es un tapiz muy querido que innovó la iconografía en el arte textil peruano. Actualmente muchos artesanos recrean, toman formas y colores de mi obra.

El premio conlleva a ser contratado por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo (ONUDI) para dar consultorías de diseño y nuevos productos en varias zonas textileras del Perú.  Esta labor me permitió intercambiar conocimientos y tener contacto directo con ricas y variadas tradiciones, porque no hay un pueblo que no tenga tradición e historia, ni pueblo que lo tenga todo. Esta experiencia fue muy valiosa para enriquecer y fortalecer mi conocimiento y mi técnica, fue como alimentarme de la savia eterna de los pueblos. En la actualidad hay artistas que en su búsqueda de modernidad se olvidan de sus raíces, pero la tradición es un valioso legado. Como dice una sabiduría india, mientras más tires el arco hacia atrás, la flecha se lanzará más lejos, hasta el infinito.

Intento que así sea mi obra. La luna es la misma luna desde nuestros antepasados, no cambia, es la mirada del artista que transmuta cada elemento…

Tejer, como para nuestros antepasados, es una labor de vida, expresión y magia que otorga voz y palabra a la materia. Tejiendo brotan los colores en nuestras miradas, que se entrecruzan en un diálogo bullicioso, que hablan de momentos épicos de nuestra historia, de momentos gloriosos de amores y desamores, de esperanzas y sueños acallados, de luces y sombras dando origen a nuevas expresiones, mezcla de razas y sentimientos que han convergido en lo que hoy es el Perú.

Los temas que cuento en mis obras tratan de nuestras cosmovisiones andinas, mitos y leyendas, sueños, esperanzas, flora y fauna. En la VI Bienal de Arte Textil realizada en Montevideo, Uruguay, participo con mi obra «Noche de luna enamorada, Historias de mi niñez».

Foto – Noche de luna enamorada

 

El impacto del COVID-19…

Tejer a la altura de mis años ya no es el simple acto de tejer, es tramar recuerdos entrelazando afectos, cada día es un lienzo en blanco o una urdimbre tendida, esperando ser pintada o tejida con los colores del nuevo día, porque tejer es la vida misma, y en estos tiempos la vida está siendo devastada por esta pandemia del COVID-19, con virtualmente todas las actividades canceladas: ferias, exposiciones, bienales, las galerías cerradas, la total ausencia del turismo por el cierre de todas las fronteras… Pareciera que estamos designados a desaparecer y con nosotros una tradición milenaria si no encontramos alguna fórmula que ayude a sostener las actividades, porque cada vez somos menos quienes desarrollamos el arte del tejido, porque este oficio no se aprende en institutos ni universidades, es herencia y legado de nuestros antepasados y se trasmite de generación en generación.

Actualmente el futuro es incierto, y a mí me gustaría seguir tejiendo, seguir creando desde el amor y la esperanza, seguir contando historias y no crear desde la incertidumbre de qué pasara mañana. La expresión artística tiene que tener sus propios sueños, transmitir el amor y sentimiento con que fueron hechos, ser un vuelo por mares y cielos luminosos, un paseo por dunas y estepas misteriosas, entrelazando estados del alma.

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