Un recorrido poético memorioso

Poemas escogidos

Sigfredo Ariel (Santa Clara, 1962 - La Habana, 2020)


Sigfredo Ariel (Cuba 1962 - 2020)

Sigfredo Ariel (Cuba 1962 – 2020)

La poesía no ha muerto, sólo está de luto. Uno de los canarios, calló. Y así iremos callando tomeguines, gorriones. No habrá jaula para tanta soledad. En puntitas de pie se va el cadáver. Pónganle la banda del Benny Moré. Póngansela bajito. Le desespera la estridencia.

Raysa White.

–***–

La luz, bróder, la luz

Mirar caer la nieve en la oficina de registro
cuando uno es la señal con un pañuelo, un sauce
que huele a mar del trópico, un animal aislado.
Pudiera caer ahora mismo la nieve sobre los edificios
en copos graves
y pudiera morirme si me viera en una cerrazón
que tumba la cabeza
hasta las manos de los padres
que esperan sentados en un parque
y que no saben nada.

Un hombre quitaría con una vieja pala esta ceniza.
Vagamente regresa a aquel lugar
donde llovía detrás de la cabeza
cuando tuvo otro nombre y una cicatriz en la barbilla
y era hipócrita y humano
como un pobre diablo.
Bebía en los circos de ocasión
y tenía el bolsillo repleto de llaves inservibles
y un temor absoluto de la soledad.

Seré yo mismo acaso si fuera tenedor de libros
o fuera neerlandés y conociera la magia
y si en el extremo de mi vida la nostalgia
me pasmara las manos sobre el hielo.

Job pudo reposar sin violentarse
sobre este caracol marino
y las sabanas pudieron estar llenas de alfalfas
o de termas brillantes o de casas de troncos.
Quiénes seríamos entonces / calle abajo
acaso compraríamos el periódico de la mañana
cayéndonos de sueño
y las mandarinas y el pan dulce.

Estos años románticos los querrán los hijos de los hijos
y buscarán la letra en el registro, nuestros discos
los papeles sucios.
Voy a morir sin ver la nieve
qué hubiéramos adelantado bajo la nieve harinosa
esa pequeña aventura en nuestra luz:
el paso de un astro, la carrera de una estrella.

Estos días van a ser imaginados
por los dioses y los adolescentes que pedirán estos días
para ellos.
Y se borrarán los nombres y las fechas
y nuestros desatinos
y quedará la luz, bróder, la luz
y no otra cosa.

–***–

La imprenta

Los impresores sacuden el hollín,
se acercan a la luz de la ventana
descifrando mapas incomprensibles,
marcas de agua
que aparecen y desaparecen después
como un racimo de uvas de utilería.

Cabecean las máquinas, los pesados
bueyes derrotados
Chandler & Price dando con la maza
el tímpano, batiendo
postas de tinta que ennegrece las uñas.

Pasa el otoño lunar entre las cajas,
las plumillas temblorosas,
las góticas sin uso,
la letra que nunca vio la luz.

En el centro de la tierra
arde el fuego litúrgico de las imprentas.
Para el marco del diploma
unten el verde de aceituna,
para los folios enormes de comercio
el negro nacional.

Cruza el plomo sin peso
—efervescente
ciego por el arco,
atormentado cruza el plomo medieval,
el pez de plata husmea, escupe su agujero,
culebrea en el desierto
y se esconde después
con las branquias exhaustas
o apaga su farol
o rema su corazón
en la noche volcánica.

Estas letras sirvieron
en los periódicos vertiginosos
—aeroplano de El País—
donde triunfaron o perdieron su corona
antiguos reyes semidioses
y clubes de pelota; un hombre
tajeó el rostro de otro hombre
una mujer sonreía
y la guerra que se le adelantaba.

Hierve el plomo en las sordas galerías.
Títulos y rostros, ya es igual
nombres y firmas, direcciones,
vuelven al plomo,
al huevo,
a la nodriza.

Los impresores contienen el aliento
en la primera prueba.
Deletrean los bailes
donde no estuvimos, argumentos
que representaron bailarines
y actores de comedia, amores
abandonados después
mirando de reojo hasta reconocernos.

Allí crujieron bosques.
Batallones de soldados adolescentes
buscaron la salida.

La pipa del capitán, la cuchara
de un preso
ya es igual, plomo de las imprentas:
señales de una roca
a la otra roca,
estampas que el amor
mece en atroces gavetas familiares.

Para los bordes del programa de teatro
busquen aquella orla de parras
y mediaslunas
donde cruzan jóvenes grifos
conversando en hebreo.

Muerde una mujer un cigarro apagado,
abre el periódico de ayer
donde pusieron nuestros nombres
y envuelve con aplicación
una libra de vísceras de pollo.

Mi madre ponía al fuego
el hielo del arroz,
eran las once, el aceite chirriaba.

A esa hora mi padre regresaba
de la imprenta.

–***–

Las columnas

Una tarde me senté ante las enormes columnas
del Gobierno Provincial
tenía diecisiete años en la eternidad del mundo.

Unos se lanzaron de cabeza de lo alto de las fábricas
otros cultivaron la tierra o hicieron que otros
a su vez cultivaran la tierra.

La mayoría hizo lo posible por mostrar
cuánto le habían inculcado en la universidad
a costa de extensos sacrificios y pesares.

Conozco algunos casos aún más apasionantes
en los que intervino el cabaret, el tráfico
perenne por ciertas autopistas y la incomodidad
que significa soportar el verano —el enorme verano
en la carne europea.

Los que se aproximaron a París enviaron
tarjetas postales con restos griegos, el escriba
egipcio y variados escombros artísticos
sacados con muy poca delicadeza
de sus emplazamientos.
Quienes viajaron por las islas próximas
acarrearon el dejo de los mares bárbaros.

Hubo quien arribó al África y contempló
los castillos que albergaron a sus ancestros
y a mis ancestros —negros sutiles
que escucho respirar al lado mío
sin nombre repetible, sin dar batalla nunca.

Supe de quien dijo voy a romper con todo
para sentir nostalgia de la nostalgia simple.
Unos pocos cayeron en presidio
a causa de delitos francamente misteriosos
y en la cárcel aprendieron con soltura
a pronunciar en francés.

Todo esto y un par de cosas más
sucedieron a partir de un día:
cuando me senté ante el Gobierno Provincial
con diecisiete años y las columnas
se echaron sobre mí.

–***–

Grullas de Bután

En las cumbres congeladas donde se ponen
a los parientes muertos cercenados en pedazos
para alimentar a las aves emigrantes, las grullas
abren sus enormes alas y rumbean el día entero
hasta que se pone el sol Dan lo mejor de sí
en la violenta danza erótica con sus infinitas
patas articuladas de manera asombrosa
al parecer ridículamente felices
y en parejas siempre

Son las grullas cuellinegras que regresan
cuando cede un poco el hielo —solo finge que
cede como las autocracias o algún amor diario
que te dio por perdido— Son las invariables grullas
de Bután que se aparean de por vida Como oyes:
una sola pareja de por vida Por eso cuando
vuelve la rara primavera al tejado del mundo
la llegada de una grulla solitaria
es triste de ver.

–***–

Radio Sarusky

En un ejercicio de atardecer con whisky
brasileño, riéndonos de peces
de colores y en especial de uno mismo
escuchaste a Jaime, huérfano
de padre y madre, polacos muertos
en diferentes campos de exterminio, decir
—Si olvidas que eres judío, alguien
no judío te lo recordará

—Estate atento a las casualidades
que por cierto no existen: una muestra
es esa estrella de David en el granito
de la casa donde has venido a dar, me dijo
Jaime ayer, sin una gota de alcohol
pero ya en sueños.

–***–

Conucos’s dreams

Como Sebastián el santo hincado
y machacado por todas partes subo
a un vagón camino a la provincia
y demoro en llegar un siglo entero

Duermo todo el camino: tierras yermas
y fábricas vacías hicieron que soñara
con un cultivador o soñara convertirme
en un cultivador No estoy seguro

Cuando regreso al parque principal
advierto que unos yumas se apoderan
del banco en que salvajemente
día tras día discutimos de pelota

Con el dinero que me den por recordar
sones viejos remendaré parte del techo
Algo quedará para ayudar a que un amigo
pague tremenda multa y quizás viaje
de nuevo a la provincia
a ver qué sueño.

–***–

Bajando Lealtad

Habrá por fin bembé
la policía dio permiso
habrá violín y güiro
y vendrá gente del centro
de la isla con sus descomunales
quesos para contrabandear
fuertemente en la hora
magenta

Vive la policía en su castillo
de Zanja con la vista fija
en el casino chino Bajo
los focos led que encienden
en las noches la estación
de policía parece
Disneyworld.

–***–

Salón Renovación

Con diecisiete años pensaba yo
que pertenecía a un margen: era
limalla, escoria de algún innoble
indigno mineral Me habían
persuadido en asambleas convulsivas
y a través de banderolas con letras
formidables en la escuela de la cual
me extirparon con un gesto
y de una vez como en un juego
de palitos chinos

Ando con diecisiete años por ahí
con el peso de mis extraordinarias
desviaciones ideológicas
hasta que un día echo un lúkin
por los alrededores y me digo
olvida eso, muchacho, olvida, olvida
Y así voy avanzando hasta la fecha
imperceptiblemente:
dale, olvida.

–***–

Salida del Trianón

Para Ele, en Bilbao

Anda suelta la belleza espeluznante
Nada de piel cetrina por fumar desde
la adolescencia Nada de ropa reciclada
ni remiendos del modelo económico

Retoza a la salida del Trianón entre nombres
rupestres fijados con spray en el pedestal
de generales de la independencia sobre el lomo
de súbitos caballos o en el kiosko que vende
porquerías que corroen la salud
o en la fuente de mármol de la calle 3ra.
donde va a sentarse alguna vez la belleza
espeluznante dibujada por Rouault:
una mano y otra sobre el muslo
y la mirada en nadie

Su camino conduce a las descomunales
playas del oeste, a nuevas pizzerías y hacia
langostas vivas En su muñeca emplazarán
anillas y relojes asombrosos Su cara aún
no recuerda a alguien conocido ni siquiera
del cine Mientras espero un taxi
en la acera de enfrente, de manera fugaz
me convierto en su perro.

–***–

Infanta y Carlos III

1.

Llega pordioseando de nuevo
el carnaval con pies de plomo y dos pinzas
de cangrejo Va por Malecón sin alegría
Pordioseando de nuevo el carnaval
con ánimo nulo, como por obligación
Oyes o no oyes su gangarria Mira

como baja la gente por la calle vacía
como Gobi Se trasladan ejércitos desde
nuevos barrios injertados en los más allá
de los clásicos barrios marginales
vueltos al margen tras un largo
descuido Miras un rayo de plata
en la mano grande, una navaja
como la media luna Miras

mejor hacia el lado contrario
mientras la nochecita te practica una
nueva punción y dos mujeres policías
comparten una pizza en el portal
de la suprema logia.

2.

Hay dos mujeres policías
entrenadas para reprimir motines
domésticos en cuanto dobla
por la esquina la tragedia
griega: Esparta ha de ser
ese callejón que se pierde
por Los Sitios Micenas
puede ser esta ciudad
entera

Musculosas mujeres
policías: la primera tiene
un ojo verde, otro azul
y está aún en edad
de merecer, la segunda
bajo la cruda luminaria
de la esquina, negra
es bella.

–***–

Bronce en la piel

Apreciaré que me acompañes
a Emergencias, bixitaxi Padezco
un efecto paradójico, ya que preguntas
La línea que se logra ver de la bahía
se convierte por momentos en tu espina
dorsal Háblame de dinero, respondes
de distancias nunca

Pasan puntas de flechas, ángulos
de personas en estado latente, tiendas
y teatros convertidos en parqueos para ti
bixitaxi, todo en sombra La basura
acumulada en las esquinas durará
por siempre como la nacionalidad Ya no
somos muchachos, no te asombres
Dependemos de padres, jefes indios
e instituciones en general benéficas

Tuve como tú en la actualidad los costillares
nítidos, un tendón bien dibujado tensaba
el maxilar con borde de cuchillo, como tú
No recuerdo si te he dicho que nací
cuando la patria decían se convierte
en amenaza para la paz del mundo Había
personas en la colina del hotel Nacional
que engrasaban armas antiaéreas Algo
de aquellas energías pesaban
en los brazos ayer noche Apreciaré

que derramases algo de epidérmica atención
cuando llegue el descorazonamiento Al dulce
oficial de la carpeta diré somos primos
hermanos o algo así.

–***–

Viajan los yumas

Viajan los yumas embutidos
en nuestros carros de alquiler
Fluyen hacia bailables y conciertos
de latin jazz, aplauden a cantantes
que entonan simplezas en inglés
elemental respaldadas por impúberes
jazzistas que ya nos abandonarán
temprano o tarde (open the door, give
me the key canta tonta la letra) Van
nuestros carros de alquiler desde
una playa a otra sin digresión
como tranvías, tranvías
de los yumas

Encajan en la población
de Obispo como extras de un filme
de ambiente tropical y compran
la hoja de periódico de hoy
a un precio inflado como el globo
de Cantoya

Dónde está la clase
obrera preguntas con acento
yuma del oeste No hay quien oiga
detrás de la trompeta la campana
el bongó: la clase obrera Yo no
entiendo te grito cómo es
que sientes Ya no vende
por la calle ya no pregona
en la esquina Ya no ya no
quiere Ya no quiere
trabajar el que siembra, el
que sembraba su maíz

Dónde está, mayor.

–***–

Pléyades

Las vi mientras rodaba desde un plano
bidimensional al duro suelo Me dices
mira mira son las pléyades y me empujas
al restaurán ornamentado con toscas
representaciones de la vida diaria
en Polinesia

–Entendiste por qué impiden que tengamos
lo que ellos tienen preguntas y yo
asiento con militante ímpetu –Voy
a hablar con mis amigos psiquiatras sobre ti
y me tomas de las manos con los ojos
acuosos Sucedía, claro está, bajo la luz
que echaban sobre un joven incauto
las incautas pléyades, de otro modo
no hubiera sucedido

Un día te encuentro casado por amor
con un hombre, trabajando duramente
por amor a veinte pisos de la calle
en un andamio de la construcción
o de la destrucción en un suburbio
de ciudad donde los pocos cines
se dedican al porno

Eché de menos tu promesa de no ponerme
un dedo encima y la sustancia que metiste
en mi nariz con resultados nulos cuando
logré por fin dormirme en tu cama
del tamaño de una caja de puntillas

Si acaso la fortuna me permite estar
presente en tu funeral algo haré
para impedir que te conviertan en un lindo
monigote de papier maché y vaya
al tanque de basura tu alegría

Como previste ya regresé a la isla
y a la bruma que no deja distinguir
cuál constelación si es que hay alguna
hoy en el cielo de La Habana
parpadea.

–***–

Y es ahora que interviene un funcionario

Si tuviera tu edad me tatuaría
un racimo de uvas sobre la espalda lisa
o un león en el bícep infantil en sacrificio
a un cambiazo de moneda, un próximo
dislate de las economías o un nuevo rol
en la cama si es posible

Una tarde de estas para vengar
a mi generación iría a zapatear a la lánguida
Academia en homenaje a la máquina
que hila, la máquina que teje, la máquina
que no deja de hacer letra mientras prosigue
en todas partes el guateque nacional
de la holgazanería Claro que iba a estar

más a gusto con las uvas y el león si tuviera
tu edad no un mínimo cargo importante
en el gobierno, esta apariencia de villano
de cómic y un impúdico teatro personal
con funciones continuas.

–***–

Del pariente mambí

para Luisa Campuzano

Ha sido el propio General, señora,
quien me ha encargado plantar entre las cosas
olvidadas de su closet algunas de las cartas
que escribí mientras estuve entre
apetitos y horizontes familiares vueltos
hace tiempo niebla.
Soy Leopoldo, el tío jovial
desconocido suyo, mensajero del árbol
que hizo fuerte la manigua, una marca
en el aire olvidadizo, si prefiere, de sombra.
Hallará mis nuevas señas en palabras habladas
o en palabras de tinta que pondré —también
por voluntad de nuestro común antepasado
aborrecido— desde la gran penumbra donde
los clásicos descifran sus propias escrituras:
Ajedrez grabado en mármol, transferido
por manos de copistas en papeles bizarros
que envolvieron momias o cubanas crónicas
de amor amarradas con cintas en el cielo
de un closet, oscuridad que ama.

–***–

Un lugar, una forma en Matanzas

Algún lugar tiene forma de calle
con quinientos escalones desiguales.
Nunca supe su nombre, no he vuelto por ahí.
Al final está el río, en el comienzo
una arenosa ruina.
Allí pusieron una luz y un cuerno de altavoz.
Nos sentamos en el piso, tú leíste
unas líneas del amigo suicida.
En un momento mencionaba a Caibarién
playa republicana donde vi siendo niño
los senos de una joven por primera vez.
Regresaste temblando al escalón
las finas manos frías.
A un lado y otro
cocían sus pescados las familias sumidas
en sus televisores con los cuales
la farmacia, el aserrío o la empresa del azúcar habían retribuido su trabajo
ejemplar.
En una de aquellas casas merodeaba
el fantasma de Heredia, en otra
el del poeta Milanés según dijeron.
Otros bardos menores volaban también
en el vapor de las comidas.
Pienso yo.

–***–

En Guadalajara, Jalisco

La calle no se hizo para que tomes
cerveza y hables de poesía, la calle
no se estira alrededor para que asomes
tu cabeza de muchacha. La calle
que conduce al monumento
de los niños héroes es la misma de Sears. Un lento
prójimo conversa con otro mejor disciplinado
en artes de la contemplación (contemplo
las palabras de sus bocas saliendo
escritas en un rollo de papel como
conversan los santos parlanchines en los templos
góticos). Tomo
aire, no aliento, comprendo
o disimulo como Carlos Varela, como un gnomo
digamos, por ejemplo.

–***–

Los peces

A menudo me he dejado llevar por la corriente
agua de la ciudad, agua que filtran
los gajos de la menta.
No era un perseguido pero me perseguían
he servido de abono
caminado
la ruta que entonces alumbraban
los pequeños pescadores clandestinos.
Las perlas de tu boca, las perlas del danzón
eran de agua
y estaban en el agua como yo.
Quizás he visto todo
por el ojo de una res.
Y nuestra carne es roja y bien condimentada.
Y en las púas pondrían a secar nuestras cabezas
cortadas a ras —como la del bautista—
pero sin solemnidad
ni los ojos abiertos como tazas volcadas.
Llévala hielo acuéstala ave fénix
pájaro de aquí ve picoteando su corazón un poco
y busca escarba transfigura
un grano de madera dulce aún
no vulnerado aún por el descuido.

* * *

Quizás estamos en el globo de sus ojos.
Transcurrimos tal vez por sus antiguos cuerpos.
Gravitamos en el cielo de sus bocas
en la tensión del músculo nadamos
y hemos sido su ejército desde el origen.
Quién sabe no sea útil para mí
caer bajo el filo de su arado tantas veces.
Nuestros dioses fueron dispersados
en una edad incierta
huyen todavía entre las tantas noches
en que nadie vino
/a traer a preguntar
a guarecerse aquí.
Tal vez cueste demasiado sostenerse en pie
no es tierra firme.

* * *

Yo no soy la conciencia
ni siquiera la inconsciencia
entiendo la mitad de esas noticias de África.
Ningunos ojos sino los míos
ahora beben de esta visión encantadora.
Yo debía estar solo en esta dulce soledad
como Manfredo.
He aprendido a nadar
sobre el tesoro del agua paseé a caballo
me ha tumbado el aguardiente
bajo frutas maduras
he sido el mayoral y el sable
en la maleza que nos desconocía:
gente sin tino en el desorden
me he dejado llevar por la corriente
un cuchillo en la faja del baile popular
en la cervecería
bailarines saludando con delicadeza
luego un hombre y su mujer
desayunando en paz.
He aprendido a nadar
traje un cervato para altos sacrificios
Juan hijo de Juan
nací una noche en que los bares cerraron
por temor de la guerra.

* * *

Hice blanco en esturiones de paño
dorados saludables pargos
del espíritu
y roncos jóvenes
y jóvenes serruchos
ni siquiera tenían alma
sino esperma goteada y largos
huesos de harina
Hombres con alas cazadores como yo
fértiles como salidos de la Biblia
bailaban en las márgenes del río
del brazo de sus hija vírgenes
con ojos de carbón
entonces creo
no vi más.

* * *

Habrá quien de estos versos saque una canoa y
entre al mar pues ya he sentido en mi espalda su
callado impulso y siempre habrá quien de estos
versos edifique una tarde incomprensible para mí
entre sus desconocidos en lugares que no veré
rodeado de palabras que serán extrañas y siempre
habrá quien suponga la nada de estos días y trate
de cortar con un cuchillo esta rueda de humo.

* * *

Ha vuelto a ser octubre muchas veces
punteros de átomo, navíos
escapes de amoniaco
nos han acorralado como estacas
no he prestado atención.
Tras las canteras
y el rastrojo oliva de los pastos
no se verá la costa
llamada Caibarién por un vaho de indios.
Y me he dejado llevar
o me han traído
y he llegado hasta aquí
remontando
la tierra apisonada
por infinitos bailes.