Las puertas del cielo y otros relatos
José Antonio Sáez
Ediciones Dauro, 2020
Tras la publicación en 2018 de En la otra ladera, de José Antonio Sáez, anoté que el autor se había valido de la prosa para dar a la luz cuarenta y ocho poemas de honda condición, donde el sentimiento de lo espiritual y la meditada expresividad vehiculaban un discurso pleno de intuición. “Llamo a las palabras perdidas en la noche del tiempo, como agujas bordeando el umbral del abismo”.
Ahora, llega hasta mí Las puertas del cielo y otros relatos, un volumen que reúne cincuenta y uno relatos y en el que escritor almeriense deja constancia de su precisa y lírica pluma.
Dos partes muy distintas componen el conjunto: una primera, que abrocha siete cuentos y, una segunda, donde se agrupan los otras cuarenta y cuatro y que bajo el título de “Narraciones recuperadas” fueron viendo la luz en su blog La mirada ausente.
Si hay un nexo común en el conjunto es la dicción rica, fluida, exacta en sus descripciones, sutil en las distintas tipologías que presentan los protagonistas, natural a la hora de vertebrar las distintas temáticas. Porque la muerte, el miedo, la infancia, la naturaleza, el desasosiego, la dicha, la dicotomía amor/desamor, los conflictos sociales, el fluir de las estaciones… van poblando estas páginas de impresiones, sentimientos y asombros muy distintos.
En su revelador prefacio, Pedro Domene apunta que “el proceso narrativo que caracteriza, en su conjunto, a los textos de José Antonio Sáez, viene dado por su carácter mixto que es fácilmente reconocible en muchos de los elementos que subyacen en la proporción de una obra lírica, épica o teórica”.
Una obra, sí, que tiene la virtud de mostrar sus emociones y desencantos desde el punto de vista de sus personajes o cediéndole directamente a ellos la palabra, además de reinterpretar con especial habilidad y sabiduría sus filias y fobias más extremas y recónditas.
Títulos como “La sala de lo exvotos”, “Virginia Wolf no pudo amarme”, “Flores para Elisa”, “El gondolero”, “Glorieta de los magnolios”, “Los remeros románticos” “Luciérnagas”, “Ninfa del bosque”, “Perdidos en el paraíso”, “Quimioterapia”, o “Rosa de invierno” (“Quise cortar las últimas rosas del invierno para atesorarlas junto a mi corazón e iluminar mi semblante, pero ellas me clavaron sus espinas en las manos y me hicieron sangrar”) son harto recomendables, si bien, el lector, quedará con éstas y el resto de las aquí compiladas lírica y narrativamente satisfecho.