Rigoberto Díaz Cutiño (Las Tunas, Cuba, 1948). Poeta y profesor. Licenciado en Pedagogía, especialidad de Historia. Ha publicado La voz de adentro (poesía, Cuba, 1995) y Terriblemente a pie (poesía, Cuba, 2002). Ha sido incluido en importantes antologías de la décima cubana: Poetas del mediodía (Cuba, 1995); Antología de la décima cósmica de Las Tunas (México, 2001) y Esta cárcel de aire puro. Panorama de la décima cubana en el siglo XX (Cuba, 2011). Estas décimas que ofrecemos pertenecen a su libro más reciente: Bajo la piel del silencio (Ilíada Ediciones, 2020).
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Toma mi voz
Caminante son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Antonio Machado
No le temas al camino
ni al mar de silencio, avanza;
pese a la sombra se alcanza
un sitial en el destino.
Atento al sol de tu sino,
búscalo siempre delante.
Si en ese andar incesante
tu mirada es árbol seco,
y se va alejando el eco,
toma mi voz, caminante.
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Reto del camino
Andar es abrir un trecho
de rabia en la soledad.
Jorge Luis Mederos
Qué silencio: desafío
de tiempo roto en mis ojos.
A pie cargo los enojos
con la noche que porfío.
Mi andar es contra el hastío
de tanta absurda verdad,
que se torna tempestad
y deja el sueño sin techo.
Andar es abrir un trecho
de rabia en la soledad.
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Arena oscura
Silencio es la sombra rancia
de componentes etéreos,
y de microbios aéreos
que en la mente hacen estancia.
Una insólita abundancia
que reduce tu existencia,
y siempre tiene presencia
en la raíz de la voz.
Es ese silencio atroz
que areniza la conciencia.
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No olvidar te ayuda a andar
Cómo olvidar a esta hora
el concierto del silencio,
que en mi soledad presencio,
inmerso en tanta demora.
Más todo el daño que otrora
este silencio produjo:
un mar de calma, reflujo
del vicio y la desmemoria;
la marea de la historia,
que al muladar nos condujo.
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Falso trofeo
Boceto fugaz de un viaje:
la vida de los humanos,
tan solo seres paganos;
tablero para hospedaje
de la muerte. Gris celaje
nos disfraza. Somos reos
y llevamos como arreos
las cenizas del furor.
Eso es todo, todo error;
somos un falso trofeo.
