Vivimos tiempos en los que no existen distancias telúricas y en las que Toronto, Canadá, puede ser la terraza de una casa en cualquier lugar e incluso, fantasear que se goza del privilegio de dialogar, taza de café en medio, con un entrevistado de lujo como lo es Ismael Sambra (Santiago de Cuba, 1947), aunque tal diálogo sea algo más que un cuestionario respondido a través de correos electrónicos interactuados. Sambra es Licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana, y trabajó como asesor, guionista y director de la televisión cubana. Ha publicado muchos libros y ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales. Sin embargo, cabe destacar su sencillez, cualidad que engrandece aún más su sorprendente trayectoria donde los triunfos se vieron, a veces, mezclados con las dificultades.
Su fuerte voluntad lo mantuvo inquebrantable aun en las peores circunstancias, su lucha por la supervivencia lo dignifica. A pesar de todo, resulta edificante constatar su entrega al arte, a la literatura, por el arte y por la literatura, así como por y para el periodismo escrito y televisivo que aún cultiva. Y al adentrarnos en tal suerte de coloquio, me sumerjo en un magnetismo capaz de llevarme y traerme, al traspasar las barreras del tiempo, hasta llegar a lejanos amaneceres en los que el entrevistado va poniéndonos frente a una carrera extensa y meritoria donde la poesía y el pensamiento crítico se mezclan, y nos cautiva, para hacernos conocedores de su quehacer vital y literario. Ha publicado poesía, cuento, crítica, artículos, ensayos, y además escribe para niños. Ha sido fundador y editor de revistas literarias y junto a otros escritores fundó en 1991 el Grupo Independiente de Escritores y Artistas Cubanos, conocido como El Grupo. Es Académico Correspondiente de la Academia de Historia de Cuba-Exilio y Miembro de Honor del PEN Club de Escritores de Canadá.
Deme un breve bosquejo (País de nacimiento, hogar, familia)
Nací y me crie, en Santiago de Cuba, en uno de sus barrios más pintorescos, en el barrio Tivolí, “fundado por franceses en tiempos de inmigración haitiana”, en una casa encaramada sobre una loma, en una calle de norte a sur de solo tres cuadras de largo, que comienza en una escalinata y termina en un balcón o mirador circular con una espléndida vista de la bahía. Curiosamente esta calle, que se llama Santiago, está a cuatro cuadras del mar a donde iba a veces a bañarme, mientras pensaba que algún día me llevaría muy lejos. Allí había un Club Náutico construido sobre el agua con muchos yates y botes para navegar. También iba a menudo para jugar basquetbol y hacer ejercicios. Esa construcción todavía se mantiene y abrieron allí un restaurante. Pero ni los yates ni los botes podían salir libremente del espacio limitado de la bahía.
¿De cuántos miembros se componía la familia a su nacimiento?
Soy el hijo mayor. En total éramos cinco: Mamá, papá, mi hermano, yo y el patio de la casa. Así lo describo en mi poema «Breve impresión del fotógrafo», del libro Hombre Familiar…, finalista Casa de Las Américas, 1984.
Los más transparentes recuerdos infantiles.
Recuerdo que cuando tenía unos 10 años, mis tíos-padrinos me llevaron a su casa a pasarme unos días de vacaciones y coincidió con el Día de Reyes, el 6 de enero. Ellos eran dueños de una tienda mixta, La Dalia, ubicada frente al parque central de Gibara, al norte de Oriente. Entonces yo fui esa vez Rey Mago junto con mis primas que eran mayores que yo. Y nos fuimos de madrugada a regalar juguetes a los niños de la barriada, juguetes que habían sobrado de las ventas esa misma noche, y esto nunca lo he olvidado. Mis tíos eran muy generosos. Trabajaban duro hasta de madrugada, incluso los domingos. Y abandonaron el país cuando les confiscaron la tienda. Otra cosa que no olvido es que cuando niño me gustaba visitar una gigantesca ceiba que adornaban cada fin de año como árbol de navidad, donde empezaba la escalinata de la calle Santiago en la que yo vivía. Era deslumbrante, todo un acontecimiento para mí, porque además, en la ladera de la loma del Tivolí ponían a pastores y ovejas de tamaño casi natural alrededor de una enorme cascada artificial hecha de piedras rocosas de muchos niveles de altura y luces blancas en cada nivel, con sus aguas constantemente precipitadas hacia un estanque pegado a la orilla de la acera, lleno de luces y peces de colores. Lamentablemente todo eso desapareció después del año 59 con las prohibiciones de estas fiestas. La cascada siguió ahí, pero ya sin agua, sin luces ni peces.
Y en su adolescencia y los años juveniles qué es lo que más recuerda.
Esas etapas te las puedo resumir así. De mi adolescencia recuerdo cuando a los 12 años, me vestí con el uniforme de maestro de la Campaña de Alfabetización, y me fui a los campos para enseñar a leer y escribir a los campesinos en la zona de Mayarí, y fue para mí como una fiesta de independencia. De mi juventud solo recuerdo tres hechos. El primero, cuando quería ser como los Beatles y me dijeron en la escuela que tenía que ser como el Che. El segundo, cuando me expulsaron de la Escuela de Comercio por parecerme más a los Beatles. Y el tercero, cuando decidí escapar de la isla clandestinamente. Todavía tengo marcado como un latigazo el movimiento del barco mercante atracado en el muelle de la bahía cuando empezó a moverse entre dos luces y a zarpar sin mí. Al parecer, todo estaba muy bien planeado con un marinero español para llevar a efecto el arriesgado rescate. Todo parecía perfecto, porque además no había luna, y vestía un uniforme, pero de camuflaje. Eran ropas negras, para confundirme con la oscuridad. Lamentablemente, esa vez me quedé vestido y sin poder ir a la fiesta.
¿En su entorno existían antecedentes literarios o artísticos?¿Cuándo y cómo surge su encuentro con el mundo artístico y literario?
Sí, claro. Había grupos de interés que promovían el arte y la literatura a través de maestros y concursos. Recuerdo que se me ocurrió hacer una maqueta de más de un metro, rectangular, de un central azucarero, tomado de una foto de mi libro de 5to Grado. Aquí reproducía todos los detalles en tercera dimensión, utilizando envases vacíos de madera, latas, plásticos y cartón. Había construido hasta la línea del tren y la locomotora con sus carros repletos de cañas cortadas, que eran pedazos de hierbas seca que había pintado de verde, una a una, para darle forma. Y con eso gané premio en un concurso regional y salí retratado con la maqueta en el periódico. Escribí también una pequeña obra de teatro, una especie de sketch cómico que representamos mi hermano y yo en el gran salón del Gro Cataluña. Mi hermano menor hacía el papel de maestro y yo, de alumno travieso. Mamá nos hizo los vestuarios porque sabía coser muy bien. Recuerdo que el público reía mucho y que había una escena en la que yo cazaba una mosca con un manotazo en la cabeza del profesor. Recuerdo eso, que también me divertía mucho y solo teníamos 8 y 10 años. Curiosamente, eso ocurrió en el mismo local en el que años después trabajé como actor profesional, en el Conjunto Dramático de Oriente, ubicado en un segundo piso en calle Enramada y Calvario, por supuesto, con muchas transformaciones y con muy buena acústica. También escribí mi primer poema a los 11 años dedicado a mi madre: Contigo en todas partes/ contigo noche y día/ no me apartaré de ti/ dulce madre, madre mía… Y cumplí con lo prometido, porque la traje a Toronto a vivir conmigo, después de mi destierro.
Estudios realizados.
Mamá quería que yo estudiara en la Escuela de Comercio, porque decía que yo tenía cabeza para los números, y porque el hijo de una amiga, una vecina que vivía al frente, había estudiado Contabilidad y tenía un buen trabajo en la Compañía Eléctrica. Entonces, para complacerla, matriculé en la Escuela de Comercio en lugar de hacer el preuniversitario. Y en el 2do año de la carrera técnica fracasé, no por culpa de mis notas, sino por mi hábito de vestir como los Beatles. Me prepararon una coartada con una estudiante militante de la juventud comunista y me vi de pronto expulsado. No porque fuera mal alumno, por el contrario, aprobaba muy bien las asignaturas, sino porque era un mal ejemplo para los demás. Después que fracasó mi primer intento de fuga clandestina, traté de adaptarme a la represión y entré a la universidad por examen de ingreso. En ese entonces ya había formado accidentalmente una familia, porque a los 22 años me casé de urgencia y a esa edad fui padre.
Usted ha obtenido algunos premios y reconocimientos, como el Premio Nacional de Narrativa de Amor, 1984, premio Nacional de Poesía Heredia, 1986, premio internacional «A quien corresponda», México, 1998, premio ensayo del VI Seminario Nacional de Estudios Martianos, 1977, finalista Casa de Las Américas, 1984 con el poemario Hombre familiar o Monólogo de las confesiones, entre otros. ¿Qué impacto ha tenido para usted cada uno de los premios recibidos?
Creo que los premios no definen exactamente la calidad de las obras. Tenemos ejemplos de obras monumentales que nunca fueron a concurso, ni fueron premiadas por un jurado. Existen cientos de concursos que estimulan a los escritores y a artistas a participar. Eso es bueno, pues da al menos cierto reconocimiento en vida del autor. Hombre familiar… es mi libro más premiado y reconocido. Es un libro extenso y también intenso, un gran monólogo sin puntos ni comas. Su versión en inglés tiene 102 páginas. Me siento realmente complacido, porque he podido constatar en los recitales y las tertulias que los lectores se identifican mucho con este tipo de poesía de la intimidad, porque la gran poesía está en la «poesía intimista». Y he obtenido muy alentadoras críticas durante los 20 años que han transcurridos, desde su primera publicación por Betania, en España, en 1999, como por ejemplo la de Manuel C. Diaz en el Miami Herald “…Estos tremendamente logrados poemas resurgen con la misma nitidez de entonces. “Porque te dejo ir/ me resultas ausente/ porque llegaste roca hasta mi frontera/ al espejo en que vago/ te has hecho nudo en mi centro”. Pero no es sólo su calidad lo que los hace valiosos; estos poemas tienen, además, el valor de haber sido de los primeros en desprenderse del tono apologético de la poesía cubana de aquellos tiempos…” y otra valoración también significativa fue la del poeta, ya desaparecido, Guillermo Rodríguez Rivera, miembro del jurado, que tuvo la gentileza de definirme en el prólogo: “Formado en el espíritu de claridad y comunicación que caracterizó la llamada poesía conversacional de los años sesenta, Sambra consigue en este libro llevarla a explorar también aspectos de la intimidad del hombre, que dan carne y sangre al entorno en el que el hombre actúa”. Este libro también tiene una edición bilingüe español-francés, con fotos originales de mi casa, de mi barrio, de la bahía y del gigante árbol de navidad que sigue vivo después de más medio siglo, pero que nunca más ha sido decorado.
¿Después de tanto andar cuando vuelve la mirada, qué queda del adolescente que fue?
Creo que no queda nada, excepto lo que ya te dije. Yo siempre digo que pertenezco a una generación frustrada, cortada por la misma mitad por la más feroz censura que haya existido. Cuando la revolución triunfa, todavía no había cumplido los 12 años. Estudiaba en una escuela primaria pública, la Don Tomás Estrada Palma, de un solo piso, que estaba frente a ese árbol de navidad, en mi mismo barrio, donde todo era gratuito, y cuando terminé el 6to grado, y con 12 años cumplidos, me incorporé a la brigada de alfabetización Conrado Benítez. A pesar de que mis padres se negaron al principio, finalmente los convencí al entender mi determinación. Esa es la única experiencia que considero importante en mi adolescencia. Ya desde entonces había empezado a escribir poemas inspirado en la revolución, con la ilusión que la mayoría teníamos de tener una Cuba libre y próspera. Mi padre había participado en la conspiración rebelde y no solo arriesgó su vida, sino también la mía, al usarme como escudo humano para llevarle a los rebeldes de la Sierra información y medicinas, dos meses antes del triunfo, cuando ya se había tornado muy peligroso salir a la calle, porque te podían matar o podías morir por la explosión de una bomba insurrecta en cualquier esquina. Los rebeldes ya estaban cercando la ciudad. Papá conocía a Barbarroja y ese día nos dirigíamos a su encuentro. Íbamos en su motocicleta roja, pasando los puntos de control del ejército de Batista que tenía cerrado los accesos de entrada y salida de la ciudad. Esto lo cuento con detalles en mi novela-testimonio Procesado en el Paraíso. Recuerdo perfectamente la fisonomía de este rebelde. Recuerdo que los aviones del ejército estaban bombardeando el área y tuvimos que ocultarnos junto con el motor en una cañada, debajo de unos arbustos. Recuerdo todo. Puedo adelantar aquí que el capitán Manuel Piñeiro, alias Barbarroja, le dijo a mi papá: «No regrese, Moro, que a esto ya le queda poco». Pero papá era muy cabezón y de regreso los guardias de Batista nos iban a disparar. Papá era un comerciante ambulante que vendía su mercancía en el monte y gracias a esto lo conocía mucha gente y por eso los guardias lo dejaban pasar. Y eso era lo que nos protegía. Pero esa vez fue distinto… Es decir, que yo me crie en ese ambiente revolucionario. Pero pasó que a papá le confiscaron su pequeño negocio y le prometieron un subsidio económico que nunca le dieron. Estuvimos muy necesitados y tuve que ir al puerto a trabajar en los muelles, a cargar sacos, maderas y cajas de los barcos mercantes, en turnos de madrugada que nadie quería hacer. Papá, como muchos, se sintió traicionado. Yo recuerdo sus lágrimas cuando tuvo que quemar en el patio su enorme colección de la revista Selecciones que ni a mí me dejaba usar, pues esta revista fue inmediatamente prohibida en Cuba, porque hablaba sobre los peligros del comunismo y ya desde entonces se advertía la tragedia que nos venía encima. Yo también quería ser revolucionario, de hecho yo pensaba que también lo era y participaba en todo, hasta que me sobrevino también la decepción cuando choqué frontalmente con la realidad…
¿Pero, por qué dice que pertenece a una generación frustrada?
Porque además yo no tuve juventud, porque no podía escribir lo que quería, porque la música de los Beatles estaba también prohibida. Yo recuerdo que teníamos que hacer nuestras fiestas a puertas cerradas para poder bailar con los Beatles y la música moderna del Rock-and-Roll, porque era la música del enemigo. Sabíamos que cualquier cosa nos podría pasar. En una fiesta de fin de año que celebrábamos un grupo de jóvenes, cada uno con su pareja, en una casa particular de la Calle San Pedro, cerca del Paseo Martí, el tío del dueño de la casa llegó borracho cuando más nos divertíamos y quitó el disco de música moderna y quiso obligarnos a bailar un danzón de Barbarito Diez. Terminamos todos en la calle peleando con el tío, porque el tío sacó una pistola y me quiso matar, porque yo había protestado. Mi novia y yo éramos los organizadores de la fiesta y habíamos recolectado el dinero entre todos para celebrarla. Yo cuento en mi novela también esta anécdota, que no tuvo un final feliz. Los jóvenes íbamos al parque y éramos víctimas de redadas policiales cuando uno menos lo esperaba. Fui arrestado varias veces, aun mostrando mi carnet de estudiante de la Escuela de Comercio. En otras ocasiones tuve que correr mucho para escapar de las “Brigadas” de la juventud comunista que salían a las calles con tijeras para cortar el pelo largo y los pantalones apretados a los que osábamos vestir a la moda. Conocí el acoso y la represión. Y llorábamos como niños cuando la policía entraba a una fiesta y nos confiscaba los pocos discos que habíamos adquirido, pagando a veces altos precios en el mercado negro, cuando no teníamos un familiar que lo pudiera introducir en la isla afrontando riesgos. Realmente frustrante. Al extremo que decidí escapar en un barco mercante cuando tenía 17 años. Ya comenzaba a escribir poesía disidente, y después poesía inspirada en el caso Heberto Padilla, que había ido a prisión por escribir Fuera de Juego, a pesar de haber ganado el premio nacional de poesía de la UNEAC. Pensé que podía adaptarme y estudiar en la universidad, porque de lo contrario me podían condenar «por vago» a trabajos forzados en los campos de concentración de la UMAP. Eso le sucedía a los que no trabajaban ni estudiaban y eran considerados “parásitos de la sociedad”. No había otra opción. Sabía que la censura no me dejaría publicar y entonces destruí muchos escritos por miedo a que lo encontraran y me enjuiciaran como a Padilla.
Entonces puede entrar a la universidad. ¿Qué carrera matricula?
Nada menos que Literatura y Lengua, que era realmente lo que me gustaba estudiar. Pero eso era muy difícil, porque tenía que hacer un examen de ingreso y pasar por un filtro político. Pero preparé mi personaje lo mejor que pude para representar mi papel de joven integrado a la revolución. Me corté el pelo bien bajito, me puse pantalón de trabajo y unas botas agrícolas. Lo más difícil fue responder las preguntas sobre las creencias religiosas, tenías que demostrar que no creías en Dios. Ya esto lo he dicho en otras entrevistas y me resulta hasta cómico la forma en que lo resolví para poder pasar el filtro. Cuando me preguntaron, yo les respondí —porque ya tenía preparada la respuesta—, que cuando pequeño yo creía en Dios y que ahora que había crecido creía en Carlos Marx y en Lenin. Esto me costó mucho esfuerzo, porque no solo lo dije, sino que también tuve que escribirlo para que les resultara convincente. Y parece que los convencí, porque pasé la prueba política y me dejaron entonces hacer la prueba académica. Después tuve que pedirle perdón a Dios, porque fingir era la única forma que se tenía para poder estudiar una carrera.
En el prólogo que usted escribió para la revista literaria El Grupo (edición facsímil) en el 25 aniversario de su primera publicación, dice que estuvo a punto de ser expulsado de la universidad a causa de un poema. Hábleme más de eso.
Fue cierto. Envié el poema «Los poetas llegan tarde a clase», al concurso literario de la Universidad de Oriente donde cursaba ya el segundo año de la carrera. Y el poema resultó premiado. Entonces se hizo un evento-taller con la publicación, en la que participaron muchos intelectuales del país, incluyendo algunos de La Habana. Esa noche yo no pude asistir, porque mi hijo de dos años se había accidentado y tuve que llevarlo de urgencia al hospital. Y creo que fue mejor que yo no estuviera allí. Unos militares, periodistas de la revista Verde Olivo, acusaron el poema de contrarrevolucionario. Pero el debate se complicó cuando otros, como el novelista José Soler Puig, y los poetas Ángel Augier y Efraín Nadereau, entre otros, se opusieron a tal acusación. Afortunadamente las opiniones quedaron divididas. Pero de todos modos al otro día recibí una citación del Decano de la Facultad, la Juventud y el Partido para analizar conmigo lo sucedido. Querían que yo confesara que era un poema de ataque a la revolución y se me dijo que si yo me arrepentía podrían reconsiderar la idea de mi expulsión. Por supuesto que no caí en esa trampa y en todo momento puntualicé que yo me estaba refiriendo a los poetas del capitalismo y no al comunismo y que no era un problema de mala intención, sino de mala interpretación, precisamente por el carácter polisémico que tiene la obra literaria, de acuerdo a lo que estábamos estudiando en esos momentos en la carrera…
¿En realidad, cuál era el tema del poema, que veo que también el poeta Guillermo Rodríguez Rivera, lo menciona en el prólogo de su libro Hombre familiar…?
Te voy a decir el poema completo, porque es corto y me lo sé de memoria, ese poema se lo dediqué a mi maestro y amigo Ricardo Repilado, que fue el primero que usó esa expresión conmigo, porque yo siempre llegaba tarde a su clase. Ya yo había publicado algunas cosas en la revista taller y algunos poemas murales que se ponían en las paredes de la escuela. Y ese día el profesor me miró por encima de sus espejuelos y me dijo: “Parece que los poetas siempre llegan tarde a clase”. Y todos se rieron por la ocurrencia y me dejó pasar, porque nadie podía entrar tarde a su clase y uno tenía que pararse en la puerta del aula a esperar que él decidiera, y a veces te las pasabas todo el tiempo ahí parado.
“Los poetas llegan tarde a clase,/ meditabundos, por vías escabrosas,/ aburridos, mutilados como el soldado de la guerra fría./ Los poetas se enamoran de las calles/ escupen al abismo, no comen/ contagian las horas con sus venias/ escarban agujeros en la tierra,/ trasnochan y juegan a la nada./ Finalmente a la hora de la sentencia/ el maestro, el anciano profesor de lentes ovalados,/ despega la vista de la hoja/ y le pide la palabra a los ausentes:/ Los poetas no lloran, no gritan, no dicen nada,/ despliegan gestos, maneras./ Los poetas no se llaman sol,/ no se llaman cruz,/ no tormenta./ Por eso, a la hora de la sentencia/ ríe el maestro,/ el anciano profesor de lentes ovalados,/ viéndolos podrir en los bancos solitarios/ que reclaman su presencia.”
Nadie puede dudarlo, es un poema disidente de principio a fin. Pero pude escapar ileso, casi milagrosamente, cuando más agresivo se mostraban los «comisarios políticos» del régimen, y pude terminar finalmente mi carrera.
¿Qué sentimiento le atrapa al recordar El Grupo Independiente de Escritores y Artistas Cubanos del que fue fundador?
Un sentimiento de impotencia y al mismo tiempo de absoluta rebeldía y un poco de satisfacción también. Porque teníamos razón de sobra para hacerlo y hacer mucho más. Porque era imposible que un ser humano, con ideas humanistas y amor a la libertad, se pudiera adaptar al despotismo y dejarlo así campear sin oponerle alguna resistencia.
¿Cómo surge la idea de crear El Grupo? ¿Qué experiencias a cambio, le brindó?
Decidimos algunos intelectuales santiagueros agruparnos para leer nuestras obras y publicarlas independientemente, porque no se estaba publicando nada, por la escasez de papel, decían. Sabíamos que las organizaciones que nos regían, como la UNEAC, los Talleres Literarios, la Brigada Hermanos Saiz, no nos iban a publicar, porque estábamos creando un tipo de literatura contestataria muy peligrosa que ninguna revista se atrevería a publicar. Esto evidentemente no lo podíamos enunciar de esta manera. Estaba implícito el deseo de cambios en el país, y mucho más después del derrumbe del comunismo. Pero sabíamos que no lo podíamos decir claramente. Ya estábamos recibiendo algunos ataques de los «comisarios políticos» de la UNEAC para desaparecernos y desaparecer nuestra revista homónima. Decidimos reunirnos por primera vez en abril de 1991 y en junio publicamos el primer número de la revista EL Grupo con poemas bastantes fuertes. En su prólogo ya anunciábamos: “El Grupo se integra a la diversidad de caracteres y estilos. No se identifica con escuelas, movimientos o tendencias; pero sí, y profundamente, con la creación humana y socialmente libre y con un sentido humanista de la vida cada vez más transparente y siempre perfectible…” Sabíamos que jugábamos con candela, porque el simple hecho de estar reunidos en forma independiente ya era un desafío al estatus quo. En ese primer número publiqué un largo poema súper angustioso «Crónica de un viaje sin final y sin retorno», que acababa de terminar, y que hablaba precisamente de lo que fue mi juventud: “…Solo digo que partí/ descabellado y loco/ sin más guarda que mi impronta juventud/ de pelo largo de pitusa desteñida/ descalzo de amores egoístas/ de amor profuso/ y más dura fue la guerra/ como toda guerra sin caminos./ ¿Qué puedo decir ahora de los años/ que se fueron tomando mi sudor?/ Quiero decir y no digo/ de esas secretas manos que asfixiaron mis antojos:/ las mías ya son/ inoculantes manos/ tropezando con el abismo de las uvas amargas.” Este poema aparece en Orgía del miedo, primer libro de la trilogía poética Los ángulos del silencio, Editorial Verbum, 2001.
¿Cuándo sale de Cuba? Y, ¿dónde vive en la actualidad?
Salí fuera de Cuba el 11 de mayo de 1997, en vuelo directo a Toronto, Canadá, donde aún vivo, después de cumplir casi 5 años de una sentencia de 10, acusado de Rebelión pacífica y Propaganda enemiga. Era domingo y “Día de las madres”. Salí directamente de la prisión política. Habíamos creado Generación-Cid, un grupo de activismo político, que fue de los primeros de la naciente sociedad civil. Y nuestro delito fue el haber confeccionado y distribuido proclamas anti gubernamentales en las llamadas “elecciones” de 1992, elecciones de un solo partido y un solo candidato. Algunos escritores miembros de El Grupo también participaron en la confección y la distribución de la propaganda. Nos sentíamos en la obligación de hacer algo más para protestar, sobre todo después que El Grupo fue desactivado, pues nos sacaron del local que nos había prestado la UNEAC, además nos bloquearon la posibilidad de usar la impresora del Ministerio de Cultura Municipal, y nos expulsaran de nuestros trabajos, por unas cartas que enviamos a Abel Prieto, miembro en ese entonces del Buró Político del Partido, protestando por los golpes y el arresto de la poetisa ganadora del premio nacional de poesía, María Elena Cruz Varela, presidenta del grupo disidente Criterio Alternativo, en La Habana.
Pese a no haber nacido en Toronto, ¿se siente como un torontoniano comprometido con el país, con la capital de la provincia Ontario, la cual lleva el lema: «La Diversidad es Nuestra Fuerza»?
Toronto es la ciudad más grande de Canadá, de casi tres millones de habitantes. Desde que llegamos me sentí muy atraído por sus enormes construcciones y su inmensidad, una ciudad elevada a la orilla del lago Ontario, que a pesar de que es el más pequeño de los “cinco grandes lagos” de agua dulce, no se pude ver la otra orilla. Es realmente una ciudad multicultural y multiétnica, al igual que todo el país. Su diversidad es también tolerancia, democracia, es respeto a todas las minorías, a la libertad, a las elecciones multipartidistas, y esa es la fuerza verdadera que toda nación debe usar para su desarrollo. Hay de todo y tiene de todo lo que pueda impresionar a un recién llegado. Tuve una gran acogida de los intelectuales del PEN Canadá que trabajó junto con Amnistía Internacional en la campaña para lograr mi liberación. La prensa de todo el mundo oriental y occidental reflejó el anuncio de mi llegada, pues fui una especie de objeto de canje entre los gobiernos de Canadá y La Habana. Pues ambos querían demostrar que la política de “Relaciones Constructivas”, que se oponía a la del “Embargo Americano”, funcionaba. Recuerdo que estuve dando entrevistas a todos los medios informativos durante más de quince días sin parar, mañana y tarde, en la residencia de la universidad Wilfrid Laurier, en Kitchiner, que me había ofrecido mi primer trabajo. Muchas de estas entrevistas fueron en vivo y en directo para la televisión. Estaban muy curiosos por conocer sobre las causas de mi presidio político, porque era la primera vez que esto sucedía y se negociaba un caso como el mío entre estos países. Una de las preguntas recurrentes que me hacían en las entrevistas era, que si yo pensaba irme a vivir a Miami donde estaba casi toda mi familia, y yo les respondía que me sentía muy agradecido y muy comprometido con esta nueva patria que nos daba refugio y esperanza de mejor vida, y que yo quería retribuir con mi trabajo y mi dedicación a la ciudad, al país, lo que me habían dado sin apenas conocerme. Sí, me siento torontoniano. Me siento canadiense. Estoy dedicado a este país, sin olvidar Cuba, al igual que mis hijos. Ese fue mi compromiso y lo he cumplido, a pesar que nos costó mucho adaptarnos al intenso frío.
¿Hacia dónde dirige su derrotero?
Hago lo que puedo y lo que quiero. Soy finalmente libre. Sigo escribiendo, sobre todo estimulado por las invitaciones que recibo para participar en diferentes eventos internacionales, sobre todo, en el Festival Vista de Literatura Independiente de Miami, donde he realizado el lanzamiento de algunos de mis libros, como Cuentos de la Prisión más grande del mundo, con 12 largos relatos basados en hechos reales que viví durante mis años de encierro. También el lanzamiento de la compilación o selección Cuentos Erróticos, junto con el escritor Manuel Gayol, donde aparecen excelentes cuentos, que se escribieron especialmente para atender nuestra convocatoria que define el concepto «errótico» en literatura. Un nuevo concepto que diferencia lo erótico de la pornografía y utiliza el erotismo como gancho para abordar temas sociales y políticos, de todo tipo, en el campo de la comunicación. El año pasado presenté dos libros Family Man, y Monologue des Confessions (Español-Francés) traducidos directamente del libro Hombre familiar… por la excelente traductora franco-canadiense Sylvie Antoinette Boutin.
¿Cuáles son sus mayores necesidades?
Creo que no necesito nada especial para hacer lo que estoy haciendo. Pues cuento con dos principales ingredientes para la creación: la libertad y el amor por lo que hago. He hecho algunas cosas aquí en Canadá como la publicación quincenal del primer periódico trilingüe impreso, Nueva Prensa Libre, New Free Press (español, inglés y francés), y la organización Cuban Canadian Foundation de cubanos libres en Canadá. Trabajo profesionalmente cada día en mis libros. En Cuba publiqué muchos artículos y ensayos basados en la investigación histórica, literaria y folclórica, sobre todo a cerca del Carnaval Santiaguero, que fue perdiendo sus raíces a causa de las prohibiciones, como fue el caso de «Las Máscaras a Pie», que fueron la esencia misma del carnaval en el pasado y que pude rescatar a través de mi trabajo, no remunerado, como asesor folclórico de la Comparsa San Pedrito, que pasó del quinto lugar al primero, en varios años consecutivos, gracias a la introducción y el rescate de estas «mascaradas». Lo novedoso de esto fue que no utilizábamos una de cada una, como en antaño, nosotros utilizábamos 15 o 20 máscaras de cada tipo, que bailaban al compás de la conga, en una coreografía espectacular de mucho colorido. Era un fascinante espectáculo de calle con mucha creatividad tradicional. Ahí estaban el Aura cuerera, el Rey Momo, el Diablito, la Serpiente Tarasca, los Caballitos, los Caperos, los Gigantes, los Cabezones, la Muñeca Bailadora y algunas nuevas máscaras como el Doble Cara, que ya expresaban una crítica social contra la «doble moral», cosa muy presente aún en estos momentos. Cada año sacábamos algo nuevo, y todo bajo la dirección general de Rolando Maceda, y otros exigentes directores que vivían en la barriada, y que escuchaban muy atentamente mis sugerencias. Decidí hacer esto después de servir como jurado en los desfiles del carnaval durante cinco años y darme cuenta de lo empobrecido que estaban, muchas veces porque se limitaban los recursos, después de haber sido antes del 59 uno de los más impresionantes y más brillantes del Caribe-América. Y otra cosa que me apasionó mucho fue el de haber descubierto la figura del escritor e historiador Emilio Bacardí Moreau, el primer alcalde de Santiago de la era republicana, de la independencia. Me di cuenta de su relevancia y su significativa participación en la historia, en la política, como hombre culto y promotor de la cultura cubana, cuando escudriñaba en periódicos y documentos de archivos y museos, que nunca se habían tocado. Lo redescubrí cuando trabajaba arduamente en mi tesis de grado «Los espectáculos en Santiago de Cuba en la primera década del siglo XX», y tuve hasta que enfrentarme a la demagogia de los funcionarios, pues querían quitarle el nombre Emilio Bacardí al museo que él fundó, y que, según había demostrado en un ensayo publicado en la revista nacional Bohemia, fue el primero de Cuba y de América en su género. Querían ponerle museo Josué País. Tuve que lidiar con esa injusticia, porque de acuerdo a los dirigentes, Emilio Bacardí era solo un burgués fabricante de ron y cabeza de una familia contrarrevolucionaria que traicionó la patria. La familia Bacardí se fue a Puerto Rico, después que le intervinieron la fábrica de ron, sin pagarle indemnización por ello. Esto se me hacía muy abusivo, la manera en que se estaban viendo las cosas, al no reconocerse todo lo que había hecho Emilio Bacardí por la cultura, la independencia y la libertad de Cuba. Di muchas conferencias, publiqué muchos artículos en los periódicos y en la Revista Museo, que había fundado, y yo mismo preparaba con mucho esfuerzo y persistencia, con el objetivo de divulgar documentos y artículos que le dieran relevancia al más importante museo de Cuba, el único que exhibía dos momias originales, traídas expresamente por Emilio y su esposa Elvira Cape en uno de sus viajes a Egipto. El mismo Nicolás Guillen me publicó un artículo en La Gaceta de la UNEAC, después de que lo convencí, sentados frente a frente en su oficina, de la importancia de esta figura para nuestra historia. Tengo en mi poder algunos documentos inéditos que me fueron donados, y un enorme fichero aún sin procesar, y quiero, junto con todos estos artículos y ensayos, publicar un libro, que será mi contribución, como Académico Correspondiente de la Academia de Historia Cuba-Exilio, el año próximo.
¿De qué se sustenta el hombre inacabable?
Siempre fui un “niño inquieto”, según mi madre. Recibí muchos castigos a causa de eso. Castigos brutales como el de arrodillarme en el patio levantando un ladrillo en cada mano, y papá me pegaba con una correa de cuero cuando los bajaba. Me exigía que pidiera perdón por algo malo que había hecho, y yo prefería desmayarme antes que pedir perdón. Eso me hizo más rebelde. Y de esto aproveché el lado positivo cuando fui a prisión, y nunca me doblegué a las represiones, ni a las celdas de castigos. Estuve 40 días en una huelga de hambre, junto a seis prisioneros más, para protestar contra las violaciones, las torturas y la discriminación. Nos trataban peor que a los delincuentes comunes. Estuve casi al borde de la muerte y si ellos no hubieran cedido, ahora yo fuera un mártir más en la lista de los que han muerto por exigir la libertad. Todavía no he aprendido a controlarme y sigo siendo muy inquieto, aun en mi madurez y esto es lo que me hace pensar que aún no he llegado a viejo. Me siento una basura cuando no hago algo, cuando no cocino mi plato favorito, cuando no arreglo algo con mis manos o agrego algo a mi colección de artesanía antigua, o cuando no preparo alguna nueva mezcla en mi fábrica de vino, o cuando no leo o escribo. De manera que pienso eso, que la inquietud es lo que me sustenta y me da vida.
¿La mejor etapa de su vida?
Te parecerá una paradoja, pero pienso que fue la etapa de mi prisión, porque pude sentirme liberado, porque rompí completamente la barrera del miedo y pude hacer más cosas que las que podía hacer fuera de las rejas. Fundé un Comité de Prisioneros Políticos. En Boniato éramos casi 100 y más de 600 en todo el país. Unidos nos hicimos más fuertes. Y estuvimos a punto de hacer una rebelión nacional en todas las prisiones con presos políticos para llamar la atención internacional de lo que pasaba en Cuba. Pero solo se pudo hacer en tres prisiones en la provincia de Santiago, porque el activista que llevaba la convocatoria a La Habana fue apresado por la Seguridad del Estado en el aeropuerto. La Seguridad me acusaba de ser el líder, pero yo les decía que los líderes eran ellos, porque con sus violaciones convocaban a las protestas. Fue fructífera también, porque en la prisión pude escribir tres libros y tuve el tiempo necesario para leer las obras completas de José Martí y demostrar en un extenso ensayo que José Martí, era el principal opositor a Fidel Castro. Este libro ya cuenta con una segunda edición ampliada.
¿Sus veranos y sus inviernos, y hoy cómo puede describir su otoño?
Me gusta esa metáfora en forma de pregunta. A mis años yo vivo un nuevo otoño. Lo otro quedó atrás, sin rencor y sin odio, aunque siempre pienso en ello. Pero te voy a responder mejor desde estos versos cuando vi caer la nieve por primera vez con Ojos del recién llegado, un libro aun inédito. “Respiro hasta por los ojos sin igualar su olor/ y dejo que la nieve estrelle sus estrellas en mi cara. / ¡Ah! La nieve soñada ahora como nieve real./ ¡Bendito Dios por tanta perfección! ¡Bendita su armonía!/ Sobre calles árboles techos me estremece su silencioso ruido./ Como llega sorpresivo el espectáculo anhelado inventado hoy para mí/ expresamente para mí/ abro bien mis esporas con esporas del alma en este prematuro invierno/ cuando aún no han pasado los dolores del otoño”.
Sus mayores contradicciones.
Mi mayor contradicción soy yo mismo. Estoy siempre inconforme con lo que hago. Todo me parece poco. Sobre todo últimamente. No sé qué me pasa. Me quejo a veces, porque no quiero ser esclavo de mí mismo. Escribir es una adicción difícil de controlar. Esa es una drogadicción que no tiene cura. Y me tortura esta idea. Las cosas que escribí antes, ahora las disfruto más y no necesito cambiarles nada. Eso me pasó cuando releía Hombre familiar o Monólogo de las confesiones, después de 20 años, con motivo de las traducciones al inglés y al francés. Me emocionaba mucho y tenía que parar la lectura, por las imágenes y los recuerdos agolpados. Ese es un libro que escribí desde adentro, desde mi total intimidad. Ese es un libro rebelde, disidente, en los tiempos que estaba de moda la poesía apologética de alabanzas a la revolución. Yo me fui entonces a expresar mi mundo familiar y a mis íntimas y prohibidas confesiones. Y todavía me gusta mucho lo que hice y cómo lo hice. Eso es bueno por una parte y malo por otra, porque quiero hacer y descubrir siempre algo nuevo. Igual me pasa con los cuentos del libro Vivir lo soñado, una compilación de cuentos premiados en diferentes concursos. Por ejemplo, ahora estoy leyendo algunos para publicarlos en mi canal de YouTube como audio libros, y eso me gusta también, eso de escucharme yo mismo, de ayudarme yo mismo y aceptarme más. Esto me acerca más a los tiempos en que fui actor profesional de teatro, y aminora en algo mi frustración.
Los tiempos plausibles.
Hay que prepararse para esos tiempos y trabajar para que esos tiempos lleguen, aunque esos tiempos a veces llegan por si solos. No los busques empecinadamente, pero cuando aparecen debes estar preparado para disfrutarlos al máximo con toda la humildad que les dio la posibilidad y la forma adecuada de aparecer.
Matrimonio.
No creo en la firma de papeles para oficializar la relación de la pareja. Pienso solo en la capacidad de amar y en el amor, sin discriminaciones, sin limitaciones, sin muchas complicaciones.
Familia.
Supe hacer una familia, de hecho tuve tres relaciones permanentes y dos matrimonios. Tengo cuatro hijos, tres varones y una hembra, y además 9 nietos. Los amo mucho y siempre se los digo y lo demuestro. “Confieso que amo a mis hijos/ (aunque esto no deba sorprender a nadie)/ que los sueño despierto/ que mi hijo menor beso y me besa hasta dormido…” Esto fue real y lo viví intensamente en su momento. Y así lo reflejé en mi libro Hombre familiar…
Paz – Fe.
La fe te da paz interior y la paz interior te ayuda a disfrutar más de la vida. La fe y la paz cuando van unidas te hacen sentir más humano.
La amistad – Los amigos.
Me gusta interactuar con los amigos, quererlos. Digo como Mario Vargas Llosa “Me gustan los amigos y disfruto la amistad”. Perdí muchos amigos cuando salí de Cuba. Me he reencontrado con muchos de ellos en el exilio, en España, en New York, en Miami, amigos de los años juveniles, de la televisión, de las tertulias literarias, de la universidad, como Rafael Carralero, Max Barbosa, Erwin Dorado, Félix Luis Viera, Waldo González López, Rebeca Ulloa, Fernández Pequeño, Augusto de la Torre, etc. He encontrado otros que me han ayudado y guiado para entender mejor el nuevo país, mi nueva patria. Y de todos me siento agradecido. Como digo en mi poema «Definición»: “tengo buenos amigos y también/ buenos enemigos/ (no admito término medio)/ casi siempre me río/ no soy de una torre de marfil/ de un cuarto oscuro/ de un monte virgen/ mi casa no es un caracol/ acepto visitas cualquier día a cualquier hora…”
Emigración.
Vengo de una familia de emigrantes. Mis abuelos maternos de Siria y mis abuelos paternos de Islas Canarias. Eran emigrantes económicos cuando Cuba era como la tierra prometida y nadaba en la abundancia y la prosperidad. Hicieron familia y fortuna en Cuba. Después del 59, mi familia escapó de una Cuba arruinada por un sistema fracasado. Ahora somos todos emigrantes políticos refugiados en Estados Unidos y Canadá.
Detractores.
Los detractores aparecen siempre. No hay que temerles, no hay que enfrentarlos. Son gente suicida.
Patria.
Ya sé lo que es patria. Canadá me dio protección, me dio libertad y la oportunidad de ser actor y beneficiario de sus conquistas. Entonces, quiero retribuirle con lo mejor de mí. Por eso me quedé aquí y no me fui para Miami, a pesar de que me ofrecieron un buen trabajo en Univisión.
¿Qué piensa sobre la mediocridad en el mundo literario?
La mediocridad no hace literatura, pero hace mucho daño a la literatura. Sobre todo cuando se adueña de las publicaciones, los grupos y los eventos. Solo siembra intrigas, rivalidades, oportunismos, imposiciones, barreras, esquemas, descrédito, desunión, y hasta «silencio competitivo», que es ese silencio que se crea a propósito, en lugar de los elogios o la buena crítica ante la buena obra y el acierto de otros. Y esto es mucho peor, cosa que solo hacen los mediocres. Sigo fielmente a Martí cuando dijo “Honrar, honra”.
¿Con qué termómetro pudiera usted medir la salud de la literatura?
Creo que no existe ningún instrumento capaz de medirla. La literatura es un paciente permanente, que necesita siempre muchos cuidados y a veces “cuidados intensivos”, más ahora que hay tantos agentes virtuales, tantos “virus mutantes”, tanta tecnología y cibernética que amenazan su salud constantemente. Su mejor medicina es su rápida Adaptación a los nuevos tiempos. Su mejor psicólogo es la Fe, y la Libertad su mejor médico de cabecera. Pero pienso que siempre se recupera por buen camino y que vivirá eternamente.
La literatura posmoderna.
Esto fue muy difícil para nosotros. El posmodernismo, según su etimología, es lo que acontece después del modernismo. La literatura posmoderna estuvo vedada en Cuba. El Teatro del absurdo es posmodernismo y esto fue censurado y yo fui una víctima directa de esta censura. La Literatura de protesta política también fue prohibida, sobre todo después de la amenaza lapidaria “Dentro de la revolución, todo; contra la revolución, ningún derecho”. Ya te dije que casi soy expulsado de la universidad a causa de un poema. La revolución acabó con la corriente posmodernista surgida después de la Segunda Guerra Mundial. Solo el nefasto Realismo Socialista fue implantado, y fue como una paradoja frente al Realismo Mágico de García Márquez, divulgado en Cuba, al parecer, por la amistad de Fidel con este contradictorio autor, que fue víctima, quizás, de algún oculto chantaje de la Operación Mundana que emprendió el G2 y la Seguridad del Estado contra prominentes personajes de la cultura. Pero El Gabo se fue de este mundo sin aclarar la contradicción entre su actitud y su palabra, al haber escrito una gran novela contra la dictadura como El otoño del Patriarca, y después ser íntimo amigo de un despiadado dictador. Quizás porque nadie se lo preguntó. Todavía no sabemos los motivos reales de la ruptura entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, dos Premios Nobel del posmodernismo. Pienso que hubo algo de esto. Pero ninguno de los dos ha querido aclarar nada.
Corren tiempos en que ya sea a través de distintos géneros, continentes, idiomas, surgen cada vez más las selecciones y antologías. ¿Cuánto considera que pueden aportar al acervo cultural a nivel internacional?
Mucho. Mucho más aún en estos tiempos en que el Internet y la comunicación virtual y digital compiten deslealmente con el libro. La literatura tiene que sobrevivir de alguna manera, hoy más que nunca. Hay que buscar formas alternativas en las publicaciones para difundirla y hacerla triunfar a toda costa, sobre todo si tomamos muy en serio la sentencia del fundador de la física contemporánea Albert Einstein: “Es extremadamente obvio que nuestra tecnología ha superado nuestra humanidad.”
Con la revolución informática han llegado nuevas propuestas de lectura a través de diferentes plataformas, y con ello múltiples discursos y muestras itinerantes cuyas voces se expanden cada día más.
Es cierto. Ahora cualquiera en YouTube puede tener hasta su propio canal de televisión en la casa y transmitir lo que quiere, hasta expresar cualquier idea por muy estúpida o loca que parezca. Pero eso también tiene su riesgo y no hay quien ponga freno cuando aparece claramente la mediocridad. Cualquier basura se hace viral, lo que demuestra que el consumidor se ha vuelto superficial. Por un lado, las cosas se facilitan, porque todo o casi todo está en el Internet, fundamentalmente para los investigadores, quienes pueden encontrar rápidamente todo o mucho de lo que desean. Pero todo debe ser procesado con mucho cuidado antes de darlo por cierto. Por otro lado, se corre también el riesgo de que el menor esfuerzo reduzca las habilidades y estemos cada vez más controlados por la tecnología, y que cada día seamos más “personajes robóticos” o “justificantes” de lo que sería propiamente un ser humano, y esto les abriría peligrosamente las puertas a esos proyectos globalizantes que tratan de esclavizarnos. La revolución informática ha conectado el mundo, pero también ha ayudado mucho a los que quieren imponernos un Nuevo Orden Mundial bajo un único mando globalizado, que atenta contra la independencia, que crea una nueva dependencia con la “Globalización” versus “Nacionalismo”, que es un nuevo tipo de totalitarismo internacional a través de discursos insulsos que dicen acabar con la pobreza, la discriminación, proteger el medio ambiente, el calentamiento del planeta, etc., etc., que siempre encuentra tontos útiles (que al final son las primeras víctimas), y que recluta grupos violentos, que ponen en gran riesgo la salud de la sociedad y la “soberanía de la persona”.
¿Qué sentimiento le merece a Ismael Sambra, el libro digital, los blog, las páginas web…?
Eso es desarrollo, evolución espontánea y necesaria, contra eso no hay que luchar. Todo lo contrario, hay que aprovecharlo en sus mejores frutos. Esto ayuda mucho al escritor, al investigador, al lector, como una buena forma para la comunicación en estos tiempos. Siempre me pregunto cuánto más nos hubiera legado el ingenio de José Martí si hubiese tenido un ordenador a su alcance. Aunque esto nos haga temer mucho por la supervivencia del libro impreso, debemos aceptarlo a discreción. Yo prefiero el libro. Porque te digo la verdad, cuando veo a una persona leyendo con un libro en el Subway o en algún salón de espera, me despierta más respeto que a la que veo leyendo en una tableta digital. Y no es que niegue la modernidad. Aunque no tengo mucha paciencia para lidiar con las nuevas tecnologías, las acepto. Vine a saber lo que era una computadora cuando llegué al exilio. Recuerdo que tenía una en mi oficina, donde además transcribía mis manuscritos. De pronto apreté una tecla inconscientemente y mi documento desapareció. Solicité a la presidente de la universidad Lorna Marsden el servicio de un especialista para encontrarlo, y fue inútil. Entonces pedí por favor que me buscaran una máquina de escribir, que era a lo que estaba acostumbrado. Fueron muy generosos, porque me consiguieron una máquina automática después de mucho esfuerzo. Pero me dijeron, «tienes que aprender a usar la computadora», y me pagaron un curso de 10 clases privadas, y fue más que suficiente, porque es muy fácil. Ahora me parece supergenial su uso y me ahorra mucho tiempo y trabajo en todo lo que hago. Sin dudas, prefiero mil veces el ordenador a la máquina de escribir. No hay que oponerse nunca a los cambios tecnológicos por muy dramáticos que sean.
¿Poeta, cuentista, novelista, crítico, investigador, ensayista, guionista, director de televisión o periodista?
Soy muy inquieto, te dije, y también muy curioso. Me aburro fácilmente haciendo una sola cosa. A veces trabajo en dos o más manuscritos al mismo tiempo. A esa lista puedes agregar, actor y dramaturgo. También escribo para niños. Y tengo aún inédito Canción de la buena cosecha, poesía para niños. Creo que he explorado la mayoría de los géneros, excepto la música. Aunque me gustaría, porque la disfruto mucho, pero soy incapaz de reproducir la más mínima nota musical. Ni siquiera puedo cantar en la ducha. Y sufro por eso.
¿Tiene una Alianza nupcial con la poesía?
Creo que dices bien. Eso es. La poesía es un género muy difícil y solitario, solo para equilibristas, porque tienes que caminar como por una cuerda floja y al menor descuido te caes. Es un género de mucha exactitud, donde nada puede faltar y nada puede sobrar y donde hasta el titulo cuenta. Para mí el título es un verso muy importante y no me gusta desperdiciar ese cartucho. Cada verso debe ser un disparo certero que dé en el blanco. Por eso trato al máximo de no usar el mismo verso en el título. Algo tengo que cambiarle, al menos una palabra que le dé un nuevo significado. Y sobre todo el verso final que debe ser impactante, contundente, definitorio. Cuando atrapas la primera imagen, no puedes dejarla escapar. Y no pares hasta que cristalices la idea. Se puede hacer poesía de cualquier cosa. Todo es poesía. Tengo cinco libros de poesía publicados y dos inédito: Ojos del recién llegado, y Soledades compartidas. Creo que fui poeta antes que escritor. No podía ser otra cosa, pues nací y me crie y tuve mi familia, en una casa que estaba a tres cuadras de la bahía, con un patio y un balcón al fondo desde donde podía ver cada día los barcos mercantes, las regatas de los veleros, las aves migratorias y una espectacular puesta de un sol hundiéndose en las montañas que rodean la ciudad. Créeme: una alucinante vista panorámica, un espectáculo natural que hacía que mis amigos y colegas me visitaran frecuentemente. Te lo puedo resumir con el poema «Paisaje», del libro Hombre familiar…, “Delante tengo la llama perenne de la refinería/ más allá los muelles/ los barcos quietos como sobre hielo/ ciudad/ este golpe de calor y tono que traes de las montañas/ y este sol/ estas aves blancas que buscan el sol y esta puesta/ de sol rompiendo el gris de la tarde/ estas lomas y estas casas encaramadas/ y ese mar desde estas casas…/ ciudad/ ¡qué fortuna vivir en Santiago y ser poeta!”
Su mejor y su peor libro.
Mi mejor libro es el que está por escribir o quién sabe si fue ese que quemé por miedo a la censura. Y el peor es el que no pude escribir por falta de tiempo y lugar. Pero pienso que Hombre familiar o Monólogo de las confesiones, va a tener siempre un lugar privilegiado, porque además con este libro, totalmente intimista, me impuse contra todas las prohibiciones del momento que me tocó vivir.
Sus mayores añoranzas.
Ser leído, ser escuchado, ser reconocido. Aunque no me alcance la vida para verlo. Perdí mucho tiempo reparando la casa vieja donde nací, y después en una casa nueva que diseñé y construí con mis propias manos y recursos, a 6 kilómetros de la ciudad, para darle cobija segura a mi familia en «tiempos difíciles», en lugar de escribir libros. Así digo en un poema: “Fabriqué ladrillos en lugar de versos. Tiempos ad-versos”. El diseño arquitectónico me apasionó desde niño. La nueva casa era un «Open concept» (Concepto abierto), cuando todavía no se había hecho popular este diseño y yo ni siquiera sabía si ya existía. Quería estudiar Arquitectura, pero solo se enseñaba en la Universidad de La Habana. Después en Canadá estuve más de diez años sin escribir, enfocado solo en rehacer mi economía. Pero ser reconocido no es lo más importante. Lo más importante es decir cuando se tiene algo que decir, cuando se dice desde el dolor y se dice bien. Lo demás viene solo. Carlos Alberto Montaner, a quien admiro mucho, me devolvió la confianza cuando se tomó el trabajo de leer y valorar mis libros de narrativa: “Vivir lo soñado, me parece un buen libro, lo felicito. Cuentos de la prisión más grande del mundo, lo supera. Ismael Sambra es un escritor con brío y con una larga y dolorosa experiencia que sabe transformar en buena literatura. Su obra perdurará”. Y si él lo dijo tengo que creerlo, porque lo respeto mucho, y creo que todos los cubanos debemos respetarle y admirarle como persona y por el acierto y la profundidad de toda su obra.
Riesgos mediáticos.
Donde quiera hay riesgos. Cuando uno que escribe y publica enfrenta el riesgo de ser rechazado, o ignorado, que es mucho peor. Todo tiene sus riesgos. Incluso existen en los comentarios bien intencionados. Pero me gustan solo los riesgos que yo asumo como tal, no los que asumen otros, no esos que se esconden para después sorprendernos, donde uno no los puede advertir y que luego se convierten en traición, en «silencio competitivo» o en inicua difamación. A esos sí les tengo mucho miedo.
Proyectos mediatos y a más largo plazo.
Tengo varios, pero tengo también 72 años y me aterra la idea de no poderlos cumplir. Pero quisiera publicar un libro de poemas de un gran excelente poeta amigo mío, Asdrubal Caner, que fue miembro de El Grupo y que hizo campaña por mi liberación desde su exilio en España, un fiel amigo que después vivió en Ottawa donde nos volvimos a encontrar, y fue uno de los Vice-presidentes de la Cuban Canadian Foundation. Era profesor de economía de la Universidad de Oriente y fue locutor-animador del programa cultural Haciendo Camino, que yo escribía y dirigía para la televisión. Era también un buen animador de los eventos culturales de la UNEAC, y ya no está más con nosotros. Me envió su libro poco antes de morir con la intención de que yo le hiciera el prólogo. Dejó varios libros inéditos y entre ellos una novela que sus hijas, que viven fuera de Canadá, no me han querido entregar, porque “aún no hemos decidido qué vamos a hacer con ellos”, me dijeron.
¿Su trabajo en la actualidad?
Ya estoy retirado. Pero sigo trabajando. Y cuando no encuentro nada que hacer, entonces me invento un trabajo. Uno nunca se retira del todo. Sencillamente hago el tiempo para todo y todavía me levanto dócilmente de madrugada para escribir. El escritor es esclavo de sí mismo para toda la vida. Pero esta es la única esclavitud que acepto con resignación. También sigo escribiendo ensayos y artículos para diferentes periódicos y revistas. Me interesa mucho analizar el momento. Así lo hice durante cinco años cuando dirigía y escribía los editoriales del periódico impreso Nueva Prensa Libre (New Free Press). Por ejemplo, acabo de releer mi artículo “La invasión china” publicado el 3 de diciembre del 2004, y cada párrafo me sorprende por su actualidad en el caso ahora de China y su guerra económica relacionada con el Corona Virus o Covid-19. Así digo en el último párrafo: “La invasión de China en América Latina y sobre todo en Cuba marca una era peligrosa para el mundo por su cada vez mayor proyección internacional; y esto podría entrar muy pronto en conflicto con los intereses estratégicos de Estados Unidos. China se prepara para su inevitable choque y Estados Unidos parece no darse cuenta de ello. Parece que estamos cerca de una nueva edición, con nuevos tintes y nuevos personajes, de «La Guerra fría», que quizás sea caliente y no con un final-feliz como la anterior, sino con un final-final… ¡Y Ojalá que me vaya equivocando desde ahora!”. Como ves, soy un eterno enamorado de la libertad que odia cualquier tipo de guerra, sobre todo esas que se pueden evitar si hubiera menos rivalidades, menos ambición y más conciencia humana.
Usted habla de la libertad constantemente. ¿Cómo la define?
Me gusta mucho la definición que da José Martí. “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, a pensar y a hablar sin hipocresía”. Yo utilizaba esto en los programas de televisión que escribía y dirigía. Y muchos entendían mi mensaje subversivo. Pero te voy a completar con esta idea para que la tomen esos que la tergiversan y la manipulan. “La libertad no puede dosificarse como las medicinas para calmar dolores. No puede ser dosificada a conveniencias de un régimen represor que por naturaleza la enajena o la suprime. Existe tan entera como el sol y como sol debe ser tomada”. Esto lo dije en este mismo editorial hace 16 años, cuando alertaba sobre el crecimiento de China por culpa de la ayuda USA y su sistema capitalista, por culpa de esos presidentes ineptos, como Nixon, Clinton y Obama, que no sabían nada de economía y que no vieron con claridad el futuro. Amo, como el oxígeno, la libertad, en lo que escribo y en lo que digo. En «Poema de transición», del libro Señales de la Espiral, de la trilogía poética Los ángulos del silencio, ya enunciaba mi determinación, mi objetivo, mi gran sueño: “Ah, libertad, donde quiera que te escondan te ha de encontrar mi mano amiga.”
¿Qué escribe ahora?
Estoy trabajando en un libro de cuentos dentro de ese nuevo concepto de lo erótico que te mencioné, es decir, del «errotismo», pero en su máxima expresión, según la idea que empezamos a promover mi querido amigo Manuel Gayol y yo. Y estoy reescribiendo una obra de teatro para adultos. Una obra que escribí hace 50 años, cuando trabajaba como actor en el Cabildo Teatral Santiago, antiguo Conjunto Dramático de Oriente, una obra del absurdo que el director y dramaturgo argentino Adolfo Gutkin quiso llevar a escena, y no pudo por la censura. Naturaleza Muerta (Teatro errótico), tiene un solo acto con diez escenas, de mucho juego escénico para actores que tengan la facilidad de desdoblarse en varios personajes. Solo he escrito dos obras para el teatro, y una para la televisión. Los pájaros del sol, es teatro para niños y fue premio “XX Aniversario del Moncada”, del Ministerio de Cultura y el Cabildo Teatral. Pero nunca se pudo representar por falta de elenco y producción. Las frustraciones desaniman mucho la creatividad del escritor.
¿Tiene algo listo para publicar?
Sí. Mi novela-testimonio Procesado en el Paraíso (Vivencias de un poeta que conoció la guerra), más de seiscientas páginas, mezcla de realidad y ficción, pero donde hay mucha más realidad vivida y hasta mal vivida. Estuve años trabajando en ella y nunca me decidía publicarla. Ahora estoy esperando por un prólogo que me prometió Carlos Alberto Montaner cuando vivía en España. Había asistido al lanzamiento de mis libros: el ensayo El único José Martí…, publicado por Betania, y la trilogía poética Los ángulos del silencio, publicado por Verbum, en la sede de la Fundación Hispano Cubana. Le entregué el primer capítulo y se interesó. De ahí surgió nuestra amistad y la promesa de prólogo. Quién mejor que él que es un excelente novelista y que fue prisionero político como yo, porque en esta novela también narro con absoluta fidelidad los horrores de la prisión castrista.
Un día común de Ismael Sambra
Todavía leo, todavía escribo, todavía respeto el ritual de las comidas, todavía me siento a la mesa completamente vestido, todavía pienso que cada cosa tiene su cosa y su momento, que cada bebida tiene su copa, que cada comida su utensilio. Todavía quiero escribir y publicar. Todavía lucho por la Libertad de Cuba, esa libertad “entera como el sol”, con todos, porque todo lo que lleva es para todos, y, como el amor, todo lo puede.
Abril 2020
(Esta entrevista, junto a otras realizadas a importantes figuras del arte
y la literatura cubana que residen en Cuba y el extranjero, forman parte de un libro en preparación).
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Ismael Sambra (1947) Santiago de Cuba. Fue fundador y director del periódico impreso Nueva Prensa Libre (New Free Press), el primer periódico trilingüe de Canadá. Ha publicado, entre otros libros, Las cinco plumas y la luz del sol (cuento para niños), Hombre familiar o Monólogo de las confesiones (poesía), The art of growing wings (cuento para niños), Los ángulos del silencio (Trilogía poética), Vivir lo soñado (Cuentos breves), Bajo lámparas festivas (poesía), El único José Martí, Principal opositor a Fidel Castro (ensayo), The five feathers (cuento para niños), L’histoire des cinq plumes (cuento para niños), La couleur de la pluie-El color de la lluvia (relato para niños, edición bilingüe), Cuentos de la prisión más grande del mundo (cuentos para adultos), Family man (poesía), Queridos amantes de la libertad (periodismo), Monologue des confessions (poesía, edición bilingüe). Es coautor de la selección Cuentos erróticos (cuentos para adultos). Ha sido traducido a varios idiomas. Ha publicado varios ensayos de investigación sobre el Carnaval Santiaguero y sobre la vida y obra de Emilio Bacardí Moreau. Es Académico Correspondiente de la Academia de Historia de Cuba-Exilio y Miembro de Honor del PEN Club de Escritores de Canadá.
Yamilet Plaza (Cuba, 1968). Periodista, narradora y poeta, ha incursionado como guionista radial. Tiene diplomados en Periodismo Digital por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Sus trabajos periodísticos han sido publicados en revistas y periódicos nacionales e internacionales: Bohemia, Palabra Nueva, Librinsula, El Guerrillero, y fue colaboradora habitual, por una década, del periódico El Habanero. Su poesía ha sido difundida en blogs internacionales, así como en las revistas culturales Calle B, (Cuba), Poemas en Añil (Argentina), Ventanas de Poesía (India), y en el programa radial de Argentina La Voz de tus escritos. Ha recibido premios y reconocimientos. Su obra narrativa ya cuenta con cuatro libros publicados. Tiene otros, en proceso editorial, en los géneros de entrevista, poesía y narrativa. Ampliamente incluida en antologías dentro y fuera de Cuba, en Estados Unidos y España. Tiene traducciones al bengalí y al francés.

