Poetas canarios conversan sobre la poesía canaria

Entrevista colectiva

Por Juan Francisco González-Díaz

Hábleme de lo más significativo en su quehacer poético

 

 

chica-Antonio-Arroyo-Silva

Mis primeras publicaciones fueron al amparo de Andrés Sánchez Robayna, en su página  Jornada Literaria. Después, hacia 1991, la revista Azul publica mi primer poemario Metamorfosis. En 1992 entré en una recopilación de poesía canaria que hizo Jorge Rodríguez Padrón “%0 años de poesía canaria” para la revista Zurgai de Bilbao. Después no publiqué nada hasta el 2008, Esquina Paradise. Desde entonces vengo publicando con regularidad sea en antologías, poemarios, libros de artículos, etc.

Para mí un hecho significativo fue el descubrimiento de las posibilidades que tiene internet en cuanto a poesía se refiere. Eso me ha llevado a establecer un sinfín de relaciones interpersonales, incluso a formar parte de un grupo poético internacional junto con Leo Lobos (Chile) y Sandra Santos (Porto Alegre, Brasil).

 

 

chica-Rosario-Valcarcel

El leit- motiv de mi trabajo  poético ha sido el erotismo. Una poesía que se nutre  del amor y del deseo, la caducidad del tiempo, la fugacidad de la vida. Del mundo mitológico… Intentando provocar pero al mismo tiempo conmover.

 

 

chica-Jose-M-Junco

En realidad, son los poemas los únicos testigos fiables de lo que pueda ser mi concepción poética y sus características. Cualquier otra consideración resulta de algún modo gratuita.

Mi empeño, mi búsqueda, ni obsesión, consiste en tratar de dar forma a través del lenguaje poético al asombro que provoca la conciencia de existir.

En esa tesitura, pensando que, como diría Borges, la práctica deficiente importa menos que la sana teoría, este es un recorrido de principio inconcreto y sin meta alcanzable. Es eso, el recorrido, lo que importa.

 

 

chica-Santiago-Gil

Concibo la poesía como una manera de entender la vida y de mirar todo lo que me rodea. No creo que el lenguaje poético haya de estar solo en los poemas. En mi caso intento que la poesía se cuele en todo lo que escribo. No entiendo una novela sin que la poesía se vuelva prosa que atrape al lector en el tono y en la forma de contar. Creo que al final solo nos pueden explicar las emociones y las metáforas.

 

 

Javier Cabrera. JFG-D

Quizá, la compostura tozuda de intentar crear un espacio poético referido al medio y al paisaje en el que se conforma el discurso, varios de mis libros dan indicio de ello: Itinerarios (1988), Desierto (1994), Famara (1995), Sendas (1998) o Exilios (2000)… por citar algunos. Incluso, los que pueden reconocerse resultado de, o insertos en, otro espacio, tanto físico como mental, como es el caso de Huracán la Luz (Suite cubana) (2006), se ven atravesados de esa voluntad de precepto.

Es decir, la conciencia de habitar un espacio diferencial donde el paisaje insular marca una/otra manera de percibir la historia, la memoria, la luz y, por descontado, el mar: tal vez un acontecer futuro que esté por definirnos y que nos remite, permanentemente, a elaborar un ansia, más que un deseo, de lo porvenir.

A día de hoy, y tras diez libros publicados, reconozco que existe, y espero se detecte, en mi obra una voluntad por elaborar un compendio de idea en cada libro, una propuesta de conjunto en el pensamiento que ronda, no sólo cada poema en sí sino en el conjunto del libro que se expone y propone, para cada caso.

 

 

chica-Ernesto-Suarez

Aunque entiendo la poesía como problema, es decir, como algo a lo que se inquiere siempre (tradiciones, idioma, libros, autores y poemas), también asumo mi incapacidad para hallar un discurso unificado que siquiera ronde una respuesta acertada. Una obviedad, en cualquier caso: mi problema de escritura es el lenguaje. He intentado afrontarlo con diferentes estrategias; los posibles descubrimientos (o errores) se acumulan en mis poemas y libros sin orden. E. E. Cummings se consideraba a si mismo un poeta accidental; yo he hecho mía esta posición. Me limito a procurar estar atento a ciertas posibilidades verbales y emocionales que habitualmente me alcanzan desde el entorno y sus objetos, y sobre las que se imanta el poema. Vivo cada poema como un hallazgo imperfecto.

 

 

chica-Maria-Jesus-Alvarado

La poesía para mí es una forma de vida, una condición con la que se nace y que nos predispone ante el mundo. Pero una cosa es vivir como poeta, y otra publicar poesía. A la hora de publicar soy extremadamente autocrítica, buscando el equilibrio necesario para decir exactamente lo que siento y a la vez lograr alojar el poema en la emoción de quien lo lee. Ese es mi reto.

En Extraña estancia (Puentepalo, 2006) abro mi puerta para que el lector entre con confianza, me conozca  y, a ser posible, se identifique en lo que coincida conmigo, que casi siempre es mucho porque somos todos bastante parecidos. De manera especial las mujeres, ya que inevitablemente nuestro género nos condiciona la vida en  muchos sentidos. Después, en Geografía accidental (Baile del Sol, 2010), soy yo —nómada siempre— quien se traslada a distintos escenarios y maneras de mirar el mundo para mostrar mi relación con los lugares reales o imaginarios por  los que he transitado. En los versos de Al sur de Zagora (Ediciones del Patio, 2010) va la emoción de un viaje especial al sur de Marruecos, y en Isla Truk (Puentepalo, 2011), el poemario amorosamente compartido con mi amiga Maribel Lacave, descubro el escenario de mi infancia del que nunca me he alejado.

Mi escritura está exenta de florituras, pero hay un cambio sustancial en Grietas (Idea, 2012), con una escritura mucho más concisa, buscando lo esencial, para hablar de mi lugar ante el dolor inherente al hecho de vivir.

Pero mis libros en prosa —los relatos de Suerte Mulana (Puentepalo 2002) y la novela Sorimba (Puentepalo, 2012)— no se pueden abstraer de mi impronta poética, que es lo que aflora desde que pienso en escribir algo.

Como decía antes, ser poeta es una manera de mirar el mundo, es mi manera de vivir, y como tal me muestro. Ojalá consiga despertar las emociones y hacerles este viaje más hermoso.

 

 

chica-Antonio-Jimenez-Paz

No considero la poesía como algo sagrado ni la labor del poeta como un oficio demiúrgico. Tampoco el lenguaje como un fin en sí mismo, capaz de conseguir expresar exactamente lo que se pretende. Como todo arte es una aproximación a lo total, donde lo más bello sea su propia imperfección. Quizá por ello mis propios libros tiendan a la fragmentación, presentándose como conjuntos cerrados donde la fuerza no recae en cada poema sino en su referencia al título de portada, su único punto de partida. Los poemas van dispuestos con un marcado sentido del juego, especie de rompecabezas, donde la ambigüedad del lenguaje empleado y la falta de apoyos convencionales en los mismos poemas son estrategias cruciales. Cualquier lectura es posible. El poema siempre es un problema para el corazón del lector.

 

 

chica-Alicia-LLarena

Después de haberme iniciado hace muchos años en la poesía con la naturaleza tempestuosa de la juventud, buscando la sorpresa, la originalidad, el efecto… creo haberme instalado en una madurez, existencial y literaria, que entiende la poesía casi como un género sagrado propicio para el autoconocimiento, la reflexión, la profundidad. En la misma medida, el lenguaje que utilizo se ha ido desnudando con los años hasta convertirse en un lenguaje llano y sencillo. Me gusta ser cuidadosa con el ritmo, que es para mí un elemento importante, casi siempre silencioso o imperceptible, pero capaz de dotar al verso más simple de una extraña belleza. Si algo se desprende de la poesía que escribo creo que podría resumirse en la intención de observar el mundo con profundidad y de hallar y transmitir en esa observación un tipo de aprendizaje o de enseñanza que contribuya de algún modo al crecimiento interior.

 

 

chica-Cecilia-Dominguez

Pienso que mi poesía es revelación de mundos insólitos, a partir de la realidad cotidiana y, al mismo tiempo, una incesante búsqueda de mí misma.

La poesía llega, en un primer momento, con el asombro de y por las cosas. Luego dejo que el tiempo atempere las emociones y es entonces, cuando desde la memoria de lo vivido o “descubierto”, escribo.

A lo largo de mi recorrido poético, he intentado, fundamentalmente, comunicarme con la realidad del mundo que me rodea, como un medio de conocimiento e investigación sobre mí misma. Esta comunicación con las cosas ha corrido a la par con una reflexión seria sobre las palabras que las nombran y hacen posible su existencia; porque pienso que cada vez que nombramos inauguramos una manera de ser y estar en el mundo. De ahí el profundo respeto que me merece la palabra poética.

Por otro lado sé que es este un camino que sólo acabará cuando ya no tenga nada que decir, y aún así, siempre estaré planteándome, esa vez, si llega, en las voces de los otros, las interminables preguntas sobre la existencia.