Para mi hermano del alma Ángel Santiesteban, preso en Cuba por pensar distinto
Nacer y vivir en un régimen totalitario y despótico, te hace ver y sentir el miedo de mil maneras distintas, pero te da la posibilidad de descubrir el valor que inspira la amistad. Los amigos existen, a pesar de que no estén a tu lado todo el tiempo.
Acabo de ver La muerte del gato, un cortometraje, la producción más reciente de Lilo Vilaplana, rodada en Colombia con actores cubanos de la isla, en el que se puede apreciar las heridas de todo un pueblo sometido a los mayores escarnios, en un tiempo que no sana, que no culmina, que los ojos del que llega de visita a la isla y se marcha no ve. He aquí, en este filme de solo 27 minutos de duración, la vida del cubano contada dolorosa y magistralmente.
Alberto Pujol, Jorge Perugorría, Coralita Veloz, y Bárbaro Marín, son los actores y actriz que actúan, para volver a vivir en esos personajes la vida de ayer y de hoy. Es este un hecho cinematográfico revelador, demoledor, y crítico, que pone al descubierto la forma de dirigir un país hacia la ruina por la dictadura de los Castros.
Llama poderosamente al final del corto que el mismo esté dedicado a Ángel Santiesteban, escritor cubano, con una carrera brillante como cuentista y de quien ahora circula por las librerías del mundo su primera novela, El verano en que Dios dormía, Premio Franz Kaffka.
A Ángel Santiesteban el régimen le armó un caso común para no encarcelarlo como preso político y fue enviado tras las rejas por cinco años, de los que ya ha cumplido dos. Fue condenado por publicar en un blog en Internet la realidad y la miseria en la que vive el pueblo cubano.
La muerte del gato no es un hecho aislado, y fortuito; se viene a sumar a la campaña que en todo el mundo artistas, intelectuales y escritores hacen por la libertad del renombrado narrador cubano; la misma campaña que comenzó mucho antes de que lo confinaran a una celda.
El canal de TV alternativo e independiente Estado de Sats, que dirige el político Antonio Rodiles fue uno de los primeros en asumir la responsabilidad de dicha campaña, comenzando esta con el mismo Santiesteban, que inauguró el espacio “El Cafésatso”. Luego nos sumamos a este proyecto televisivo, el poeta Rafael Alcides y yo. En el mismo estuvo compareciendo recientemente la artista de la plástica Tania Bruguera, quien fuera detenida en el aeropuerto Internacional de La Habana José Martí y vilmente desaparecida en esta ciudad cubana al llegar de Miami a hacer un performance como acción plástica para demostrar la libertad a la que está sometido el cubano: es decir, a ninguna libertad.
El año pasado, el escritor Otilio Carbajal y yo hicimos varios recitales de poesía por ciudades de la provincia Villa Clara. La gira poética se llamó “Nacido el dos de agosto”, para pedir la pronta liberación de Ángel, quien fuera nominado en 2014 al Primer Premio Nacional de Literatura de escritores independientes en Cuba.
Viene La muerte del gato, como hecho artístico, a internacionalizar el deseo del mundo intelectual y de las personas de buena voluntad que luchan por que se restablezcan los Derechos Humanos en Cuba, porque el gobierno de los Castros acabe de poner fin a una condena injusta, manipulada con el único propósito de dar un escarmiento burdo a quienes se enfrentan a la dictadura. ¿Es que acaso no acaban de entender que los seres como Ángel Santiesteban ya sentimos la libertad, y la libertad no se negocia, la libertad no se mutila, que las ideas no se cercenan, no se amputan en unas mazmorras?
¿Cuándo el mundo va a protestar unánimemente por lo que nos está pasando a los cubanos dentro de nuestro propio país? ¿Cuándo los cubanos todos vamos a sacar fuera de nosotros, con honestidad, el terror que nos han sembrado para quitarle la máscara a la dictadura y pedir cuentas por los años mal vividos por culpa de la dinastía de los Castros que no acaba?
El Club de Escritores independientes de Cuba se suma al reclamo por la libertad de Ángel Santiesteban. Como Raúl Guerra, el segundo padre de Lilo Vilaplana, en Cuba todos vamos a morir ebrios de decepción.
