Un cubo azul, algunos pomos

Amir Valle

Fotografía: Enmanuel Castells Carrión.

Fotografía: Enmanuel Castells Carrión.

 

Cree haber olvidado aquellos tiempos en que abría el grifo de la ducha y el agua caía sobre su cuerpo, fría, saltarina, trasmitiéndole a sus carnes jóvenes el mejor alivio para ese eterno calor que, en los veranos, parece cebarse en la gente, que entonces camina por las calles, buscando la sombra de los portales o de los escasísimos árboles en los parques, como un zombi busca la carne fresca.

Pero hacía años que en aquella parte de la ciudad las duchas eran yerros anacrónicos adosados a las secas paredes; como tampoco salía agua de las llaves de los fregaderos ni de las fuentes públicas, aunque las calles reventaran porque las tuberías soterradas reventaban y el agua subía a la superficie y corría y corría, arrastrando toda la suciedad de la ciudad, revolviendo la mierda y, como decía su nieto Ezequiel, rompiendo el record Guinnes más increíble: el de la única ciudad del mundo con más manantiales por metro cuadrado sin que el agua llegue a la gente”.

Le molestaba que toda la gente aceptara aquel desastre sin chistar, pero ella misma ya no es la misma. Ha pensado muchas veces, con un desencanto que en aquellos años de su juventud no podría imaginar, que ella, la que luchó contra todos los vendavales machistas que le imponía la época a una mujer, hace ya tiempo se ha visto sin deseos de luchar contra esta aplastante cotidianidad, aún sabiendo que todavía le quedan fuerzas, si quisiera hacerlo.

¿Para qué?, se ha dicho cientos de veces cada mañana, y luego de fregar la losa que se ensució en la comida de la noche anterior, va a sentarse a su silla de siempre, en el portalón de entrada al edificio para entretenerse mirando esa otra vida que late en la calle, los carros que pasan, la gente trapicheando con todo lo vendible, y cree que ya, más que la costumbre, es una especie de mecanismo de defensa que su cuerpo busca, tal vez para olvidar que adentro las paredes están rajadas, las rejas de las ventanas cubiertas de herrumbre, las columnas enseñando ya las cabillas con que fueron fundidas hace ya casi un siglo, las losas de los pisos levantadas en muchos sitios… tanta miseria.

Hoy, especialmente, su vieja cabeza no anda muy bien. Y es que se ha levantado más temprano que nunca, luego de pasar la noche dando vueltas entre las sábanas, sin poder obligar a sus huesos a descansar en un reposado sueño, porque cuando se iba a acostar la noche anterior sintió que la vecina de los altos gritaba, para que todo el mundo la oyera: “¡Mañana viene la pipa del agua, ¿oyeron?! ¡Tengo el uno en la cola!”.

Y sucedió lo de siempre: los vecinos empezaron a salir de sus apartamentos y cada uno gritaba el número que le tocaba en la cola: “y yo tengo el dos… y yo el tres… a mi me toca el cuatro…”, hasta que ella, por ese pasito de tortuga que sus piernas cansadas le obligan a tener, logró salir a la ventana que da al patio interior y gritar: “soy el once”, y regresó a lo que alguna vez había sido un inmenso baño, para vaciar en su cubo azul, el único que tenía, el agua de los dos o tres pomos que todavía estaban llenos, pues los reservaba, ahorrando cada gota, por si la distribución de agua se retrasaba, como solía suceder.

— Bendito Ezequiel – dijo mientras dejaba caer por su cuerpo el agua fría, sacada del cubo azul con un jarrito de metal que le permitía distribuir el escaso líquido por toda su vieja piel, refrescándola. Y recordó que el mejor regalo que le podía haber hecho su nieto eran aquellos pomos blancos, que llenaba de agua cuando la pipa llegaba. Desde entonces pudo llenar aquellos pomos y su único cubo azul. “Un verdadero tesoro”, piensa.

Del Autor

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Amir Valle
(Cuba, 1967). Escritor y Periodista. Su obra narrativa ha sido elogiada, entre otros, por escritores como Augusto Roa Bastos, Manuel Vázquez Montalbán, Herta Müller y Mario Vargas Llosa. Ha publicado más de una veintena de títulos en los géneros cuento, novela, ensayo y testimonio. Saltó al reconocimiento internacional a través de su serie de novela negra “El descenso a los infiernos”, sobre la vida actual en Centro Habana, integrada por Las puertas de la noche (2001), Si Cristo te desnuda (2002), Entre el miedo y las sombras (2003), Últimas noticias del infierno (2004), Santuario de sombras (2006) y Largas noches con Flavia (2008). Sus libros más recientes son La Habana. Puerta de las Américas (una historia novelada sobre la capital cubana, Editorial alMED, España, 2010), Las raíces del odio (novela, Editorial El barco ebrio, España, 2012), Hugo Spadafora - Bajo la piel del hombre (biografía novelada, Aguilar-Santillana, 2013) y Nunca dejes que te vean llorar (novela, Penguin Random House, 2014). Actualmente reside en Berlín desde donde dirige OtroLunes - Revista Hispanoamericana de Cultura.