Categoría: Este Lunes

La amargura del madroño: encuentro estival entre Reinaldo Arenas y El Bosco en El Jardín de las delicias

 

Prolongarse de lo visible hacia lo invisible, gravitar de lo invisible a lo visible […]
José Lezama Lima

Princeton es una ciudad a cierta distancia de Nueva York, a dos horas de viaje en autobús y a una en tren aproximadamente. Allí, en la biblioteca Firestone de la universidad de aires neogóticos, descansan los documentos de Arenas y con ellos una parte de su vida. Algunos de ellos registran sus propias acciones, como el café o el té derramados mientras los mecanografiaba, lo que evidencia a veces su agitación y la entrega constante a su obra, de la que no se desviaba porque tal vez era consciente de lo ajustada que sería su existencia… Hay versiones más extensas y numerosas de algunas de sus novelas y otras más breves, notas tomadas al vuelo y obras concebidas de un solo plumazo, como algunas de sus noveletas o cuentos. En el caso de estas últimas, a duras penas alguna corrección y ya estaba lista la obra. La proximidad de su muerte y el propio deterioro que sufre en los últimos meses antes de suicidarse evidencian la premura por acabarla, sin restarle un ápice de imaginación a lo que escribía. Y entre sus últimas páginas aparece El color del verano o Nuevo Jardín de las delicias, una obra de particular relevancia entre el conjunto de sus novelas porque cierra el ciclo de su Pentagonía –o cinco agonías–, al mismo tiempo que en ella la pintura tiene un lugar de especial significación, así como todo el arte. Existen también en su archivo de documentos algunos materiales que demuestran su interés particular por la pintura de El Bosco. Por ejemplo, de visita en Madrid le dirigió al entonces director del archivo de documentos de la Universidad de Princeton una postal del Museo del Prado que representa El Jardín de las delicias de ese pintor holandés y, en otro momento, uno de sus agentes literarios le remitió al propio Arenas otra postal con una escena paradigmática del panel central de esa obra, en la que se muestra a dos viajeros en el interior de una fruta de color rosado.

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Orlando González Esteva y La Edad de papel

«Don Quijote y Sancho Panza», Honoré Daumier (1808-1879).

«Don Quijote y Sancho Panza», Honoré Daumier (1808-1879).

“Dichosos aquellos tiempos que los antiguos llamaron de papel”, podría decir un nuevo Alonso Quijano, “donde no había kindles, ni smartphones, ni pantallas de plasma, y cuando de leer se requería, sólo se trataba de contar con algo de luz, tomar, abrir, acariciar, respirar y sentir las finas hojas de papel bajo los dedos, con sus cruzadas líneas de escritura y excitantes texturas diferentes, sus tenues rugosidades, sus pliegues humedecidos con la ocasional saliva auxiliadora, y sus aromas brotando de la plana abierta ante la mirada extasiada…” Tacto, vista, olfato, oído, gusto: triunfante hiperestesia absoluta y casi perfecta. Leer más…

Che en Santiago Now

Introducción

El primer contacto de Santiago Álvarez (1919-1998) con el mundo del cine tuvo lugar tardíamente, a los cuarenta años, con la creación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficas en marzo de 1959.

Sus inicios en el cine fueron el resultado de la fusión de dos elementos que tienen que ver más con la sicología del individuo que con el ejercicio de una profesión: la intuición artística y la pasión política de los primeros años de la revolución cubana. Leer más…

Presencia de la cultura cubana en España

 

Gastón Baquero (Banes, Cuba, 4 de mayo de 1914-Madrid, 15 de mayo de 1997)

Gastón Baquero (Banes, Cuba, 4 de mayo de 1914-Madrid, 15 de mayo de 1997)

Distinta a otras diásporas de la segunda mitad del siglo XX, la cubana se caracterizó por un decidido apego a las expresiones culturales. Afirmación que puede valer también para otras épocas. Es lugar común afirmar que Cuba siempre ha aportado una excelente literatura de exilio, y para demostrarlo suelen citarse los nombres de algunos escritores emblemáticos del siglo XIX como José María Heredia, Félix Varela, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Cirilo Villaverde y José Martí, y mucho de verdad hay en este criterio. Se trata de una circunstancia que parece innegable. Luego, siempre persistió esta vocación migratoria en artistas y escritores, desde el clímax de los años 60 hasta la fecha. Una diáspora masiva, una especie de explosión que cubre todos los puntos cardinales, todas las geografías, todos los rincones del planeta. Leer más…

José Martí ante el proyecto libertario de la nación cubana

El Caribe es el resultado de un trauma histórico: la conquista. El arribo a la civilización y la implantación del Estado y el Derecho, no fue el resultado de un desarrollo autóctono, sino una implantación violenta, a costa de la vida y todos sus valores de los pobladores que encontraron habitando las islas.  Un Estado y un Derecho ajenos, que tenía su origen en tiempos antaño, allá, allende los mares. Y que su misión era la conquista, el dominio, la explotación y el saqueo.  Era un Estado que, lejos de procurar viabilizar la plenitud de cada individuo en particular y de la sociedad en general, tenía el objetivo de imponer la voluntad de la Metrópoli y sus clases dominantes, dado un sistema de Derecho que considera el Imperio de la Ley como la cumbre de la justicia. Leer más…

Cine Latino de Humor Negro (X): Los sobrevivientes

La obra cinematográfica de Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996) es sin dudas la más relevante de la cinematografía cubana1, con más de una docena de filmes realizados entre 1960 y 1996. Grosso modo sus películas se ubican bajo tres rótulos: drama, comedia e historia.

En el primer grupo sobresalen Memorias del subdesarrollo (1968), Hasta cierto punto (1983) y Fresa y Chocolate (1993).

En el segundo grupo se encontrarían Las doce sillas (1962), La muerte de un burócrata (1966) y Los sobrevivientes (1978)

En el tercer grupo Historias de la Revolución (1960), Una pelea cubana contra los demonios (1971) y La útima cena (1976). Leer más…

El barco y el espacio novelesco como “lieux de mémoire” paradigmáticos en Herejes y Concierto para Leah

Enmarcada en un trabajo de investigación mayor dedicado a las novelas hispanoamericanas inspiradas en la temática del Tercer Reich, la siguiente ponencia examina dos textos que retoman un hecho histórico singular: el viaje de aproximadamente 900 judíos que huyeron de Alemania en 1939 a bordo del barco S.S. Saint-Louis, cuyo asilo fue rechazado por Cuba, Estados Unidos y Canadá, y que fueron a parar, por la mayoría, a los campos de concentración europeos. Propongo analizar cómo la imagen del barco en Concierto para Leah (2010), de la escritora cubana residente en Puerto Rico Maira Landa, y Los herejes (2013), del cubano Leonardo Padura, pero también los textos en sí, se convierten en “lugares de memoria”1 paradigmáticos para representar el conflicto de la Segunda Guerra Mundial desde una perspectiva hispanoamericana. En efecto, parece ser que esos cronotopos2, gracias a su vocación consustancial de pasarela o de conexión entre los espacios, refuerzan el vínculo transhistórico que dichas ficciones elaboran y permiten la constitución de planteamientos cosmopolitas en términos de Appiah, en donde se busca en conflictos locales, en momentos específicos del pasado, una moralidad universal para los seres de la tribu global a la que pertenecemos (xiii y xvii). Leer más…