La maja desnuda es
obra del pincel de Goya,
una inmaculada joya
de lirismo y desnudez.
Y estando mi primo Andrés
mirando un día a la Maja,
siente cómo se le encaja
un dolor en la cintura
y, sin cambiar de postura,
tuvo que hacerse…una faja.Décima de la región central del país.
Como no tenemos datos rigurosos ¡ni nada!, que nos permita afirmar que la décima, y en particular la humorística, llegara a Cuba producto de las brujerías de los chamanes hindúes, africanos, norte, centro o suramericanos, etc.; que arribara en platillos voladores cargados de alienígenas poetas repentistas, o que desencarabelara en nuestras aborígenes costas –recordemos el tipo de embarcación de la época en que solían trajinar los colonizadores, cuando no estaban azotando nativos en tierra, por supuesto-, si nos guiamos por la tercera probabilidad, en resumen, la dichosa estrofa al parecer llegó procedente de la Península Ibérica de manos de los conquistadores, o como desee llamársele, y tenemos que conformarnos con aceptar que las primeras estanzas de diez versos de las que hay noticias, aunque no se corresponden con la distribución de rimas de las variantes espinela y malara, son las que integran el motete del espantoso poema renacentista, que en Cuba obligan a todo el mundo a estudiar desde primaria titulado, Espejo de paciencia (1608), de un tal Silvestre de Balboa, canario que supuestamente escribió una sola obra y se pasó la vida en un trotecito calmón entre Puerto Príncipe y Bayamo, de ahí el título que literalmente desgració la historia de la literatura cubana al proponer y fundar una filosofía del sosiego, la paciencia y, en definitiva, la resin… perseverancia perpetua.
Pero como lo virtuoso se tenía que asomar –y lo escribo en octosílabos para ir entrando en hueso, porque lo de sustancia es muy elevado-, el primer chisme que poseemos acerca de la décima humorística, propiamente criolla, lo encontramos en una desgarbada estructura del habanero Santiago Pita, en su comedia reeditada en unas cuantas imprentas El príncipe jardinero y fingido Cloridano, que se publicó por primera vez en las décadas iniciales del siglo XVIII. El susodicho texto genésico dice:
¡Habrá locura mayor!
Que un príncipe esclarecido
como tú, se haya fingido
villano por el amor!
Y no es aquesto lo peor,
ni mi tema aquí se encierra,
que lo peor es el hambre perra,
pues andando en estas chanzas,
tenemos siempre las panzas
como dos cajas de guerra.
Decimita bastante pesada y recalcitrante, con evidentes problemas formales e ideológicos pues introdujo en el gracejo nacional un tema tan distante de nosotros como es el del hambre, tamaña ironía porque en ningún período de la historia patria los cubanos –aparte de los ciclones- hemos sido vapuleados por semejante flagelo.
Llama la atención que desde el principio los autores de décimas, con el objetivo de hacer reír, echaron mano a la exageración de todo cuanto pudiera ser exagerado, trayecto que de inmediato condujo a la hipérbole, para hinchar aspectos grotescos, risibles y tétricos del ser, circunstancias, relatos o noticias y situaciones crudas de la vida real, combinadas con la elementos folclóricos y localistas.
El primer autor que al parecer no tenía nada qué hacer, si observamos la cantidad de décimas jocosas que escribió, fue José Rodríguez Ucres o Ucarés, más conocido en su barriada como Fray Capacho, fraile juanino que sotaneó [de sotana, no sótanos, aunque quién sabe] e inciensó La Habana antes de 1788, si nos fijamos en las fechas de sus publicaciones y no hacemos oídos sordos ante los breterismos acerca de su existencia.
Por razones de desconocimiento, y sobre todo de jorobita jorobita con Santiago Pita, a Capacho llegó a atribuírsele, sin más ni más, El Príncipe jardinero y fingido Cloridano, creando uno de los primeros lepelepes de nuestra historiografía literaria, puesto que no solo llegaron a embrollar a los decimeros, sino que algunos investigadores valoraron la posibilidad de descuartizar o hacerse de la vista gorda ante la requetealudida comedita, con aquello de que “ni pa´ ti ni pa´ mí”. Lo que no cabe duda es que Rodríguez Ucres o Ucarés fue el primero que cosechó en abundancia, además de prosélitos y prosélitas, con éxito mediano la poesía en la Mayor de las Antillas, y eso lo prueban sus títulos Vejámen [sic] hecho a la Universidad, folleto de 1822; de nuevo el mismo Vejámen [sic] de la Universidad y otras varias de diversos autores (1822); Tercera parte de las poesías curiosas de Fr. J.R.U. (a) el Capacho con las décimas del borracho y otras de diferentes autores, 1823; Poesías de Fr. José Rdguez. Primera, segunda y tercera parte, 1823; Poesías de Fray José Rodríguez (a) El Capacho, con inclusión de las décimas y quintillas disparatadas de D. Tomás Iriarte, 1872 y “Viaje que hizo de La Habana a Vera Cruz y Reyno de México (sic), ¡Ufff!, o sea, que con el burujón de obras suyas que llegó hasta nosotros, le hizo creer a unos cuantos que escribiendo versitos alguien se podía ganar la vida honradamente sin tener que trabajar barriendo las calles capitalinas, glorioso antecedente de Comunales, o como cuentapropista, tesis refrendada, no sin cierta sospecha, por los poetas y escritores de hoy.
Antes de caerle al siglo XX como chivos al yerbazo, otros autores de la centuria decimoctava que hicieron guiños a la chistosidad archipiélaguística fueron Manuel Basilio Betancourt, Mariano José de Alva y Monteagudo y Miguel González, hasta llegar a los primeros decimistas dizque divertidos del siglo XIX: Manuel de Zequeira y Arango y Manuel Justo de Rubalcava, poetas que con sus estrofas tal vez le arrancaron una sonrisita pícara a una dama de caché de aquella época, pero que a una mujer de hoy –si es que se atreve a leerlas- quizás no consiguen suscitarle ni una mueca.
Algo similar a la valoración de los manueles ocurre con las décimas de Francisco Pobeda y Armenteros, conocido por su seudónimo El trovador cubano, que se pasó la vida berreando por su patente de primer cantor criollista, contrario a Domingo del Monte y sus camajanes de las famosas descargas decimonónicas acreditadas como tertulias, y al final terminó tan mal parado que ni adjuntando a sus libros CD, DVD, pendrives, etc. con risitas grabadas, de las que tanto abundan hoy en los programas televisivos, producidas por los aplaudímetros, para que uno caiga en la trampa de reír, como quien dice, obligao, conseguirían provocar un buen desternille ni al bien entrenado y redundante público del espacio dominguero y seudo bucólico de la TV del Vedado habanero “Bejucos y maniguazos”, es decir, “Palmas y cañas”.
Gabriel de la Concepción Valdés, alias Plácido, José Jacinto Milanés, Miguel Teurbe Tolón, Joaquín Lorenzo Luaces, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), José Fornaris y otros autores muy celebrados por el uso frecuente que hicieron de la décima, pocas veces lograron hacer humor capaz de perdurar hasta nuestros días, por supuesto que en consonancia con los patrones y códigos de tiempos posteriores, al margen de una anécdota atribuida a Samuel Feijóo de haber visto un grupo de guajiros revolcándose, literalmente, de la risa en un calabazar del centro del país, después de escuchar unas décimas cantadas del Cucalambé, aunque hoy sospechemos que el aspaviento pudo estar más relacionado con la picazón que producen las hojas de la calabaza y no por la ingeniosidad de las estrofas siboneyistas, y si no compruébelo usted mismo, no leyendo o escuchando décimas sino metiéndose en un calabazar a las doce del día, a ver si le van a quedar deseos de desternillarse, como dicen los mafiosos italianos, por qualche cosa.
Un poetazo cubano, que escribió singulares e inolvidables textos de contenido amatorio, que tiene también su espacio en la sátira de índole político-social, aunque considero que no hizo méritos suficientes para tenerlo como uno de los más significativos en el tema tratado, es Nicolás Guillén, incluido “a la cañona” por el investigador villareño René Batista Moreno en Yo he visto un cangrejo arando (2004) con cuatro estrofas circunstanciales que dedicó el Guille al cumpleaños de la poetisa Serafina Núñez.
Otro autor a quien debemos multitud de investigaciones folclóricas, selecciones, revistas, poemarios, novelas, etc., donde el humor es una constante, aunque no nos dejó en la décima obras de su autoría capaces de hacernos reír fue el poeta de San Juan de los Yeras, antigua provincia de Las Villas, Samuel Feijóo.
El verdadero humor en la décima cubana se vertió abundantemente sobre la segunda década del siglo XX, nada más y nada menos que con un bellaco repentista nombrado Cipriano Isidrón y Torres, apodado Chanito, quien no solo inició el subgénero de la novela en décimas en Cuba sino que concibió, e incluso cantó la más popular y neorromántica del país, Amores montaraces, recordada por nuestros ancestros y ancestras como Camilo y Estrella, texto de 1938. Chanito se convirtió en la voz más alta de nuestro criollo humor octosilábico, y observen que solo me refiero a la voz porque tengo entendido que el individuo era de talla más bien encogida.
Autor de hatajos de estrofas, recogidas parcialmente en la compilación de 1994 Dímelo cantando, un librillo agotado hace mucho tiempo en la Isla; según el Virgilio López Lemus, para que se vea que uno “se le cuela” más o menos a la metodología academicona, aunque la segunda parte que le pegué a la cita no recuerdo si la saqué del volumen de ensayo La décima constante, de algún artículo en una revista despachada por los bichos o Dios sabrá de dónde,
Chanito Isidrón fue uno de los máximos representantes de una larga tradición popular cubana, cuyas raíces remotas se pierden en la Colonia, para surgir en el siglo XVIII como una tradición definitiva.[1] […] fue un representante lírico de su clase social y logró, con su humorismo criollo y su cantar de lo ocasional, develarnos su poesía, en la que se reconoció durante décadas buena parte –digna, respetable- de la población cubana.
Y ahora para dejar a un lado el bla bla bla y poner bueno el prólogo, oh carísimo lector, citaré unos fragmenticos, no para aumentar páginas o tener que explicar menos, sino porque la hiperbólica obrita es buenísima, de “El gago Mamerto Triana”, divertido poema en décimas que cuenta los avatares de un gago que iba a conocer la capital del país, en un tren sin dudas inolvidable. El texto de marras no es su más más popular incursión decismística, pero lo cito para que no se siga asociando al Chano solo con “Las cintas de las coronas”, y la gente se aprenda también este, advirtiendo que para que la cosa funcione hay que leerlo como si también uno padeciera de dislalia, afasia, disartria, disglosia, habla escandida, ufff!
El gago Mamerto Triana,
que no se expresa muy bien,
una tarde tomó el tren
de Santa Clara a La Habana.
Elegante, a la cubana,
se sentó el gago en primera
y su gran emoción era
porque iba con avidez
¡a ver por primera vez
la gran Ciudad de La Habana!(…)
Temiendo que se le fuera
el mismo tren en que vino,
al restaurante de un chino
fue Mamerto a la carrera.
Y al chino, que estaba afuera,
le dijo: – Miiiiiira, pai-sano,
veeeeengo apu-rado, mi her-mano
porque es que el tre-tren se meee va,
diiiiiime prooooonto dóoooode es-tá
el servicio máaaaas cercano.
Un paréntesis en la escritura e improvisación de décimas humorísticas en Cuba merece la obra del célebre músico y compositor holguinero Faustino Oramas Osorio, conocido como El Guayabero y como “El Rey del doble sentido”[2].
Faustino hizo indiscutibles aportes a la cultura cubana por su manera peculiar de asumir la creación popular, y junto a obras como “Mi son retozón”, “Oye el consejo” “Cuidao con el perro”, “Tengo para todas” y “Como baila Marieta”, en su mayoría sones escritos utilizando versos rimados, pero debo señalar, sin ánimo de demeritar al clásico nuestro sino sencillamente para ser un tin objetivo y justo al enjuiciar el tema, que cuando El Guayabero empleaba la décima no tenía la más mínima idea de lo que estaba cantando, según me confesó en una entrevista que le hice una década y media antes de fallecer, porque el trovador lamentablemente no sabía hacerla, al margen de que utilizara redondillas y cuartetas en canciones que sí escribía. Al revisar durante años abundante bibliografía de la época comprobé que unas cuantas décimas utilizadas por El Guayabero realmente eran de la autoría de Chanito Isidrón o de poetas desconocidos y prácticamente analfabetos de la región oriental, que las publicaban en los llamados sueltos o que llegaban por vía oral al autor de “Como baila Marieta”, quien, sin mucho meneíto, las incorporaba a sus obras.
Hasta aquí hemos visto que, además del empleo de la hipérbole, ya el doble sentido era, más que una pieza, un instrumento indispensable en la escritura de décimas con humor, así como, en menor medida, se utilizó y utiliza el juego de palabras y la anfibología, sobre todo por autores con mayor conocimiento del entramado literario.
Otro poeta decimista, principalmente improvisador a quien debemos unas cuantas estrofas simpaticonas, pese a ser menos reconocido que Chanito, fue el habanero Bruno Rigoberto Rizo Maldonado, quien fue un destacado poeta repentista, llamado “El Príncipe del Punto Cubano”, autor, entre muchas otras, de “Los celos de mi mujer” y de “La jicarita”.
Un nuevo nombre, y un apellido insoslayable, por supuesto, es el del músico, poeta repentista y tonadista cienfueguero Luis Martínez Gómez, distinguido como “El Rey de la Tonada Carvajal”. A él pertenecen las plaquettes Rumores de un batey y Romances de mi palmar, publicaciones de los años cincuenta del siglo XX, y los libros que vieron la luz de manera póstuma[3] Con la llave de un beso, y Controversia imaginaria. Entre sus obras humorísticas, entre las que cito “Mi sueño”, “El sueño”, “Yo tocaba en una orquesta”, “Mi vejez”, “Yo no quiero flores” y “El pocero”, se destaca, sobre todo, “La borrachera”, décimas muy simpáticas, afincadas como toda su obra en nuestros ambientes rurales, cantadas por varios poetas utilizando la tonada de la seguidilla.
Otro autor que, debido a la intensidad lírica de sus textos, a nadie se le hubiera ocurrido pensar que también podía ser humorista, y “de los buenos buenos”, fue Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí), el decimista insular más importante del siglo XX, gracias a quien, por haber nacido un 30 de septiembre, los poetas podemos hacer guateque, cumbancha, fetecún, etc. el Día Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado. De Naborí la tunera Editorial Sanlope publicó, un año antes de fallecer, Epigramas de Juan Claro, librito ya necesitado de reedición, porque al lado de estrofas como “Yuca todo el año”, “A cortar escoba amarga” “Demanda a los basureros”, “Una anciana en estado” “Humor de los pasajeros”, entre otras magníficas, escribió la décima que, a mi entender, cualquiera puede tener como paradigma del humor en solo diez versos: “Modelo de secretaria”, por la manera de concebir la estrofa con un final completamente inesperado.
Otros insignes poetas campesinos de las décadas de 1940 y 1950 cultivaron el humor en la décima, pero muy pocos lograron aportar textos atendibles. En esta llamada “Primera Edad de Oro de la Décima Oral” se destacaron los repentistas ya citados Chanito Isidrón y Rigoberto Rizo; Angelito Valiente, Francisco Riverón, Justo Vega, Adolfo Alfonso, Rafael Rubiera, Leoncio Yanes, José Irene Valdés, Pedro Guerra, José Marichal, Gustavo Tacoronte, Patricio Lastra, Miguel A. Macau, Margarita Ferrer y Raúl Ferrer.
Todos estos poetas tuvieron a Naborí como centro irradiador y junto a ellos creció un poeta magnífico de la décima escrita, el gallego-cubano Adolfo Martí Fuentes a, quien debemos un conjunto de estrofas humorísticas apegadas a la tradición de la décima popular, incluidas en la segunda y la tercera edición de Alrededor del punto.[4] De sus poemas titulados “El macao y la hormiga”, “El buey vanidoso”, “La lombriz tacaña”, “El burro malagradecido”, un buen ejemplo es “La piña y la lagartija”.
Nacido en Tamarindo, provincia de Ciego de Ávila, Pablo Díaz[5] es una de las voces más altas de la décima humorística en nuestro país. Antologado por el poeta Francis Sánchez en La sombra en la espiga canta; Díaz publicó en 2009 Tan serio como una tusa, con selección y prólogo de la poeta e investigadora Ileana Álvarez. En ese librito de tirada bien reducida se incluyen varios textos como el titulado “Logros de Tamarindo” y ¡Qué manera de soñar!, dos chistosos y memorables textos.
Otro poeta avileño que posee un apreciable conjunto de décimas jocosas que merecen reconocimiento es Gilfredo Boán Pina[6], autor del aspaventoso cuadernito No dejen volar al buey.
Poeta santiaguero residente en el municipio granmense de Guisa es Juan Manuel Reyes Alcolea[7], quien no solo ha hecho una obra atendible en décimas humorísticas sino que es investigador, declamador y repentista. Alcolea es autor de los divertidos textos “¡Qué fandango!” y de “La boba”, que debido a su extensión no me permiten incluir ningún fragmento de muestra debido a la considerable extensión de los poemas citados que harían más insoportable de lo que ya es esta introducción.
Otra voz interesante del humor cubano en décimas es el velasqueño Gilberto Justo Cruz Rodríguez, más conocido como Pucho, quien como se verá en la selección ha logrado momentos singulares en esta escritura del absurdo y la hipérbole, fiel al sentido del humor propio del ámbito rural cubano.
Décimas jocosas relacionadas con la incidencia del Período Especial de los años noventa del siglo XX, son las tituladas “El picadillo de soya” que incluyó Batista Moreno en Yo he visto un cangrejo arando, estrofas escritas por los miembros del Grupo El Poste de Santa Clara (Ricardo Riverón, Yamil Díaz, Jorge Luis Mederos Betancourt (Veleta) y William Calero), décimas que, pese a las asonancias de la segunda estrofa, resultan antológicas para el humor nacional.
Décimas memorables para la historia del humor cubano son las agrupadas bajo el titulo “El velorio de Olegaria”, pertenecientes a actor, humorista, poeta, dramaturgo, narrador, improvisador, guionista de radio y televisión nacido en Pilón, provincia de Granma, Nelson Gudín, popularmente conocido como El bacán de la vida, quien a partir de una especie de realismo absurdo logra captar parte del espíritu de los pequeños pueblos de provincia.
Otro poeta nacido en la provincia Granma, específicamente en la localidad de Niquero, donde vive actualmente, es Alexander Besú Guevara, uno de los más altos exponentes de la décima cubana debido a su dominio de la estrofa y al ingenio con que concibe sus poemas. Ganador del Premio Iberoamericano Cucalambé 2007 en décima escrita y del Premio en el Concurso Internacional de Poesía Latin Heritage Foundation 2011, en New York, E.E.U.U, entre otros importantes reconocimientos, Besú Guevara, como podrá constatarse en este libro, posee un conjunto de décimas humorísticas digno de tenerse en cuenta en cualquier selección de poesía dedicada a tan necesaria zona de la creación insular.
Y, para los finales he dejado, por supuesto, mi horrenda producción humorística en décimas que va, como quien no quiere la cosa, in crescendo, después de La libra de verso en pie, un libro premiado en el Aquelarre del 2010, que nadie se decide a publicar, y me incluyo no porque me crea cosas sino para ejemplificar cómo uno se le va colando poco a poco al chiste y termina atrapado en los juegos del absurdo, la hipérbole y el doble sentido, tratando de aproximarse a tópicos tradicionales y un poco más cercanos a la sociedad contemporánea de las primeras décadas del siglo XXI. Advierto que las estrofas que me atreví a incluir solo fue por haberlas fogueado bastante en peñas holguineras y tuneras, sin recibir demasiado abucheo del público, compuesto mayormente por mis amigos, claro está que, a mucho ruego, he logrado leérselas.
Conclusiones
Exagerar cuanto rasgo de la sociedad, circunstancias o individuos es una característica de la décima humorística escrita en Cuba, ponderación excesiva de las cosas para referenciar o incluir asuntos de índole en ocasiones rayana en lo tremendista, en la que intervienen la hipérbole, la ironía, el doble sentido, el equívoco, los juegos de palabras, la anfibología, la presencia de lo inusitado y el empleo del absurdo, ya sea en conjuntos de décimas o en estrofas únicas que pueden o no contar una historia, aunque la tendencia generalizada es a relatar o crear una especie de ficción donde tienen cabida desde elementos oníricos hasta los disparates.
Historias de engaños maritales, desatinos irónicos y burlescos de los seres humanos en contextos específicos o no, pifias sociales, etc. son algunos de los temas tratados por la décima de contenido humorístico, con voluntad de comunicación universal, aunque muy marcada por localismos que impiden su apertura y comprensión en otros ámbitos.
Incluso autores muy cultos como José Lezama Lima y Raúl Hernández Novás, por solo citar dos ejemplos, también hicieron un humor muy auténtico desde el octosílabo, aunque menos explícito en el caso del autor de Paradiso, hechos que corroboran que la décima humorística ha permitido y permite a los cubanos hacer más llevadero el tránsito vital en tiempos de terror mundial, de retrocesos, confusiones y miradas cuestionadoras que muchas veces ocultan o portan una redondilla de pasillo, o mejor, una deliciosa e hilarante décima.
Muchisísimas gracias por la suya y vuestra complicidad, amables lectores de este manual de autoayuda, que según mi amigo el poeta banense Alberto Figueiras es lo que resulta a la larga el volumen; ayúdenme en la humoroterapia con una sonrisita, que eso es bueno para el corazón y el hígado; aquí inter nos: detiene las arrugas y la caída del cabello y, además, como gritó vulgarmente el sabio Arquímedes de Siracusa, el primero en la historia de la humanidad que estuvo claro de la importancia de tener palanca, mientras se bañaba en una monumental palangana griega aderezada con dibujos de figuras negras y rojas, y se le olvidó llevar la toalla: “¡Eureka, Heráclides, asere, ayúdame, ayúdame que yo, si está en mis manos, un día también te ayudaré!”.
Chicharronerías, o sea, agradecimientos
Este trabajo hubiera sido una tontería, mayor de lo que es, sin el auxilio de (y ahí va la retahíla de socios):
- Gilberto Cruz Rodríguez, poeta de Velasco, que me obsequió todas sus décimas humorísticas, un ejemplar de La décima culta en Cuba, y me alentó, desde hace más de veinte años, a realizar este trabajo.
- Alexander Besú Guevara, poeta de Niquero, que me envío textos propios y de otros poetas granmenses.
- La Máster Saylí Alba Álvarez, por enviarme textos de Sancti Spíritus que forman parte de sus investigaciones culturales de su provincia.
- Juan Manuel Reyes Alcolea, poeta de Guisa, que me envío sus décimas.
- Los poetas del grupo Espinel-Cucalambé, de Puerto Padre, que me confiaron sus estrofas.
- Ricardo Riverón Rojas, quien, arriesgándose a buscarse muchos enemigos, me envió las genialidades del Club El Poste de Santa Clara.
- Renael González Batista, poeta puertopadrense, que me envió sus décimas y sus libros.
- Claudio Concepción Pérez, poeta de Banes, que me hizo llegar sus humoradas.
- Ramón Espino Valdés, poeta tunero radicado en México, por enviarme sus textos.
- Ada Isabel Machín Álvarez, poeta habanera, por remitirme sus poemas.
- Alexis Díaz Pimienta, poeta habanero radicado en España, por enviarme sus décimas.
Finalmente agradezco la mano bondadosa del poeta Luis Yuseff, siempre abierto a las interrogaciones y respuestas de la cultura cubana, y a mis amigos el tenor Yuri Hernández y el humorista Onelio Escalona, que me acompañaron durante los días finales de gestación del proyecto y a veces se carcajearon o se quedaron tan serios que llegaron a atemorizarme.








