El peor negocio del mundo

Marco Tulio Aguilera Garramuño


Si se hiciera cuentas del tiempo que gastamos los escritores para escribir un libro, las ganancias monetarias que recibimos de él y la tardanza con que llegan esas ganancias, habría que concluir indubitablemente de que éste es el peor oficio del mundo.

Comencemos por el asunto del tiempo: cualquier escritor serio que quiera ofrecer un producto de valor literario (hablemos por ahora exclusivamente de literatura) no terminará un libro de, digamos, 300 páginas, en menos de un año. Generalmente dejará su obra reposar un tiempo, quizás seis meses o un año, para volverlo a escribir, revisar, reestructurar. Luego volverá a repetir el proceso entre tres y diez veces. En mi caso no trabajo un libro menos de cinco años y he llegado al  extremo de gastar 19 años de mi vida en una novela… que fue un fracaso casi absoluto.

Una vez satisfecho con el producto, debe buscarle editor. El editor le entregará una respuesta positiva o negativa en un período que podría ser de seis meses a un año (en muchas ocasiones ni siquiera habrá una respuesta a la propuesta).

Una vez aprobado para su publicación el manuscrito podrá esperar un año en el mejor de los casos o hasta cinco. Después de cinco años, más los dos o tres años que gastó en terminar su obra, deberá esperar otros seis meses o un año a ver si el libro se vende. En caso que se venda, recibirá entre cinco y diez por ciento del precio del libro multiplicado por el número de libros que se vendieron.

Conclusión: generalmente las primeras ganancias llegarán nueve o diez años después de que se inició la escritura del libro (es claro que hay excepciones: los autores que reciben jugosos adelantos, por ejemplo… pero resulta que no todos los escritores somos Stephen King o García Márquez).

Y mientras llegan las primeras ganancias, ¿de qué va a vivir el escritor? Dictando clases, conferencias, talleres, pintando casas, vendiendo alimento de animales como Sabines, administrando un burdel como quería Faulkner, seduciendo a millonarias, etc.

Los premios ayudan, las becas, pero no todos tienen acceso a ellos.

Escribir es sin duda el  peor negocio del mundo, pero para mí, el mejor y más divertido oficio. Para escribir no se necesita más que lápiz y papel, máquina de escribir o la más rústica computadora. Se necesita, además, ingenuidad y optimismo: pretender que lo que uno escribe la va a interesar al vecino o al mundo entero es un atrevimiento sin par. Se necesita también algo de descaro y cinismo: generalmente uno habla de sí mismo. Algo de egolatría: creer que lo que uno hace es tan valioso como para hacer que los demás de ocupen de lo que escribimos es creer que valemos o sabemos algo que los demás ignoran. Meterse en la vida ajena lo hacen casi todos los escritores; es muy divertido pero a veces es peligroso: ese es un riesgo que debemos correr.

En mi caso ser escritor ha resultado divertido, peligroso y productivo. Más allá de los 70 ya tengo mi futuro asegurado gracias a la terquedad (he publicado quizás 40 libros), he recibido 26 premios, algunos respetables… pero si no me hubiera sostenido durante más de 40 años en un trabajo estable en la Editorial de la Universidad Veracruzana, hoy sería un pobretón buscachambas.

Lo dicho: es el peor negocio del mundo pero no lo cambiaría por otro. Que otros se ocupen de ganar dinero, yo, de escribir novelas. Y de leerlas, claro, Jorge Luis.

 

Del Autor

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Marco Tulio Aguilera Garramuño
(Bogotá, 1949) Autor de las novelas El amor y la muerte (Alfaguara), Los placeres perdidos, Las noches de Ventura/ Buenabestia (Planeta, México, Plaza y Janés, Colombia, La hermosa vida (CONACULTA, México), La pequeña maestra de violín (Universidad de Puebla), Mujeres amadas (Universidad Veracruzana), Agua clara en el Alto Amazonas y Historia de todas las cosas.… Ha publicado, además, los libros de relatos Cuentos para ANTES de hacer el amor(Plaza y Janés, Colombia; Educación y Cultura, México), Cuentos para DESPUÉS de hacer el amor (Plaza y Janés, Colombia; Punto de Lectura, México y España), El pollo que no quiso ser gallo (Alfaguara infantil, México y Colombia), entre otros. Acaba de publicar la novela La insaciabilidad.Nuestra revista le dedicó el dossier de autor del número 30, que puede consultar visitando nuestra Hemeroteca.