Cuba, país del disparate y la expiación

Rafael Vilches Proenza


 

Un día el escritor Guillermo Vidal nos dijo: Si nos dividen nos joden. Ese día, en la sala de su casa, estábamos Eduardo Heras León, Francisco López Sacha, Lucy Araujo, Ramiro Duarte, Amir Valle, Alberto Garrido, Ángel Santiesteban, Francis Sánchez y yo.

Tenía razón el Guille, sus amigos llevábamos su palabra como una antorcha de salvación. Un día el Guille se nos murió, y nos quedamos con sus cuentos, sus novelas. Otro día, Ramiro Duarte también nos abandonó, a Amir lo exiliaron en Berlín, Garrido se marchó a República Dominicana, Lucy y Francis a España, Sacha no sé si aún vive, o está de viaje, Ángel sigue en La Habana donde escribe y lucha por un país mejor, y yo permanezco en Las Tunas, aldea donde no parece que el mundo pase.

Luego, vimos aterrorizados cómo dejábamos que nos apagaran la antorcha donde ardían como estrellas las palabras de Guillermo.

Nos dividieron y nos jodimos convirtiéndonos en las ovejas de los lobos que, como una dinastía, desde 1959 (nacimiento del caos), ocupan el trono del poder: Los Castro.

Cuba es una isla de hijos virtuosos, Isla de penurias humanas. Acá los escritores, artistas, y el pueblo común y corriente son seres tristes, sin voz ni voto.

En esta tierra solo se multiplica la pobreza y el dolor.

Aquí se escribe poesía del sufrimiento, del miedo, como los días que malvivimos. País donde el tocororo y el sinsonte se extinguen, como se extinguió de nuestros rostros un día el gozo de vivir en libertad.

Vinimos al mundo a expiar culpas, ¿cuáles?, quizás tenga que ver con la reencarnación, como dice un amigo poeta, y en otras vidas fuimos españoles que exterminamos a los indígenas que habitaban estas tierras.

Nos salva soñar que alguna vez fuimos alegres, y aún hoy llevamos una cuota de esperanza bajo el brazo.

En cada jornada acudimos a buscar la cuota del pan nuestro de cada día, gastamos nuestro tiempo y energías en hacer largas colas para llevar algo que comer a casa y la totalidad de las veces regresamos como vinimos a este mundo, con las manos vacías.

Somos un pueblo cobarde, sumiso y miserable.

Nuestros dirigentes son discípulos avanzados del Diablo (Fidel Castro). Que el fuego eterno del infierno lo consuma. Que el olvido lo arrope.

Vivimos en una isla donde el nacional vive como perro, con el perdón de los perros, y el extranjero se pasea por nuestras calles como un pavo real, un magnate, los amamos, les rendimos, los llevamos a nuestras casas, hay quienes ofrecen a sus mujeres en pago de gratitud, Cuba es Sodoma y Gomorra resucitada en el Caribe.

El cubano vive de chivatear al vecino, de ponerle zancadillas al prójimo que intenta con su trabajo volverse exitoso y próspero.

El pueblo se acuesta y se levanta maquinando cómo pasar el día que se avecina. Con qué trampas o sortilegios sobrevivirá las próximas horas, en qué colas lidiar para llevar algo de comer a su mesa. En rezarle a un Dios que desconoce porque así lo ordenó Fidel Castro.

El pueblo alza una oración al cielo para que alguien en el extranjero se compadezca, amigo o familia, en mandarle unos dólares para poder comprar en las nuevas tiendas, abiertas en el país por un gobernante que no representa a su pueblo. Uno puesto a dedo. Imposible comprar en esas Tiendas prósperas, con unos precios por las nubes, con un dinero que no está al alcance de los hijos de esta tierra.

En todas las esquinas escucho: Me voy a mudar para el Noticiero Nacional de Televisión donde todos los problemas del cubano están resueltos, donde Cuba parece ser una tacita de oro, la que prometió Fidel Castro y solo los periodistas cubanos, temblando de miedo y atragantándose con mentiras, han podido darle cumplimiento inventándose un país de maravillas inexistente.

Qué lindo hablan los periodistas del Noticiero Nacional, los de la prensa plana y radial.

Los periodistas cubanos, si no están viviendo en la luna, no sé hacia qué país están mirando, ¿con qué espejuelos ven la realidad cubana?

Los verdaderos escritores de ficción en Cuba son los periodistas que llevan un carné del Partido Comunista en el bolsillo. Sus historias de fantasías en Amazon se convertirían en Best Seller.

Los periodistas de la oficialidad cubana son los mejores escritores de ciencia ficción del universo.

¿No ven que los ocupantes de cargos en el Estado viven de robarle al pueblo, y los del pueblo de robarle al propio pueblo?

Cada día que pasa el gobierno vuelve más pobre al cubano de a pie, ese ser maldito que habita la furia de los días.

La maldición se repite de una generación a otra.

Mutis total y ostracismo, son nuestros más preciados premios, nos inocularon el terror en los huesos. Pero el fin está cerca.

Del Autor

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Rafael Vilches Proenza
(Vado del Yeso, Granma, Cuba, 1965) es licenciado en Educación Artística en la especialidad de Artes Plásticas y egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Es asiduo colaborador de publicaciones independientes críticas con el régimen, como Pensamiento Plural y Voces. Vilches ha obtenido varios reconocimientos, como el Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna en 2004 y 2010, por los libros El único hombre (Ediciones Orto, 2005) y País de fondo (Ediciones Orto, 2011); así como el Premio Nacional de Poesía de la Ciudad, en 2005, por Trazado en el polvo (Ediciones Holguín, 2006). También ha sido Premio Nacional de Poesía La Enorme Hoguera (2006); Premio Nacional de Poesía Centenario de Emilio Ballagas (UNEAC, 2008); Mención Nósside Caribe (Italia, 2005) y Mención Poesía UNEAC Julián del Casal (2007). Tiene publicada la novela Ángeles desamparados (El Barco Ebrio, España, 2011). Su libro más reciente es el poemario Café amargo (NeoClub Press, Estados Unidos, 2014).