
Desde hace siglos, la literatura se unió a la historia en el trabajo de contarla. Hace cinco siglos con la aparición de la novela y su espectacular expansión, fueron creándose los géneros novelísticos y entre ellos el histórico, renglón complicado dada la dificultad de saltar en el tiempo adelante o atrás, entonces llegamos a la ficción histórica, bueno, si esto suena a un resumen del resumen, vale, pero la ficción da para más de lo que parece, especialmente la futurista como verán.
Andamos de pandemia, y hablamos de ficción histórica bajo un titular de literatura y apocalipsis. Todas cosas que se han vuelto familiares; la literatura es el registro cultural de los tiempos en que se va contando, pero la palabra cultura es además una adulteración hecha a partir de equívocos, lo demás es el pan de cada día. La manipulación de la palabra cultura ha llevado a olvidar que abarca la totalidad del quehacer material e intelectual del ser humano y no solo como la conciben las mayorías que reducen su campo solamente a las diversas manifestaciones o expresiones artísticas, pero a pesar del reduccionismo por fortuna ahí caben la novela, las estadísticas de la pandemia que estamos viviendo y, para lo que voy a señalar, las redes sociales con su particular capacidad de distorsión.
Hace cuatro décadas, de manera concreta 1981, el norteamericano Dean R. Koontz publicó su novela: Los ojos de la oscuridad; en realidad el texto presenta varias curiosidades coincidenciales con lo que está ocurriendo, Koontz describe una pandemia que ocasiona un virus que en la edición inicial se llamaba Gorki 400, pero que en la de quince años más tarde, 1996, cambia el nombre a Wuham-400; el virus se desarrolló en laboratorios de China, y la tapa de todo, la historia ocurre alrededor del 2020. La novela pasó sin pena ni gloria, y fue descatalogada, ¡ah! la gravedad de la ausencia de lectores; en España la publicó Plaza Janés.
La mortalidad del virus ficticio es del 100 % y nadie supera las 24 horas de vida una vez infectado.
El primero en detectar la existencia de Los ojos de la oscuridad fue Nick Hinton, un californiano autor de podcasts que publicó en su cuenta de Twitter a mediados de febrero: “¡Una novela de Dean Koontz escrita en 1981 predijo el brote de coronavirus!». La reacción no se hizo esperar, le fue adjudicado el título de best seller de los años ochenta, a pesar de que nunca pudo serlo, y resucitó de entre los muertos. Ahora según diversas fuentes, se han pagado hasta 170 euros por ejemplares iniciales, o, sostienen otros 1500 dólares americanos en Amazon.
Luego comenzó el proceso de reescribir el libro desde las redes sociales, para que dijera no solo lo que dijo sino lo que los nuevos editores querían leer: el agregado necesario para convertirlo en profeta de la postmodernidad: “Alrededor de 2020 una enfermedad grave similar a la neumonía se esparcirá por el planeta, atacará los pulmones y los bronquios y será resistente todos los tratamientos conocidos. Casi más desconcertante que la enfermedad en sí será el hecho de que se desvanecerá de pronto, tan velozmente como llegó, para atacar una vez más diez años más tarde, y entonces desaparecer completamente.”.
Lo curioso es que este texto agregado si existe pero en otro libro, End Of Days: Predictions and prophecies about the end of the world (Fin de los días: predicciones y profecías sobre el fin del mundo), libro publicado en el 2008 por Sylvia Browne, de profesión adivina, ¿o profeta? De todas maneras, de moda en las redes sociales de Norteamérica.
Este tipo de manipulación, paradigmática de “las bondades” de las redes sociales, no son elemento para cuestionar la ficción novelada sino a los manipuladores. El trabajo de Koontz es valioso así haya pasado inadvertido en su momento, y sin las falsificaciones mencionadas se habría reencauchado con éxito. Además, todo lo relacionado con su libro es de manera aleccionadora una enseñanza sobre la cultura del postmodernismo.
Pero de hecho desde el comienzo las NOVELLAS precursoras de la NOVELA, se convirtieron en buen escenario para escribir sobre epidemias, o con la disculpa de ellas para contar historias. Por supuesto, es también material suficiente para entender esas culturas medievales en las que ocurre.
Giovanni Boccacio autor inmortal con El Decamerón, subtitulado Príncipe Galeoto, (Decamerone, Prencipe Galeotto en italiano antiguo), comienza su obra con una descripción de la epidemia de la peste bubónica o peste negra que en 1348 asoló a Florencia. Boccacio, utilizando las atrocidades de la peste como la causa por la que un grupo de diez jóvenes florentinos, siete mujeres y tres hombres, huye y se refugia en una villa en las afueras de Florencia, para allí divertirse contando historias de todo tipo y género, (sin que la utilización del calificativo indique nada diferente a la variedad de historias; la denominación genérica tomó unos cuantos siglos en ser desarrollada). La peste es solo la disculpa para construir el marco a los cien cuentos escritos por Boccacio entre 1351 y 1353. La epidemia había concluido en 1348. Luego en la modernidad y postmodernidad, la literatura sobre pestes pandemias y epidemias, permite encontrar desde una mirada superficial al campo de las novelas sobre el tema, y teniendo en cuenta solo a los más notorios escritores y Best Sellers, una lista grande de obras, vean ustedes:
La peste de Albert Camus; el escenario Oran, Argelia. narra las consecuencias del aislamiento de toda una ciudad, un infierno al que ni religión o ideología logran proveer consuelo, y permite observar que cada quien lleva dentro: miedos, traiciones, individualismo, junto con solidaridad, compasión, y espíritu de colaboración. Clásico de la literatura francesa de todos los tiempos, uno de los más leídos y buscados desde que estalló esta pandemia, un abismo en el que el consuelo de la ideología o la religión no ocurren.
Apocalipsis de Stephen King; un virus de la gripa es creado de manera artificial utilizado como arma biológica en Estados Unidos, a lo que se suma Randall Flagg, quien personifica el mal y posee un arsenal nuclear.
El grupo que sigue tiene gran acogida, en algunos solo popular, pero en otros como London, Defoe y Saramago, por ejemplo, también académica:
La peste escarlata de Jack London, escrita en 1910 y escenificada en el 2072. Una peste que llevará a los pocos humanos sobrevivientes a un nuevo primitivismo violento. Es la novela precursora del género de novela de catástrofe. Pandemia de Daniel Kalla. Médico que escribe su libro basado en el virus la gripe aviar, ambientado también en China. Diario del año de la peste de Daniel Defoe, también un relato novelado basado en la realidad de la peste de Londres y sus alrededores, ocurrida entre 1664 y 1666. La amenaza Andrómeda de Michael Crichton, terribles secretos de estado y el riesgo de exterminio de la humanidad. Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. Otro tipo de relato y riesgo. La peste blanca y su súbita ceguera. Ensayo sobre la ceguera es la ficción de un autor que nos alerta sobre la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron, una metáfora sobre el mundo moderno. Un par más:
El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez. Colombia se vio sacudida a lo largo del siglo XIX, por epidemias de cólera y guerras civiles. El doctor Urbino lucha contra el brote del cólera, en un escenario en el que chocan las historias de amor entre Florentino Ariza, Fermina Daza y Juvenal Urbino. Pero esto, que parece ser solo la disculpa para contar la historia de amor entre Fermina Daza y Florentino Ariza, y a pesar de los ingredientes básicos, supera el melodrama.
La montaña mágica de Thomas Mann. Davos, Suiza, tiene más allá de su imagen de refugio invernal de esquiadores ricos, un edificio histórico del pueblo, el Valbella; que fuera el sanatorio más famoso de la región por las curas para el asma y la tuberculosis y sus baños de fango y piletas para tratar a artríticos, artrósicos y heridos de incendios. Mann narra su historia en el contexto en el que en Alemania la población de tuberculosos alcanzaba a 80.000 personas, más de la mitad de las cuales estaban condenadas a una muerte inminente.
Falta al menos una veintena más de libros y autores que han novelado sobre pestes históricas o imaginadas, estas últimas futuristas; no tenemos aún una novela sobre la manipulación desde las redes sociales de la información para minimizar una catástrofe de este tipo, una sociedad ciega a sus pestes, Saramago y Camus juntos en el siglo XXI.