Francisco Papas Fritas o la carta del vidente

Salvador Gaete


Interrumpir el curso vertiginoso de la historia. Aniquilar la maquinaria de guerra identificando su base, su pieza fundacional. Frenar el avance de un acorazado que no conoce adversarios ¿Qué fuerza se necesita para lograr una hazaña de tal envergadura? Tan sólo una niña, ni siquiera una niña excepcional, una niña anónima con uniforme de niña.

Tan solo seis años han pasado, desde que el artista visual chileno Francisco Papas Fritas montara su provocativo “Ladrillo Angular” en el patio delantero del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago. Ese mismo año (2014), ya había remecido al país quemando los pagarés de los estudiantes deudores de la Universidad del Mar, equivalente a USD 500 millones, expuestos después en cajas plásticas convertidos en cenizas. Esta vez, con Ladrillo Angular mostraba una faceta más figurativa. Se trataba de un montaje con esculturas de papel tamaño real, en la que se apreciaba a una estudiante secundaria disparando al dictador Augusto Pinochet en el rostro. Tras el dictador caían en secuencia todos los presidentes de Chile desde el retorno a la democracia, lo que incluía a la única mujer: Michelle Bachelet. Todos/as ellos/as sin cabeza. Una estructura de ladrillos, a modo de base, soportaba los cuerpos de los mandatarios. Sin embargo, esta base sólida de ladrillo estructural comenzaba a desmoronarse al chocar con la joven estudiante, lo que daba la sensación de movimiento a toda la instalación.

La obra causó revuelo en los medios de comunicación masivos, pero no escaló al nivel del escándalo, a pesar del magnicidio múltiple. El Chile del 2014 no se tomaba en serio el activismo artístico. Hoy, post estallido social 2019 y a días de haber triunfado de manera abrumadora en el plebiscito la opción que aprobó el cambio de la constitución de Pinochet (78,27%) todas/os parecen estar hablando de la obra sin saberlo. Una parte importante de los/as chilenos/as enlaza el cambio constitucional con el estallido, y  publica en las redes sociales un escueto pero significativo “Gracias secundarios”, puesto que fueron los y las estudiantes de secundaria quienes iniciaron el estallido de octubre de 2019 que interrumpió lo que los economistas llamaban “el milagro chileno”. Lo increíble, mirando en retrospectiva, es que en octubre del año pasado, mientras el país ardía por los cuatro costados, los analistas políticos repetían en coro que un suceso de tal magnitud era imposible de prever. Papas Fritas, cinco años antes, se los había dibujado.

Creo que el concepto clave de Ladrillo Angular es “Interrumpir”. La obra nos propone una especie de Balsa de la Medusa (Géricault) en la que navegan el dictador y el resto de los mandatarios, una balsa de ladrillos destinada al naufragio. En Chile se conoce como “El Ladrillo” a un texto escrito por economistas chilenos (Chicago Boys) y que se convirtió en la base de las políticas económicas de la dictadura (modelo económico protegido por la constitución de Pinochet). El espíritu del libro se resume en la frase “a problemas públicos, soluciones privadas”. Esa herencia no ha sido modificada por ningún gobierno democrático, lo que permitió a Papas Fritas ponerlos a todos en un mismo ladrillo. Sin embargo, esa navegación es interrumpida por una estudiante que erosiona la nave con solo tocarla.

Marx planteaba que las revoluciones eran la locomotora de la historia, sin embargo la revuelta en Chile, simboliza lo contrario, la interrupción de un modelo que perpetuaba las desigualdades. En este aspecto se asemeja más a la definición de Walter Benjamin: “Puede ocurrir que las revoluciones sean el acto por el cual la humanidad que viaja en el tren tira del freno de emergencia”. Benjamin sabe que el curso “natural” que ha tomado la historia nos lleva al desastre y que la maquinaria que nos arrastra no se detendrá por sí sola, es necesario hacerla frenar de golpe, sin aviso. La violencia de la detención es equivalente a la velocidad de la máquina. Así sucedió en Chile el 2019 y sigue sucediendo con el cambio constitucional. La máquina de dirección obligada se detuvo, colisionó con un grupo de estudiantes vestidos/as de estudiantes, con mujeres que gritaban “la revolución será feminista o no será”, colisionó con los/as niños/as del SENAME (Servicio Nacional de Menores), con un país entero que de la noche a la mañana se volcó a las calles a tirar del freno de mano.

Hoy Chile celebra un triunfo electoral que no contiene un rostro, que aún arrastra el sabor de las llamas que adornaron las calles. El único rostro posible es tal vez esa adolescente que imaginó Francisco Papas Fritas, esa estudiante feminista con el rostro cubierto que le salió al paso a 30 o 46 años de historia. Toda obra pertenece a un contexto, la asertividad del artista que imaginó el Ladrillo Angular, reside en la sensibilidad de captar la atmósfera del momento en que emprende su creación. Francisco Papas Fritas lee la calle, siente el movimiento subterráneo, entierra las manos y saca, hace seis años atrás,  una maqueta a escala real del Chile que acaba de acontecer.

Del Autor

salvador gaete

Salvador Gaete
(Santiago de Chile, 1973). Poeta y ensayista. Ha publicado Isis desertores (Mago editores, 2007), antologado en la publicación Lecturas de poesía. Su obra aparece en diversas revistas y suplementos literarios en Chile y el extranjero.