Gallos de pelea

José Manuel Costas Goberna


Miguel de Unamuno y Ramón del Valle Inclán.

Los dos se pasaron bastantes años disputándose el tercer puesto en la clasificación de grandes autores en la Historia de la Literatura Española. Nunca hubo dudas sobre que Miguel de Cervantes ocupaba el número uno, ni en que el segundo creador más importante era Francisco de Quevedo. Conseguir el tercer lugar fue la gran pelea entre Miguel de Unamuno y Ramón del Valle-Inclán.

Después de muchos años, la discusión sigue en pie, tanto en los ámbitos universitarios como en las valoraciones críticas de la vida literaria. Por mi parte, contaré retazos de un sueño que me acompañó varias noches.

La cosa fue que Ramón del Valle-Inclán, seguramente por ver la cara que ponía Miguel de Unamuno, quizá también para pincharle y buscar polémica, sacó a colación en la tertulia del Ateneo de Madrid el mal sabor de boca que le había dejado la lectura de la novela de Tolstoi, Sonata a Kreutzer.

Catapultado por una fuerza indomeñable, y sin más preámbulos, Unamuno saltó a la palestra para defender al maniático habitante de Iasnaia Poliana:

─Con independencia de todo lo que usted quiera, que no será mucho, la Sonata a Kreutzer constituye uno de los escritos más veraces y espeluznantes del pobre Tolstoi.

Tal afirmación sorprendió a varios contertulios, pero fue Valle-Inclán el primero en levantar la voz, con un tonillo burlonamente enfático y claros aires de gallito. Explicó que el genial individuo, de muy compleja aventura biográfica y un talante ideológico poco fiable, amén de algunas manías insoportables, acabó sus días escribiendo unas cosas verdaderamente siniestras, claramente dirigidas contra la felicidad de la especie humana. Ante los rumores y algunas risas, afilando la ironía, y con su característico ceceo como lanza en ristre, agregó:

─Zi uzted ha leído eza novela con total rectitud de intención, lo cual, por otra parte, ez muy dudozo, ze habrá dado cuenta de que en ella Tolztoi compone una feroz diatriba, alucinante y paranoica, contra el matrimonio, y de pazo, por zi ello fuera poco, contra el adulterio. Que zi lo segundo bien pudiera eztar, lo primero ez radicalmente demencial.

─Pues lo que yo digo es que el planteamiento erótico-social que hace el pobre Tolstoi es muy correcto y atinado ─dijo Unamuno, y saltó la polémica.

─¡Ya eztamoz con laz ideaz del pope cazcarrabiaz! Azí no ze puede dizcutir con nadie.

Unamuno montó en cólera:

─No le tolero ni a usted ni a nadie semejantes desplantes.

─Bah, bah, bah.

─Y le repito que yo creo que el ruso expone con claridad la concepción cristiana del amor cuando afirma que la gente no puede fornicar a su antojo, de la forma y manera que le venga en gana, sino que ha de someterse a las estrictas normas de la moral.

En medio de aspavientos histriónicos, el de las Barbas de Chivo ahuecó la voz y marcó de forma exagerada un tonillo de guasa:

─¡Ah, muy bien, muy bien! ¡Cojonudo, zeñor mío, cojonudo! ─Como si quisiera lucir virtudes de gran actor, cambió de tono y remedó al cómico picarón─: ¿Y en virtud de qué leyez fornica uzted, chiflado penzierozo?

─Yo estoy casado, majadero. En virtud del santo sacramento del matrimonio tengo yo hijos y mujer. Y no me ando de picos pardos, como anda usted cada noche, que va con su hocico peludo corriendo tras las enaguas de las busconas callejeras.

Valle-Inclán soltó una carcajada, entre cínica y bufa, y coronó la sien con el índice alargado:

─¡Zerá pozible! Venirnoz ahora con arroganciaz de viejo cazcarrabiaz y con dogmatizmoz grozeroz de brujo zaltimbamqui. Un raztrero dictadorzuelo moral, ezo ez lo que ez usted.

Amarillo de rabia, Unamuno chilló:

─¡Cállese, fantoche!

─Cálleze uzted primero, zeñor dignatario cuáquero. Habla uzted como el Ripalda: contra el mundo, el demonio y la carne. Y zi me apura, mucho peor aún que el Ripalda. Porque ez uzted máz puritano que un rabino ezenio y máz papizta que el papa. Ez uzted el prototipo viviente del carcamal hizpano.

─El carcamal mayor es usted.

─Tolztoi y usted zon acérrimoz enemigoz del placer. Del placer de loz demáz, para empezar. Parece que lez diera envidia. Y zon enemigoz no zolo del placer engendrado en el ayuntamiento carnal de hombre y mujer, zino también de todoz loz placerez, abzolutamente de todoz. Ez el puritanizmo máz grozero y chabacano que conozco.

─Salga de mi vista ahora mismo, o le parto la crisma.

A la violencia verbal de Unamuno, el de las Barbas de Chivo respondió con desplantes de cómico barato:

─Aquí le ezpero comiendo un huevo, una tortilla y un caramelo. ¡Y máz chulo que un ocho!

─Venga acá.

─Váyaze con viento frezco, carcunda.

─Es usted un mamarracho y un insolente liberalote. Confunde el culo con las témporas y desprecia olímpicamente las prácticas y creencias de nuestra noble y recia casta ibérica. La reciedumbre hispánica es mucho más fuerte y sensata que todo eso que usted y otros de la misma calaña predican a diario con malicia supina.

─¡No diga zandecez, carcamal! Venirnoz ahora con fanfarronadaz cazticiztaz. Uzted, como zu amiguete Tolztoi, huye de laz mujerez y recela de la concupizcencia, eze pueril invento ezcoláztico y vaticanizta para amedrentar a la gente ignorante con laz llamaz del infierno. Y pienzan uztedez doz que la carne ez un nido de guzanoz azquerozoz y que laz mujerez zon todaz hijaz de Zatanáz, o zorraz públicaz, y cozaz por el estilo. Tolztoi eztuvo ziempre en contra de la vida, y uzted igualito que él.

─Sabrá usted, botarate, que yo soy la cabeza pensante de España y que mi filosofía se fundamenta toda ella en el existir, en las luchas y estrategias del existir. Amo la vida por encima de todo, más que Tolstoi y más que usted.

─Yo adoro la belleza, lo zabe todo el mundo. La filozofía no ez lo mío. Hablar de filosofía y azí, me aburre mucho. ¡Para mí el cachondeo! Ezo que uzted llama dulce chunga. ¡Ezo, ezo!

─Lo encuentro a usted más frívolo que nunca. ¿No vendrá con kif?

─No traigo ninguna droga conmigo, ¡no, zeñor! Ez el paíz. Lo que uzted llama cazticizmo, ¿zabe? ¡Ezo ez! Y como yo zoy tan caztizo, caztizo hazta la mizmízima médula de caztizo, puez tengo que zer azí.

─Eso no es casticismo, sino farándula. Usted de casticismo sabe poco.

Unamuno, que no admitía más divismo que el suyo, se mostraba impertérrito. Valle-Inclán empezó a mesarse las barbas.

─El mundo zigue pataz arriba, zeñor Caballero de la Trizte Figura. Y yo zigo penzando que Ezpaña ez una cagada, la mizma cagada de ziempre.

─El país sigue como antes, ¡eso sí! Es una calamidad.

─A loz ezpañolez máz iluztrez ze noz ha tirado a la bazura. Ya no contamoz para nada.

─¿Qué quiere que le diga? Usted conoce tan bien como yo la constante y vieja tragedia nacional: fabricar mitos y héroes, elevar ídolos a pedestales y hornacinas, para, una vez en la cúspide, derribarlos sin piedad.

─Dejemoz ezo en paz. Para otro día, zi uzted quiere. Tengo que irme. Debo zeguir ezcribiendo laz cozaz que pazan. Zepa usted que estoy escribiendo la obra máz importante que jamáz ze haya ezcrito en lengua ezpañola en lo que va de ziglo. La máz cruda y trágica. El ezperpento máz puro, vivo y en cueroz.

─Demasiados humos.

─¡Ni humoz ni puñetaz! Peze a quien le peze, a mi altura zolo eztán Cervantez y Quevedo. Por encima, nadie. Por debajo, todoz loz demáz.

Del Autor

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José Manuel Costas Goberna
(España, 1941). Catedrático de Lengua y Literatura Española en Instituto de Bachillerato. Ha publicado los libros Muerte de Venus (premio Ateneo de Valladolid de novela, 1974), El cazador de sueños (premio Ciudad Real de novela, 1975), Mis amores con Anna Freud (premio Ciudad de Irún de novela, 1987), Ladis (premio Ciudad de Irún de cuento, 1987), Luna de agosto (premio Félix Urabayen de novela, 1988), Llanto en Isla Negra (premio Casino de Mieres de novela, 1990), Viaje al fin del arte (2º premio del Concurso Internacional de Cuentos Miguel de Unamuno del año 1999), Cuerpos salvajes (premio de novela Ciudad de Badajoz, 2002), La piel del agua (premio de novela Carolina Coronado, 2004), Mujer de largos vientos (2013) y El puto país (2014). Su novela más reciente es La herencia Kafka, publicada en 2019 en Ilíada Ediciones.