¿El escritor es un paria?

Rafael Vilches Proenza


Soy un desterrado de mi hogar. Desde los seis meses de edad, mis padres decidieron abandonar la casa donde mi madre me había dado a luz en diciembre de 1965, el Cero de las 1009, y nos mudamos a Jucarito en 1966, justo por donde pasa la carretera que une a las ciudades de Bayamo y Las Tunas. En mayo de 1970, el Estado nos estaba llevando para la comunidad Vado del Yeso, especie de pueblo cautivo que habitaron con profesionales, intelectuales complicados, de ciudades populosas y lejanas, y con obreros y campesinos de la zona. Desde entonces, he estado moviéndome por todo el país como misionero, gitano o judío. Por eso tengo la dicha de decir que a lo largo de estos años toqué y respiré lo mejor de la literatura y escritores contemporáneos de mi país.

Hace poco, una amiga ponía en su muro de Facebook una lista de escritores cubanos, a su criterio, los más vendidos en Amazon. Ana Rosa, mi esposa le dio compartir y un lector desde España  se comunicaba con ella para quejarse de la ausencia en dicha lista de Zoe Valdés. Y estaba en lo cierto, Zoe Valdés, junto al escritor Orlando Luis Pardo y otros veintitantos escritores cubanos regados por el mundo y unos pocos residentes en la Isla, es de las que más libros vende en la diáspora, según encuestas realizadas por libreros, lectores, críticos, redes sociales y otros medios informativos. También es verdad que es una de nuestras mejores escritoras, eso no se discute; además, este lector le decía a Ana Rosa que, de los relacionados, solo había leído un poquito a Wendy Guerra; a los otros no los conoce. Decía también que en esa lista debía aparecer Ana Cabrera Vivanco, su escritora preferida.

Reconozco que por falta de marketing, promoción y difusión de la obra de los escritores contemporáneos cubanos que viven y escriben en la isla, nadie los conoce ni los reconoce fuera de sus costas, salvo unas pocas excepciones, como: Ángel Santiesteban, Ena Lucía Portela, Wendy Guerra, Leonardo Padura o Pedro Juan Gutiérrez.

Importante, y jugosas me resultan las listas que suelen ser confeccionadas por libreros y lectores, y los premios otorgados por ambos. Esos muy pocas veces se equivocan.

Consulté la lista puesta en Facebook, a la que hacía referencia el lector español, para constatar que en ella estaban la mayoría de los escritores cubanos que admiro en estos momentos, con unas poquísimas omisiones; quizás pudieron haber sido involuntarias o desconocimiento.

Lo doloroso es que, a pesar del renombre que estos escritores tienen dentro de Cuba, resultan unos desconocidos para la mayoría de los lectores foráneos, “eso me hace sentir vergüenza ajena”, como dijera alguna vez la escritora Laura Ruíz, recordando una frase de su abuela. En ese momento hacia referencia a un hecho que nos acaeciera a Guillermo Vidal y a mí, en su ciudad, Matanzas, en el Encuentro Nacional de Narrativa allá por 1998 o 1999.

Así andamos algunos escritores de la isla por el mundo, siendo unos totales desconocidos, sin rostro y sin nombre para editoriales, libreros y lectores. No importa tener a un José Kozer, atalaya en la poesía, deseamos que muy pronto sea nominado por la Academia Sueca para soñar junto a él y su obra con que un cubano se alce al fin con el tan ansiado trofeo literario.

A quién le importa que  tengamos tres Premios Cervantes en casa, si nuestra casa es el mundo: Alejo Carpentier, Dulce María Loynaz y Guillermo Cabrera Infante. Que hayan existido Carlos Victoria, Guillermo Rosales, Reinaldo Arenas, quienes con sus cuentos y novelas hicieron visibles en el mundo a esta islita del caribe. Que en la literatura infanto-juvenil Daína Chaviano, Gumersindo Pacheco, Jorge Luis Peña y Joel Franz Rosell, estén ubicando sus libro en las mejores editoriales para este género, o los  ensayistas monumentales: Jorge Mañach, Rafael Rojas, Antonio José Ponte, Emilio Ichikawa, Carlos Alberto Montaner, Samuel Farber y Roberto González Echevarría hayan nacido en Cuba, unas de las mentes más lúcidas del orbe que ahora hay que aplaudir.

Lo he dicho otras veces, me gusta mencionar a quienes escriben o escribieron dentro y fuera de mi país, para que un oído atento los recepte, como en el béisbol o el fútbol, y ese lector ávido y curioso por una literatura distinta y distintiva, salga en busca de ese, o esos autores y sus libros, de sus biografías. Me gusta dejar en las ondas del aire una, o varias posibilidades, muchas tentativas de tentaciones de autores y sus libros, propuestas interesantes para que un lector cercano o lejano las haga suyas.

Por ejemplo, muy pocos hablan de la literatura escrita por mujeres, y no es cuestión de feminismo, contamos con muy buenas escritoras, aparte de las ya mencionadas: Gertrudis Gómez, Lydia Cabrera, Fina García-Marruz, Ana Luz García, Mirta Yáñez, Sonia Rivera-Valdés, Reina María Rodríguez, Mayra Montero, Idolidia Darias, Lourdes González, Ana María Simo, Uva de Aragón, Mariela Varona, Maribel Feliú, Ana Rosa Díaz, Odalys Leyva, Odalys Interian, María Liliana Celorrio, Lucy Araujo, Ileana Álvarez, Achy Obejas, Gina Picart, Ruth Behar, Chely Lima, Aida Bahr, Laura Ruiz, Mabel Cuesta, María Elena Cruz, Zoelia Frómeta, Odette Alonso, Sonia Díaz, Damaris Calderón, María Elena Llana, Nuvia Estévez, Karla Suárez, Anna Lidia Vega Serova, Mylene Fernández, Verónica Pérez Konina, Rebeca Murga, Dayamí Rodríguez, Legna Rodríguez, Jamila Medina, Ketty Blanco… por solo citar unas pocas.

Acaso hay algún miedo en citar nombres y reconocer su valía. ¡Qué poeta tengo en casa!

En Cuba por las tiradas de los libros y sus ventas, es imposible hablar de Bestsellers, aun así hay autores que alcanzan esa nominación, por la persecución de sus obras por los lectores: José Ángel Buesa, Reinaldo Arenas, Delfín Prats, Daniel Chavarría, Amir Valle, Leonardo Padura, Pedro Juan Gutiérrez y Ángel Santiesteban.

En este país donde los escritores que deciden no entrar por la canalita diseñada por el poder político y cultural son censurados, prohibida la publicación y difusión de sus obras, es imposible un estudio del fenómeno literario que ocurre dentro y fuera del país con sus autores, más que por el desconocimiento e ignorancia de críticos y estudiosos, por miedo a tocar a autores y ser señalados, porque los que cumplen esa encomienda, lo hacen para periódicos y revistas del régimen donde están obligados a reseñar y alabar a los autores que entran por ese aro que ha diseñado la Revolución desde 1959, dejando fuera a los censurados. A algunos de ellos ya los he mencionado, y agrego a Rafael Alcides, quien se negara a recibir el Premio Nacional de Literatura otorgado por el Estado y la policía cultural, pero que con orgullo recibiera el Premio Nacional de Literatura Independiente, ‘Gastón Baquero’, 2015. Y otro poeta, aunque no del todo relegado por el poder, pero silenciado por religioso, a quien le negaron el Premio Nacional de Literatura muchas veces (como se lo han negado a Delfín Prats), fue Carlos Galindo Lena, poeta importante, junto a Manuel Díaz Martínez y Rafael Alcides, de la generación del 50.

Es vergonzoso que un premio de literatura sea otorgado por un escalafón político, y buena conducta hacia una ideología anacrónica y abusiva. Ya es hora de que miren  hacia escritores de la diáspora, piensen en algún joven con una obra sostenida y sólida, no en cantidad de libros publicados, pero sí en calidad y logros literarios; autores que, a pesar de su corta edad, aportan brillo y nombre a las letras nacionales.

¿Por qué los que nominan al Premio Cervantes, no lo hacen con José Kozer, Félix Luis Viera, Abilio Estévez, Amir Valle…, por solo citar a cuatro autores cubanos con sobradas obras de calidad para optar por ese galardón literario o cualquier otro en el mundo de la literatura.

No puedo dejar de mencionar para los que no conocen la literatura cubana y a los que la escribieron o la escriben, aparte de los ya mencionados, a Agustín Acosta, Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, Eliseo Diego, Virgilio Piñera, Severo Sarduy, José Lezama Lima, José Lorenzo Fuentes, Carlos Montenegro, Lino Novás, José Soler, Jesús Díaz, Norberto Fuentes, Heberto Padilla, Ángel Cuadra, Antonio Benítez Rojo, Oscar Hijuelos, Guillermo Vidal, Antonio Orlando Rodríguez, Luis Manuel García, Julio Travieso, Antonio Álvarez Gil, Raúl Rivero, Fernando Velázquez Medina, Eliseo Alberto, Agustín Labrada, Manuel Gayol, Ronaldo Menéndez, Atilio Caballero, Jorge Luis Arzola, José Hugo Fernández, Otilio Carbajal, Carlos Pintado, José Fernández Pequeño, Alberto Garrido, José Manuel Prieto, Pedro Junco, Rafael Almanza, Alberto Sicilia, Carlos Aguilera, Francis Sánchez, Armando de Armas, Delis Gamboa, Ghabriel Pérez, Juan Carlos Vals, Armando Añel, Alexis Díaz-Pimienta, David Mitrani, Alberto Garrandés, Yoss, Emerio Medina, Alberto Guerra, Alberto Garrido, Carlos Esquivel, Marcial Gala, Nelton Pérez, Jorge Ángel Pérez, José Alberto Velázquez, Frank Castell, Yanier H. Palao, Eliecer Almaguer, Evelio Traba, Víctor Pérez Gallo… (No están todos… lo sé… imposible evitar los olvidos. Hay algunos escritores a los que les perdí el rumbo después que salieron de Cuba, y nunca más he vuelto a saber de ellos y su obra). Es solo un amago, un golpe en medio del ring a editoriales, libreros y lectores del mundo.

Vivo orgulloso de luchar porque exista la posibilidad de saberte libre, próspero, en armonía con todos los cubanos donde quiera que se encuentren, sin sentir la vigilancia y opresión de los represores que ocupan el poder por voluntad propia y no por decisión en elecciones libres y voto secreto del pueblo.

Del Autor

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Rafael Vilches Proenza
(Vado del Yeso, Granma, Cuba, 1965) es licenciado en Educación Artística en la especialidad de Artes Plásticas y egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Es asiduo colaborador de publicaciones independientes críticas con el régimen, como Pensamiento Plural y Voces. Vilches ha obtenido varios reconocimientos, como el Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna en 2004 y 2010, por los libros El único hombre (Ediciones Orto, 2005) y País de fondo (Ediciones Orto, 2011); así como el Premio Nacional de Poesía de la Ciudad, en 2005, por Trazado en el polvo (Ediciones Holguín, 2006). También ha sido Premio Nacional de Poesía La Enorme Hoguera (2006); Premio Nacional de Poesía Centenario de Emilio Ballagas (UNEAC, 2008); Mención Nósside Caribe (Italia, 2005) y Mención Poesía UNEAC Julián del Casal (2007). Tiene publicada la novela Ángeles desamparados (El Barco Ebrio, España, 2011). Su libro más reciente es el poemario Café amargo (NeoClub Press, Estados Unidos, 2014).