El hueco
Ana Rosa Díaz Naranjo
Ilíada Ediciones, Alemania, 2020
Es un texto permeado de aliento sostenido, fuerza que trasmite un cúmulo de dolores y presagios, la vida en algunas zonas rurales donde ciertos hombres se degradan en el alcohol.
La existencia como fuerza entre campos magnéticos; ente que recibe influjos desde el alma y desde el exterior se convierte en el Hueco, ese que puede ser la vida o el orificio donde van las penas.
El tiempo es una esencia variable, no se sitúa la autora en una etapa determinada, para ella el tiempo es la vida, ese que transita de nacimiento a muerte; pero que tiene al Hueco como una categoría entre ambos estados. El Hueco como sitio de escondite del niño Gustavo para escapar de los maltratos de su tío y desde allí pedir a la Virgen de la Caridad del Cobre por su salvación, que en la novela significa un cambio de vida.
La autora deja percibir un sentimiento de abandono en varios personajes. Discrepa del maltrato infantil y de las violaciones, grito que forcejea desde las páginas de este libro. Sucesivas violaciones acontecen hasta fraguar una conmoción de rebeldía y tristeza. La furia de la mujer violada y el miedo se juntan para ofrecer un retrato de desamparo en la naturaleza humana.
Los diálogos tienen una fuerza que distingue esta obra, el intercambio entre personajes; pero también desde el silencio donde la mente divaga. Aquí el personaje de Beneda, mujer encamada que no puede o no quiere hablar, da a los lectores un llamado a la reflexión, conversa con su interior, deshilando su vida pasada y presente, los influjos tenebrosos que muestra, sin dudas, pueden lograr que los lectores se resistan a ella y renieguen de su condición humana. Odia a su hija y a su nieto desde las oscuras cualidades del ser. Nombra a su hija estorbo y a su nieto demonio. La traición e infidelidad la agolpan y torturan.
El sexo, el carnaval y la zoofilia completan un panorama fogoso, que va desde el pasado al presente; desde un mundo sin aspiraciones hasta otro donde emergen elementos de la modernidad como las redes sociales.
Estamos frente a un libro que marcará al más acorazado de los lectores. Leerla es penetrar ese Hueco, ciudad fundada por Ana Rosa Díaz, ese Hueco que logra sacar lágrimas y que se convierte en escenario de muertes y vejaciones.
El pozo como centro de dolor, desde donde se oscurecen sus aguas con un crimen que duele hasta el asombro. El pozo como ojo, que delata las furias de la muerte. La oscuridad que pide luz y la crucifixión de la agonía.
Descubra, querido lector esos ardides literarios de Ana Rosa Díaz, pulso seguro que se afinca en los entarimados de la literatura tunera, cubana y universal.