Dos almas en una sola

Antonio Álvarez Gil


Ocurrió en mayo del año pasado. Una cantaora española de flamenco pasaba por frente al restaurante La Vitrola, de La Habana Vieja, cuando oyó la música de un tema caribeño que salía del establecimiento y llenaba la calle con su notas. La mujer se sintió atraída por aquel ritmo alegre y pegajoso, y accedió al local para  poder escuchar mejor la canción que sonaba en esos momentos. Al verla allí, los músicos cubanos notaron el interés de la extranjera y propiciaron el diálogo. Y enseguida llegó la invitación para participar en la “fiesta”. Como los artistas se entienden entre sí con suma facilidad, muy pronto se estableció la comunicación y terminaron cantando todos juntos. Y aunque no conozco los detalles, sí sé  que la visitante se atrevió con un bolero-son titulado Idilio, del compositor puertorriqueño Tití Amadeo, que el grupo interpretaba con una extraordinaria gracia criolla. La consecuencia de todo ello es un vídeo que, según se dice, grabó alguien que pasaba por allí y que yo, entre otros miles de personas, tuve el placer de ver y oír en YouTube. Luego supe que la artista procede de Huelva y que usa el nombre artístico de “Argentina”. Desde entonces la sigo y la escucho con placer.

Como Argentina es cantaora de música flamenca, el resultado de su improvisación en La Habana es una mezcla de sabor caribeño y aires andaluces que en algo recuerda la memorable fusión de eufonías y ritmos de Diego el Cigala con Bebo Valdés en su célebre álbum titulado Lágrimas negras. Aquí hay que decir que la canción improvisada por la española en La Habana fue en su momento popularizada por el maestro Willie Colón y es, por tanto, muy conocida entre los amantes de la música caribeña. Pero Argentina la refresca con su estilo flamenco y su acento de Huelva. Quienquiera que tenga algo de español o latinoamericano, vibrará de alegría al escuchar la interpretación de esta chica con el grupo cubano. Por cierto, buena parte del éxito del vídeo se debe a la maestría y el talento de los músicos del restaurante y, sobre todo, al carisma y la voz de la cantante del grupo. Pienso que ellos son los responsables máximos de la resonancia que ha tenido este experimento habanero de la artista española.

En este punto quiero señalar algo que me llamó la atención: Tras su regreso a España, Argentina aprovechó el tirón del número grabado en La Habana y difundido en la Red, y lo incorporó a su repertorio. Es lógico. A los pocos meses, pues, la cantante interpretó el mismo tema en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Allí lo hizo acompañada de nuevo por un grupo de músicos cubanos. Sólo que en esta ocasión no se trataba de los esforzados currantes que la acogieron en la capital cubana y la hicieron popular en aquella parte del mundo. Quienes viajaron a España fueron el cantante Elíades Ochoa y un grupo de músicos que imagino serán los que suelen tocar con él, o al menos, quienes fueron escogidos para acompañarlo en el viaje. Cuando vi el correspondiente vídeo en YouTube, leí también los comentarios de las personas que disfrutaron de esta nueva versión de Idilio. Esta vez, sin embargo, pese a los numerosos elogios dedicados a la muchacha, había también varias opiniones negativas sobre los músicos. La gente echaba de menos a los del restaurante, sobre todo a la “morena” que canta con ellos y que recuerda sobremanera a Celia Cruz. Con todo el respeto que me merece la figura de Eliades Ochoa y su banda, yo también pienso que, en su conjunto, la ejecución de Idilio no estuvo tan bien como en su improvisación en Cuba. En cualquier caso, muchos de los opinantes en la Red se lamentaban de que aquella gente del restaurante no estuviera con la cantaora en la actuación de Huelva. A mí, francamente, no me extrañó el cambio de cromos. ¿Por qué? Porque conozco bastante bien cómo se selecciona en Cuba a los artistas o escritores que habrán de participar en cualquier evento celebrado más allá de las fronteras nacionales. Los méritos profesionales por sí solos no bastan para recibir el pasaporte, salir al exterior y representar a tu país.

Pero, músicos aparte, en el ámbito de la Literatura y el libro ocurre otro tanto. Los creadores están divididos en dos bandos. Unos aran la tierra y otros cosechan los frutos. Unos trabajan en casa como hormigas; otros salen a representar al país en ferias internacionales o son invitados a leer conferencias en universidades de Europa y América. Es la ley que rige el mundo de la Cultura en Cuba. Hablo con conocimiento de causa, pues lo he visto de cerca. Hay escritores capaces, instruidos y con buena obra publicada que jamás han formado parte de una delegación cubana a ninguna feria o evento internacional; mientras que otros, tal vez con menos méritos profesionales, apenas se bajan del avión. ¿Quién paga sus gastos? ¿Por qué son siempre los mismos? Sí, ya lo sé, porque los invitan determinadas instituciones “amigas de Cuba”. Mas ¿por qué a ellos y no a los otros? Pues habría que verlo un poco más detenidamente. En cualquier caso, todo este asunto requiere de más espacio y tiempo que el disponible para este artículo, y me prometo a mí mismo abordarlo en otra ocasión. Mientras tanto, disfrutemos de la música de la bella cantante Argentina. Quienes no la conozcan, créanme que vale la pena buscarla en YouTube y verla interpretar el bolero-son Idilio, sobre todo si lo hace en compañía de los músicos del restaurante La Vitrola, de La Habana Vieja. Sean felices y cuídense del coronavirus.

Del Autor

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Antonio Álvarez Gil
(Melena del Sur, La Habana, 1947). Ha publicado Una muchacha en el andén (Ediciones Unión, La Habana, 1986), Unos y otros(Ediciones Unión, La Habana, 1990), Del tiempo y las cosas (Ediciones Unión, La Habana, 1993),Fin del capítulo ruso (Ediciones Vintén, Montevideo, Uruguay, 1998), Las largas horas de la noche (Editorial Universidad de San José, Costa Rica, 2000; Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003), Naufragios (Algaida Editores, Sevilla, 2002), Delirio nórdico (Algaida Editores, Sevilla, 2004), Nunca es tarde (Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2005), La otra Cuba (Centro Cultural de la Generación del 27, Málaga, 2005). Entre sus muchos premios destacan el Premio de novela Ciudad de Badajoz (España, V edición) y el Premio de novela del Ateneo ciudad de Valladolid (España, en su LI edición). Álvarez Gil aparece incluido en varias antologías del cuento contemporáneo. Cuentos y artículos suyos han aparecido en publicaciones de España, Italia, Suecia, Estados Unidos y Latinoamérica. Es miembro de la Asociación de Escritores de Suecia. Desde 1994 reside en Estocolmo. Acaba de publicar las novelas Después de Cuba en la editorial española Baile del Sol y Perdido en Buenos Aires (2010), con la que obtuvo el Premio Internacional “Mario Vargas Llosa”, de la Universidad de Murcia en el 2009. Sus novelas más recientes son Callejones de Arbat (2012), Annika desnuda (2015), Las señoras de Miramar y otras cubanas de buen ver (2016) y A las puertas de Europa(2018). La editorial Ilíada Ediciones acaba de publicar su libro de cuentos El pianista y la noche (2019).