Lo que significa ser humano

Quienes llegaron
Estefanía Cabello
Editorial Cántico. Córdoba, 2023

A sus treinta años todavía por cumplir, Estefanía Cabello (La Carlota, Córdoba, 1993) exhibe una trayectoria académica y literaria considerable: graduada en Filología Hispánica, Doble Máster en profesorado e investigación en Literatura Española, doctoranda internacional, becada en instituciones europeas y americanas, ganadora de los premios de poesía “Gloria Fuertes” (2017), “Valencia Nova” (2018), “Carmen Conde” (2023) y finalista del “Adonáis” (2018)

Quienes llegaron  es su primera incursión en la narrativa. El título alude a los colonos alemanes venidos a la Península, concretamente a tierras andaluzas, a partir de un plan de formación firmado en 1767 por el ministro de Carlos III Pablo Olavide y el militar alemán Thürriegel. En nota previa se nos entera de que el objetivo primero no era otro sino conferir más seguridad a una serie de caminos completamente debilitados en un punto de comercio estratégico entre Madrid y Cádiz. Quienes llegaron forman parte de la línea genealógica de nuestra autora.

Al hilo de sus apuntes para una poética, Cabello afirma que «siempre es buen momento para hablar de las inquietudes que nos produce la época actual en que vivimos y, pese a ello, la búsqueda de cómo rehacerse de todo eso.» Es sencillo retrotraerse: quienes llegaron a este país en el siglo XVIII pertrechados con muchas ilusiones y pocos suministros, lo harían igualmente transidos de desazón visceral ante lo desconocido, conectados a la soledad, adscritos al descubrimiento del sabor amargo de lo telúrico. Y la narradora se funde con ellos, con lo ínsito de su genealogía, y asume la condición del eterno femenino para tratar con generosidad de género a sus personajes.

Sirve como pórtico,  «Hermana», que relata la angustia de la hermana mayor de una niña «especial» (come arena, juega sola, la llama «la rarita») en su colegio rural. Se omite la palabra bullying porque seguramente su protagonista la desconoce, pero al final no cabe la esperanza.

«En esta tierra nunca pasa nada», «Los Blanchot», «La venta» (un alegato feroz contra la violencia machista, ya en 1767), «Suerte Rosales» y «La  línea que termina en mi nombre» se entrelazan en el ámbito ancestral propuesto por la autora. Ella misma se siente copartícipe. Ella es pronombre que salta y resalta continuamente; lo que la autora deja al entendimiento del lector es si ella, en ocasiones, resulta ser la misma Estefanía.

No me olvido del relato «Un desvío inesperado». Se escapa por sí solo de las coordenadas estilísticas del libro. Otras razones habrá barajado la autora para su inclusión. 

En su conjunto, los siete cuentos de esta colección, muy bien escritos, nos conducen hacia la tristeza y la certeza indeseada de lo que significa ser humano.

Abriendo la vida

Las demoras
José Alcaraz
Editorial Comares. Colección La Veleta. Granada, 2023


En 2019, José Alcaraz obtuvo un accésit del “Adonáis” por El mar en las cenizas. Era aquel su quinto poemario, y asomaba por entre sus páginas la línea clara de un verso que hilvanaba los silencios y las semillas de una creación rigurosa, detenida en las esquinas vívidas y vividas del yo: “Escribir/ como si cada golpe de tecla/ -cada contacto de la tinta en el papel-/ fuera llevar el dedo a la llaga de la vida/ para creer en ella una vez más”.

En este intervalo de tiempo, el autor cartaginés ha ido puliendo una nueva entrega, Las demoras, que llega con una renovada Poética: “Miro el sol y vuelvo cegado a mi cuaderno”; pero imbuida, también, de una latente cotidianidad y de un lenguaje conciso, sin ambages. Claro que esa diaria rutina tiene la virtud de llevar su reflexión a una trascendencia que se adentra en la incómodas verdades de lo humano: “Para deciros `Estoy aquí, no me dejéis solo´,/ escribo poemas como señales de humo./ Pero uno tras otro, lejos de mi deseo/ me ocultan, más y más en la humareda”.

El decir de José Alcaraz evoluciona en favor de compartir un estado de ánimo cercano al desahogo, al dinamismo de una voz que explora su propio testimonio. Porque en la semántica de sus deseos, de sus derrotas, se asienta un itinerario personal y evocador de lo ya hollado. Detrás de la melancolía hay esperanza, detrás de la oscuridad sobresale la belleza, y, al par de ese juego de contrarios, el poeta pugna y se afana por conservar la libertad de ser, a su vez, uno y múltiple: “Mi regalo/ no es ningún regalo/ sino el transcurso/ en que se abre un regalo,/ la vida cuando sabes/ que estás abriendo la vida”.

Casi cuarenta poemas se agrupan en este conjunto. Y, en todos ellos, hay un sujeto lírico que se hace búsqueda y resistencia, que se hace memoria y ausencia, y que navega despaciosamente junto a la pureza de un verbo policrómico y maleable. El mismo, en suma, con el que traza el sugestivo avatar de sus vivencias y que perdura, sobrio y lúcido, en este libro vivaz y amante: “Incendiar el más sagrado templo que hay en mí./ Verlo arder, que todo lo que soy conozca mi nombre./ Conquistar la fama hacia dentro, proclamarme yo”.

Un día una mariposa

La maleza
Romina Berenico Canet
Bartebly. Madrid, 2023


El pluralismo de las formas y la primacía de la voluntad sobre el entendimiento es la premisa sobre la que Duns Escoto vertebró su pensamiento. El filósofo escocés (1266 -1308) se afanó en la construcción de un sistematismo capaz de explicar la totalidad de lo real mediante un conocimiento intuitivo y una inexcusable primacía de la libertad en el discurso del ser humano.

Tras la lectura de La maleza (XLIII premio iberoamericano “Juan Ramón Jiménez”) de Romina Berenico Canet (Río Ceballos, Córdoba, 1977), he recordado las premisas del pensador franciscano. Porque en el anhelo de alcanzar una epistemología de lo sensible y perdurable, la poetisa argentina ha conformado un poemario donde la individuación se torna materia común, cómplice nominalismo, sustantiva participación.

En este bautismo lírico su palabra desprende un emotivismo moral, un prescriptivo fundamento mnémico desde el que apuntala un cántico que se hace causa y consecuencia de lo vivido. Su universo se desdobla entre lo adventicio y lo facticio, o lo que es lo mismo, entre todo aquello que surge de la mente y de la experiencia: “No resisto abierta/ a la incongruencia de los días./ Tiemblo/ al suponer lo que ignoro./ El afuera aúlla/ en violines desaforados./ Un insecto me señala”.

Romina Berenico Canet intensifica sus significantes y los extrema hasta alcanzar un signo connotativo estético que sirva como fulgor expresivo (“Un día una mariposa”). Al cabo, aglutinar sustancia y forma le permite renombrar un verbo glosemático que no sea tan sólo interdependiente, sino que modifique, alumbre y sostenga la textualidad de lo secuencial. Así, su verso se hace fructífero, idóneo en el mensaje enunciativo que convoca y jerarquiza la caracterización de su virtualidad: “Existo sólo en mi imaginación./ Soy la del bozal./ Ya no esculpo con dientes  mi propia cola./ Practico una indiferencia de fruta dibujada,/ sin título./ En el lugar de la boca, un desvío”.

A través de actos locutivos -tal y como los definiera tiempo atrás John Langshaw Austin-, la autora cordobesa carga de intenciones la condición de su semántica y diversifica los niveles de predicación para que el sujeto poético especifique su correspondencia y su reciprocidad. De tal forma, lo primario será la trascendencia de una elocuencia multiforme, capaz, en suma, de concretizar los ideales y actantes de lo pretérito y futurible: “Mi derrota/ no podrá/ reanimar a los muertos./ Con sus huesos/ haré collares/ para mi infancia”.

Un volumen, en suma, donde lo unívoco es susceptible de convertirse en un entramado de sucesivas instantáneas. Desde ellas, es lícito reordenar las diferentes lecturas, las distintas ópticas que propone Romina Berenico Canet. Y que, sin duda, convergen hacia una sugestiva transgresión de modelos excesivamente continuistas o falaces: “Escribir poesía/ esperando alterarle/ la conducta al lector./ Que crea que ama más/ que sufre más/ o tanto como el poeta./ Convencerlo de la dicha/ de sus desgracias”.

La luna feroz

Antaño y ayer
Paul Verlaine
Averso. Granada, 2023


Padre del simbolismo, admirado por Juan Ramón, Rubén Darío, los hermanos Machado, Pío Baroja…, Paul Verlaine (1844 – 1896) representa una singular variante del malditismo lírico. Alma sin tiempo, sinestesia en estado puro, sigue siendo, hoy día, un inexcusable referente de modernidad y distinción. Frecuente visitante de prisiones, hospitales, prostíbulos y otros espacios cercanos a la intemperie, el autor galo se supo “bestia feroz”, «desaforado genio”, en el lirismo de una Europa lírica Europa que empezaba a renunciar a los postulados del Romanticismo.

A los veintidós años, sorprendió con la publicación de sus Poemas saturnianos al que seguiría Fiestas galantes (1869). Dos volúmenes donde ya asomaba su inconfundible y conmovedora musicalidad, su aciago destino y su velada sátira sobre la sociedad de entonces. Él, que quiso y supo escribir versos mayúsculos, que aprendió y derramó un decir resplandeciente y eterno, tuvo en Baudelaire su guía y maestro.

Por eso es tan oportuna la edición que ahora brinda el sello Averso, que rescata “Antaño y ayer”, publicado originalmente en 1884 y que Mauricio Bacarisse tradujera al castellano en 1924. Fue el propio Verlaine quien diera forma a esta antología que reunía “textos perdidos, desechados o residuales” y que parecía, en cierta manera, un preludio póstumo. En su prefacio original -incluido también en esta compilación- Bacarisse incide en que es este un libro “de contenido abigarrado”, donde se recoge “lo bueno y lo malo que había dejado de publicar”.

En estos poemas, el yo lírico va tomando conciencia de la fugacidad de la existencia, de los lugares íntimos que son ahora memoria y deshoras, del mañana que tiene un aroma a ceniza y duelo. Pero también, caben antiguos temores, viejos anhelos, inconclusos amoríos, sólitas ironías, amargas desdichas…, que completan, al cabo, la imagen desoladora de un hombre, de un poeta predestinado. Murió a los cincuenta y dos años con el aspecto de un anciano decrépito. Por fortuna, para todos los que aún podemos seguir releyendo su obra, la vigencia de sus versos son ejemplo de muy alta y sobresaliente poesía: “Con las cuencas de monda calavera/ que la luna feroz descarna,/ mi pasado, es decir, mi pesar viene/ a hacerme burla a la ventana./ Con una voz cascada de vejete,/ que sólo se oye en los teatros/ todo el remordimiento de mi vida/ tararea un aire alocado”.

La pólvora del tiempo

Otra noche en el mundo
Luis Escavy
Sonámbulos. Poesía. Madrid, 2023


Se reedita por tercera vez, Otra noche en el mundo, el primer poemario de Luis Escavy (1994). Antes de acceder a sus primeros versos, tuve ocasión de conocer su poesía tras la obtención del premio “Adonáis” 2002, por Victoria menor. Tras su lectura, subrayé que su libro era un ejercicio de introspección, un íntimo adiestramiento de la conciencia de cara a combatir difíciles momentos. Porque desde donde verdeaban los enigmas de la existencia, el misterioso bosque de las emociones, brotaban con vigor sus versos, en un empeño de ajustar cuentas con lo mejor y peor de lo cotidiano: Solo hay muchas calles,/ edificios sin luz, parques llenos de algo/donde ya no encajamos/ y una lluvia que moja los escombros del mundo”.

Ese otro mundo, ese universo lleno de silencios, de soles, de héroes, de cicatrices, de propósitos, de lluvias, de soledades…, es el que despliega el poeta murciano al hilo de estas paginas, en las que cabe celebrar la vida y los afectos, el calor familiar, la plenitud del amor y de la edad, pero también ese otro lado de las pérdidas y las ausencias: “Mi infancia ya no existe, y el abuelo/ murió poco después de aquella foto,/ donde aún sonreímos, donde está/ la casa que teníamos más nueva (…) Donde aún ese niño que sonríe/ feliz por su captura, no sospecha/ que ha sido traicionado, que mañana/ es esta noche fría y que ahora es él/ quien recibe la pólvora del tiempo”.

Dividido en tres secciones, “El orden de las ruinas”, “Vigilar el fuego” y “Poemas inéditos”, el volumen se vertebra en torno a una sabia simetría rítmica y a una alegoría de la plenitud juvenil. Sin embargo, hay tras ese sólito ímpetu, un aire de melancolía, de finitud, el mismo  que se anuda  al bordón de la humanidad que respira el conjunto. Porque Luis Escavy sabe que el minucioso trazo de las palabras, la libertad que asoma por detrás del lenguaje, son, también, asidero y bálsamo vitales, De ahí, que su verso, sugerente, límpido, sirva como empírico aprendizaje frente a la cotidiana existencia: “Después de haberme dicho lo contrario,/ ahora digo que el mundo/ no es correspondido./ Cuando uno aprende a darse,/ no hay lugar en la tierra/ que ignore lo que amamos”.

Sigue jugando con mi corazón

Lo que uno quiere lo que otro quiere
Javier Vázquez Losada
UJA Editorial. Universidad de Jaén, 2023


Ironía  e ingenio son recursos ligados al ser humano y a la literatura desde los  clásicos grecolatinos. Valen como motivo extra de la trama, sea cual sea su condición y género, y como motrices implícitos o explícitos de la obra de arte. ¿Quiénes se nos vienen a la mente en estos casos? Al vuelo, Ulises, Estrepsíades, Furio, Hamlet, Alonso Quijano, don Pablos o Max Estrella.

Ironía e ingenio son recursos que agradece el lector porque le ayudan a la evasión inmediata, a recrearse en otro mundo donde cabe lo sutil, y adonde se entra sin ningún esfuerzo porque es el autor quien lleva de la mano al otro extremo de la rutina cotidiana que a mansalva nos ocupa.

Javier Vázquez Losada (Ourense, 1967) aplica esta receta a su ámbito de escritor más o menos escéptico e incrédulo. En Lo que uno quiere lo que otro quiere  (premio “Miguel Hernández” 2022 convocado por la Universidad de Jaén) asistimos al desarrollo de una poesía sutil, escueta y limpia. El título nos remite a la convivencia de dos personas (pudieran tratarse de hombre y mujer), a su manera de enfrentarse a la vida y confrontar los pensamientos de ambos. El mismo poeta señala que la portada del libro es sugeridora de la dificultad de esta interacción, supuestamente natural e instintiva, al estar separadas ambas siluetas por una franja, sinónimo de tirana, quede la paradoja expuesta.

En su manera de expresarse, el poeta usa matices apuntaladores de su libertad de expresión, distante del ritmo, de las figuras retóricas y de los metros convencionales. Su decir espontáneo de hombre trajinador de la realidad viva y directa, lo asume con un vocabulario que se instala en las coordenadas de lo jovial y burlón. En «La poesía es lo que es (aunque nos pese)» afirma: “Un poema tendría que ser como un videoclip/ hacer un poco el gilipollas/ montar en bici mirando a la cámara…/ meter a alguna tía buena/ con cualquier excusa/ hacer el chorra.» 

Los títulos de los poemas son sugeridores: «He trabajado mucho», «Así nos luce el pelo», «Sigue jugando con mi corazón», «Mis dos orejas escuchan» o «Anoche en algún garito». Así nos habla de «El sexo como condena» en su principio y en su final: «En la cama/ ella era mejor que ninguna otra/ de eso no tenía ninguna duda/ ni tampoco creo que la tuviesen mis vecinos/ ni nadie que pudiera oírme/ lástima…/ lástima digo/ haberme levantado de la cama.»

Vencedores del tiempo

Cuaderno de Italia
Santos Domínguez
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2023


La inteligencia  tiembla con lo hermoso; contemplando lo hermoso, el ser humano se  siente necesario y confortable. Precisamente esto es lo que hace Santos Domínguez (Cáceres, 1955) en su Cuaderno de Italia: contempla lo digno de ser cantado y lo canta de modo alto y nítido. En este sentido, nuestro poeta goza de una técnica primorosa, de orfebrería, entiende su quehacer como el del artesano bíblico trabajador del oro y la plata.

Soy lector de Santos Domínguez desde que publicase Tres retratos del frío (2005), premio “Jaime Gil de Biedma”, uno de sus muchos y prestigiosos galardones recibidos. Por eso, puedo afirmar que hay una emoción muy justa, muy precisa, en el vocabulario general de su obra El imaginario y los motivos presentes en este Cuaderno le facilitan su labor: el vate va de  un lado a otro del país tan historiado y tan profuso en artes y geografías distintas, y nos ofrece su homenaje. Señala Marcela Filippi en su prefacio que «este libro inspirará en el lector visiones de belleza». En efecto, Domínguez se recrea en una suerte de alegría contenida y sutil a la hora de tratar la magnificencia y la delicadeza de las cosas, incluso se retrata en ellas. ¡Cuánta paradoja encierra el denominar cosa a uno de los motivos que básicamente ha dignificado y signado al ser humano! El arte por el arte, la verdad indiscutible que encierra.  Dejemos de lado la moral y la religión que muchas  veces subvierten y concentrémonos en las maravillas naturales y en las que el hombre ha creado con su genio y su esfuerzo. Arriba  el instante de centrarse en lo grande y en lo mínimo a partir del corazón y sus sensaciones. Así, el poeta nos dice de su modo de ver y presentir el «Panteón de Agripa» o el «Templo de Isis»; también nos cuenta del tuffatore que se zambulle en las aguas de la Costa Amalfitana y del tramonto en Ponte Vecchio, donde se entromete entre las sombras de otras sombras cuando el contraluz, con las nubes de hielo, recorta sobre el perfil del puente; e igualmente vislumbra a los batalladores milenarios en «Ponte Rotto»: «Cruzaron por allí los que volvían/ vencedores del tiempo y de la guerra»; en fin, nos recuerda que siempre  amanece el mar desde un sueño de peces.

Cuaderno de Italia es un libro lúcido y cautivante, que nos hace proclives al goce de la poesía. 

Aguardando que me lleves

Al hilván que traza la luna
María Jesús Fuentes
Hiperión. Madrid, 2023

Casi una decena de poemarios componen la obra lírica de María Jesús Fuentes. Desde sus inicios, su verso se ha mantenido al filo de una mirada permanentemente escrutadora, en donde sobresale un imbricado inventario de  anhelos presentes, de conquistas pasadas, de inquietantes símbolos…, que redirigen su voz hacia el mañana.

Ahora, con este hilván que traza la luna y sus palabras, establece una original propuesta de la cual extrae una común indagación de contrarios. De ellas y ello, beben y se alimentan estas páginas, y “es fácil percibir en cada uno de estos textos, en cada historia, todo un apasionado sentir”, tal y como anota en su prefacio Miguel Losada.

Romeo y Julieta, Penélope y Ulises, Oscar Wilde y Alfred, Elizabetha y Drácula, Otelo y Desdémona…, protagonizan, frente a frente, un lírico diálogo en el que ambos despliegan sus crepúsculos, sus recuerdos, sus miedos, sus mundos o sus anhelos. Con un verso tamizado por una significativa delicadeza, María Jesús Fuentes se sabe dadora de una voz ajena, si propia y cómplice, pues sus poemas susurran todo aquello que pueda llegar a cartografiar lo humano. Y, así, se pronuncia Dulcinea: “¿Qué ve en mí, mi señor? (…) A mí, que, sin ninguna primavera bajo las faldas,/ siento ahora que soy una nube en el cielo”. En tanto, Don Quijote responde: “Estoy dispuesto a enamorarme (…) Honraré su nombre en la batalla/ y cuando regrese con la victoria del justo/ encontraré el orgullo en sus ojos”.

Él y Ella, Muñeca y Muñeco, Jane y Tarzán, la Margarita de la Dama de las Camelias y Armand Duval…, van añadiéndose a este compendio de protagonistas cuyos territorios se saben y se sienten cercanos. Porque la autora malacitana celebra con su palabra lo que la batalla del amor y el corazón se torna duración, materia romántica, hebra de gozo y, alguna vez, desdicha.

En suma, un poemario de sobrios acentos, envuelto en el aroma de un decir que clama y reclama el lugar exacto para la luz desnuda, para el oportuno beso, para el motín de la carne: “Me desprendo del liguero, del corpiño,/ desabrocho los corchetes del corsé/ esperándote/ aguardando que me lleves algún día./ Porque sé que puedes”.

Volverás con las nubes

Cuaderno de la lluvia
Carlos Doñamayor
Erato. Poesía. Madrid, 2023


Tras la aparición el pasado año de Soledad sin cielo, ve la luz Cuaderno de la lluvia, de Carlos Doñamayor. Al hilo de su anterior entrega, dejé escrito que sus versos se tornaban clarividentes en su mensaje, sugestivos en su luminosidad, pues sabiamente anudaba la desnudez de su costumbre a un discurso emotivo, doliente y solidario.

Ahora, en este Cuaderno que me ocupa, su voz se reagrupa en torno a la unidad temática de los poemas. Y, así, la creación lírica conjuga con exactitud  con la experiencia humana del conjunto. Porque, al par de estas páginas, se aviva la naturaleza del tiempo, de la muerte, del silencio, de la dicha, del desolvido…, y se renombran la perplejidad del asombro, la coyuntura del amor, el milagro del agua: “Llueve lo preciso para  considerar/ resuelto el dédalo,/ trocados los vestigios y su ornato/ en el escenario de la nada,/ y se abre una fuente benévola/ que acaricia y entibia las voces,/ que renueva el lenguaje y los sonidos”.

Anota el propio autor en su prefacio, que “la lluvia se comporta en poesía como un recordatorio tenaz que se expande e incendia la inquietud de los ojos. Y, desde ese fuego que nace en la mirada y contempla cuanto gira en derredor, van surgiendo luminarias, metáforas, sorprendentes imágenes que remiten a un espacio íntimo, si común para el lector. Cada poema va convirtiéndose en una pequeña ventana desde la que observar la dicha y la desolación, la calma y la tormenta que experimenta el ser humano: “No es la lluvia lo que importa,/ sino el tiempo trepador a este lado de los cristales/ que nunca retrocede”

 Dividido en cinco apartados, “Lluvia en la palabra” “Lluvia ceñida a los umbrales”, “Lluvia al otro lado” “Rituales de lluvia” y “Epílogo”, el volumen convoca la unívoca revelación de una realidad cercana, de una atmósfera reveladora de cuanto custodia el alma. Símbolo de renacimiento y purificación, la lluvia se hace,  aquí y ahora, cómplice en esa dicotomía que surge del vigor y la mansedumbre del verbo. El mismo, con el que Carlos Doñamayor define, corrige y construye la verdad de un decir que cala y empapa el corazón: ”Al final del camino/ la lluvia será sueño,/ sueño tibio y mudo/ en un cielo sordo,/  y tú estarás ahí,/ volverás con las nubes”.

Después de tanto afán

Vida salvaje
Juan Ramón Santos
Hiperión. Madrid, 2022

Dos libros de relatos, cinco novelas, varias traducciones al castellano de obras portuguesas, el premio “Edebé” de Literatura Infantil (2021) y dos poemarios, acreditan la versatilidad de géneros en los que se mueve Juan Ramón Santos (1975).

La publicación de Vida salvaje -galardonado con el “Valencia” Institució Alfons el Magnanim”-, reafirma una voz lírica de madurados acentos en donde “… todo parece por hacer,/ en que la claridad es un regalo/ de este raro misterio que es la vida”. Consciente de que la existencia es una quimera, a veces promesa, a veces apariencia, su decir se hace alianza al par de una naturaleza que gira en derredor de su costumbre. Y así, en la primera parte del libro, “Día de campo”, el poeta placentino se cobija “entre los árboles del huerto, / la más sabia lección de resistencia”. Y, además, se deja ganar por los dones infinitos de la tierra para avivar la memoria y la dicha de segar el césped, de contemplar las flores amarillas de septiembre, de prender con las manos los frutos de la higuera, de aprovechar la sombra de los chopos, de hacerse, en suma, animal y alimento de su propio y vívido hábitat: “Que la vida, después de tanto afán,/ en realidad es poco más que eso:/ una siesta, las hojas de una hiedra,/ un remanso de verde y de frescura,/ el placer e sentir que respiramos”.

En su segundo apartado, “El emboscado”, la tenaz incógnita de las estaciones convoca un puñado de inspirados haikus donde se conjugan la esperanza, la lluvia, el alba, el mirlo…, y que se alzan frente al enigma de lo humano: “No reconozco/ al hombre que se asoma/ en el riachuelo”.

Como coda, “Aprendizaje”, memora el definitivo adiós de los seres cercanos y queridos (“Hoy uno lleva demasiadas pérdidas/ a cuestas como para, aún,/ creer en una muerte reversible”) y ahonda en la desposesión, en la soledad y desamparo que sucede a lo finito. Más aferrado de nuevo a la acordanza, a los instantes que fueron ventura, Juan Ramón Santos concluye un poemario intenso, honesto, donde aúna sabiamente lo terrenal y celestial; o lo que es lo mismo, el tiempo y el espacio que nos hace más libres, más humanos: “Hay lágrimas que llegan a destiempo,/ al cabo de los años,/ cuando mientras recoges la cocina/ se te viene a los labios a traición/ la copla que escuchaste tantas veces/ en labios de tu abuela”.