Apretar las mandíbulas y seguir remando

Cosecha de tiburones
Luis Fernando Cueto
Distrito 93. Madrid, 2021.


Con la novela Cosecha de tiburones, recientemente publicada en forma simultánea en España y Perú, el autor peruano con residencia en Colonia (Alemania), Luis Fernando Cueto vuelve a echar mano al estilo y lenguaje de sus primeras publicaciones. Es decir, recupera el humor, el desparpajo en sus diálogos; una prosa suelta, sabrosa, luminosa. Recrea a sus personajes con una precisión de relojería, no solo físicamente, sino también elabora un perfil psicológico acorde con el rol que les toca desempeñar en la historia.

En su premiada novela Ese camino existe, es verdad, el tema era la violencia política, las escenas son narradas con un lirismo que a veces resentía el fluido, cosa que en El diluvio de Rosaura Albina recupera la memoria de una ciudad con sus maleantes, prostitutas, pordioseros, borrachines y parroquianos que existen sin ninguna necesidad de trascender, sin embargo, al final, se convierten en los protagonistas de una historia inolvidable. Ese mismo destino les depara en Cosecha de tiburones al teniente Diamantino Rojas, al brigadier Virgilio Chacaliasa, al mafiosos comandante Rascachucha Rigoberto del Rosario, al ambicioso presidente regional Centurión Aguilera acompañado por Luis Millones y Gilberto Pantoja; al empresario Fulgor Blinding Espantoso, del cocinero Mollejita Federico Ahumada, el periodista Elíxir Eliseo Ximénez Ríos, la pléyade de bribones pagados para matar sin mirar a quien, el decadente ambiente de bares donde pululan prostitutas, y todo esto amenizado por las intrigas y las complicidades que recorren caminos de pasión y crimen por los meandros del poder político, contando el dinero como vehículo de corrupción y destrucción de toda base moral y ética.

Todo se inicia con el triunfo como presidente de la región Bonanza de Centurión Aguilera, aliado con el mafioso empresario Fulgor Blinding que maneja a su antojo a la prensa y al sindicato de la construcción. El dinero del canon minero se encargó de llenar los bolsillos de funcionarios estatales e inescrupulosos empresarios de la construcción al proyectarse una serie de “megaobras” que, a pesar de ser canceladas en su totalidad, solo plantaron la primera piedra. Es aquí donde se produce la muerte del vicegobernador Luis Millones, luego del periodista Elíxir y la temeraria intervención del teniente Diamantino Rojas y su ayudante, el brigadier Virgilio Chacaliasa metiendo sus narices como buenos sabuesos en la entramada red de la corrupción, que comprometía a funcionarios de diferentes estamentos del Estado, pasando desde funcionarios menores como alcaldes hasta congresistas de diversos partidos políticos.

El crimen organizado que impera en las altas esferas del poder, donde campea la corrupción y la impunidad, no han sido aún explorados a cabalidad por la literatura peruana. Si bien existen diversas publicaciones que han investigado el emblemático caso de Lava Jato, Santiago Vallejo con Ratas decentes, novela juvenil del 2010, sería uno de los primeros en ocuparse de los estragos de la corrupción y el narcotráfico, pero es con Cosecha de tiburones cuando Luis Fernando Cueto nos pasea por ese lóbrego mundo del llamado jurídicamente “inconducta funcional” donde la muerte es un ritual siniestro que no causa ningún remordimiento. Y lo cuenta, lo escribe, con una voz cuyos ecos siniestros llegan a nuestros oídos con destellos de una obra maestra del género policial.