Hombre solo
Eduardo Moga
Huerga y Fierro Editores. Madrid, 2022
Tras la obtención del premio “Adonáis” en 1996 por La luz oída, Eduardo Moga ha alternado su labor de crítico y traductor -Rimabud, Faulkner, Whitman, Bukowski…-, con su devoción lírica. Desde entonces, ha editado una decena de poemarios, a los cuales se une ahora Hombre solo.
En su anterior entrega, Tú no morirás, el escritor barcelonés sustantivaba la dicotomía vida / muerte en una suerte de cristalina alianza, de conmovedora encrucijada. En esta ocasión, este yo que sostiene su soledad y su mudanza, escribe desde la más absoluta libertad para encontrar un íntimo consuelo.
Sabedor de su finitud (“Eso es el tiempo, una lápida líquida, un monstruo intangible”), busca la capacidad de discernir entre lo puro y lo engañoso, y desde una renovada verosimilitud dirigir sus actos hacia lo tangible. Mas no es esta una visión subjetiva (“…enseño el fatigado pasaporte/ del individuo que soy”), sino que su mirada es abarcadora, esenciada en el intento de alcanzar una noción plural de cuanto respira en derredor de su acontecer: “Y recorrimos el laberinto como en todos/ los laberintos: el final era el principio”.
Dividido en ocho apartados, “Paseando por la ciudad”, “Variaciones de un dolor invariable”, “Poemas matrimoniales y otras perturbaciones”, “El tiempo”, “Escribir”, “La madre”, “Soledad y no” y “Ventajas e inconvenientes del suicidio”, el volumen converge hacia la ordenación de una semántica que guarde mayor semejanza con los aspectos que designa. De ahí, que en su decir, Eduardo Moga adopte en distintas ocasiones el versículo y el poema en prosa, para renombrar elementos, sentimientos, reflexiones…, que derivan, finalmente, en una palabra identitaria, plena de voluntad y certidumbre: “Escribo acariciado por lo que me falta/ y consolado, porque, escribiendo, simulo una lengua hacedora/ que acrece la realidad con una realidad que no existe”.
Un poemario, pues, intenso, despojado de todo aquella que no sea verdadero, desprendido de todo cuanto no sea materia candente, y que dialoga sabiamente con lo común del universo, con la causa humana y solidaria que nos habita y nos interroga: “¿Existen más allá de mis sentidos, en un lugar/ al que puedan llegar los pájaros y las mareas,/ un sitito que también yo pueda pisar/ o en el que pueda morir?”.
