Desde el azul del mundo
Andrés París
Editorial Alhulia. Col. Calíope. Granada, 2022
Tras Sonetos y velas vanguardistas (2011), Entre el infinito y el cero (2015) y Como nace el agua (2020), Andrés París da a la luz Desde el azul del mundo (2020), galardonado con el II premio internacional de poesía joven “José Antonio Santano”
Este madrileño del 95, graduado en Bioquímica y doctorando en Biociencias moleculares, vertebraba su anterior poemario desde una esencial verosimilitud, desde una intensidad acumulativa que derivaba en unánimes secuencias de las cuales extraía la itinerancia de su entendimiento.
En esta nueva entrega, su verso se hace aún más constante y su vigencia vehicula instantes que remiten a vigorosos anhelos, a desprendidas raíces, a mansos horizontes de vigente realidad. Claro que, todo cuanto palpita en lo profundo del ánima, conlleva, a su vez, un sujeto que se cuestiona e interroga sobre cuanto alberga la realidad de lo vivido: “¿Quién podría susurrar entre voces amigas,/ como anfibio acostumbrado/ sobre hojas de una charca nueva/ el silencio que nos ha encontrado alguna vez desnudos?”
Dividido en cinco apartados, “Nada”, “Átomo”, “Solitaria célula”, “Otro virus y “Mundo”, el volumen se alimenta de una palabra comprometida con la materia tangible, con el latido que alcanza a la semilla en su germinar. Y, desde ese bordón de futura existencia, el decir de Andrés París se alza azulado y se metamorfosea en una suerte de azar, de multiplicidad significante: “Tiempo de tormentas:/ En mi zurrón todavía/ se escucha el trueno/ de la última cosecha”.
Anota Marina Casado en su prefacio que en este conjunto se adivina “una insistencia de imágenes referidas a los elementos primigenios de la naturaleza: el fuego, el y agua, el viento y los animales, los instintos, el cielo y el cosmos”. Y, en derredor de todos ellos, se alza, también, el amor, la corazonada costumbre de saberse necesario y cómplice en la presencia de lo querido. Frente a la lluvia que empapa lo común, el poeta se hace también solidario en la luz que emana del agua clara y su reflejo: “Si antes dejaba de ser/ con la ebriedad de tu carne,/ ahora,/ tan solitario en mi cuerpo/ -en la helada sombra de esta sábana-,/ por fin,/ me reconozco,/ por fin,/ te necesito”.
Libro de horas y deshoras, de fiel fulgor, fruto límpido de muy buena cosecha.
