Involución
Andrés Rodríguez
Estados Unidos, 2023
«La peor forma de desigualdad es tratar de hacer que las cosas desiguales sean iguales»
Aristóteles
Los cimientos de la cultura occidental están siendo ablandados desde planeamientos pretendidamente científicos, que no lo son. Y están permitiendo la emergencia de ideologías, moralidades y una estructura del ecosistema social, destructores de la histórica aglutinación social: el más evidente la familia nuclear, de padres responsables enseñando a sus hijos. Además, sus propuestas están disminuyendo visiblemente la población de los países industrializados y su potencial biótico, mientras aumenta la población de países árabes, africanos, latinoamericanos.
La intelectualidad humanística actual, buenista e igualitarista, exalta derechos obviando deberes. Y tiende a proponer vías revolucionarias, incineradoras, como solucionadoras de problemas. Ahora, además proponen una igualdad social que no tiene base científica alguna. Una cosa es igualdad ante la justicia o que los gobiernos no tengan privilegios con unos u otros, otra que cosa es que nos concibamos biológica y culturalmente iguales.
La naturaleza no tiende a la igualdad sino a crear opciones diversas, especies, a complejizar los ecosistemas y luego a seleccionar. Hay que evitar este igualitarismo irreal y enfermizo y el populismo derivado que inunda los discursos intelectuales. Porque todos los seres humanos somos desiguales, únicos e irrepetibles. No somos una masa de idénticos pececitos sino una convergencia de individuos pensantes, cada uno bien definido y con cerebro tendiente a lo centrífugo. Respetando al individuo común, pero resaltando al individuo excelso, podemos construir sociedades evolutivas.
Podemos considerar que las sociedades humanas son imperfectas pero perfectibles, casi siempre en una disyuntiva en que pueden lo mismo derivar hacia situaciones desintegradoras, necrosantes, anabólicas, centrípetas, o hacia una reorganización evolutiva. Toca a nosotros, seres pensantes, escoger por donde avanzar. Podemos evolucionar, pero también dejarnos llevar por mecanismos internos retardatorios, de procrastinación, de no aceptar fluidamente el cambio y cuando la gangrena social se hace presente, clamar por bisturí o dinamita.
El rejuego absurdo y genocida de la historia, ha implicado una y otra vez que cuando se acumulan demasiados tóxicos en el cuerpo social, surgen autonombrados salvadores imprescindibles, que nos lanzan a acelerones “revolucionarios” que desensamblen “el Capitalismo” y luego se autodesignan como guardianes de la justicia redistributiva, donde ellos, los justicieros, se separan ciertos privilegios. A eso han llamado justicia y progreso. Progreso que es regreso y justicia que es pura estulticia. Así es que desvencijan el cuerpo social y pasan a solucionar problemas tal como hicieron los tribales: matando y muriendo.
Los cubanos hemos estado sometidos a estas presiones por decenios y no podemos menos que comparar. Eso que ocurrió allá, a pequeña escala, lo podemos ver los estudiosos cubanos ahora en otras latitudes y dimensiones. En la Cuba de los 30s-50s, la intelectualidad se declaró casi en pleno revolucionaria. Aquella alquimia, prometiendo transformar el plomo en oro, produjo las actuales heces y fangos.
Los que sufrimos los impactos de la revolución cubana y ahora observamos lo que está ocurriendo en Estados Unidos no podemos dejar de comparar…y… asombrarnos. Vemos como se educa a la juventud norteamericana siguiendo principios colectivistas e igualitaristas, muy lejanos al ethos con que se fundó el país, cuestionables como nucleadores de una sociedad industriosa, evolutiva y saludable. La sociedad norteamericana se está dejando erosionar y degradar desde adentro, con la anuencia o la complicidad de políticos, líderes, académicos, intelligentsia, empresarios cortoplacistas, que entre otras cosas facilitan, permiten u observan callados la emergencia de una China que visiblemente se convierte en un enemigo potente. Para colmo, las propuestas “sociológicas” generalmente son muy contrarias a cómo funcionan los ecosistemas naturales. Y, sin embargo, sociedad, ciudad o vivienda, son también ecosistemas.
La estructura de la nación norteamericana, fue establecida por sus padres fundadores sobre bases individualistas e industriosas, absorbiendo lo mejor del pensamiento social hasta entonces (parlamentarismo, liberalismo, industrialismo)
La academia e intelligentsia evidencian poco conocimiento de la historia y de cómo opera la naturaleza, los ecosistemas naturales. Al menos, respóndanme a lo siguiente: ¿Occidente está dando algunos circunstanciales traspiés o está en involución?
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