¿Se imaginan a un escritor cubano viviendo en Suecia? Claro que no. ¿Cómo no sentirnos intrigados al saber que Antonio Alvarez Gil, un cubano cien por ciento, lleva años en Estocolmo y ha criado una linda familia entre las nieves y las largas noches que vemos en las películas de Ingmar Bergman. Es el propio renombrado autor quien nos saca de dudas.
“Al igual que la mayoría de mis compatriotas que viven en Suecia, llegué a este país buscando ayuda para comenzar una nueva vida”, cuenta Alvarez Gil. “Una vida en libertad y con posibilidades de realizar mis sueños como escritor y como persona. No era un reto menor, teniendo en cuenta que mi instrumento de trabajo es el español y este es un país con una lengua muy distinta a la nuestra, lo cual es un problema real a la hora de pergeñar un texto literario, o incluso periodístico. Pese a ello, me propuse trabajar para seguir siendo escritor. Y hoy puedo decir que lo he logrado. No quiero parecer satisfecho, porque no lo estoy; pero durante estos años en Suecia he escrito una obra que está publicada en varios países y puede ser leída por cualquiera que desee hacerlo. Y eso para mí tiene un valor enorme. ¿Qué más puede desear un escritor?
Los escritores suelen soñar con vivir de su trabajo. ¿Has encontrado apoyo material para proseguir tu labor?
Incluso para muchos de los escritores locales es difícil vivir solo de la Literatura. En mi caso, además de escribir doy clases de español a suecos adultos. Por otra parte, la Asociación de Escritores de Suecia (de la cual soy miembro) me ha otorgado becas de trabajo en varias ocasiones. Ahora mismo disfruto de una de dos años, que si bien no alcanza para vivir por completo de ella, resulta un gran aporte a nuestra economía familiar. Por último, he recibido varios premios literarios que han representado ingresos adicionales, que nunca vienen mal.
¿Dónde naciste y cuándo?
Nací en 1947 en Melena del Sur, un pueblo pequeño de La Habana. Mi infancia fue la de muchos niños de familias humildes por aquella época. Mi padre era operario de los hornos en un central azucarero, y mi madre se ocupaba de las tareas del hogar. En 1986 fui elegido para ocupar una plaza de experto en el Secretariado del CAME, en Moscú. En general, viví durante dos etapas en la extinta Unión Soviética. Durante los años del llamado Período Especial y hasta mi salida definitiva de Cuba, en 1994, me desempeñé como asesor literario en la Casa de Cultura de Santa Cruz del Norte.
Te marchaste a Suecia, en lugar de a España o Miami. ¿Cómo fue todo ese proceso?
Gracias a mi larga estancia en la Unión Soviética tuve oportunidad de conocer la lengua y la cultura rusas. Me casé con una muchacha de Moscú, con la que fundé un hogar que, a Dios gracias, se mantiene hasta el día de hoy. Este hecho me ha permitido continuar en contacto con ambos elementos -tanto la lengua como la cultura- de los rusos. Sin ir más lejos, el idioma que se habla normalmente en mi casa es el ruso. Incluso mis primeros trabajos “serios” en la Literatura fueron las traducciones de la poesía de Pushkin que realicé en los inicios de mi carrera de escritor. Viví en Moscú el proceso completo de la perestroika y los cambios que estremecieron aquella parte del mundo. A partir de mi regreso a Cuba, en enero de 1991, pude comprobar que, en lugar de cambios y aperturas, lo que se nos venía encima era un país más totalitario y cerrado, un país en el que se me hacía cada día más difícil vivir, escribir e incluso criar a mis hijos. De manera que decidimos marcharnos. ¿Adónde? Pues no sabíamos. El primer destino de los cubanos que se van de su tierra es casi siempre Miami. Pero nosotros no teníamos modo de viajar a los Estados Unidos, ni recursos materiales o parientes que pudieran ayudarnos a hacerlo. Tampoco España nos daba la posibilidad de entrar a su territorio. Y un día supimos que había compatriotas nuestros -sobre todo antiguos estudiantes procedentes de Rusia- que se habían afianzado en Suecia. Cuando averiguamos, supimos que este país no exigía visa de entrada a los cubanos. El resto fue organizar un viaje “de vacaciones” para toda la familia a Moscú, dejar a mi esposa allí y presentarme en el aeropuerto de Estocolmo con mis dos hijos.
¿Publicaste algún libro en Cuba? ¿Cuándo nació tu vocación de escritor?
Mi amor por la Literatura me llegó, pienso, por los genes de mi padre, que era un gran lector de poesía e incluso escribía sus propias décimas. Como muchos jóvenes, yo también escribí poemas que se quedaron escondidos en las gavetas o fueron a parar a los cestos de la basura. Pero mi necesidad de escribir mis propios textos -primero poesía, luego traducciones del ruso y finalmente, prosa- me vino casi de golpe cuando comencé a asistir al taller literario que los escritores Miguel Mejides y Enrique Cirules conducían los miércoles por la noche en la biblioteca de Nuevitas. También supe que, de algún modo, lo escrito por mí -pese a ser unos relatos rústicos y bastante mal urdidos- podía emocionar a mis lectores. Y esa misma noche decidí que sería escritor. Ni ingeniero ni diplomático ni funcionario. Escritor, aunque fuera pobre.
Y así ha sido. Antonio Alvarez Gil no ha parado de escribir. Desde 1986 hasta la fecha de hoy ha publicado 14 libros, la mayoría en España. En el 2005, la Fundación Manuel Lara de Sevilla publicó Nunca es tarde. Alvarez Gil no sólo es un escritor prolífico, sino batallador, pues ha ganado varios premios literarios.
“En 1983 gané el premio David, que organiza la UNEAC para escritores noveles, con el libro de cuentos Una muchacha en el andén”, explica. “Luego vinieron otros dos de relatos, antes de lanzarme a escribir mi primera novela (Las largas horas de la noche) que trata sobre la estancia de Martí en Guatemala y su idilio amoroso con María García Granados, la Niña de Guatemala del poema homónimo. Con esta obra fui finalista del Premio Casa de las Américas en 1993, y ese mismo año recibi una mención en el concurso nacional de la UNEAC.
Acabas de publicar una nueva novela, C allejones de Arbat (Terranova Editores, de Puerto Rico). ¿Cómo definirías tu literatura, imaginación o realidad?
Callejones de Arbat trata un tema que me toca muy de cerca. La acción de la novela se desarrolla en Moscú, en los años de la perestroika y está inspirada en algunas de mis experiencias personales, pero también en el descubrimiento del modo en que fueron reprimidos en Rusia un grupo de importantes escritores pertenecientes a la llamada Generación de Plata de la Literatura rusa de la primera mitad del siglo XX.
Si tuviera que caracterizarla con una frase, diría que Callejones de Arbat es una novela sobre la ausencia de libertad en los países de régimen totalitario. Está, además, presente la enorme tragedia humana de los escritores soviéticos reprimidos por el régimen de Stalin, la atmósfera creadora del mundo de Bulgakov y, por supuesto, los amores e infidelidades de los personajes de mi novela. Y todo ello en el marco de la perestroika y del derrumbe el campo socialista en Europa.
Con respecto a la relación entre imaginación y realidad debo decir que mis novelas son, desde luego, ficción. Hay, sin embargo, casi siempre en ellas un núcleo de realidad a partir del cual crece la trama. Esto puede ser una experiencia personal mía, como es, por ejemplo, el caso de Delirio nórdico o Después de Cuba; pero también algún hecho que me haya interesado, como en Las largas horas de la noche o en Perdido en Buenos Aires. Pero incluso en ellas la trama está construida sobre los pilares de mi fantasía. Yo pienso que sin fantasía, sin la construcción de un mundo fabular, no se puede hablar de novela. En general, soy de la opinión que una novela resultará siempre más convincente si está construida sobre la base de una buena historia real.
¿Te ha sido fácil abrirte paso en el mundo editorial en español?
Por supuesto que no ha sido fácil publicar en el mundo editorial español e hispanoamericano. De hecho, mi primer libro publicado tras mi salida de Cuba fue en una pequeña editorial uruguaya. Luego publiqué en Costa Rica la novela sobre Martí en Guatemala. Pero al mercado español solo pude entrar ganando premios con mis novelas y libros de cuentos escritos a partir del año 2000 o 2001. Durante esa década y lo que va de esta he logrado escribir los que, pienso, son mis libros más importantes. Creo que he tenido suerte con ellos, pues de los libros aparecidos en España, cinco han recibido premios en ese país y uno en Puerto Rico. Y eso, desde luego, ha facilitado su publicación.
¿Qué escribes actualmente?
Una novela que se desarrolla en Suecia, aunque con escenas retrospectivas en Cuba. Los protagonistas son una pareja de escritores cubanos que residen desde hace años en Suecia. Esta novela aún no tiene título. Y recientemente terminé un libro de cuentos, Aterriza entre los pinos, cuyas historias ocurren en varios países del mundo.
Publicado en El Nuevo Herald, el 29 de julio de 2012