El escritor cubano residente en Suecia, Antonio Alvarez Gil, elabora con su más reciente novela, Naufragios, una radiografía de la cotidianeidad cubana al centrar el radio de acción de la novela en el pequeño puerto de San Pedro de los Camarones, ubicado en el norte de Cuba, donde una mañana cualquiera atraca un barco a punto de naufragar con tres turistas canadienses, que cambian la rutina del pueblo.
Al mismo tiempo y en escenas paralelas, otros habitantes de este pueblo de pescadores preparan un barco para escapar de Cuba con un rumbo fijo: llegar hasta Cayo Hueso o las Bahamas, donde luego pedirán asilo. El barco naufraga, y los fugitivos son rescatados por un mercante noruego que los pretende llevar no a las ansiadas playas de Florida sino hasta las nebulosas y oscuras estaciones de la península de Escandinavia.
Con una narración amena y desenfadada, Antonio Alvarez Gil logra construir una atmósfera en torno a los naufragios, en el centro de la cual está la lucha por la vida diaria en la Cuba contempóranea. Por ello la novela es también un retablo de personajes y situaciones que rondan lo absurdo. Todo esto producto del ingenio cubano de “sacar plan” hasta de las situaciones más difíciles o extrañas, como la adaptación de repuestos de automóviles rusos a los antiquísimos chevrolets; la prostitución en todas sus formas, jineteras o pingueros; la especulación con productos que no están en la libreta de racionamiento como la carne de res destazada a los ojos de la misma policía, que se beneficia del contrabando; o el recurrir a la santería (los babalaos o los espiritistas) cuando ya quedan pocas esperanzas.
En resumen, la isla entera, la isla en peso, se encuentra también en un gigantesco naufragio.
En el trasfondo de la novela hay una fuerte crítica a las aventuras económicas del régimen de Fidel Castro. De ello es ilustrativo la referencia al Primer Anillo o Cordón de La Habana, que Castro planificó en los primeros años de la revolución con el objetivo de sembrar café y otras culturas de clima de altura en el caluroso paisaje habanero. El catastrófico resultado lo resume un testigo de dicha aventura: “Recuerda lo que sintió la vez que un campesino de la zona le dijo casi llorando que era un crimen lo que el gobierno estaba haciendo, que aquellas matas de mamey que estaban siendo derribadas en cinco minutos habían tardado entre dieciocho y veinte años en crecer y dar sus frutos. Entonces el campesino lo invitó a su casa y le ofreció un vaso de batido de la fruta. Ahora no había una mata de mamey ni de nada por todo aquello”.
Naufragios es un relato de supervivientes, sobre seres que a pesar de los aciagos tiempos que han azotado su vida en la isla no han renunciado a ser felices, ya sea embarcándose en una lancha rumbo a la panza de los tiburones, ajetreando una vida entre la especulación y el comercio negro en el interior de la isla o agudizando la imaginación para combatir la escasez y la falta de productos. También es un canto de amor a los que lograron naufragar fuera de Cuba y que se hallan desperdigados por el mundo, con el pensamiento puesto en su lejana isla: “… Y te parece que tu pecho va a abrirse para acoger la grandeza de esta noche del norte. Bello pero ajeno, dice una voz en tu cerebro, no llegarás nunca a sentirlo como tuyo. Porque nunca te abandonará esta sensación de estar de paso, esta ansiedad de viajero empedernido, condenado a ir de un lado a otro por el mundo sin lograr encontrar el lugar ideal para vivir”.
Con esta novela Álvarez Gil ofrece una visión inédita y emotiva de la sociedad cubana contemporánea, un relato donde los sentimientos, los anhelos y las pasiones resuenan más que las consignas y las proclamas.
