¿Es todavía la derrota de Capablanca ante Alekhine en el memorable match de ajedrez de 1927 un trauma nacional para los cubanos?
Tal parece que sí puesto que un narrador que nunca antes había incursionado en el ajedrez en tanto que tema literario trata de explicar lo sucedido en Perdido en Buenos Aires una novela histórica que fue premiada por la Universidad de Murcia en su concurso “Vargas Llosa” 2009.
Antonio Álvarez Gil, escritor cubano residente en Suecia, se dio a la tarea de reconstruir el intenso ambiente bonaerense que llevó a una posición sin salida a José Raúl Capablanca, quien hasta entonces ostentaba el título de Campeón Mundial de Ajedrez.
Tras su lectura uno saca en conclusión que la bulliciosa vida nocturna del Buenos Aires de entonces repleta de mujeres que además de famosas eran bellas, atrevidas e inteligentes, resultaba una trampa fatal para un genio del ajedrez que si bien tenía fama de hombre culto, atractivo y delicados gestos diplomáticos, escondía tras esa personalidad licencias que afectaban su producción como ajedrecista profesional.
En Perdido… Álvarez Gil nos ha dejado su versión novelada de lo que sucedió esos meses aciagos en la capital argentina, en la que sin el control cercano de su joven y celosa cónyuge, Capablanca resultó atrapado en una situación sin salida, en medios de personajes que se mueven en la trama, tal como Carlos Gardel, tan legendarios y universales como él mismo.
Es notable señalar que aunque Álvarez Gil se declara conocer muy poco de ajedrez, sus lecturas investigativas sobre el tema denotan profundidad y conocimiento sistemáticos. Su más atrevida proposición de mostrar el pensamiento de análisis mental de Capablanca en diversos momentos críticos está respaldado por la veracidad de las posiciones reales de las partidas que relata, sin llegar jamás a mostrar un diagrama o una secuencia de jugadas pues Perdido en Buenos Aires no es un libro de ajedrez, es una narración de lo que muchos consideran el resultado más espectacular y sorprendente de un juego cuyos años de vida se miden en miles, la derrota de Capablanca ante un rival al que antes había vencido en cinco ocasiones sin sufrir ninguna pérdida.
Perdido en Buenos Aires es una obra que alcanza por derecho propio la posibilidad de encontrar un nicho entre una gran variedad de lectores, aficionados o no al ajedrez, como antes lo consiguió Vladimir Nabokov con su Defensa Lushin” que ha devenido importante pieza literaria.
Pero si Nabokov apenas reveló la verdadera personalidad de su protagonista, el apasionado Alexander Lushin, en realidad Alexander Aleckine, real verdugo de Buenos Aires, el nombre de Capablanca estalla con toda fuerza desde la primera página de la novela, puesto que se trata de una obra sobre su compleja personalidad.
La gran diferencia entre una y otra es que en Perdido en Buenos Aires” las heroínas de la novela no salvan al protagonista y desarrollan en su nombre las secretas jugadas ganadoras, sino que lo arrastran a un torbellino que causa su perdición. En este sentido Perdido en Buenos Aires es una tragedia, en tanto que en Defensa Lushin es el triunfo final de la férrea voluntad de un genio esquizofrénico.
Álvarez Gil ciertamente ha conseguido develar con pasión y maestría el enigma de una derrota que nadie vaticinó y que todavía casi 84 años después la mayoría estima no debió ocurrir.
