Naufragios

Miguel Ángel García Guerra

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Antonio Álvarez Gil nació en La Habana (Cuba) en 1947. Obtuvo en 1983 el premio ‘David’ de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) por Una muchacha en el andén (1993), un volumen de cuentos muy interesante y, más tarde, con Naufragios (2002) obtiene el V Premio de Novela ‘Ciudad de Badajoz’. El escritor, aunque en gran medida es desconocido para el público en general, posee el suficiente talento literario como para ganarse un puesto de referencia en el panorama cultural en lengua española; de hecho, muchas de sus narraciones ya han sido antologadas en varias recopilaciones sobre el cuento cubano del siglo XX. Igualmente, se han traducido sus relatos a varias lenguas, entre ellas el inglés o el sueco. En la actualidad y, desde 1994, reside en la ciudad de Estocolmo. Otras obras del autor son: Del tiempo y las cosas (1993), Fin del capítulo ruso (1997) o Las largas horas de la noche(2000).

En los últimos años se han editado buenas novelas escritas por autores que residen fuera de Cuba, como por ejemplo La Habana para un infante difunto(1992) del Premio Cervantes Guillermo Cabrera Infante o La nada cotidiana (1995) de la escritora Zoé Valdés. Tradicionalmente, la Literatura Hispanoamericana ha estado muy comprometida con la situación político-social, muestra de ello es La casa de los espíritus (1982) de Isabel Allende oLa fiesta del Chivo (2000) de Mario Vargas Llosa, así como toda la literatura que ha tenido por tema la denuncia de los terribles excesos dictatoriales que han asolado el continente casi desde la época colonial. En los inicios de este nuevo milenio (y, a falta de la suficiente perspectiva histórica) parece que se continúa ese tipo de literatura comprometida con la publicación de obras de buena, y aún de excelente calidad literaria.

La prosa de Naufragios comienza con algunos titubeos narrativos que pronto desaparecen. La obra posee un estilo depurado que nos va atrayendo poco a poco hasta que nos atrapa sin remisión. La historia comienza y acaba con sendos naufragios, pero no serán los únicos puesto que sus personajes navegan a la deriva intentando encontrar viento que hinche las velas de sus vidas. La situación por la que atraviesa el país (Cuba) exige a los habitantes poner en juego todo su ingenio para obtener algunos dólares en la economía sumergida. Sin embargo, no es éste un libro que hable sobre política; de hecho, la ideología del régimen cubano no aparece en toda la obra, aunque sí sus consecuencias. Esto hace que Naufragios sea una obra de personajes (bastante buena, por cierto) y no un panfleto político, algo que, sin duda, es de agradecer.

De este modo, Antonio Álvarez Gil radiografía la vida cotidiana de las gentes que viven en San Pedro de los Camarones, una pequeña población situada en la costa norte de Cuba. El autor trata con maestría y sin prejuicios ni autocensuras temas tan espinosos como el turismo sexual, la arriesgada aventura de los balseros, la magia que, a modo de sustrato, se combina en la isla con el censurado cristianismo o, simplemente, las dificultades por las que atraviesan unos personajes cargados de realidad que parecen estar muy cercanos al lector, pues Álvarez Gil se ha esforzado por darles la suficiente densidad narrativa como para que esto suceda. Se trata, pues, de personajes introspectivos, muy bien construidos y que se encuentran sumidos en un mar de dudas, mar que no para de agitarse jamás y que amenaza con hacerles naufragar una y otra vez privándoles de alcanzar la, tan anhelada, felicidad. La cercanía que siente el lector por ellos se realza, además, con determinados recursos estilísticos que dotan a la historia de colorido y viveza. Así, el uso que se hace de la segunda persona del singular en determinados momentos de la obra identifica al lector con uno de los personajes haciéndole partícipe obligado de la narración. Podemos decir que la obra tiene protagonista múltiple, pues son varias las figuras que centran la acción, una acción que se impregna en ocasiones de cierto aire picaresco. Otro de los rasgos estilísticos que caracterizan a Naufragios es el ‘monólogo dialógico’ (permítaseme la expresión) que parece tener lugar en la mente de los protagonistas y que permite que podamos adentrarnos en sus miedos, dudas y esperanzas.

El propio Antonio Álvarez Gil señala que a los dos naufragios que enmarcan la narración hay que sumarle un tercero, el de los habitantes de San Pedro que ven cómo sus metas, deseos y anhelos se ven truncados por la cruda realidad cubana. Naufragios es una obra ciertamente interesante que agradará a todo aquél que decida internarse en las páginas de una obra que versa sobre Cuba, la bella.