Perdido en Buenos Aires: la humanización del héroe

Pío E. Serrano

Editum, Murcia, 2010.

Editum, Murcia, 2010.

José Raúl Capablanca (La Habana 1888-New York 1942), probablemente el jugador de ajedrez más sobresaliente de todos los tiempos, es el protagonista de esta novela del cubano Antonio Álvarez Gil, ganadora del Premio de Novela Vargas Llosa de 1909.

La novela se concentra en los dos meses y medio que, en la ciudad de Buenos Aires, duró el decisivo encuentro entre el cubano, Campeón Mundial, y su retador, el emigrado ruso, de nacionalidad francesa, Alexander Alekhine. Al contrario de lo que se pudiera esperar, el relato fluye como una suerte de thriller, con una tensión creciente sobre el resultado del torneo. Con notable destreza Álvarez Gil, sin prescindir de puntuales anotaciones sobre la técnica ajedrecista desplegada por ambos jugadores, sortea la tentación de caer en el minucioso recuento de las tácticas y estrategias con que Capablanca y Alekhine defienden sus posiciones y avanzan sus envites. Algo que, sin duda,  agradece el lector no profesional.

En compensación, el autor propone un adentramiento en la personalidad del campeón cubano, penetrando en algunos de los resquicios más notables de su intimidad, tales como su desmedida propensión a la improvisación, su tendencia a la pereza y su natural disposición a la bohemia y a las aventuras amorosas. Se trata de una humanización del héroe.

Al tiempo que se nos presenta la estancia de Capablanca en Buenos Aires -su fascinación por el tango, sus encuentros con Gardel, y su trayectoria por la ciudad, alentado siempre por la presencia de fascinantes mujeres que lo acompañan-, la novela rescata en primera persona algunos de los períodos previos de la vida del cubano: la decisiva partida que juega a los cuatro años con su padre y algunos de los momentos culminantes de su carrera en diferentes torneos. Lo que no impide que la narración avance con soltura y explore con agudeza los cambiantes estados de ánimo por los que atraviesa el Campeón a medida que progresa su enfrentamiento con el retador.

Así, el lector se enfrenta al encuentro entre dos personalidades dramáticamente opuestas y separadas por un mutuo desagrado que crece a medida que avanza el torneo. Al juego conservador y frío de Alekhine, laboriosamente calculado en sus detalles, con jugadas previamente estudiadas hasta el agotamiento; Capablanca despliega el golpe intuitivo del genio, la improvisación luminosa, la desgana por aferrarse a una técnica preconcebida, una cierta superioridad estética.

Como un thriller, repito, se despliega una narración que sabe sostener la atención del lector. Poco importa que se conozca o no el final de las partidas que se suceden, lo que captura la lectura de la obra son la vicisitudes de su progreso, las tensiones del viaje mismo hacia ese movimiento fallido que pondrá fin al encuentro. Y ahí se revela la destreza del autor.

Antonio Álvarez Gil, vive en Suecia, ha publicado una decena de novelas y ha sido merecedor de importantes premios literarios en España. Sus lectores quedamos a la espera de la publicación de su novela inédita, Callejones de Arbat, de la que, quienes hemos tenido el privilegio de su lectura previa, podemos asegurar que se trata de una obra definitiva.